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	<title>Celos de pareja Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>Celos de pareja Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Había una vez&#8230; escuchando lo que nos cuentan los celos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2026 17:56:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Celos de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación asertiva]]></category>
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		<category><![CDATA[teoría del apego]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Decía Proust que «los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor». Jugaba así a presentarlos como una maldición, como la condena que deben pagar las personas enamoradas por disfrutar de ese estado que otras juzgarán como privilegiado. Sean o no una condena inevitable, lo cierto es que, [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Decía Proust que «los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor». Jugaba así a presentarlos como una maldición, como la condena que deben pagar las personas enamoradas por disfrutar de ese estado que otras juzgarán como privilegiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sean o no una condena inevitable, lo cierto es que, junto con los llamados «problemas de comunicación» (es decir, el genérico «llevarse mal»), son una de las causas más frecuentes de búsqueda de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/">terapia de pareja</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siendo así, deberíamos tener un buen conocimiento sobre sus causas, y un amplio kit de recursos para abordarlas en consulta. La situación, sin embargo, es menos clara.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El florido mundo de los celos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para empezar, quienes ejercemos la profesión nos encontramos con una distinción que parece evidente. Por un lado, nos llegan a consulta celos con causa objetiva, ya sea infidelidad o peligro manifiesto de ella. Sin apenas empezar, ya hemos encontrado al culpable: la persona que ha sido infiel debe pedir perdón y dar garantías de que no volverá a incurrir en su conducta, mientras que la otra persona perdonará o, si es necesario, recibirá las herramientas extraídas de la terapia focalizada en las emociones (EFT), o de aceptación y compromiso (ACT) que le permitan perdonar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los otros casos los celos surgen sin razón aparente. La persona celosa no sabe concretar, no tiene nada a lo que agarrarse, pero siente que, que… Es entonces cuando le atribuimos inseguridad y empezamos a tratarla mediante terapia cognitivo-conductual (TCC) o, en el mejor de los casos, basada en la mentalización (MBT).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas intervenciones son eficaces y están avaladas por evidencia empírica. En demasiadas ocasiones, sin embargo, los celos persisten. ¿Por qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no hemos escuchado a Proust.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A quien hemos escuchado, en cambio, es a la vocecita que los estigmatiza y los señala como un polizón infiltrado en eso que llamamos «relación sana». Esperamos que los celos no estén. Pero ellos dicen que se quedan. Que quieren su sitio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué hacer ahora?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes sentimos pasión por las relaciones humanas acudimos a teorías más generales, y a veces filosóficas, sobre las causas de los celos. En ese atractivo periplo nos topamos con explicaciones a veces sugerentes, como la de que los celos actúan como un sensor del mercado relacional (Buss), a veces inquietantes, como la de que proyectan nuestra propia intención de ser infieles (Freud), y casi siempre un poco incómodas, como la de que la amenaza de una tercera persona es imprescindible para el encuentro amoroso de la pareja (Lacan).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se ve, el recorrido no tiene desperdicio, pero para nuestro propósito de acabar con el malestar no hemos conseguido gran cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿O sí? En primer lugar, nos hemos encontrado con que el deseo de erradicar los celos quizá sea, además de imposible, indeseable. En cualquier otro ámbito de la vida aparece alguna forma de indignación cuando se nos arrebata injustamente algo que consideramos valioso. No nos planteamos extinguir esas otras indignaciones, sino llevarlas por los cauces de la comunicación empática y asertiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro segundo descubrimiento es que, si los celos se parecen, aunque solo sea un poco, a lo que Freud o Lacan dicen de ellos, entonces se ve claro el origen de su estigma: las intenciones que se atribuyen a esta emoción no son, precisamente, como para irlas aireando. Y esa necesidad de barrerlos debajo de la alfombra, esa vergüenza, puede estar siendo gran parte del problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El recurso al apego</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se puede decir que una de estas teorías ha prevalecido sobre las restantes a la hora ser trasladada a la práctica psicosanitaria, esa es, sin duda, la teoría del apego.