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	<title>Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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		<title>Conversaciones sobre el dolor. Ana García Mañas y Andrea Romera Rabasa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 11:57:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea Romera]]></category>
		<category><![CDATA[dolor crónico]]></category>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace apenas unos días regresamos de Grecia, donde asistimos a un curso sobre la <em>Odisea</em> de Homero. Quizá sea un buen punto de partida para hablar del dolor: ese viaje largo, incierto, que tantas personas recorren sin tener un mapa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1496" src="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg" alt="" class="wp-image-1940" srcset="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg 2048w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-300x219.jpeg 300w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1024x748.jpeg 1024w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-768x561.jpeg 768w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1536x1122.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Andrea es médica anestesióloga y experta en dolor. Vive en Gijón y atiende en el Hospital de Covadonga, acompañando a pacientes para quienes el dolor ha dejado de ser un síntoma pasajero y se ha convertido en una presencia cotidiana. Yo soy psicóloga y sexóloga, dirijo la clínica Landana Terapia en Tres Cantos y la formación en sexología en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde lugares profesionales distintos, las dos trabajamos con algo parecido: cuerpos que duelen y personas que necesitan ser escuchadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación quise preguntarle no solo por los tratamientos médicos del dolor, sino también por lo que el dolor crónico hace con la vida, con la identidad, con el deseo y con la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Andrea, ¿Qué es el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Voy a darte la definición oficial, implantada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor. Como es difícil de entender en una primera lectura, después voy a explicarte por qué supuso un cambio de paradigma en nuestra comprensión de esta enfermedad:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, un daño tisular real o potencial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta definición es relevante clínicamente porque:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Separa dolor de </strong><em><strong>nocicepción</strong></em>: cuando se dice que algo es una “experiencia sensitiva y emocional” se está especificando que no puede inferirse únicamente a partir de la actividad en las neuronas sensoriales, sino que requiere de consciencia. No es solo la activación de un receptor sensible a un estímulo doloroso. Por ejemplo, alguien sometido a anestesia general puede sufrir aumentos de tensión arterial o de frecuencia cardiaca ante el corte del bisturí – es decir, puede tener nocicepción -, pero no puede tener dolor.</li>



<li><strong>Valida un tipo de dolor distinto, denominado </strong><em><strong>nociplástico</strong></em><strong>: </strong>cuando se afirma que el dolor crónico es una experiencia asociada a una lesión, «o similar a la asociada a una lesión» se están legitimando condiciones donde no existe un daño físico demostrable (por ejemplo, la fibromialgia o el síndrome de intestino irritable). Se reconoce que el sistema nervioso puede generar, él mismo, una experiencia de dolor idéntica a la de una lesión pero sin tenerla. Esto se llama «sensibilización central».</li>



<li><strong>Consagra el Modelo Biopsicosocial: </strong>se establece que el dolor es siempre una experiencia personal que está influenciada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Esto entierra definitivamente los modelos antiguos, dualistas, que dividían el dolor en «físico» o «psicológico». Todo dolor es real y todo dolor es multifactorial.</li>



<li><strong>Legitima al paciente (respeta «el auto-reporte»): </strong>se da credibilidad al reporte de una persona sobre su experiencia de dolor. El dolor es inherentemente subjetivo; no existe un biomarcador de laboratorio o prueba de imagen que pueda medirlo. Si el paciente dice que le duele, le duele, independientemente de lo que muestren las pruebas diagnósticas.</li>



<li><strong>Incluye a las poblaciones vulnerables: </strong>se subraya que la descripción verbal es solo uno de los múltiples comportamientos para expresar el dolor. La incapacidad para comunicarse &#8211; por ejemplo, en los neonatos o en los pacientes con demencia &#8211; no imposibilita que experimenten dolor ni exime a los profesionales de la obligación de tratarlo.</li>



<li><strong>Reconoce el dolor como enfermedad en sí misma:</strong> el dolor crónico tiene efectos adversos directos sobre el movimiento, la forma de dormir, las actividades sociales y el bienestar psicológico. Esto respalda la clasificación del dolor crónicoprimario como una enfermedad en sí misma, y no como un mero síntoma de otra patología.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Decir que es una enfermedad y además con consecuencias tan negativas, ¿no va en contra con esa idea que todos hemos oído de que el dolor es un mecanismo protector?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Eso es el dolor agudo, el que te hace retirar la mano de una estufa ardiendo, o levantar un pie cuando una chincheta se nos clava en la planta. Es decir, te alerta &#8211; «hay peligro»- y te protege -«huye, retira, evita». Es beneficioso y constituye un mecanismo de defensa muy eficaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dolor crónico es el que dura más de tres meses o más tiempo del esperable para la lesión que lo causó, y es una entidad totalmente distinta: el organismo se desregula y mantiene el estado de alarma continuo sin que haya peligro del que protegerse. El dolor se convierte en el problema principal, en la enfermedad misma. Sale del lugar concreto del cuerpo que duele e invade la esfera emocional, familiar y laboral del individuo. Es decir, el dolor crónico es también insomnio, es aislamiento, es depresión, es niebla mental, es dejar de hacer actividades recreativas, etcétera. Es un modo distinto de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Tú has trabajado en uno de los mejores Servicios de Dolor de Europa, en The Walton Centre, en Liverpool. ¿Qué fue lo que más te gustó de su forma de cuidar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Quedé muy impresionada por tres cosas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>El <strong>equipo</strong> de profesionales de la salud que se ocupaban, juntos, del dolor: no sólo médicos especializados -anestesiólogos, traumatólogos, neurocirujanos, urólogos, ginecólogos y cirujanos maxilofaciales -, sino también enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales. Por ejemplo, en la consulta de Dolor Facial se encontraban presentes, de forma simultánea, un anestesiólogo, un neurocirujano y un maxilofacial. En la de Dolor Musculoesquelético, un anestesiólogo y un fisioterapeuta. En el Programa Integral de Manejo del Dolor había sesiones grupales e individuales con un psicólogo.<br></li>



<li>El <strong>enfoque biopsicosocial</strong>: el modelo puramente intervencionista o centrado en la medicación ha quedado obsoleto. La concepción moderna, no sólo británica sino europea en general, entiende el dolor como una experiencia compleja, por lo que atiende no sólo a su dimensión puramente física (por ejemplo, el paciente con dolor en la rodilla presenta artrosis de rodilla en la radiografía), sino también a la psicológica (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla padece kinesiofobia, por lo que solo hace vida cama-sillón) y a la social (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla tiene una baja laboral prolongada).<br></li>



<li>El <strong>trabajo coordinado hacia un objetivo común</strong>: No se trataba de una simple suma de consultas en cadena. El equipo interdisciplinar buscaba la interacción entre profesionales y el acuerdo entre los objetivos y las intervenciones terapéuticas. Por ejemplo, se creaba un circuito específico para que todos los pacientes con ciática recibiesen una epidural (intervencionismo menor) antes que una discectomía (cirugía mayor).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>En consulta nos encontramos que el dolor coexiste muchas veces con ansiedad y depresión, y mi sensación es que se retroalimentan. También suele ocurrir que las personas que viven con dolor tienen historias de trauma en la infancia. ¿Qué papel tienen el miedo, el estrés, el trauma, la depresión o la ansiedad en el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Un rol central. Existe un vínculo bidireccional entre el dolor y los sentimientos, un círculo vicioso. Las emociones negativas como el miedo o la ansiedad pueden amplificar la percepción del dolor. A su vez, sentir dolor genera esas emociones y crea un circuito de retroalimentación patológico. En la consulta lo veo todos los días. Por ejemplo, el miedo a moverse tiene nombre &#8211; <em>kinesiofobia </em>&#8211; y que es un factor predictor de mala evolución. También lo es el <em>catastrofismo</em>, caracterizado por la rumiación (incapacidad para pensar en nada que no sea el dolor), la magnificación (exageración de las consecuencias del dolor y anticipación del peor escenario posible) e indefensión (sensación de pérdida de control sobre la intensidad y duración del dolor). Para acabar con estos patrones se requiere un abordaje psicológico de educación en dolor y de terapias cognitivo-conductuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Y la sexualidad, ¿cómo se aborda en la consulta del dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Preguntar por la vida sexual del paciente es mandatorio en la consulta de dolor, pero por desgracia no siempre se hace. En mi hospital británico existían consultas específicas de Dolor Pélvico Femenino y Masculino. Te gustará saber que se debatió sobre si debían ser dos consultas distintas o si se debían englobar bajo un título común &#8211; Dolor Pélvico, simplemente &#8211; y se decidió distinguirlas por género. Ahí lo dejo. En cualquier caso, quiero puntualizar que:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>todos los dolores crónicos, sean pélvicos o no, impactan directamente en la intimidad, el deseo y la actividad sexual.</li>



