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	<title>trabajo con agresores Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>trabajo con agresores Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>El machismo no es una enfermedad mental. Trabajar con agresores, pensar en la reinserción</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 10:28:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista a Ana García Mañas Ana García Mañas es directora de Landana Terapia, un centro de psicoterapia feminista en Tres Cantos, y directora del curso de especialista en terapia sexual y de pareja de sexología de la Universidad Autónoma de Madrid. En esta conversación reflexiona sobre su aproximación al trabajo con hombres penados por violencia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">Entrevista a Ana García Mañas<br></h2>



<p class="has-drop-cap has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#9cbfa345"><strong>Ana García Mañas</strong> es directora de <strong>Landana Terapia</strong>, un centro de psicoterapia feminista en Tres Cantos, y directora del curso de especialista en terapia sexual y de pareja de sexología de la <strong>Universidad Autónoma de Madrid</strong>. En esta conversación reflexiona sobre su aproximación al trabajo con hombres penados por violencia de género, los límites y posibilidades de los programas de intervención y el papel que desempeñan asociaciones como CUPIF en el ámbito penitenciario.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Para empezar, ¿Nos cuentas cuál es tu relación con CUPIF?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Mi relación con CUPIF ha sido breve, pero muy significativa. Estaba buscando una organización que nos permitiera ver qué ocurre en los grupos de tratamiento de hombres penados por violencia de género. Contacté con varias asociaciones porque nos interesaba mucho, desde la universidad, poder observar cómo se aplican estos tratamientos y transmitir después esa experiencia a las alumnas del curso. Yo trabajé en los programa PRIA (Programa de Intervención para Agresores de Violencia de Género) y PRIA-MA hace años y quería conocer cómo habían evolucionado estas intervenciones.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué conclusiones sacaste de ese acercamiento?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">He aprendido muchísimo. Tuve la opción de participar en el programa de medidas alternativas Regener@ con Susana Díaz y con alumnas suyas, y mi sensación es que hay muchísimo trabajo por hacer. También vi que hay programas bien organizados y una estructura que se sostiene en buena medida gracias a personas en prácticas y voluntarias, con muchísima energía y muchísimas ganas. Y, por supuesto, con una directora que está moviendo un mundo entero ahí dentro.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo fue el taller al que asististe? ¿Qué viste allí?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las cosas que más me llamó la atención fue el nivel de atención personalizada. A cada alumna o voluntaria le correspondían dos hombres. Eso permite, en una sola sesión larga, empezar a captar muchísima información: dificultades de expresión, posibles problemas de lectoescritura, reacciones emocionales muy concretas. Esa mirada tan minuciosa no la he visto en otros espacios parecidos. Para mí, eso sí puede considerarse una marca de CUPIF: hay muchos ojos mirando y muchas mentes pensando.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo se afronta desde la psicología feminista el trabajo con hombres que han ejercido violencia de género?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Es un tema muy importante y también muy incómodo. Trabajar con víctimas parece más reconfortante, más coherente de entrada con una práctica feminista. Trabajar con agresores no le apetece a nadie. Sales revuelta, con malestar, con contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el trabajo está lleno de tensiones. Por un lado, tienes que hacer un encuadre claro: explicarles dónde están, que han cometido un delito, que eso no puede repetirse. Pero, por otro, necesitas generar vínculo terapéutico, porque sin ese vínculo no hay posibilidad de intervención. Ahí aparecen muchas fricciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, si queremos una sociedad más feminista, no podemos dejar de trabajar también con ellos, al menos con quienes sea posible y hasta donde sea posible. Otra cosa es que eso esté lleno de contradicciones. Por ejemplo: sabemos que para que un tratamiento psicológico funcione bien debería haber cierta voluntariedad, y aquí casi nunca la hay. La mayoría llegan diciendo que no tendrían que estar allí, que “solo” hicieron tal o cual cosa, sin conciencia real del daño causado ni del carácter delictivo de sus actos.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que los programas actuales son suficientes?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">No, creo que se quedan cortos. Y no tanto por mala intención, sino porque son programas muy estandarizados y con pocos recursos detrás. En muchos casos, cuando los lees, parecen diseñados casi para adolescentes en secundaria, no para personas adultas con trayectorias complejas y delitos graves a sus espaldas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dependen muchísimo de quién los implemente. Ver a una profesional con mucha experiencia, como Susana, es un lujo. Pero imagino esos mismos materiales en manos de alguien con menos recorrido y veo muchísimas dificultades.