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	<title>Análisis Transaccional Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>Análisis Transaccional Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Puedes elegir</title>
		<link>https://landanaterapia.com/puedes-elegir/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 09:34:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[expectativas parentales]]></category>
		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
		<category><![CDATA[mandatos familiares]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia. Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne describe cómo estos guiones de vida se construyen muy pronto, a partir de mensajes explícitos e implícitos que el entorno familiar transmite. Estos mensajes se convierten en estándares internos sobre quienes deberíamos ser y cómo deberíamos vivir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Expectativas y guión de vida: cuando lo aprendido parece elección</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Berne señala que uno de los elementos que da comienzo a estos guiones, y que puede llegar a ser profundamente influyente, son las <strong>expectativas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos entender las expectativas como <strong>anticipaciones internas</strong> sobre:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>qué es aceptable y qué no,</li>



<li>cómo debemos comportarnos,</li>



<li>qué está permitido desear,</li>



<li>qué es esperable de los demás y de nosotros mismos.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas suelen pasar desapercibidas porque se viven como decisiones personales o como simples aprendizajes que hemos ido haciendo “con el tiempo”. Sin embargo, en terapia vemos que con frecuencia son <strong>herencias emocionales</strong>, ligadas a mandatos familiares, mensajes tempranos y experiencias significativas.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El origen temprano de los mandatos: antes incluso de nacer</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción de estas expectativas puede empezar incluso antes del nacimiento. En cuanto se conoce la llegada de un bebé, aparecen múltiples escenarios posibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Quizá ese hijo o hija viene a darle sentido a la vida de los padres.</li>



<li>Tal vez llega para salvar el matrimonio o reforzar un proyecto vital.</li>



<li>Puede ser el bebé muy esperado que viene a cumplir un deseo de continuidad, o el que no estaba previsto.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquiera de estos casos, ese bebé —que aún no ha nacido— ya tiene <strong>un rol asignado</strong> en la familia. Además, los padres pueden fantasear con cómo les gustaría que fuese: que tenga éxito como la abuela, que sea médico como el padre, que no sufra lo que sufrió la madre, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas ideas preconcebidas marcan el comienzo del <strong>guión de vida</strong> que cada individuo va a tener. El niño o la niña va a ser recibido por un sistema de expectativas que le envía mensajes claros —aunque muchas veces implícitos— sobre cómo debería ser, qué está bien y qué se espera de él o de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos mensajes se reconocen en la manera en que el bebé y, más adelante, el niño o la niña, es tratado o tratada por sus figuras de referencia: en el lenguaje verbal, en los gestos, en lo que se valora, en lo que se castiga y en lo que no se nombra.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Profecía autocumplida</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, estas expectativas se integran en la persona y funcionan como una <strong>profecía autocumplida</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>influyen en las decisiones que toma,</li>



<li>moldean su manera de percibir el mundo,</li>



<li>refuerzan una y otra vez el mismo patrón de pensamiento y de conducta.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas pueden entenderse como una combinación de <strong>creencias nucleares</strong> (“no valgo si no logro algo extraordinario”, “debo cuidar siempre de los demás para que me quieran”), <strong>esquemas de pensamiento</strong> y <strong>distorsiones cognitivas</strong> (como el pensamiento dicotómico, la sobregeneralización o la lectura del pensamiento).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica, esto se observa en:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>pensamientos automáticos</strong> del tipo “no puedo fallar”, “tengo que ser fuerte”, “si digo que no, me rechazarán”</li>



<li><strong>conductas evitativas</strong>, como no expresar necesidades propias para no decepcionar, o renunciar a proyectos personales por miedo a romper el mandato familiar</li>



<li>sentimientos de culpa, angustia o vergüenza cuando la persona se plantea hacer algo diferente a lo esperado.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas dinámicas no sólo generan sufrimiento, sino que <strong>limitan la capacidad de vivir desde la autenticidad</strong>. La persona siente que no termina de ser libre para elegir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El trabajo terapéutico: hacer visible lo invisible</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia, el abordaje del guión de vida y de las expectativas asociadas pasa por varias fases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>El primer paso es <strong>hacer consciente lo invisible</strong>. Cuando la persona logra identificar qué mandatos han guiado su vida (“sé perfecta”, “no molestes”, “salva a otros”, “no sientas”, “no confíes”), puede empezar a comprender cómo estos han moldeado su historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este momento suele vivirse como un “abrir los ojos”:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>aparece alivio al entender que no todo es “culpa suya”</li>



<li>se reconoce que muchas decisiones han estado condicionadas por esos guiones</li>



<li>surge la posibilidad real de cambio, al dejar de repetir automáticamente lo que antes se hacía de forma inconsciente.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este trabajo se aborda combinando el análisis del guión con herramientas como el <strong>registro de pensamientos automáticos</strong>, la identificación de <strong>creencias irracionales</strong> y el inicio de la <strong>reestructuración cognitiva</strong> (cuestionar y reformular esas ideas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una segunda fase, el trabajo terapéutico se centra en <strong>revisar el origen del mandato</strong> y cuestionar si sigue siendo útil en el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este proceso es clave preguntarse:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Quién decía esto, explícita o implícitamente?</li>