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mary Ainsworth, siguiendo las ideas de John Bowlby, experimentó con bebés de pocos meses para entender las consecuencias que sobre las criaturas tenía el alejamiento de la madre. Las criaturas perdían por completo la tendencia a explorar el mundo cuando la madre se alejaba, y pasaban a dedicar toda su atención a recuperarla. A medida que la ausencia de la madre se prolongaba, su conducta iba pareciéndose cada vez más a la de una persona celosa. Ya no solo lo abandonaban todo en su ausencia, sino que, cuando la madre volvía, dejaban de recuperar el interés por la exploración y se aferraban a ella, presas del temor de que desapareciera de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa forma de apego, que se denominó ansioso, es hoy considerada el mayor factor predictor de celos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Emplear la teoría del apego para trabajar los celos presenta un buen número de ventajas con respecto a tratamientos genéricos. Por ejemplo, explica la persistencia de los celos más allá de las contingencias relacionales. Las cosas ya no se reducen a quién ha engañado a quién. Los problemas venían de antes, y sabemos hacia dónde mirar para encontrar su rastro. Además, integra en profundidad la experiencia de vida, por decirlo de manera llana, al primer engaño. La persona descubre una lógica a partir de la que reconstruir su propia coherencia. Esta lógica tiene la virtud añadida de que la legitima: la culpa desaparece de los celos, siempre que estos sean gestionados de manera responsable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece un muy buen plan, pero siguen quedando importantes cabos sueltos. En primer lugar, la falta de culpa no implica falta de estigma. La teoría del apego aplicada a los celos puede convertirse en un filtro cruel para localizar personas adecuadas para tener relaciones y personas que cargan con una tara a evitar. No tendrán culpa, pero tampoco pretendientes. En segundo lugar, la mirada intensiva, esa que nos conduce sobre baldosas amarillas hasta el primer afecto, ha olvidado todo lo contextual, es decir, toda la teoría popular sobre los celos: ¿qué pasa con las posibles personas rivales? ¿Es que no existen? ¿No hay un mercado relacional frente al que la gente tiene preocupaciones, a veces muy justificadas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, por último, una vez más, nos hemos olvidado de Proust. Los celos, nos decía él, no son inherentes a una disposición particular del carácter, sino al hecho mismo de que las personas se relacionen.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Narrar el apego. Porque todo tiene forma de historia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien el trabajo de Mary Main no goza de la misma popularidad que el de sus referentes Ainsworth y Bowlby, su prestigio entre especialistas no tiene nada que envidiarle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al estudiar el apego en adolescentes y jóvenes descubrió resultados que permitieron dar un giro transformador a la teoría de sus referentes: el apego en el que estas personas encajaban dependía de las experiencias afectivas de su primera infancia, pero lo hacía más aún de cómo estaban presentado su relato en el momento presente. Las narraciones que atribuían coherencia a la conducta de quienes las criaron resultaban empoderantes y anticipaban un apego más seguro, independientemente de en qué consistieran dichas conductas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El poder de la terapia narrativa (NT), y su encuadre ente los enfoques más humanos, progresistas y empoderantes, no es algo cuyo crédito requiera del trabajo de Main, por brillante que este sea. Lo que de ella asombra es la capacidad de un modelo terapéutico para integrar herramientas teóricas, convirtiéndolas en algo totalmente diferente, sin hacerles perder su personalidad: el apego llega a consulta siendo seguro o ansioso, pero en ella se nos ofrece un foco poderoso sobre el que trabajar directamente: ¿Fue una niña abandonada por una madre cruel, o fue una hija por la que su madre se desvivió, aunque no dispusiera de los recursos necesarios para hacérselo llegar?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo lo vamos a contar? ¿Cómo contamos lo que necesitaste? ¿Cómo contamos lo que recibiste?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la pregunta que le haremos también a los celos: «Me estáis hablando de una carencia, quizá de una pérdida, pero ¿qué carencia exactamente? ¿Qué pérdida? ¿En qué consistiría recuperarla? Y a la persona que los experimenta: ¿es que no estás siendo para tu pareja quien necesitas ser? Y esa relación que tu pareja tuvo, o que imaginas que tendrá: ¿qué busca en ella? ¿Es razonable que lo haga? ¿Puedes ofrecérselo tú?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, ¿podemos contar la historia como algo coherente y manejable, algo sobre lo que podamos actuar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cambio. Construir nuestro propio cuento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Steve de Shazer la llamo «pregunta milagro», y tenía mucho de narrativa: ¿cómo sería tu vida si, de repente, desapareciera el problema? El objetivo era romper el bloqueo de la paciente y permitirle centrarse en deseos, acciones concretas y soluciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia de pareja, la pregunta milagro sería: ¿cómo te vería tu pareja si, de repente, te viera como quieres que te vea?