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué te refieres cuando hablas de falta de recursos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">A que en prisiones no hay psicólogos suficientes y los que hay están saturados. Se hace mucho trabajo grupal porque no se puede hacer un seguimiento individualizado en condiciones. Hay sesiones individuales, sí, pero son pocas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego hay otra cuestión: se confía mucho en la psicoeducación, en la idea de que explicarle a alguien qué son las emociones o cómo controlar los impulsos puede generar cambios profundos en poco tiempo. Yo trabajo en clínica privada, y sé que cambiar una conducta sostenida en el tiempo lleva meses o años. Comprender los disparadores, encontrar alternativas, sostener frustraciones, revisar la propia historia, ensayar nuevas formas de actuar… todo eso requiere tiempo y recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En prisión, además, tengo la sensación de que seguimos trabajando con estructuras muy antiguas. Hace trece años vi cosas muy parecidas a las que he visto ahora. El mundo se ha digitalizado, pero allí apenas ha cambiado nada.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿hasta qué punto sirven realmente estas terapias?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Depende mucho de cómo llega cada persona. Hay quienes entran pensando: “Esto es un rollo, pero vengo para quitarme el castigo de encima”. Y hay quienes, aun llegando obligados, encuentran alguna idea que les toca y le dan una oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, el problema de fondo es serio: estamos tratando con herramientas psicológicas algo que no es una enfermedad mental, sino una estructura ideológica y cultural como es el machismo. Y eso complica muchísimo el planteamiento. No sabemos hasta qué punto el tratamiento psicológico puede modificar algo así.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, la reinserción exige intervenir. No puedes devolver a alguien a la sociedad sin trabajar con él sobre cómo funciona esa sociedad y qué no puede volver a suceder. Así que el tratamiento está ahí, en medio de esa contradicción.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué se trabaja concretamente en estos programas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre todo control emocional, control de impulsos, trabajo con la ira, con la rabia y con determinadas creencias machistas. También hay un intento de fomentar empatía hacia la víctima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que muchas veces se explica más de lo que realmente se trabaja. No siempre hay tiempo ni condiciones para bajar eso a la vida concreta de cada uno. Y ahí es donde a veces la intervención se queda en la superficie.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que hacen falta otros formatos o herramientas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, creo que habría que probar más cosas. Tengo la sensación de que estamos haciendo siempre más o menos lo mismo. No digo que no sirva, pero sí que hay que darle más vueltas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, nosotras trabajamos mucho lo emocional también desde el cuerpo, desde la expresión corporal, y eso a veces permite acceder a lugares a los que no se llega solo con el lenguaje. Creo que cualquier propuesta que ayude a relacionarse con el mundo de otra manera, que no pase por la violencia, puede formar parte de la reinserción: teatro, improvisación, creatividad, trabajo corporal… Merece la pena probar.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿La terapia grupal tiene valor en este contexto?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, yo no la eliminaría. De hecho, creo que puede ser importante. Un grupo de hombres hablando de lo que les preocupa, del dolor que sienten, de sus necesidades emocionales, puede ser en sí mismo algo transformador. Si los hombres pudieran hacer eso más a menudo y tuviesen más permiso social para ello, probablemente el mundo sería un lugar algo distinto.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Has hablado de pequeños resquicios de cambio. ¿Has visto alguno?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. El día que entré en Regenera, Susana hizo una ronda de presentación muy sencilla. Todos estaban nerviosos. Y cuando les preguntaba por sus hijos, algunos se quebraban y se ponían a llorar. Ver a hombres agresores, machistas, llorando al hablar delante de veinte personas es impactante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y no solo por la emoción individual, sino porque hay otros hombres mirando eso. Hombres con historias parecidas, de distintas edades, culturas y trayectorias. Ahí pensé que, al menos en ese instante, estaba pasando algo importante. Algo que sí era intervención pura.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo atraviesa el machismo a los hombres que han cometido estos delitos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">De muchísimas maneras. Y no solo a ellos: es muy difícil encontrar a alguien completamente libre de machismo. Vivimos dentro de una cultura determinada, y eso atraviesa a todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos programas se intenta ofrecer modelos de masculinidad algo más habitables, aunque también hay una paradoja: la psicología, el trabajo social y la educación social están muy feminizados. En la sesión que vi, por ejemplo, todas las profesionales éramos mujeres.