<li>este impacto no depende solo de factores físicos &#8211; específicos, como endometriosis, neuralgia del pudendo o prostatitis crónica, o generales, como limitación de movimiento -, sino también farmacológicos, sociales y psicológicos (ansiedad de ejecución, alteración de la autoestima, aislamiento en la pareja, etcétera).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Eso que dices es muy interesante, porque las consecuencias del dolor llegan a muchos lugares. Aparte del dolor durante los encuentros eróticos o la actividad sexual, lo que yo he visto en consulta es que se produce un condicionamiento entre la excitación y el miedo al dolor que afecta al deseo, y eso aparte de las medicaciones, las alteraciones del sueño, que son de por sí enemigos del deseo erótico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que vemos en la consulta de psicología y en terapia con parejas es que se acaba evitando el contacto físico que sí se desea (besos, caricias&#8230;) por miedo a que ese contacto acabe en una expectativa o exigencia de mantener otro tipo de relaciones, que duelen o no se desean. Y las parejas van perdiendo posibilidades de disfrutar del contacto con el otro, ya sea de forma excitativa o sencillamente cariñosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se mantienen relaciones tratando de evitar el dolor, se pierde espontaneidad y la sensación de libertad y de juego que aporta mucho al disfrute erótico. Y estamos hablando de personas y parejas que no solo tienen afectado el deseo, sino que además puede existir miedo al daño (a recibirlo o a hacerlo) y eso suele reducir el repertorio erótico. Muchas personas también refieren que determinados fármacos hacen más complicada la excitación y el orgasmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de éxito en dolor crónico, ¿qué estamos midiendo: menos dolor, más sueño, menos miedo, más movimiento, menos medicación?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>La idea de éxito terapéutico está muy bien definida en la literatura actual de dolor, y así debe ser transmitido al paciente en la consulta: menos dolor y más funcionalidad. ¡Las dos cosas! Por ejemplo, un fármaco no está funcionando sólo porque el paciente reporte menos dolor: tiene que ir acompañado de un incremento en su actividad. Si antes del fármaco hacía vida cama-sillón, con la medicación eso tiene que cambiar. Esta funcionalidad no es algo vago ni ambiguo, sino que debe explicitarse abiertamente en la consulta en forma de objetivos medibles, realistas y alcanzables. Además de menos dolor y más función, el tercer pilar del éxito es la autogestión: el paciente debe aprender de su propio dolor, acompañado de un profesional que le dé estrategias de Ritmo y Aguante, que le explique conceptos como el del Auge y Caída, o que le enseñe estrategias de afrontamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Esas estrategias son precisamente las que trabajamos en terapia con las personas que viven con dolor, aparte de <em>mindfulness</em>, educación en neurociencia del dolor y técnicas de terapias cognitivo conductuales de última generación como las de aceptación y compromiso. En Landana Terapia acabamos de abrir un programa de tratamiento psicológico grupal porque consideramos que puede ser muy beneficioso compartir con otras personas parte del proceso terapéutico. Muchos de nuestros pacientes viven vidas muy limitadas y solitarias, y reducir eso es uno de los objetivos terapéuticos de la psicoterapia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para despedirte, ¿qué les dirías a nuestros pacientes con dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Les diría que su dolor es absolutamente real, pero que no tiene por qué ser una condena a la pasividad. No se resignen. Busquen un equipo de profesionales que no se limite a mirar sus resonancias magnéticas, sino que se preocupe por quién era usted y por su función. Nuestro verdadero objetivo clínico no es que se queden sentados protegiéndose del dolor y buscando diagnósticos alternativos, sino darles las herramientas para que vuelvan a moverse, a retomar sus aficiones, a disfrutar de su vida en pareja y a recuperar su antiguo yo.</p>
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		<title>El estrés laboral: por qué sientes que “una parte de ti” no puede parar</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-estres-laboral-por-que-sientes-que-una-parte-de-ti-no-puede-parar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2026 06:54:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad laboral]]></category>
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		<category><![CDATA[Sistemas de la Familia Interna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Alguna vez te has preguntado por qué, cuando sentimos ansiedad, frustración o miedo en el trabajo e intentamos luchar contra esas emociones, muchas veces se vuelven todavía más intensas? En nuestra consulta de psicología en Tres Cantos, cada vez vemos con más frecuencia a personas que acuden por estrés laboral, agotamiento mental, dificultad para concentrarse, [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Alguna vez te has preguntado por qué, cuando sentimos ansiedad, frustración o miedo en el trabajo e intentamos luchar contra esas emociones, muchas veces se vuelven todavía más intensas?</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En nuestra <strong>consulta de psicología en Tres Cantos</strong>, cada vez vemos con más frecuencia a personas que acuden por estrés laboral, agotamiento mental, dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de no poder desconectar. A veces no se trata solo de tener mucho trabajo, sino de cómo lo vivimos internamente: qué exigencias nos imponemos, qué miedo aparece cuando sentimos que no llegamos y qué partes de nosotros intentan protegernos, aunque lo hagan de una manera agotadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la <strong>terapia psicológica</strong>, y en concreto desde el modelo de los Sistemas de Familia Interna —IFS, por sus siglas en inglés— desarrollado por Richard Schwartz, podemos entender mejor por qué ocurre esto y cómo empezar a manejarlo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es el modelo IFS?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El modelo IFS propone que dentro de cada persona existen diferentes “partes internas” que pueden sentir, pensar o reaccionar de maneras distintas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significa que estemos divididos ni que haya algo raro en nuestra mente. Significa que somos más complejos de lo que parece. Una parte de ti puede querer descansar, otra puede exigirte hacerlo todo perfecto y otra puede tener miedo a fallar. Todas intentan ayudarte, aunque a veces lo hagan de formas que aumentan el malestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de estas partes internas, el modelo habla del <strong>Self</strong>, una dimensión más calmada, curiosa y compasiva desde la que podemos observar lo que nos ocurre sin juzgarnos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las partes internas y el estrés laboral</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No hay un número concreto de partes internas, pero en IFS suelen agruparse en tres grandes tipos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Partes protectoras:</strong> intentan evitar errores, críticas o situaciones dolorosas. A veces se vuelven exigentes, perfeccionistas o controladoras.</li>



<li><strong>Partes heridas o exiliadas:</strong> contienen miedo, inseguridad, vergüenza o experiencias pasadas de fracaso, rechazo o desvalorización.</li>



<li><strong>Self:</strong> permite observar lo que sentimos con más calma, escuchar nuestras emociones y responder de manera más equilibrada.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El estrés laboral no se entiende solo como una reacción a la carga de trabajo, los plazos o la presión externa. También tiene que ver con lo que se activa dentro de nosotras y nosotros cuando esas situaciones aparecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, es importante no perder de vista algo fundamental: no todo el malestar que aparece en el trabajo es un “problema interno” que deba resolverse hacia dentro. En muchas ocasiones, el estrés laboral tiene que ver con condiciones externas desmedidas: sobrecarga de tareas, falta de reconocimiento, precariedad, ritmos imposibles o entornos laborales poco cuidados. Darse cuenta de esto es clave, porque no todo se soluciona con herramientas psicológicas. Hay malestares que señalan algo que necesita cambiar fuera: en la organización del trabajo, en las condiciones laborales o en el contexto social. Poder distinguir entre lo que depende de una misma persona y lo que forma parte de una exigencia externa excesiva es un paso importante para no cargar con una responsabilidad que no corresponde.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un ejemplo cotidiano</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Imagina que tienes que entregar un informe importante, preparar una reunión o responder a varios correos urgentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que aparezca una parte exigente que diga:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Tienes que hacerlo perfecto”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Otra parte puede sentirse sobrepasada:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“No puedo con todo”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá también aparezca una parte insegura:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Y si me equivoco? ¿Y si piensan que no valgo?”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Cada una de esas partes intenta protegerte a su manera. La exigente quiere evitar errores. La abrumada intenta avisarte de que estás llegando al límite. La insegura teme una consecuencia dolorosa. El problema es que, cuando todas hablan a la vez y ninguna se siente escuchada, la tensión interna aumenta.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por qué luchar contra tus emociones empeora el estrés</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando intentamos suprimir la ansiedad, la frustración o el miedo, muchas veces esas emociones se intensifican.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, si te dices: “No debería ponerme nerviosa con este proyecto” o “No puedo sentirme así”, tu cuerpo puede entrar todavía más en alerta. La emoción no desaparece; simplemente se queda intentando llamar tu atención con más fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una <strong>terapia psicológica</strong> basada en una mirada compasiva, no se trata de eliminar esas partes internas, sino de escucharlas, entender qué intentan hacer por ti y ayudarlas a ocupar un lugar menos extremo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Estrategias prácticas para manejar el estrés desde IFS</h2>



<h3 class="wp-block-heading">1. Conecta con tu Self compasivo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Haz una pausa de unos minutos. Respira. Observa cómo está tu cuerpo: tensión en los hombros, presión en el pecho, nudo en el estómago, cansancio, aceleración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No intentes cambiarlo de inmediato. Solo observa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes preguntarte:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Qué parte de mí está activada ahora mismo?”<br>“¿Qué emoción está intentando llamar mi atención?”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Este gesto sencillo ayuda a salir del piloto automático y a responder desde un lugar más calmado.</p>



