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	<title>Terapia psicológica Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>Terapia psicológica Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Conversaciones sobre el dolor. Ana García Mañas y Andrea Romera Rabasa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/conversaciones-sobre-el-dolor-ana-garcia-manas-y-andrea-romera-rabasa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 11:57:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea Romera]]></category>
		<category><![CDATA[dolor crónico]]></category>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace apenas unos días regresamos de Grecia, donde asistimos a un curso sobre la <em>Odisea</em> de Homero. Quizá sea un buen punto de partida para hablar del dolor: ese viaje largo, incierto, que tantas personas recorren sin tener un mapa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1496" src="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg" alt="" class="wp-image-1940" srcset="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg 2048w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-300x219.jpeg 300w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1024x748.jpeg 1024w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-768x561.jpeg 768w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1536x1122.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Andrea es médica anestesióloga y experta en dolor. Vive en Gijón y atiende en el Hospital de Covadonga, acompañando a pacientes para quienes el dolor ha dejado de ser un síntoma pasajero y se ha convertido en una presencia cotidiana. Yo soy psicóloga y sexóloga, dirijo la clínica Landana Terapia en Tres Cantos y la formación en sexología en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde lugares profesionales distintos, las dos trabajamos con algo parecido: cuerpos que duelen y personas que necesitan ser escuchadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación quise preguntarle no solo por los tratamientos médicos del dolor, sino también por lo que el dolor crónico hace con la vida, con la identidad, con el deseo y con la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Andrea, ¿Qué es el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Voy a darte la definición oficial, implantada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor. Como es difícil de entender en una primera lectura, después voy a explicarte por qué supuso un cambio de paradigma en nuestra comprensión de esta enfermedad:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, un daño tisular real o potencial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta definición es relevante clínicamente porque:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Separa dolor de </strong><em><strong>nocicepción</strong></em>: cuando se dice que algo es una “experiencia sensitiva y emocional” se está especificando que no puede inferirse únicamente a partir de la actividad en las neuronas sensoriales, sino que requiere de consciencia. No es solo la activación de un receptor sensible a un estímulo doloroso. Por ejemplo, alguien sometido a anestesia general puede sufrir aumentos de tensión arterial o de frecuencia cardiaca ante el corte del bisturí – es decir, puede tener nocicepción -, pero no puede tener dolor.</li>



<li><strong>Valida un tipo de dolor distinto, denominado </strong><em><strong>nociplástico</strong></em><strong>: </strong>cuando se afirma que el dolor crónico es una experiencia asociada a una lesión, «o similar a la asociada a una lesión» se están legitimando condiciones donde no existe un daño físico demostrable (por ejemplo, la fibromialgia o el síndrome de intestino irritable). Se reconoce que el sistema nervioso puede generar, él mismo, una experiencia de dolor idéntica a la de una lesión pero sin tenerla. Esto se llama «sensibilización central».</li>



<li><strong>Consagra el Modelo Biopsicosocial: </strong>se establece que el dolor es siempre una experiencia personal que está influenciada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Esto entierra definitivamente los modelos antiguos, dualistas, que dividían el dolor en «físico» o «psicológico». Todo dolor es real y todo dolor es multifactorial.</li>



<li><strong>Legitima al paciente (respeta «el auto-reporte»): </strong>se da credibilidad al reporte de una persona sobre su experiencia de dolor. El dolor es inherentemente subjetivo; no existe un biomarcador de laboratorio o prueba de imagen que pueda medirlo. Si el paciente dice que le duele, le duele, independientemente de lo que muestren las pruebas diagnósticas.</li>



<li><strong>Incluye a las poblaciones vulnerables: </strong>se subraya que la descripción verbal es solo uno de los múltiples comportamientos para expresar el dolor. La incapacidad para comunicarse &#8211; por ejemplo, en los neonatos o en los pacientes con demencia &#8211; no imposibilita que experimenten dolor ni exime a los profesionales de la obligación de tratarlo.</li>