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Como la persona más atractiva e irresistible del mundo», es una de las respuestas más plausibles de la persona celosa, porque si fuera vista así controlaría definitivamente el peligro de perder a su pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una vez expresada, liberada, podría empezar, por sí misma, a moderarse, a bajarse a tierra, a adquirir una forma racional y manejable: «como a la persona más atractiva que ha conocido». «Como a la persona más atractiva que conoce». «Como la persona con la que querrá estar siempre». «Como la persona con la que quiere estar». «Como la persona a la que se quiere devolver la seguridad afectiva». «Como la persona entera que soy, sin tener que esconder mis carencias».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reconocimiento o el camino hacia la historia común.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta vez no se trata de resignificar unos hechos del pasado, que en realidad siempre fue la historia sobre unos hechos del pasado, sino de proponer una narrativa para que otra persona la adopte y haga suya. Eso es reconocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La teoría del reconocimiento nos dice que la paz llega cuando las dos personas se reconocen mutuamente como desean; cuando cada una decide, libremente, ver a la otra como la otra quiere ser vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este resultado es, por supuesto, dinámico, y no se alcanza con una simple pregunta. La indagación en el reconocimiento esperado puede llevar tiempo, porque este puede aparecer tímidamente o de manera hiperbólica, y, mientras no logremos alcanzarlo, el reconocimiento seguirá siendo ineficaz, porque no reconocerá lo que necesita ser reconocido, o imposible, porque la pareja no querrá o no podrá hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella, la pareja, a su vez, debe ofrecer un reconocimiento honesto, verdadero, y también es trabajo para la terapia lograr que lo sea porque, en caso contrario, los celos regresarán, quizá mitigados por la parte de reconocimiento real conquistada, quizá agravados por la desconfianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocurrirá en ocasiones que una parte del reconocimiento no se alcance. Entonces esa carencia quedará localizada, encapsulada, objeto de unos celos manejables, estimulantes para el crecimiento de la relación, para la mejoría personal de cada integrante de ella, sobre el espacio seguro de una mirada que nos ve en todo lo demás como queremos que nos vean.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y los celos no se habrán ido. Seguirán aquí. Amables con quienes los sentimos, precisamente porque habremos sabido, también, reconocer su papel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Landana Terapia ofrecemos atención individual y de pareja en Tres Cantos y online. Puedes conocer nuestra <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica individual</a> y nuestra <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/">terapia de pareja</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Buss, D. M. (2000). <em>The dangerous passion: Why jealousy is necessary in love and sex</em>. Free Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-De Shazer, S. (1988). <em>Clues: Investigating solutions in brief therapy</em>. W. W. Norton &amp; Company.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Doss, B. D., Simpson, L. E., &amp; Christensen, A. (2004). <em>Why do couples seek marital therapy?</em> <em>Professional Psychology: Research and Practice, 35(6), 609–614.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">-Freud, S. (1922). Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad. En <em>Obras completas</em> (Vol. 18). Amorrortu Editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Honneth, A. (1997). <em>La lucha por el reconocimiento: Por una gramática moral de los conflictos sociales</em>. Crítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Lacan, J. (1998). <em>El Seminario de Jacques Lacan: Libro 5. Las formaciones del inconsciente (1957-1958)</em>. Editorial Paidós.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Main, M., Kaplan, N., &amp; Cassidy, J. (1985). Security in infancy, childhood, and adulthood: A move to the level of representation. <em>Monographs of the Society for Research in Child Development</em>, 50(1/2), 66–104.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Proust, M. (1923). <em>A la recherche du temps perdu: La prisonnière</em>. Éditions Gallimard.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-White, M., &amp; Epston, D. (1990). <em>Narrative means to therapeutic ends</em>. W. W. Norton &amp; Company.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escrito por <a href="https://landanaterapia.com/el-equipo/israel-sanchez-2/">Israel Sánchez</a>, estudiante de psicología sanitaria. 20 de octubre de 2026.</p>



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