<h3 class="wp-block-heading">2. Escucha tus emociones sin juzgarlas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Después de esa pausa, prueba a preguntarle a esa emoción:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Qué quieres decirme?”<br>“¿Qué necesitas ahora?”<br>“¿De qué intentas protegerme?”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez descubras que la ansiedad quiere ayudarte a anticipar riesgos, que la exigencia intenta evitar una crítica o que el agotamiento está pidiendo límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar una emoción no significa obedecerla sin más. Significa reconocer que tiene una función.</p>



<h3 class="wp-block-heading">3. Integra tus partes internas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes imaginar tus emociones y pensamientos como un equipo de trabajo interno. Cada parte tiene una función, aunque a veces se pase de intensidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La parte exigente puede ayudarte a hacer bien las cosas, pero no debería dirigirlo todo. La parte cansada puede recordarte que necesitas parar. La parte insegura puede señalar algo que necesita cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo no es expulsar ninguna parte, sino que puedan dialogar mejor entre ellas. Hay que saber que la parte más exigente suele recibir mucho refuerzo de superiores, responsables, compañeras y la misma empresa, pero psicológicamente necesitamos escuchar a las otras partes también para que no se produzca un desequilibrio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo aplicarlo en la vida laboral cotidiana</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si tienes un proyecto importante, puede aparecer una parte protectora que diga:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Trabaja más rápido, no pares, no puedes fallar”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, otra parte puede sentirse agotada o sobrepasada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Self, puedes intentar algo distinto:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Reconocer la presión sin juzgarla.</li>



<li>Aceptar que la parte abrumada tiene razones para sentirse así.</li>



<li>Organizar la tarea de manera más realista.</li>



<li>Poner límites cuando sea necesario.</li>



<li>Pedir ayuda si el malestar se mantiene o empieza a afectar a tu vida.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">El estrés laboral no siempre desaparece por completo, pero aprender a escucharte puede reducir su intensidad. Con práctica y acompañamiento profesional, es posible trabajar con más calma, claridad y autocompasión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuándo pedir ayuda profesional</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene pedir ayuda si el estrés laboral se mantiene durante semanas, si afecta al sueño, al estado de ánimo, a la concentración o a las relaciones, o si aparece una sensación constante de bloqueo, miedo o agotamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestra <strong>consulta de psicología</strong>, podemos explorar qué factores laborales, personales y emocionales están sosteniendo ese malestar. La <strong>terapia psicológica</strong> puede ayudar a comprender tus patrones internos, revisar la autoexigencia, trabajar la ansiedad laboral y aprender formas más saludables de relacionarte con el trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Pero cuidado! La terapia psicológica no solo ayuda a entender y regular el malestar interno. También puede ser un espacio para pensar qué está pasando en el entorno laboral y qué necesitas en este momento. A veces implica preparar conversaciones difíciles con responsables o equipos de trabajo, poner límites, revisar derechos laborales o pedir cambios concretos. En otras ocasiones, puede profundizar en la pregunta sobre si ese contexto laboral es sostenible o si sería necesario plantearse un cambio de trabajo. Este tipo de decisiones no son sencillas, y contar con acompañamiento psicológico puede ayudar a transitarlas con más claridad, realismo y cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si buscas <strong>psicóloga en Tres Cantos</strong> o apoyo psicológico en Madrid, en <strong>Landanaterapia.com</strong> puedes encontrar un espacio clínico desde el que abordar el estrés laboral, la ansiedad, el perfeccionismo y el desgaste emocional con una mirada cuidadosa y no culpabilizadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em></p>
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		<title>Depresión posparto: una mirada sensible y sin culpa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/depresion-posparto-una-mirada-sensible-y-sin-culpa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 07:13:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo a madres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea dolorosa de fondo: “debería estar bien y no lo estoy”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La depresión posparto no es una falta de amor, ni un fallo personal, ni una señal de incapacidad. Es una forma de sufrimiento psicológico que puede aparecer en esta etapa y que merece comprensión, apoyo y tratamiento cuando hace falta. Hablar de ello con claridad es importante porque el malestar en el posparto sigue estando rodeado de expectativas poco realistas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El posparto no es solo una etapa física</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El posparto no implica solo recuperarse físicamente del embarazo y del parto. También supone una reorganización profunda de la vida cotidiana, de la identidad y de los vínculos. Cambian los ritmos, el descanso, la relación con el propio cuerpo, la disponibilidad emocional, la dinámica de pareja y la percepción de una misma. En muchas mujeres, además, esta etapa reactiva recuerdos o miedos antiguos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, reducir todo lo que ocurre a hormonas, cansancio o “adaptación normal” a veces se queda corto. Hay madres que sienten que algo se ha desplazado por dentro y que no logran reconocerse. Otras describen una desconexión extraña, culpa constante o una sensación persistente de estar haciendo las cosas mal. No siempre se presenta como una tristeza evidente. A veces se expresa como apatía, ansiedad, bloqueo, irritabilidad o una dificultad mantenida para disfrutar y descansar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuando la realidad no se parece a lo imaginado</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene distinguir entre el malestar emocional frecuente de los primeros días y un sufrimiento que empieza a ganar peso y duración. Se estima que alrededor del 80% de las mujeres puede experimentar, en mayor o menor medida, una tristeza leve o una mayor fragilidad emocional en los días posteriores al parto. En el inicio del posparto puede haber mayor labilidad emocional, llanto fácil y sensación de vulnerabilidad. Pero cuando el malestar se prolonga, empeora o interfiere claramente en la vida diaria, conviene dejar de quitarle importancia y empezar a mirarlo con más atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las partes más difíciles de la depresión posparto es la culpa. Muchas madres no solo sufren por lo que sienten, sino por no encajar en lo que creían que debían sentir. La idealización de la maternidad sigue haciendo mucho daño cuando la experiencia real está atravesada por agotamiento, ambivalencia o tristeza. Y esa distancia entre lo esperado y lo vivido puede generar vergüenza, silencio y aislamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces también hay un duelo pequeño, pero importante, entre el bebé imaginado y el bebé real, entre la madre que una pensó que sería y la madre que está pudiendo ser en ese momento. Poder reconocer ese desajuste sin juzgarse suele ser más sano que intentar encajar a la fuerza en una imagen ideal de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo puede manifestarse la depresión posparto</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí resulta importante recordar algo básico: querer a un bebé no protege automáticamente frente al sufrimiento psicológico. Del mismo modo, pasar por una depresión posparto no invalida el vínculo, aunque en algunos momentos pueda dificultar sentir cercanía, calma o disfrute. A veces la madre no necesita que alguien le explique lo que debería sentir, sino que alguien pueda escuchar lo que le está pasando sin juzgarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas señales que conviene tomar en serio son la tristeza persistente, el llanto frecuente, la irritabilidad intensa, la sensación de vacío, la culpa constante, la dificultad para dormir incluso cuando hay posibilidad de hacerlo, el cansancio que no se alivia, la pérdida de interés por casi todo, la sensación de no poder con el día a día o una desconexión emocional mantenida con una misma, con el entorno o con el bebé. No hace falta que aparezcan todas ni que el malestar sea extremo para pedir ayuda. A veces basta con notar que la vida cotidiana se ha vuelto demasiado pesada y que el sufrimiento empieza a ocuparlo todo.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una breve guía de autocuidado realista</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En esta etapa, el autocuidado no debería entenderse como una exigencia adicional, sino como una forma básica de sostén. A veces adopta formas muy simples: aceptar que no se puede llegar a todo, pedir ayuda antes de estar desbordada, dormir o descansar en pequeños momentos, delegar tareas domésticas, comer con cierta regularidad, salir un rato de casa, hablar con otras madres o recuperar alguna parcela mínima de intimidad y tiempo propio. No son soluciones mágicas, pero sí condiciones que pueden proteger un poco más cuando todo resulta intenso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También ayuda revisar ciertas expectativas. No hace falta vivir el posparto con plenitud constante, ni saber hacerlo todo, ni responder siempre con paciencia, ni ser la misma persona de antes. Esta etapa implica renuncias, ajustes y una adaptación compleja. Darse tiempo para conocer al bebé real, a la madre real y a la nueva vida real es más interesante que intentar estar a la altura de una versión idealizada de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo cuidar a una madre reciente</strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading">La pareja, la familia y las amistades pueden tener un papel importante, no solo ayudando con el bebé, sino cuidando a la madre. Acompañar bien implica escuchar, ofrecer ayuda concreta, favorecer el descanso, hacerse cargo de tareas sin esperar a que ella lo pida todo y evitar frases que aumenten la culpa.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuidar a una madre reciente no consiste solo en preguntar cómo está el bebé. También implica mirar si ella está comiendo, descansando algo, pudiendo ducharse tranquila, teniendo un rato de silencio o sintiéndose acompañada de verdad. En un momento de tanta exigencia, ese sostén cotidiano puede marcar una diferencia importante.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuándo conviene buscar ayuda profesional</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene buscar apoyo profesional cuando el malestar persiste, se intensifica o interfiere de forma clara en el descanso, el autocuidado, la relación con el bebé o la capacidad de sostener el día a día. Y si aparecen pensamientos de hacerse daño, de dañar al bebé, una confusión intensa o una sensación de pérdida de contacto con la realidad, es importante pedir ayuda urgente. No por alarmar, sino porque en esos casos el sufrimiento necesita atención inmediata y especializada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tienes dudas, preguntas o necesitas apoyo, cuenta con nosotras. En Landana Terapia contamos con un equipo de psicólogas especializadas en<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"> terapia perinata</a>l en Madrid y en Tres Cantos. Llámanos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si quieres saber más…</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>¿Dónde está mi tribu?</strong></em> Carolina del Olmo ilumina con lucidez una de las grietas más dolorosas del posparto: la soledad de criar en una sociedad que ha privatizado la maternidad y ha desmantelado las redes comunitarias que antes sostenían a las mujeres. El libro permite leer la depresión posparto no solo como un fenómeno clínico individual, sino también como síntoma de un contexto social que exige a las madres disponibilidad absoluta mientras las deja, demasiadas veces, radicalmente solas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El blog de <a href="https://clubdemalasmadres.com/"><em><strong>https://clubdemalasmadres.com/</strong></em></a> ha sido clave para desmontar la maternidad idealizada, poniendo palabras —con humor, rabia y mucha lucidez— a la culpa, el cansancio y la soledad que tantas mujeres viven en silencio tras convertirse en madres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>La mujer y la madre</strong></em>, Elisabeth Badinter cuestiona con contundencia el mandato contemporáneo de la “buena madre”, esa figura abnegada, siempre disponible y casi fusionada con el bebé, que termina convirtiendo la maternidad en una prueba moral imposible de superar. El libro ayuda a entender cómo la culpa, la exigencia de entrega total y la pérdida de identidad propia pueden intensificar el sufrimiento de muchas mujeres tras el nacimiento de una criatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong>Preguntas frecuentes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a> <strong>¿Cómo saber si es malestar esperable del posparto o algo más profundo?<br></strong>Si el malestar se mantiene, aumenta o afecta claramente al descanso, al funcionamiento diario o al vínculo, conviene pedir ayuda y valorarlo con una persona profesional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué puede hacer la pareja o la familia para ayudar?<br></strong>Escuchar sin juzgar, ofrecer ayuda concreta, proteger momentos de descanso y acompañar en la búsqueda de apoyo profesional si hace falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Pedir ayuda significa que no estoy pudiendo con la maternidad?<br></strong>No. Pedir ayuda forma parte del cuidado y puede ser una decisión muy importante para sostener mejor esta etapa.</p>