<li><strong>Reconoce el dolor como enfermedad en sí misma:</strong> el dolor crónico tiene efectos adversos directos sobre el movimiento, la forma de dormir, las actividades sociales y el bienestar psicológico. Esto respalda la clasificación del dolor crónicoprimario como una enfermedad en sí misma, y no como un mero síntoma de otra patología.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Decir que es una enfermedad y además con consecuencias tan negativas, ¿no va en contra con esa idea que todos hemos oído de que el dolor es un mecanismo protector?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Eso es el dolor agudo, el que te hace retirar la mano de una estufa ardiendo, o levantar un pie cuando una chincheta se nos clava en la planta. Es decir, te alerta &#8211; «hay peligro»- y te protege -«huye, retira, evita». Es beneficioso y constituye un mecanismo de defensa muy eficaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dolor crónico es el que dura más de tres meses o más tiempo del esperable para la lesión que lo causó, y es una entidad totalmente distinta: el organismo se desregula y mantiene el estado de alarma continuo sin que haya peligro del que protegerse. El dolor se convierte en el problema principal, en la enfermedad misma. Sale del lugar concreto del cuerpo que duele e invade la esfera emocional, familiar y laboral del individuo. Es decir, el dolor crónico es también insomnio, es aislamiento, es depresión, es niebla mental, es dejar de hacer actividades recreativas, etcétera. Es un modo distinto de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Tú has trabajado en uno de los mejores Servicios de Dolor de Europa, en The Walton Centre, en Liverpool. ¿Qué fue lo que más te gustó de su forma de cuidar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Quedé muy impresionada por tres cosas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>El <strong>equipo</strong> de profesionales de la salud que se ocupaban, juntos, del dolor: no sólo médicos especializados -anestesiólogos, traumatólogos, neurocirujanos, urólogos, ginecólogos y cirujanos maxilofaciales -, sino también enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales. Por ejemplo, en la consulta de Dolor Facial se encontraban presentes, de forma simultánea, un anestesiólogo, un neurocirujano y un maxilofacial. En la de Dolor Musculoesquelético, un anestesiólogo y un fisioterapeuta. En el Programa Integral de Manejo del Dolor había sesiones grupales e individuales con un psicólogo.<br></li>



<li>El <strong>enfoque biopsicosocial</strong>: el modelo puramente intervencionista o centrado en la medicación ha quedado obsoleto. La concepción moderna, no sólo británica sino europea en general, entiende el dolor como una experiencia compleja, por lo que atiende no sólo a su dimensión puramente física (por ejemplo, el paciente con dolor en la rodilla presenta artrosis de rodilla en la radiografía), sino también a la psicológica (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla padece kinesiofobia, por lo que solo hace vida cama-sillón) y a la social (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla tiene una baja laboral prolongada).<br></li>



<li>El <strong>trabajo coordinado hacia un objetivo común</strong>: No se trataba de una simple suma de consultas en cadena. El equipo interdisciplinar buscaba la interacción entre profesionales y el acuerdo entre los objetivos y las intervenciones terapéuticas. Por ejemplo, se creaba un circuito específico para que todos los pacientes con ciática recibiesen una epidural (intervencionismo menor) antes que una discectomía (cirugía mayor).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>En consulta nos encontramos que el dolor coexiste muchas veces con ansiedad y depresión, y mi sensación es que se retroalimentan. También suele ocurrir que las personas que viven con dolor tienen historias de trauma en la infancia. ¿Qué papel tienen el miedo, el estrés, el trauma, la depresión o la ansiedad en el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Un rol central. Existe un vínculo bidireccional entre el dolor y los sentimientos, un círculo vicioso. Las emociones negativas como el miedo o la ansiedad pueden amplificar la percepción del dolor. A su vez, sentir dolor genera esas emociones y crea un circuito de retroalimentación patológico. En la consulta lo veo todos los días. Por ejemplo, el miedo a moverse tiene nombre &#8211; <em>kinesiofobia </em>&#8211; y que es un factor predictor de mala evolución. También lo es el <em>catastrofismo</em>, caracterizado por la rumiación (incapacidad para pensar en nada que no sea el dolor), la magnificación (exageración de las consecuencias del dolor y anticipación del peor escenario posible) e indefensión (sensación de pérdida de control sobre la intensidad y duración del dolor). Para acabar con estos patrones se requiere un abordaje psicológico de educación en dolor y de terapias cognitivo-conductuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Y la sexualidad, ¿cómo se aborda en la consulta del dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Preguntar por la vida sexual del paciente es mandatorio en la consulta de dolor, pero por desgracia no siempre se hace. En mi hospital británico existían consultas específicas de Dolor Pélvico Femenino y Masculino. Te gustará saber que se debatió sobre si debían ser dos consultas distintas o si se debían englobar bajo un título común &#8211; Dolor Pélvico, simplemente &#8211; y se decidió distinguirlas por género. Ahí lo dejo. En cualquier caso, quiero puntualizar que:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>todos los dolores crónicos, sean pélvicos o no, impactan directamente en la intimidad, el deseo y la actividad sexual.</li>