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué pasa con quienes sienten miedo de convertirse en agresores o de hacer daño, sin haber llegado a cometer un delito?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría que, si alguien tiene dudas, merece la pena consultar. No hace falta esperar a que ocurra algo grave. El hecho mismo de preguntárselo ya puede ser significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces ese miedo tiene que ver con fantasías obsesivas, con pensamientos intrusivos o con angustias que no van a traducirse en actos. Otras veces sí puede haber señales de malestar o descontrol que conviene atender. Pero, en cualquier caso, acercarse a pedir ayuda me parece algo sensato.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué imagen representa para ti CUPIF?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí CUPIF no es solo “con un pie fuera”; también es “con un pie dentro”. Hace una doble labor. Por un lado, ayuda a los internos a acercarse a la libertad, a poner un pie fuera. Por otro, mete dentro a profesionales, estudiantes y personas de la sociedad civil. Nos permite mirar lo que ocurre allí. En ese sentido, CUPIF es un canal de comunicación entre la prisión y la sociedad.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que la sociedad evita mirar hacia la prisión?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, completamente. Queremos castigo, pero no queremos saber qué pasa después. Se piensa: “¿Ha cometido un delito? ¡Pues a la cárcel!”. Pero luego no se mira qué ocurre dentro, si eso mejora algo o lo empeora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la cárcel puede empeorar mucho las cosas. La prisión tiene un efecto conocido como “prisionalización”: para sobrevivir dentro, desarrollas habilidades que luego te perjudican fuera. La reinserción tiene que luchar contra eso. Por eso habría que mirar muchísimo más lo que ocurre en las prisiones, quién trabaja allí, con qué medios, con qué formación y con qué resultados.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo se previenen los delitos machistas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Repartiendo el poder. No veo otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se habla mucho de convencer a los hombres de que la igualdad es buena para ellos, pero me parece una idea bastante ingenua. Si alguien tiene privilegios y va a perderlos, no es tan fácil que lo viva como algo beneficioso. Por eso hacen falta mecanismos sociales, institucionales y simbólicos que dejen claro que determinadas conductas no son tolerables. No estoy hablando necesariamente de más castigo penal, sino de que exista un coste real, una sanción social clara, una estructura que no mire hacia otro lado.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Influyen también la clase social y la desigualdad en quién termina en prisión?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, por supuesto. Eso es una evidencia. La mayor parte de las personas que están en prisión proceden de los estratos más bajos de la sociedad. Tener recursos para pagar una buena defensa importa. Y mucho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo que, en uno de los grupos, un hombre me pidió que escribiera por él porque era analfabeto. Y pensaba: estamos exigiendo determinadas comprensiones y capacidades a personas que vienen de trayectorias de exclusión severas, mientras vemos cómo otras personas con poder, visibilidad pública y recursos no sufren las mismas consecuencias por actos muy similares. La desigualdad también atraviesa el sistema penal. También es cierto que en violencia de género encontramos hombres de todos los estratos sociales.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿La familia puede jugar un papel en estos procesos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En prisión, casi cualquier vínculo sostenido puede ser valioso. La soledad y el aislamiento complican mucho la salida. Todo lo que ayude a sostener un lazo con el mundo exterior puede tener importancia.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Te parece que queda mucho trabajo por hacer?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Muchísimo. Me temo que no estamos ante algo que vaya a resolverse en dos o tres generaciones. Tiene que cambiar muchísimo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, además, hay otra cuestión: muchas asociaciones dependen de personas concretas que están sosteniendo una labor enorme. Cuando una persona así se jubile o se queme, ¿qué pasa? ¿Habrá relevo? ¿Habrá estructura? ¿Habrá financiación? Son preguntas muy serias.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está en riesgo este tipo de trabajo?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, lo creo. Tengo la sensación de que muchas asociaciones estáis haciendo un trabajo que debería estar mucho más respaldado por el Estado. Un trabajo enorme, necesario, muy complejo y sostenido con muchísimo menos dinero del que haría falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se tira mucho de la motivación de gente joven, de personas en formación, de voluntariado, de ganas de cambiar el mundo. Y eso es valiosísimo, pero no basta. Hace falta estructura, estabilidad y recursos. Porque, si no, la gasolina se acaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí, una de las tareas más importantes ahora es precisamente concienciar a la sociedad del valor de este trabajo.</p>



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