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<p class="has-text-color has-link-color wp-elements-3252ee2ed225acd6ab7f93cd7be02446 wp-block-paragraph" style="color:#838383"><em><strong>Por Ana García Mañas, Belen Hesse y Lucía de Francisco</strong></em></p>



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		<title>El silencio del primer trimestre del embarazo</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-silencio-del-primer-trimestre-del-embarazo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 16:50:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad en el embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo psicológico embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[duelo gestacional]]></category>
		<category><![CDATA[primer trimestre embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental perinatal]]></category>
		<category><![CDATA[terapia psicológica embarazo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un tiempo importante que muchas veces se vive en silencio El primer trimestre del embarazo suele quedar fuera de la conversación. Se habla del embarazo cuando ya se nota, cuando ya se ha contado, cuando ya parece más “real”. Pero para muchas personas, los tres primeros meses son precisamente una de las etapas más intensas: [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Un tiempo importante que muchas veces se vive en silencio</h2>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">El primer trimestre del embarazo suele quedar fuera de la conversación. Se habla del embarazo cuando ya se nota, cuando ya se ha contado, cuando ya parece más “real”. Pero para muchas personas, los tres primeros meses son precisamente una de las etapas más intensas: hay cambios físicos, incertidumbre, esperanza, miedo y una sensación difícil de explicar de estar viviendo algo muy importante sin poder nombrarlo del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestra práctica clínica en Landana Terapia vemos que este periodo aparece con frecuencia como un momento de alta carga emocional. Aunque no siempre se exprese hacia fuera, muchas mujeres atraviesan este inicio con dudas, ambivalencia o ansiedad, cuestiones que pueden abordarse en una consulta de psicología o a través de un proceso de terapia psicológica especializada en salud mental perinatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A menudo se da por hecho que este silencio es normal. Y a veces lo es. Puede ser una forma de proteger la intimidad, de ganar tiempo, de ir asimilando lo que pasa. Pero también puede convertirse en una experiencia de soledad emocional, especialmente cuando el cuerpo ya está cambiando y tenemos que sostener muchas cosas a la vez.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lo físico y lo emocional ocurren a la vez</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En el primer trimestre del embarazo pueden aparecer náuseas, cansancio intenso, molestias físicas, cambios en el sueño y una mayor sensibilidad emocional. No siempre se viven como síntomas “menores”. En ocasiones afectan al día a día, al trabajo, a la energía y a la forma de estar con las demás personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las guías clínicas sobre salud mental perinatal señalan que el embarazo puede ser un periodo de especial vulnerabilidad psicológica. Por eso, en un proceso de terapia psicológica, es habitual trabajar con experiencias de ansiedad, miedo o desregulación emocional que aparecen en esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es raro que surja ambivalencia. Se puede estar ilusionada y asustada a la vez. Desear el embarazo y, al mismo tiempo, temer vincularse demasiado pronto por si algo cambia. Esta ambivalencia no indica rechazo, sino implicación emocional en un contexto de incertidumbre.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El miedo a contar algo que todavía se siente frágil</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas personas sienten miedo a contar el embarazo en el primer trimestre. No necesariamente por superstición, sino por la percepción de fragilidad. Aparecen pensamientos como “mejor esperar” o “mejor no hacerlo del todo real todavía”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando este posicionamiento se convierte en una norma rígida puede favorecer el aislamiento. Esto es especialmente relevante cuando hay ansiedad, síntomas físicos intensos o una vivencia emocional que no encaja con el ideal social de felicidad inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos casos, contar con un espacio de terapia psicológica permite elaborar lo que está ocurriendo sin necesidad de hacerlo público.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El silencio protege, pero también aísla</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">No todo silencio es problemático. Algunos silencios permiten integrar la experiencia sin exposición externa. Sin embargo, otros generan aislamiento, especialmente cuando no se puede expresar el malestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica se observa que poder nombrar la experiencia —aunque sea en un espacio terapéutico— reduce la carga emocional y facilita el ajuste psicológico.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La regla social de esperar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de no comunicar el embarazo antes de las 12 semanas se ha consolidado como una norma cultural. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, no existe una única forma adecuada de transitar este periodo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas personas necesitan intimidad; otras, apoyo. La clave no está en la norma, sino en identificar qué facilita el sostén emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí resulta útil la teoría de la pérdida ambigua de Pauline Boss, que describe el impacto de vivir situaciones cargadas de significado en contextos de incertidumbre y falta de control. El primer trimestre encaja bien en esta descripción: hay vínculo, expectativa y significado, pero también incertidumbre.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si hay complicaciones o pérdida temprana</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando aparecen complicaciones o una pérdida gestacional temprana, el impacto emocional puede ser significativo. En estos casos, el silencio inicial puede intensificar la sensación de soledad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kenneth Doka describió este tipo de experiencias como duelo no reconocido: pérdidas que no siempre son validadas socialmente. Esto ayuda a entender por qué una pérdida en el primer trimestre puede vivirse con intensidad y, al mismo tiempo, con invisibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos procesos, el acompañamiento desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/">terapia psicológica especializada en duelo gestacional</a> <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"></a>puede facilitar la elaboración emocional.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Qué puede ayudar en esta etapa</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">No hay una fórmula única, pero sí algunas orientaciones útiles.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Elegir con quién compartirlo</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">No es necesario hacerlo público para no vivirlo en soledad. A veces basta con una o dos personas de confianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poder expresar “esto me está removiendo” o “necesito apoyo” puede marcar una diferencia significativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante revisar la expectativa de felicidad constante. En esta etapa pueden coexistir emociones diversas sin que ello indique un problema.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuándo conviene pedir apoyo profesional</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Es recomendable consultar con el equipo sanitario ante síntomas físicos preocupantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el punto de vista psicológico, puede ser útil acudir a una consulta de psicología cuando la ansiedad, la tristeza o el miedo interfieren en el descanso, el funcionamiento cotidiano o el bienestar general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buscar acompañamiento o terapia psicológica durante el embarazo no implica que haya un problema grave, sino reconocer la complejidad emocional del proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, puedes acudir a nuestra consulta de psicología en Madrid o en Tres Cantos, y allí te facilitaremos un espacio de apoyo especializado en <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/">salud mental perinatal</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Preguntas frecuentes</strong></h2>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Es normal sentirse removida emocionalmente en el primer trimestre del embarazo?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. Es una etapa de alta intensidad emocional en la que pueden convivir ilusión, miedo, cansancio y dudas.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué cuesta contar el embarazo antes de las 12 semanas?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Porque muchas personas perciben esta fase como frágil y prefieren protegerse emocionalmente.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Una pérdida temprana puede doler aunque no se haya contado?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. El dolor depende del significado de la experiencia, no de su visibilidad social.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Cuándo conviene buscar apoyo psicológico?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el malestar emocional es persistente o interfiere en el día a día.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Por Belen Hesse y Lucía de Francisco</strong></em></p>