<li>este impacto no depende solo de factores físicos &#8211; específicos, como endometriosis, neuralgia del pudendo o prostatitis crónica, o generales, como limitación de movimiento -, sino también farmacológicos, sociales y psicológicos (ansiedad de ejecución, alteración de la autoestima, aislamiento en la pareja, etcétera).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Eso que dices es muy interesante, porque las consecuencias del dolor llegan a muchos lugares. Aparte del dolor durante los encuentros eróticos o la actividad sexual, lo que yo he visto en consulta es que se produce un condicionamiento entre la excitación y el miedo al dolor que afecta al deseo, y eso aparte de las medicaciones, las alteraciones del sueño, que son de por sí enemigos del deseo erótico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que vemos en la consulta de psicología y en terapia con parejas es que se acaba evitando el contacto físico que sí se desea (besos, caricias&#8230;) por miedo a que ese contacto acabe en una expectativa o exigencia de mantener otro tipo de relaciones, que duelen o no se desean. Y las parejas van perdiendo posibilidades de disfrutar del contacto con el otro, ya sea de forma excitativa o sencillamente cariñosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se mantienen relaciones tratando de evitar el dolor, se pierde espontaneidad y la sensación de libertad y de juego que aporta mucho al disfrute erótico. Y estamos hablando de personas y parejas que no solo tienen afectado el deseo, sino que además puede existir miedo al daño (a recibirlo o a hacerlo) y eso suele reducir el repertorio erótico. Muchas personas también refieren que determinados fármacos hacen más complicada la excitación y el orgasmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de éxito en dolor crónico, ¿qué estamos midiendo: menos dolor, más sueño, menos miedo, más movimiento, menos medicación?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>La idea de éxito terapéutico está muy bien definida en la literatura actual de dolor, y así debe ser transmitido al paciente en la consulta: menos dolor y más funcionalidad. ¡Las dos cosas! Por ejemplo, un fármaco no está funcionando sólo porque el paciente reporte menos dolor: tiene que ir acompañado de un incremento en su actividad. Si antes del fármaco hacía vida cama-sillón, con la medicación eso tiene que cambiar. Esta funcionalidad no es algo vago ni ambiguo, sino que debe explicitarse abiertamente en la consulta en forma de objetivos medibles, realistas y alcanzables. Además de menos dolor y más función, el tercer pilar del éxito es la autogestión: el paciente debe aprender de su propio dolor, acompañado de un profesional que le dé estrategias de Ritmo y Aguante, que le explique conceptos como el del Auge y Caída, o que le enseñe estrategias de afrontamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Esas estrategias son precisamente las que trabajamos en terapia con las personas que viven con dolor, aparte de <em>mindfulness</em>, educación en neurociencia del dolor y técnicas de terapias cognitivo conductuales de última generación como las de aceptación y compromiso. En Landana Terapia acabamos de abrir un programa de tratamiento psicológico grupal porque consideramos que puede ser muy beneficioso compartir con otras personas parte del proceso terapéutico. Muchos de nuestros pacientes viven vidas muy limitadas y solitarias, y reducir eso es uno de los objetivos terapéuticos de la psicoterapia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para despedirte, ¿qué les dirías a nuestros pacientes con dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Les diría que su dolor es absolutamente real, pero que no tiene por qué ser una condena a la pasividad. No se resignen. Busquen un equipo de profesionales que no se limite a mirar sus resonancias magnéticas, sino que se preocupe por quién era usted y por su función. Nuestro verdadero objetivo clínico no es que se queden sentados protegiéndose del dolor y buscando diagnósticos alternativos, sino darles las herramientas para que vuelvan a moverse, a retomar sus aficiones, a disfrutar de su vida en pareja y a recuperar su antiguo yo.</p>
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		<item>
		<title>Puedes elegir</title>
		<link>https://landanaterapia.com/puedes-elegir/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 09:34:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[expectativas parentales]]></category>
		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
		<category><![CDATA[mandatos familiares]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia psicológica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia. Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne describe cómo estos guiones de vida se construyen muy pronto, a partir de mensajes explícitos e implícitos que el entorno familiar transmite. Estos mensajes se convierten en estándares internos sobre quienes deberíamos ser y cómo deberíamos vivir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Expectativas y guión de vida: cuando lo aprendido parece elección</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Berne señala que uno de los elementos que da comienzo a estos guiones, y que puede llegar a ser profundamente influyente, son las <strong>expectativas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos entender las expectativas como <strong>anticipaciones internas</strong> sobre:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>qué es aceptable y qué no,</li>



