Landana Terapia

Reflexiones sobre la vergüenza

La vergüenza es una emoción que se siente de manera interna, pero se construye de manera externa. Es una emoción social. La sentimos y pensamos en primera persona, la vive uno mismo, pero es un sentimiento mediado por el momento social y cultural en el que nos encontramos. Sentimos vergüenza cuando pensamos que algo no va a ser aprobado por las personas que nos rodean o por la sociedad. De este modo, la vergüenza funciona como un moderador de la conducta bajo una moral social que está íntimamente relacionada con las normas culturales. Además, incorpora una dimensión temporal, se vive de manera anticipada (en el pasado) creando malestar y ansiedad. Y también se vive en el futuro, como consecuencia de una conducta, ¿Cuántas veces no hemos hecho algo de lo que nos hemos sentido avergonzados al ver las consecuencias? Por tanto, la vergüenza se genera bien porque nos juzgamos de manera interna, bien porque genera una reacción en la mirada de los otros que interpretamos como negativa. En la consulta de Psicología estamos muy acostumbradas a trabajar con esta emoción tan poderosa.

La vergüenza tiene un aspecto interno muy importante, por lo que supone para la persona y el coste que tiene: una herida al amor propio, la herida narcisista, que se produce por el deseo o expectativa de la aceptación de los otros. Desde esta perspectiva, la vergüenza dependerá en mayor o menor medida de la capacidad de la persona para sostener el rechazo de la mirada ajena o el deseo de aprobación externa; como consecuencia se convierte en un elemento paralizador, es decir, puede disminuir nuestra capacidad de acción. ¿Alguna vez has dejado de hacer algo que te apetecía desde la vergüenza?, ¿Evitas hablar en grupo?, ¿Te sientes cohibida al hablar de sexualidad? ¿Evitas ponerte ropa que te gusta por miedo a que te juzguen? ¿No bailas cuando sales de noche? ¿No eres capaz de iniciar una conversación con la persona que te gusta? Todas estas situaciones tienen un mismo mecanismo, una valoración anticipada de la reacción social que nos supone un malestar, que a menudo es doble: malestar por la anticipación de los que inferimos que va a pasar (rechazo o humillación del otro) y, en caso de paralizar la acción, malestar por no tener la libertad de actuar.

Como buen cinturón o herramienta de contención, la vergüenza aparece como regulador social. Aprendemos a sentir vergüenza. La mirada del otro nos es enseñada, en un primer momento, por nuestras familias. En realidad es su vergüenza la que percibimos y nos indica qué cosas son aceptables o reprobables para nuestra sociedad y/o cultura. Cuando somos adultos, la vergüenza también aparecerá desde nuestra propia mirada donde nos encontraremos con nuestros propios cinturones, más o menos apretados.

Sería injusto abordar la vergüenza únicamente como emoción negativa. Las emociones no son negativas o positivas sino que ejercen una función importante para nosotros más allá de que nos resulten agradables o produzcan malestar. Términos como “desvergonzado” son utilizados para diferenciar las buenas conductas de las malas, de hecho, “sinvergüenza” es usado en nuestros días con connotaciones peyorativas, por no hablar de como se ha usado para coaccionar la sexualidad de las personas y en mayor medida de las mujeres. ¿Es bueno tener vergüenza? Podríamos hablar de la vergüenza como virtud, ¿Nos protege del rechazo de los demás? O, por el contrario, ¿Está devaluada la vergüenza en nuestros días?, ¿Percibimos la vergüenza como rasgo negativo de personalidad?, ¿Nos impide actuar libremente y debemos luchar contra ella?, ¿Modifica la percepción de nosotros mismos? Estas cuestiones son importantes y suponen un interesante debate, dentro y fuera de la consulta de Psicología.

¿Y tú, qué opinas de la vergüenza, cómo influye en ti?


Julia Cardero

Otros artículos