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		<title>Deja de pelearte contigo</title>
		<link>https://landanaterapia.com/deja-de-pelearte-contigo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 11:02:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[autocompasión]]></category>
		<category><![CDATA[IFS]]></category>
		<category><![CDATA[partes protectoras]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Schwartz]]></category>
		<category><![CDATA[Sistemas de la Familia Interna]]></category>
		<category><![CDATA[Yo Esencial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dentro de ti no hay una sola voz Cuando pensamos en la mente, solemos imaginarla como una sola cosa: “yo”. Pero si te escuchas de verdad, es fácil notar que dentro conviven varias voces. Una parte quiere avanzar y otra se frena. Una parte se exige y otra se apaga. Una parte intenta tenerlo todo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph"><strong>Dentro de ti no hay una sola voz</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando pensamos en la mente, solemos imaginarla como una sola cosa: “yo”. Pero si te escuchas de verdad, es fácil notar que dentro conviven varias voces. Una parte quiere avanzar y otra se frena. Una parte se exige y otra se apaga. Una parte intenta tenerlo todo bajo control y otra solo quiere desconectar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto se ve en situaciones muy cotidianas: una parte de ti quiere tomar una decisión o empezar algo nuevo, mientras otra te pide que no te arriesgues. O quizá una parte sabe que necesitas descansar, pero otra insiste en que todavía no has hecho suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La mente como un sistema de partes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el psicólogo Richard Schwartz, el modelo de Sistemas de la Familia Interna (IFS) entiende la mente como un sistema de partes que se relacionan entre sí de forma parecida a una familia. Estas partes no son fallos ni enemigas: muchas veces son estrategias que se formaron para protegernos y ayudarnos a sobrevivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema aparece cuando se vuelven rígidas y actúan en automático, como si solo hubiera una manera de funcionar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, una persona que aprendió muy pronto que tenía que hacerlo todo bien puede desarrollar una parte muy exigente. Esa parte no aparece para hacer daño, sino para evitar el error, el rechazo o la sensación de no ser suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Qué es el Yo Esencial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las partes, Schwartz describe el Yo Esencial. No es otra parte más, sino un estado de liderazgo interno que suele sentirse como calma, claridad, curiosidad y compasión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo de IFS no es eliminar partes, sino que el Yo Esencial lidere para que las partes puedan relajarse y recuperar flexibilidad. No se trata de dejar de sentir miedo, exigencia o tristeza, sino de que esas partes no tengan que tomar el mando todo el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las partes que más suelen aparecer</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de este sistema suelen aparecer algunos roles frecuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes protectoras que controlan: son las que intentan anticiparse, organizar, evitar errores o mantener todo bajo control. Por ejemplo, esa voz que quiere revisar todo una y otra vez o hacerlo perfecto para que nada falle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes que apagan el malestar rápido: aparecen cuando el dolor ya está encendido y buscan bajarlo cuanto antes. Por ejemplo, cuando después de un día difícil solo quieres desconectar mirando el móvil durante horas o apagándote emocionalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes vulnerables: son las que sostienen dolor, vergüenza, miedo o tristeza. Muchas veces están más escondidas, precisamente porque otras partes han aprendido a protegerlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cambio empieza cuando dejas de luchar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta mirada, el cambio empieza cuando dejamos de pelear con lo que sentimos y nos preguntamos qué intenta proteger esa parte. Esto cambia mucho la relación interna. En lugar de pensar: “otra vez estoy siendo débil” o “debería dejar de sentir esto”, la pregunta pasa a ser: “¿qué intenta evitar esta parte?” o “¿qué teme que pase si deja de actuar así?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un ejercicio para escuchar a tus partes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejercicio sencillo que propone Schwartz para practicar esto es la visualización del sendero. Puedes hacerlo en casa o venir a consulta donde una psicóloga que te ayudará a comunicarte con tu familia interna.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 1. Busca un momento tranquilo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Reserva entre cinco y ocho minutos en un lugar en el que puedas estar sin interrupciones.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 2. Empieza por la respiración y el cuerpo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Respira lento y nota el cuerpo, sin intentar vaciar la mente. No se trata de dejar la mente en blanco, sino de estar un poco más presente.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 3. Identifica la parte que está más presente</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Observa qué emoción o voz interna está más activa en ese momento y reconócela como una parte. Puede ser una parte crítica, una parte ansiosa, una parte que quiere huir o una parte que se siente triste.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 4. Háblale sin pelearte con ella</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En lugar de luchar con esa parte, prueba a decirle internamente: <strong>“Te veo, gracias por intentar ayudar; ¿puedes darme un poco de espacio unos minutos mientras respiro y me escucho?”</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 5. Imagina el sendero</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A continuación, imagina que caminas por un sendero sencillo y tranquilo, intentando mantenerte en esa actitud de Yo Esencial, aunque sea un poco.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 6. Si aparece otra parte, no la expulses</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si aparece otra parte, como una crítica, miedo, prisa o evitación, no la eches. Salúdala, pregúntale qué teme que pase si no hace su trabajo y qué necesitaría para relajarse un poco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, vuelve al camino.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 7. Cierra el ejercicio</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminar, agradece lo que haya aparecido y apunta dos cosas: qué partes salieron y en qué momento sentiste más calma o más espacio interno.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 8. Si te desbordas, para</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si durante el ejercicio te desbordas, detente, enfócate en tu respiración y vuelve al presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ejercicio es orientativo y no sustituye una sesión de psicoterapia. Si hay trauma, disociación o te desbordas con frecuencia, mejor hazlo con acompañamiento profesional en consulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La IFS propone algo muy simple, pero muy distinto a lo que solemos hacer: no ganar una guerra interna, sino cambiar la relación con lo que te pasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando dejas de tratar tus emociones como un enemigo y empiezas a verlas como partes que intentan protegerte, aparece más espacio para entenderte. Y en ese espacio, el Yo Esencial puede tomar el mando: estar presente con calma, escuchar sin juicio y ayudar a que cada parte baje la intensidad, encuentre su función real y deje de empujarte de un extremo a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Rabia en el duelo: eso que sentimos, pero no siempre nos permitimos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 18:31:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[canalizar la ira]]></category>
		<category><![CDATA[duelo]]></category>
		<category><![CDATA[duelo no resuelto]]></category>
		<category><![CDATA[gestión emocional]]></category>
		<category><![CDATA[psicoterapia para duelo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando pensamos en duelo, casi siempre lo asociamos a la muerte de alguien querido. Es lo más evidente, lo más nombrado. Pero el duelo aparece cada vez que perdemos algo importante: una relación, un animal, un proyecto, una etapa vital o incluso una parte de quien creíamos ser. En un proceso de duelo no solo [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Cuando pensamos en duelo, casi siempre lo asociamos a la muerte de alguien querido. Es lo más evidente, lo más nombrado. Pero el duelo aparece cada vez que perdemos algo importante: una relación, un animal, un proyecto, una etapa vital o incluso una parte de quien creíamos ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un proceso de duelo no solo hay tristeza. También pueden aparecer miedo, rabia, culpa, alivio, aceptación o gratitud. Y no suelen seguir un orden fijo: a veces se mezclan, a veces van y vienen, y otras reaparecen cuando parecía que ya estaban “resueltas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que <strong>no todas las emociones tienen el mismo permiso social</strong>. Llorar suele aceptarse. Enfadarse, no tanto. La rabia incomoda, desconcierta y, muchas veces, se intenta apagar rápido con frases como:<br>“no te enfades”, “tienes que ser fuerte”, “no sirve de nada estar así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la rabia en el duelo <strong>no es un error</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por qué aparece la rabia en el duelo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La rabia es una respuesta humana ante lo que se perdió, lo que no fue, lo que se rompió o lo que se vivió como injusto. Puede dirigirse hacia:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>la persona que ya no está,</li>



<li>una situación concreta,</li>



<li>otras personas,</li>



<li>o incluso hacia la vida.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos duelos, la rabia aparece cuando hay sensación de <strong>impotencia</strong>, de <strong>injusticia</strong>, de <strong>falta de control</strong> o de <strong>asuntos pendientes</strong>. No significa que la persona sea “mala” o “ingrata”: significa que algo duele y no encaja.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Qué pasa cuando la rabia se reprime</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se reprime, la rabia no desaparece: suele quedarse atrapada y puede bloquear el proceso de elaboración del duelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces, cuando la rabia no encuentra una salida segura, el duelo puede quedarse “congelado”: la persona se queda anclada a esa emoción, dificultando la integración de la pérdida y la posibilidad de volver a vincularse, crear nuevos proyectos o avanzar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darle espacio a la rabia <strong>de forma segura y contenida</strong> suele facilitar que, con el tiempo, se transforme y deje paso a otros estados emocionales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo canalizar la rabia de forma saludable</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Expresar rabia <strong>no significa perder el control ni hacer daño</strong>. Significa permitir que exista y encontrar formas cuidadas de darle salida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas maneras útiles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ponerle palabras (aunque sea en privado).</strong><br>Imaginar que se verbaliza el enfado hacia la persona, la relación o la pérdida: “me enfada que…”, “me duele que…”, “odio que esto haya pasado…”.</li>