<li>cómo debemos comportarnos,</li>



<li>qué está permitido desear,</li>



<li>qué es esperable de los demás y de nosotros mismos.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas suelen pasar desapercibidas porque se viven como decisiones personales o como simples aprendizajes que hemos ido haciendo “con el tiempo”. Sin embargo, en terapia vemos que con frecuencia son <strong>herencias emocionales</strong>, ligadas a mandatos familiares, mensajes tempranos y experiencias significativas.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El origen temprano de los mandatos: antes incluso de nacer</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción de estas expectativas puede empezar incluso antes del nacimiento. En cuanto se conoce la llegada de un bebé, aparecen múltiples escenarios posibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Quizá ese hijo o hija viene a darle sentido a la vida de los padres.</li>



<li>Tal vez llega para salvar el matrimonio o reforzar un proyecto vital.</li>



<li>Puede ser el bebé muy esperado que viene a cumplir un deseo de continuidad, o el que no estaba previsto.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquiera de estos casos, ese bebé —que aún no ha nacido— ya tiene <strong>un rol asignado</strong> en la familia. Además, los padres pueden fantasear con cómo les gustaría que fuese: que tenga éxito como la abuela, que sea médico como el padre, que no sufra lo que sufrió la madre, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas ideas preconcebidas marcan el comienzo del <strong>guión de vida</strong> que cada individuo va a tener. El niño o la niña va a ser recibido por un sistema de expectativas que le envía mensajes claros —aunque muchas veces implícitos— sobre cómo debería ser, qué está bien y qué se espera de él o de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos mensajes se reconocen en la manera en que el bebé y, más adelante, el niño o la niña, es tratado o tratada por sus figuras de referencia: en el lenguaje verbal, en los gestos, en lo que se valora, en lo que se castiga y en lo que no se nombra.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Profecía autocumplida</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, estas expectativas se integran en la persona y funcionan como una <strong>profecía autocumplida</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>influyen en las decisiones que toma,</li>



<li>moldean su manera de percibir el mundo,</li>



<li>refuerzan una y otra vez el mismo patrón de pensamiento y de conducta.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas pueden entenderse como una combinación de <strong>creencias nucleares</strong> (“no valgo si no logro algo extraordinario”, “debo cuidar siempre de los demás para que me quieran”), <strong>esquemas de pensamiento</strong> y <strong>distorsiones cognitivas</strong> (como el pensamiento dicotómico, la sobregeneralización o la lectura del pensamiento).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica, esto se observa en:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>pensamientos automáticos</strong> del tipo “no puedo fallar”, “tengo que ser fuerte”, “si digo que no, me rechazarán”</li>