<li>¿De qué creía que me protegía este mandato?</li>



<li>¿Qué consecuencias ha tenido en mi vida, mis relaciones, mi salud mental y mi bienestar?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que pudo ser una estrategia adaptativa en la infancia —por ejemplo, ser “el fuerte” para no preocupar a unos padres desbordados— puede que hoy genere <strong>más dolor que protección</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Elegir qué mantener y qué soltar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras este recorrido, la persona puede empezar a <strong>elegir</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>no tanto desde las expectativas que le han impuesto,</li>



<li>sino desde la libertad de decidir <strong>qué mandatos quiere mantener</strong> y <strong>cuáles necesita soltar</strong>.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este paso le permite pasar:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>de la obligación a la elección,</li>



<li>del miedo a la autonomía,</li>



<li>del “tengo que” al “elijo”.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reescribir, no borrar: una historia propia y consciente</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La finalidad de este proceso no es borrar la historia de vida de nadie, sino <strong>reescribirla desde un lugar más consciente y propio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las expectativas dejan de ser rígidas y se transforman en referencias flexibles, resurge la posibilidad de:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>relacionarse con uno mismo desde el respeto y la aceptación,</li>



<li>vincularse con los demás de forma más libre y coherente,</li>



<li>vivir de acuerdo con los valores actuales y no sólo con los mandatos heredados.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el trabajo en <strong>terapia</strong> ayuda a pasar <strong>del mandato a la elección</strong>, permitiendo que cada persona ocupe el lugar de autora y protagonista de su propia vida, con mayor autonomía, responsabilidad y bienestar emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em><br><br><br><br><br><br><br><a href="https://www.freepik.com/free-photo/hand-writing-notebook-close-up_14411988.htm#fromView=search&amp;page=1&amp;position=2&amp;uuid=573a2da9-285a-414a-b23e-7aafc9d34d02&amp;query=guion+de+vida">Image by freepik</a></p>
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		<item>
		<title>¿Qué tipo de mensajes envías a tus hijos e hijas?</title>
		<link>https://landanaterapia.com/que-tipo-de-mensajes-envias-a-tus-hijos-e-hijas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 18:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños [&#8230;]</p>
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<p class="has-background has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="border-style:none;border-width:0px;background:linear-gradient(135deg,rgba(157,191,164,0.26) 0%,rgba(157,191,164,0.65) 100%)">¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños y niñas a lo largo de su vida. En terapia psicológica vemos a menudo cómo estos mensajes influyen más de lo que imaginamos.</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Eric Berne y Claude Steiner explican que cada persona desarrolla un <strong>guion de vida</strong>: un mapa interno formado por creencias, permisos y prohibiciones que aprendimos en la infancia. No es algo consciente. Surge de lo que vivimos en casa: miradas, tonos de voz, expectativas, coherencias o incoherencias. Esos mensajes, pueden quedar grabados y afectar a cómo nos vemos, cómo nos relacionamos o qué decisiones tomamos ya en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En psicología vemos que estos guiones pueden actualizarse, cuestionarse y transformarse. El primer paso es <strong>identificar qué mensajes recibimos y cuáles estamos transmitiendo ahora</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del mensaje <strong>“no seas niño/a”,</strong> nos referimos a esas situaciones en las que se espera que la criatura madure demasiado rápido. Aparece en frases como “no llores”, “sé fuerte” o “no des problemas”. Lo que termina aprendiendo es que no puede necesitar, pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad, como si esas emociones fueran algo que ocultar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido sucede con el <strong>“no crezcas”</strong>, que es típico de una sobreprotección constante. Se expresa en comentarios como “mejor lo hago yo”o “ten mucho cuidado”. Con el tiempo, este tipo de mensajes hace que la persona sienta que no puede valerse por sí misma y desarrolle miedo a equivocarse o a tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje <strong>“no pertenezcas”</strong> aparece cuando, de manera explícita o sutil, se transmite que el niño o la niña “no encaja” o que es mejor no unirse a otros. Esto puede llevarle a crecer con la sensación de aislamiento o inseguridad en los grupos, como si no hubiera un lugar donde sentirse parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el mensaje <strong>“no pienses”</strong>, que surge cuando se invalidan o ridiculizan sus ideas. Frases como “tú no entiendes”, “no digas tonterías” o “deja de preguntar” van calando y enseñan a desconfiar de su criterio. La consecuencia suele ser el temor constante a equivocarse o a expresar lo que realmente piensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros casos aparece un <strong>“no estés cerca”</strong>, típico de entornos donde el afecto se vive con incomodidad y las emociones se evitan. Aunque no se diga nada de forma directa, las personas menores aprenden que la cercanía emocional es algo incómodo o inapropiado. Más adelante, ya en la vida adulta, esto puede generar ese contraste doloroso entre desear intimidad y, al mismo tiempo, temerla o sentir incomodidad con el cariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, el mensaje <strong>“no seas importante”</strong> se instala cuando se minimizan o se comparan sus logros: “no es para tanto”, “tu hermano lo hace mejor”. Esto deja huella en la idea de que destacar está mal o que no merece éxito ni reconocimiento, como si tener valor fuese algo que conviene esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entonces, ¿Qué podemos hacer?