<li><strong>Hablarlo con alguien de confianza.</strong><br>En un espacio donde no haya juicio ni prisa por “arreglarlo”. A veces ayuda empezar por: “No necesito soluciones, necesito que me escuches”.</li>



<li><strong>Escritura y descarga emocional.</strong><br>Escribir sin filtro durante 10–15 minutos. También puede servir dibujar, garabatear o romper papel (con intención de descarga, no de autocastigo).</li>



<li><strong>Acciones simbólicas.</strong><br>Un ritual simple: una carta que no se envía, una caja de recuerdos, una despedida simbólica, una foto con una frase, un gesto de cierre.</li>



<li><strong>Movimiento y cuerpo.</strong><br>Caminar rápido, correr suave, boxear con un cojín, bailar, estirar con intensidad: el cuerpo a menudo “sabe” sacar lo que la mente intenta controlar.</li>



<li><strong>Acudir a psicoterapia.</strong><br>Nos ayuda a expresar lo pendiente, ordenar emociones y trabajar límites o despedidas.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Cuándo pedir ayuda en un centro de psicología</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pedir ayuda no es “no poder”: es cuidar el proceso. En nuestras <strong>clínicas de psicología en Madrid</strong> y en Tres Cantos atendemos con frecuencia duelos donde la rabia aparece con fuerza, se reprime o se convierte en culpa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te recomendamos consultar con profesionales si:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>la rabia te desborda o se convierte en estallidos frecuentes,</li>



<li>hay conductas de daño hacia una misma persona o hacia otras personas,</li>



<li>aparece consumo para anestesiar (alcohol, fármacos sin control, etc.),</li>



<li>hay insomnio severo mantenido,</li>



<li>notas bloqueo funcional (trabajo, autocuidado, relaciones) durante semanas,</li>



<li>sientes que “no avanzas” y estás cada vez más en aislamiento.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Dar espacio a la rabia no aleja del duelo: <strong>acerca a su elaboración</strong>. Con frecuencia, solo cuando una emoción puede ser reconocida y escuchada, empieza a transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si necesitas apoyo, la psicoterapia puede ayudarte a entender lo que está pasando, reducir el desborde y acompañarte a elaborar la pérdida sin quedarte atrapada/o en la rabia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Puedes pedir cita en nuestra clínica de psicología en Madrid o Tres Cantos</strong> para valorar tu caso y ver qué tipo de acompañamiento te encaja.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Preguntas frecuentes:</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Es normal sentir rabia durante el duelo?</strong><br>Sí. Es una emoción frecuente, especialmente si hay injusticia, impotencia o asuntos pendientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿La rabia significa que no quería a la persona o que no me importaba?</strong><br>No. Significa que hay dolor y choque con la pérdida; el afecto y la rabia pueden convivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué hago si me siento culpable por mi enfado?</strong><br>Trabajar la culpa suele empezar por validar la emoción y entender qué protege o qué expresa la rabia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuándo debería ir a terapia por duelo?</strong><br>Siempre se puede acompañar un duelo en psicoterapia, es especialmente importante acudir cuando hay bloqueo, desborde, deterioro del funcionamiento, aislamiento o sufrimiento sostenido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿La psicoterapia ayuda con la rabia reprimida?</strong><br>Sí, el acompañamiento ayuda a colocar mejor las emociones y a crear una narrativa coherente de aquello que perdimos. La terapia ayuda especialmente si se somatiza, se aparece irritabilidad constante o mantiene el duelo estancado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Cuando sientes que no estás ayudando: la importancia de acompañar de verdad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Jan 2026 09:55:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[acompañamiento emocional]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo sin soluciones]]></category>
		<category><![CDATA[escucha activa]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en el duelo]]></category>
		<category><![CDATA[validación emocional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando alguien a quien queremos lo está pasando mal, lo primero que solemos hacer es intentar buscar una solución a su problema, debido a ello, es muy fácil caer en la esa idea de“tengo que hacer algo, tengo que arreglarlo”. Pensamos en mil posibilidades y cuando de repente nos encontramos con que esta persona sigue [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Cuando alguien a quien queremos lo está pasando mal, lo primero que solemos hacer es intentar buscar una solución a su problema, debido a ello, es muy fácil caer en la esa idea de<em>“</em><em>t</em><em>engo que hacer </em><em>algo, t</em><em>engo que arreglarlo”</em>. Pensamos en mil posibilidades y cuando de repente nos encontramos con que esta persona sigue igual, aparece la culpa, pensamos <em>“podría estar ayudando más” y</em> terminamos sintiendo que no hemos encontrado la solución “<em>perfecta</em>” o que no lo estamos intentando lo suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces lo mejor que le podemos ofrecer a alguien que sufre es “<em>simplemente</em>” nuestro acompañamiento. Acompañar no es arreglar. Acompañar significa <strong>estar al lado</strong> de una persona mientras atraviesa algo difícil, sin invadir su proceso y sin correr para que el dolor desaparezca.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué significa realmente acompañar?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar es <strong>caminar al lado</strong>, sostener sin empujar, dar espacio. Es ayudar a que la persona pueda mirar lo que duele <strong>sin sentirse desbordada</strong>, con alguien cerca que no juzga y no minimiza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces acompañar es, literalmente, <strong>estar</strong>. Y eso puede verse muy fácil y lo podemos sentir como que realmente no estamos haciendo algo de valor, pero puede llegar a ser mucho más difícil de lo que parece,</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar <strong>no</strong> es:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Tomar decisiones por la otra persona</strong> (<em>“Cortaesto ya”, “lo que tienes que hacer es…”</em>).</li>



<li><strong>Adelantarte a los hechos</strong> (interpretar, concluir, diagnosticar, <em>“¡Ya sé lo que te ocurre!”).</em></li>



<li><strong>Intentar aliviar rápido lo que duele</strong> (tapar, distraer a toda costa).</li>



<li><strong>Hacer el camino por la otra persona</strong> (resolverle todo para que no sufra).<br><br></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Si estas frases y comportamientos te suenan o los has hecho alguna vez, dejame decirte que es totalmente normal, el hecho de querer ayudar al otro es una reacción humana: deseamos que la persona a la que queremos sufra menos. Pero el problema es que, sin querer, eso que hacemos intentando ayudar, puede transmitir a la otra persona lo contrario: <em>“No deberías sentir lo que sientes”</em>, “<em>Yo no veo que sea así, deberías de ponerte bien ya</em>” o<em>“Tu dolor me supera, cámbialo”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y con esto seguramente te preguntes, “<em>pero entonces… ¿Cómo puedo acompañar?</em>”</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los 4 pilares de un buen acompañamiento</h2>



<h3 class="wp-block-heading">1) Presencia</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Estar presente no solo significa “cerca” físicamente: es <strong>estar disponible de verdad</strong>.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo alguien siente que estamos presentes:</strong> móvil fuera, mirada atenta y a veces incluso poder estar en silencio. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Estoy aquí contigo.” / “No hace falta que lo expliques perfecto.” / “No tienes que poder con todo esto tú sola o solo”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">2) Escucha</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar no es esperar tu turno para aconsejar o para contar tus propias experiencias o ideas que se te han ido ocurriendo. Es <strong>acoger</strong> lo que la persona expresa (lo que dice y lo que no dice).</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo se muestra que escuchamos:</strong> haz preguntas sencillas, refleja lo que has entendido y no corrijas. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Tiene sentido que te duela.” / “Entiendo que estés agotada.” / “¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos opciones?”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">3) Respeto al ritmo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que entender que cada persona es diferente, y lo que a unos les resulta más llevadero, para otros es más complejo, por lo que es coherente nombrar que cada persona, y con ello cada proceso, tiene su tiempo. Y sí: a veces es desesperante.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo se hace:</strong> no presionar para “pasar página”, no exigir decisiones inmediatas. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“No hay prisa.” / “Es un proceso y durará lo que necesites”/ “Vamos paso a paso.”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">4) Vínculo de confianza</h3>



<p class="wp-block-paragraph">No eres terapeuta (ni falta que hace), pero este vínculo lo encontramos en las relaciones cercanas también, el vínculo en lo cotidiano se sostiene con <strong>coherencia</strong> entre lo que dices, lo que haces y lo que respetas.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo es un vínculo de confianza:</strong> cumple lo prometido, no usa confidencias en discusiones, no chantajea <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Cuenta conmigo de la forma que te sirva.” / “Estoy aquí para lo que necesites” / “Si hoy no quieres hablar, también está bien.”</em></li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Acompañar también es estar en el dolor</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar implica aceptar algo incómodo, frustrante e incluso doloroso para nosotros: <strong>no puedes quitarle el dolor a la otra persona</strong>. Lo que sí puedes es contribuir a que ese dolor tenga un lugar donde existir sin que todo se rompa y muchas veces, lo más valioso que podemos hacer es esto:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Validar sin juicio.</li>