<li><strong>conductas evitativas</strong>, como no expresar necesidades propias para no decepcionar, o renunciar a proyectos personales por miedo a romper el mandato familiar</li>



<li>sentimientos de culpa, angustia o vergüenza cuando la persona se plantea hacer algo diferente a lo esperado.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas dinámicas no sólo generan sufrimiento, sino que <strong>limitan la capacidad de vivir desde la autenticidad</strong>. La persona siente que no termina de ser libre para elegir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El trabajo terapéutico: hacer visible lo invisible</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia, el abordaje del guión de vida y de las expectativas asociadas pasa por varias fases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>El primer paso es <strong>hacer consciente lo invisible</strong>. Cuando la persona logra identificar qué mandatos han guiado su vida (“sé perfecta”, “no molestes”, “salva a otros”, “no sientas”, “no confíes”), puede empezar a comprender cómo estos han moldeado su historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este momento suele vivirse como un “abrir los ojos”:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>aparece alivio al entender que no todo es “culpa suya”</li>



<li>se reconoce que muchas decisiones han estado condicionadas por esos guiones</li>



<li>surge la posibilidad real de cambio, al dejar de repetir automáticamente lo que antes se hacía de forma inconsciente.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este trabajo se aborda combinando el análisis del guión con herramientas como el <strong>registro de pensamientos automáticos</strong>, la identificación de <strong>creencias irracionales</strong> y el inicio de la <strong>reestructuración cognitiva</strong> (cuestionar y reformular esas ideas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una segunda fase, el trabajo terapéutico se centra en <strong>revisar el origen del mandato</strong> y cuestionar si sigue siendo útil en el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este proceso es clave preguntarse:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Quién decía esto, explícita o implícitamente?</li>



<li>¿De qué creía que me protegía este mandato?</li>



<li>¿Qué consecuencias ha tenido en mi vida, mis relaciones, mi salud mental y mi bienestar?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que pudo ser una estrategia adaptativa en la infancia —por ejemplo, ser “el fuerte” para no preocupar a unos padres desbordados— puede que hoy genere <strong>más dolor que protección</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Elegir qué mantener y qué soltar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras este recorrido, la persona puede empezar a <strong>elegir</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>no tanto desde las expectativas que le han impuesto,</li>



<li>sino desde la libertad de decidir <strong>qué mandatos quiere mantener</strong> y <strong>cuáles necesita soltar</strong>.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este paso le permite pasar:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>de la obligación a la elección,</li>



<li>del miedo a la autonomía,</li>



<li>del “tengo que” al “elijo”.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reescribir, no borrar: una historia propia y consciente</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La finalidad de este proceso no es borrar la historia de vida de nadie, sino <strong>reescribirla desde un lugar más consciente y propio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las expectativas dejan de ser rígidas y se transforman en referencias flexibles, resurge la posibilidad de:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>relacionarse con uno mismo desde el respeto y la aceptación,</li>