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no podamos evitar mandar mensajes, sí podemos aprender a reconocerlos y cambiarlos. No se trata de culparse. Todos, absolutamente todos, enviamos mensajes sin querer, simplemente porque somos humanos. Lo importante es <strong>tomar conciencia</strong>. En terapia psicológica, estas son algunas ideas sobre las que podemos reflexionar: ¿Le dejo intentar y equivocarse sin intervenir de inmediato?, ¿Le transmito confianza para crecer y tomar decisiones?, ¿Celebro sus logros sin compararle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las niñas y los niños no necesitan “madres y padres perfectos”, sino que necesitan progenitores presentes, que los miren, escuchen y validen sus emociones. Pequeños cambios en nuestra forma de hablar, acompañar y poner límites pueden marcar una diferencia enorme en la seguridad con la que crecerán y en la historia que construirán sobre sí mismas/os.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>
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		<title>El perro guardián del guión</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-perro-guardian-del-guion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Feb 2025 18:08:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[guión]]></category>
		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
		<category><![CDATA[perro guardián del guión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Según la teoría del Análisis Transaccional (AT) formulada por Eric Berne, cada uno de nosotros tenemos un guión de vida; un destino preestablecido, pero que no es fijo ni inmutable. Es un plan inconsciente que desarrollamos desde el momento en el que nacemos, dirigiendo nuestras decisiones y nuestro comportamiento y siendo así, en muchas ocasiones, [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Según la teoría del Análisis Transaccional (AT) formulada por Eric Berne, cada uno de nosotros tenemos un guión de vida; un destino preestablecido, pero que no es fijo ni inmutable. Es un plan inconsciente que desarrollamos desde el momento en el que nacemos, dirigiendo nuestras decisiones y nuestro comportamiento y siendo así, en muchas ocasiones, el responsable de que tropecemos una y otra vez con la misma piedra. Este guión lo elaboramos durante la infancia, donde en base a los mensajes parentales y normas culturales, buscamos tomar un papel que se adapte a todo ello, con el fin de ser aceptados y, por tanto, de nuestra supervivencia. Por ejemplo, una persona que ha recibido constantemente el mensaje “si no eres perfecto, no serás aceptado”, podría como resultado desarrollar un guión que la lleve a ser extremadamente perfeccionista en todas sus actividades. Esto mismo podría provocar que la persona evitase situaciones en las que no tenga garantizado un resultado perfecto, reforzando así la creencia en la persona de que solo es valiosa si todo lo que hace es perfecto, perpetuando su guión de vida de que “la imperfección es inaceptable”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A medida que crecemos y nos convertimos en adultos, difícilmente hemos llegado a realizar algún acto en contra de nuestro guión, pues nos sentimos fuertemente amenazados para no hacerlo. Pero, ¿de qué se trata esta amenaza? ¿de dónde viene ese peligro percibido que nos impide actuar? Cuando éramos pequeños, el peligro era proveniente del exterior: los mandatos y los padres; si nos oponíamos a los mandatos, obtendríamos la todopoderosa reacción de los padres, quedando así condicionada la opción de salirse del guión, siendo entonces la amenaza proveniente de nuestro interior. Esta amenaza se conoce como el perro guardián del guión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El perro guardián es el depositario de nuestros mandatos y quien los ancla con firmeza a una amenaza subyacente. Cuando nos encontramos ante una situación donde bien podríamos salir del guión, el perro guardián nos gruñe, ladra o incluso nos llega a morder, haciéndonos sentir la culpa, la angustia o la catástrofe que supondría incumplir ese mandato, el cual tenemos tan arraigado en nuestras profundidades. Esta sensación se puede manifestar como inquietud o nerviosismo al pensar en un cambio, en pesadillas que nos muestran el fracaso, incluso puede llegar a presentarse como un miedo irracional a sufrir accidentes, desastres o incluso en la muerte si nos alejamos del guión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, ¿cómo podemos derrotar a nuestro perro guardián? El primer paso, por supuesto, será tomar consciencia de su existencia y, más adelante, de los enemigos naturales de éste: la intimidad -donde podemos conocernos a nosotros mismos y sentirnos dignos y aceptados- y la cooperación -donde nos sentimos útiles y con capacidad de cambio-. Intimidad y cooperación nos ayudarán a sacar a la luz nuestros diálogos interiores, junto a las amenazas, miedos y desvalorizaciones que nos mantienen presos de nuestro guión. Comprendido ésto, por mucho que nos gruña y susurre que no somos capaces o que no valemos, será entonces cuando podremos enfrentarlo, sabiendo que para ello es posible que debamos evitar a los perros guardianes de otras personas, que también estarán acechándonos desde las profundidades.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="wp-block-paragraph">Pablo Banski</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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