<li>Dar espacio sin huir.</li>



<li>Sostener sin invadir.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">¿Por qué cuesta tanto?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Porque ver sufrir a alguien que quieres activa cosas muy potentes: miedo, impotencia, rabia, urgencia, frustración. A veces aparece una fantasía muy humana: <em>“Si me lo cargo yo, lo gestiono mejor.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el fondo, la prisa por arreglar suele ser también una forma de calmar <strong>tu propia angustia</strong>. Y ahí es donde conviene recordar algo clave: si haces el camino por la otra persona, le robas la oportunidad de <strong>aprender a transitar</strong> eso que duele (con apoyo, sí; pero a su manera).</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué hacer cuando te invade el “podría hacer más”?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Un mini-protocolo para esos momentos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Frena tu urgencia (10 segundos).</strong><br>Respira. Nota si estás a punto de dar soluciones para calmarte tú.</li>



<li><strong>Valida antes de proponer.</strong><br>“Tiene sentido que te sientas así.” (La validación no significa estar de acuerdo con todo: significa reconocer la emoción, y sí, aunque sea obvio que la emoción está ahí, es importante nombrarla y darle ese espacio.)</li>



<li><strong>Pregunta qué necesita ahora (en concreto).</strong><br>“Qué crees que necesitas ahora mismo o qué puedo hacer por ti?” / “¿Te ayuda que te escuche, que me quede contigo, que salgamos a caminar, que busquemos información, que te acerque a algún sitio?”</li>



<li><strong>Ofrece presencia real y medible.</strong><br>“Te escribo esta noche.” / “Mañana te acompaño a esa cita.”</li>
</ol>



<h3 class="wp-block-heading">En resumen&#8230;</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar no es tener la frase exacta que te diría una psicóloga ni la solución rápida que remedia todo dolor, es <strong>estar presentes</strong>, escuchar sin corregir, sostener sin dar soluciones o meter prisa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando sientas que “no estás haciendo nada”, recuerda: acompañar es hacer mucho más de lo que crees; para quien sufre, muchas veces lo que más regula, calma y salva es esto: <strong>que alguien se quede cerca</strong> sin convertir su dolor en un problema que hay que eliminar cuanto antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Lucía de Francisco</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="wp-block-paragraph"><br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef9453931a9533e9d35b406ed7344fae wp-block-paragraph">Foto de <a href="https://unsplash.com/es/@photos_muka?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Samuell Morgenstern</a> en <a href="https://unsplash.com/es/fotos/dos-personas-se-sientan-en-una-pared-con-vista-a-una-ciudad-njoppc4ua2Y?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Unsplash</a></p>
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		<title>Puedes elegir</title>
		<link>https://landanaterapia.com/puedes-elegir/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 09:34:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[expectativas parentales]]></category>
		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
		<category><![CDATA[mandatos familiares]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia psicológica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia. Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne describe cómo estos guiones de vida se construyen muy pronto, a partir de mensajes explícitos e implícitos que el entorno familiar transmite. Estos mensajes se convierten en estándares internos sobre quienes deberíamos ser y cómo deberíamos vivir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Expectativas y guión de vida: cuando lo aprendido parece elección</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Berne señala que uno de los elementos que da comienzo a estos guiones, y que puede llegar a ser profundamente influyente, son las <strong>expectativas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos entender las expectativas como <strong>anticipaciones internas</strong> sobre:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>qué es aceptable y qué no,</li>



<li>cómo debemos comportarnos,</li>



<li>qué está permitido desear,</li>



<li>qué es esperable de los demás y de nosotros mismos.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas suelen pasar desapercibidas porque se viven como decisiones personales o como simples aprendizajes que hemos ido haciendo “con el tiempo”. Sin embargo, en terapia vemos que con frecuencia son <strong>herencias emocionales</strong>, ligadas a mandatos familiares, mensajes tempranos y experiencias significativas.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El origen temprano de los mandatos: antes incluso de nacer</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción de estas expectativas puede empezar incluso antes del nacimiento. En cuanto se conoce la llegada de un bebé, aparecen múltiples escenarios posibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Quizá ese hijo o hija viene a darle sentido a la vida de los padres.</li>



<li>Tal vez llega para salvar el matrimonio o reforzar un proyecto vital.</li>



<li>Puede ser el bebé muy esperado que viene a cumplir un deseo de continuidad, o el que no estaba previsto.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquiera de estos casos, ese bebé —que aún no ha nacido— ya tiene <strong>un rol asignado</strong> en la familia. Además, los padres pueden fantasear con cómo les gustaría que fuese: que tenga éxito como la abuela, que sea médico como el padre, que no sufra lo que sufrió la madre, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas ideas preconcebidas marcan el comienzo del <strong>guión de vida</strong> que cada individuo va a tener. El niño o la niña va a ser recibido por un sistema de expectativas que le envía mensajes claros —aunque muchas veces implícitos— sobre cómo debería ser, qué está bien y qué se espera de él o de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos mensajes se reconocen en la manera en que el bebé y, más adelante, el niño o la niña, es tratado o tratada por sus figuras de referencia: en el lenguaje verbal, en los gestos, en lo que se valora, en lo que se castiga y en lo que no se nombra.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Profecía autocumplida</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, estas expectativas se integran en la persona y funcionan como una <strong>profecía autocumplida</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>influyen en las decisiones que toma,</li>



<li>moldean su manera de percibir el mundo,</li>



<li>refuerzan una y otra vez el mismo patrón de pensamiento y de conducta.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas pueden entenderse como una combinación de <strong>creencias nucleares</strong> (“no valgo si no logro algo extraordinario”, “debo cuidar siempre de los demás para que me quieran”), <strong>esquemas de pensamiento</strong> y <strong>distorsiones cognitivas</strong> (como el pensamiento dicotómico, la sobregeneralización o la lectura del pensamiento).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica, esto se observa en:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>pensamientos automáticos</strong> del tipo “no puedo fallar”, “tengo que ser fuerte”, “si digo que no, me rechazarán”</li>



<li><strong>conductas evitativas</strong>, como no expresar necesidades propias para no decepcionar, o renunciar a proyectos personales por miedo a romper el mandato familiar</li>



<li>sentimientos de culpa, angustia o vergüenza cuando la persona se plantea hacer algo diferente a lo esperado.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas dinámicas no sólo generan sufrimiento, sino que <strong>limitan la capacidad de vivir desde la autenticidad</strong>. La persona siente que no termina de ser libre para elegir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El trabajo terapéutico: hacer visible lo invisible</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia, el abordaje del guión de vida y de las expectativas asociadas pasa por varias fases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>El primer paso es <strong>hacer consciente lo invisible</strong>. Cuando la persona logra identificar qué mandatos han guiado su vida (“sé perfecta”, “no molestes”, “salva a otros”, “no sientas”, “no confíes”), puede empezar a comprender cómo estos han moldeado su historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este momento suele vivirse como un “abrir los ojos”:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>aparece alivio al entender que no todo es “culpa suya”</li>



<li>se reconoce que muchas decisiones han estado condicionadas por esos guiones</li>



<li>surge la posibilidad real de cambio, al dejar de repetir automáticamente lo que antes se hacía de forma inconsciente.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este trabajo se aborda combinando el análisis del guión con herramientas como el <strong>registro de pensamientos automáticos</strong>, la identificación de <strong>creencias irracionales</strong> y el inicio de la <strong>reestructuración cognitiva</strong> (cuestionar y reformular esas ideas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una segunda fase, el trabajo terapéutico se centra en <strong>revisar el origen del mandato</strong> y cuestionar si sigue siendo útil en el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este proceso es clave preguntarse:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Quién decía esto, explícita o implícitamente?</li>



<li>¿De qué creía que me protegía este mandato?</li>



<li>¿Qué consecuencias ha tenido en mi vida, mis relaciones, mi salud mental y mi bienestar?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que pudo ser una estrategia adaptativa en la infancia —por ejemplo, ser “el fuerte” para no preocupar a unos padres desbordados— puede que hoy genere <strong>más dolor que protección</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Elegir qué mantener y qué soltar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras este recorrido, la persona puede empezar a <strong>elegir</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>no tanto desde las expectativas que le han impuesto,</li>



<li>sino desde la libertad de decidir <strong>qué mandatos quiere mantener</strong> y <strong>cuáles necesita soltar</strong>.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este paso le permite pasar:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>de la obligación a la elección,</li>



<li>del miedo a la autonomía,</li>



<li>del “tengo que” al “elijo”.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reescribir, no borrar: una historia propia y consciente</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La finalidad de este proceso no es borrar la historia de vida de nadie, sino <strong>reescribirla desde un lugar más consciente y propio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las expectativas dejan de ser rígidas y se transforman en referencias flexibles, resurge la posibilidad de:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>relacionarse con uno mismo desde el respeto y la aceptación,</li>