<li>vincularse con los demás de forma más libre y coherente,</li>



<li>vivir de acuerdo con los valores actuales y no sólo con los mandatos heredados.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el trabajo en <strong>terapia</strong> ayuda a pasar <strong>del mandato a la elección</strong>, permitiendo que cada persona ocupe el lugar de autora y protagonista de su propia vida, con mayor autonomía, responsabilidad y bienestar emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em><br><br><br><br><br><br><br><a href="https://www.freepik.com/free-photo/hand-writing-notebook-close-up_14411988.htm#fromView=search&amp;page=1&amp;position=2&amp;uuid=573a2da9-285a-414a-b23e-7aafc9d34d02&amp;query=guion+de+vida">Image by freepik</a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Qué tipo de mensajes envías a tus hijos e hijas?</title>
		<link>https://landanaterapia.com/que-tipo-de-mensajes-envias-a-tus-hijos-e-hijas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 18:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
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		<category><![CDATA[Creencias limitantes]]></category>
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		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia psicológica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños [&#8230;]</p>
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<p class="has-background has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="border-style:none;border-width:0px;background:linear-gradient(135deg,rgba(157,191,164,0.26) 0%,rgba(157,191,164,0.65) 100%)">¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños y niñas a lo largo de su vida. En terapia psicológica vemos a menudo cómo estos mensajes influyen más de lo que imaginamos.</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Eric Berne y Claude Steiner explican que cada persona desarrolla un <strong>guion de vida</strong>: un mapa interno formado por creencias, permisos y prohibiciones que aprendimos en la infancia. No es algo consciente. Surge de lo que vivimos en casa: miradas, tonos de voz, expectativas, coherencias o incoherencias. Esos mensajes, pueden quedar grabados y afectar a cómo nos vemos, cómo nos relacionamos o qué decisiones tomamos ya en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En psicología vemos que estos guiones pueden actualizarse, cuestionarse y transformarse. El primer paso es <strong>identificar qué mensajes recibimos y cuáles estamos transmitiendo ahora</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del mensaje <strong>“no seas niño/a”,</strong> nos referimos a esas situaciones en las que se espera que la criatura madure demasiado rápido. Aparece en frases como “no llores”, “sé fuerte” o “no des problemas”. Lo que termina aprendiendo es que no puede necesitar, pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad, como si esas emociones fueran algo que ocultar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido sucede con el <strong>“no crezcas”</strong>, que es típico de una sobreprotección constante. Se expresa en comentarios como “mejor lo hago yo”o “ten mucho cuidado”. Con el tiempo, este tipo de mensajes hace que la persona sienta que no puede valerse por sí misma y desarrolle miedo a equivocarse o a tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje <strong>“no pertenezcas”</strong> aparece cuando, de manera explícita o sutil, se transmite que el niño o la niña “no encaja” o que es mejor no unirse a otros. Esto puede llevarle a crecer con la sensación de aislamiento o inseguridad en los grupos, como si no hubiera un lugar donde sentirse parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el mensaje <strong>“no pienses”</strong>, que surge cuando se invalidan o ridiculizan sus ideas. Frases como “tú no entiendes”, “no digas tonterías” o “deja de preguntar” van calando y enseñan a desconfiar de su criterio. La consecuencia suele ser el temor constante a equivocarse o a expresar lo que realmente piensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros casos aparece un <strong>“no estés cerca”</strong>, típico de entornos donde el afecto se vive con incomodidad y las emociones se evitan. Aunque no se diga nada de forma directa, las personas menores aprenden que la cercanía emocional es algo incómodo o inapropiado. Más adelante, ya en la vida adulta, esto puede generar ese contraste doloroso entre desear intimidad y, al mismo tiempo, temerla o sentir incomodidad con el cariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, el mensaje <strong>“no seas importante”</strong> se instala cuando se minimizan o se comparan sus logros: “no es para tanto”, “tu hermano lo hace mejor”. Esto deja huella en la idea de que destacar está mal o que no merece éxito ni reconocimiento, como si tener valor fuese algo que conviene esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entonces, ¿Qué podemos hacer?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no podamos evitar mandar mensajes, sí podemos aprender a reconocerlos y cambiarlos. No se trata de culparse. Todos, absolutamente todos, enviamos mensajes sin querer, simplemente porque somos humanos. Lo importante es <strong>tomar conciencia</strong>. En terapia psicológica, estas son algunas ideas sobre las que podemos reflexionar: ¿Le dejo intentar y equivocarse sin intervenir de inmediato?, ¿Le transmito confianza para crecer y tomar decisiones?, ¿Celebro sus logros sin compararle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las niñas y los niños no necesitan “madres y padres perfectos”, sino que necesitan progenitores presentes, que los miren, escuchen y validen sus emociones. Pequeños cambios en nuestra forma de hablar, acompañar y poner límites pueden marcar una diferencia enorme en la seguridad con la que crecerán y en la historia que construirán sobre sí mismas/os.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>
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