<li>vincularse con los demás de forma más libre y coherente,</li>



<li>vivir de acuerdo con los valores actuales y no sólo con los mandatos heredados.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el trabajo en <strong>terapia</strong> ayuda a pasar <strong>del mandato a la elección</strong>, permitiendo que cada persona ocupe el lugar de autora y protagonista de su propia vida, con mayor autonomía, responsabilidad y bienestar emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em><br><br><br><br><br><br><br><a href="https://www.freepik.com/free-photo/hand-writing-notebook-close-up_14411988.htm#fromView=search&amp;page=1&amp;position=2&amp;uuid=573a2da9-285a-414a-b23e-7aafc9d34d02&amp;query=guion+de+vida">Image by freepik</a></p>
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		<title>¿Qué tipo de mensajes envías a tus hijos e hijas?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 18:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños [&#8230;]</p>
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<p class="has-background has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="border-style:none;border-width:0px;background:linear-gradient(135deg,rgba(157,191,164,0.26) 0%,rgba(157,191,164,0.65) 100%)">¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños y niñas a lo largo de su vida. En terapia psicológica vemos a menudo cómo estos mensajes influyen más de lo que imaginamos.</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Eric Berne y Claude Steiner explican que cada persona desarrolla un <strong>guion de vida</strong>: un mapa interno formado por creencias, permisos y prohibiciones que aprendimos en la infancia. No es algo consciente. Surge de lo que vivimos en casa: miradas, tonos de voz, expectativas, coherencias o incoherencias. Esos mensajes, pueden quedar grabados y afectar a cómo nos vemos, cómo nos relacionamos o qué decisiones tomamos ya en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En psicología vemos que estos guiones pueden actualizarse, cuestionarse y transformarse. El primer paso es <strong>identificar qué mensajes recibimos y cuáles estamos transmitiendo ahora</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del mensaje <strong>“no seas niño/a”,</strong> nos referimos a esas situaciones en las que se espera que la criatura madure demasiado rápido. Aparece en frases como “no llores”, “sé fuerte” o “no des problemas”. Lo que termina aprendiendo es que no puede necesitar, pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad, como si esas emociones fueran algo que ocultar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido sucede con el <strong>“no crezcas”</strong>, que es típico de una sobreprotección constante. Se expresa en comentarios como “mejor lo hago yo”o “ten mucho cuidado”. Con el tiempo, este tipo de mensajes hace que la persona sienta que no puede valerse por sí misma y desarrolle miedo a equivocarse o a tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje <strong>“no pertenezcas”</strong> aparece cuando, de manera explícita o sutil, se transmite que el niño o la niña “no encaja” o que es mejor no unirse a otros. Esto puede llevarle a crecer con la sensación de aislamiento o inseguridad en los grupos, como si no hubiera un lugar donde sentirse parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el mensaje <strong>“no pienses”</strong>, que surge cuando se invalidan o ridiculizan sus ideas. Frases como “tú no entiendes”, “no digas tonterías” o “deja de preguntar” van calando y enseñan a desconfiar de su criterio. La consecuencia suele ser el temor constante a equivocarse o a expresar lo que realmente piensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros casos aparece un <strong>“no estés cerca”</strong>, típico de entornos donde el afecto se vive con incomodidad y las emociones se evitan. Aunque no se diga nada de forma directa, las personas menores aprenden que la cercanía emocional es algo incómodo o inapropiado. Más adelante, ya en la vida adulta, esto puede generar ese contraste doloroso entre desear intimidad y, al mismo tiempo, temerla o sentir incomodidad con el cariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, el mensaje <strong>“no seas importante”</strong> se instala cuando se minimizan o se comparan sus logros: “no es para tanto”, “tu hermano lo hace mejor”. Esto deja huella en la idea de que destacar está mal o que no merece éxito ni reconocimiento, como si tener valor fuese algo que conviene esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entonces, ¿Qué podemos hacer?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no podamos evitar mandar mensajes, sí podemos aprender a reconocerlos y cambiarlos. No se trata de culparse. Todos, absolutamente todos, enviamos mensajes sin querer, simplemente porque somos humanos. Lo importante es <strong>tomar conciencia</strong>. En terapia psicológica, estas son algunas ideas sobre las que podemos reflexionar: ¿Le dejo intentar y equivocarse sin intervenir de inmediato?, ¿Le transmito confianza para crecer y tomar decisiones?, ¿Celebro sus logros sin compararle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las niñas y los niños no necesitan “madres y padres perfectos”, sino que necesitan progenitores presentes, que los miren, escuchen y validen sus emociones. Pequeños cambios en nuestra forma de hablar, acompañar y poner límites pueden marcar una diferencia enorme en la seguridad con la que crecerán y en la historia que construirán sobre sí mismas/os.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>
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		<title>El impacto de los cuentos favoritos de la infancia en el guión de vida</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-impacto-de-los-cuentos-favoritos-de-la-infancia-en-el-guion-de-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Feb 2025 10:17:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[favorito]]></category>
		<category><![CDATA[guion de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Alguna vez te has parado a pensar en tu cuento favorito de cuando eras pequeño/a? Más allá de ser historias para entretener, los cuentos que nos marcaron durante nuestra niñez tienen un impacto profundo en la configuración de nuestro guión de vida, moldeando deseos, valores y la manera en que construimos nuestra identidad. Nuestras historias [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Alguna vez te has parado a pensar en tu cuento favorito de cuando eras pequeño/a?</em></p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Más allá de ser historias para entretener, los cuentos que nos marcaron durante nuestra niñez tienen un impacto profundo en la configuración de nuestro guión de vida, moldeando deseos, valores y la manera en que construimos nuestra identidad. Nuestras historias favoritas tienden a resonar especialmente en momentos de conflicto existencial, es decir, cuando enfrentamos cuestiones clave para nuestra formación del self. A través de sus narrativas, los cuentos nos ofrecen modelos para gestionar situaciones, abordar preocupaciones y proyectar deseos, orientándonos sobre cómo ser, actuar y qué esperar de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el análisis transaccional, el guión de vida es un plan trazado en los primeros años como respuesta a las influencias parentales y ambientales. Por ejemplo, algunos padres transmiten el mandato «no crezcas», porque temen perder su rol cuando sus hijos se independizan. A veces, un padre se distancia cuando su hija comienza a desarrollarse como mujer, generando en ella el miedo a crecer o a asumir su identidad adulta. Estos mandatos, junto con permisos y atribuciones, determinan nuestra percepción de nosotros mismos, de los demás y del mundo. En este contexto, los cuentos actúan como herramientas esenciales que permiten a los niños interpretar su realidad, afrontar conflictos y tomar decisiones sobre su identidad y su futuro, De tal manera que la fantasía pasa a ser un espejo que refleja lo proyectado por uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando un niño atraviesa etapas decisivas, encuentra en algunas historias y personajes una fuente de consuelo y guía donde se identifican con algunos personajes como una oportunidad de comprensión a través de la proyección. Estas historias proporcionan un marco para interpretar su mundo y tomar decisiones acorde a sus valores. Sin embargo, la manera en que los niños perciben e internalizan los cuentos es subjetiva e individual. Dos niños con la misma historia favorita pueden interpretar elementos diferentes según sus experiencias y necesidades, lo que aporta una riqueza única al impacto de estas narrativas en su guión de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, el cuento de El Patito Feo suele ser significativo para personas que no encajan en su entorno. Algunos pueden frustrarse al percibir que no alcanzan su yo ideal, mientras que otros encuentran en el cuento una inspiración para aceptar y redefinir su identidad. Estas diferencias subrayan la importancia de analizar las interpretaciones personales más allá de la narrativa clásica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera similar, el personaje de Pulgarcito, frecuentemente asociado con quienes asumen roles de «salvadores», requiere una exploración más profunda para comprender su impacto. En el caso de personajes más complejos como Frodo, de El Señor de los Anillos, las interpretaciones también varían ampliamente. Para algunos, Frodo simboliza «el triunfo del bien sobre el mal»; para otros, su éxito depende del apoyo de aliados más fuertes. Estas percepciones reflejan los propios conflictos, deseos y expectativas de quienes los admiran. A menudo, la identificación no se limita al protagonista. En las historias del Capitán Trueno, por ejemplo, mientras algunos encuentran inspiración en el héroe principal, otros se sienten más representados por Crispín, su leal compañero, proyectando valores como la amistad, la discreción y la lealtad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, los cuentos favoritos suelen aparecer en momentos de conflictos existenciales significativos, especialmente durante la infancia temprana. Cuando un niño se conecta con estas historias a una edad temprana, puede ser indicativo de que enfrentó cuestiones importantes con recursos limitados, dejando huellas profundas en su guión de vida. Sin embargo, no todas las personas recuerdan un cuento o personaje favorito. Algunas encuentran significados en fragmentos de diversas historias, mientras que otras hallan sus modelos en referentes fuera de la ficción. Esta ausencia no resta valor al análisis, sino que amplía las posibilidades de exploración para comprender las influencias clave en su desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, los cuentos favoritos de la infancia no son simples relatos, sino herramientas poderosas que ayudan a dar sentido al mundo, influyendo de manera significativa en nuestro desarrollo emocional y psicológico. Comprender esta conexión permite explorar en profundidad las motivaciones, miedos y patrones de comportamiento de una persona, aportando valiosas herramientas tanto para la terapia como para el crecimiento personal. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y tú, ¿cuál era tu cuento favorito?</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-text-color has-cyan-bluish-gray-color has-alpha-channel-opacity has-cyan-bluish-gray-background-color has-background is-style-dots"/>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Sofía Garbayo</em></p>
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