Estos días, mientras hacía scroll en Instagram, me di cuenta de que no podía evitar detenerme ante cada uno de los vídeos en los que influencers, profesionales de diferentes ámbitos y otras muchas personas hablaban sobre el ya conocido caso de Lindsay Clancy.
En resumidas cuentas, se trata de un caso que, a día de hoy, continúa inmerso en un proceso penal en Estados Unidos. Lindsay, una enfermera de Massachusetts, está acusada de haber causado la muerte de sus tres hijos, de 5 años, 3 años y 8 meses. Una de las cuestiones centrales del proceso ha sido determinar cuál era su estado mental en el momento de los hechos y, en particular, hasta qué punto existía conciencia, intención y capacidad para comprender la naturaleza de sus actos.
A lo largo del proceso han ido apareciendo diferentes conceptos relacionados con la salud mental que, hasta hace relativamente poco, resultaban poco conocidos fuera del ámbito profesional. Entre ellos, uno especialmente relevante: la psicosis posparto.
Ahora bien, ¿qué es la psicosis posparto?
Se trata de un trastorno mental grave y poco frecuente que puede aparecer después del nacimiento de un bebé. Se estima que afecta aproximadamente a entre 1 y 2 mujeres por cada 1.000 partos (entorno al 0’2% de las madres gestantes que dan a luz). Una tasa relativamente baja si la comparamos con la presencia de otro tipo de problemas de salud mental asociados a la maternidad: depresión postparto (10-20%), trastorno de ansiedad perinatal (aproximadamente un 15%), Trastorno de Estrés Postraumático -TEPT- asociado al parto (entorno al 4-5% aunque estudios recientes apuntan a una cifra aún mayor)…
Su baja frecuencia contribuye, en parte, a que siga siendo una realidad poco conocida. Sin embargo, su gravedad hace que sea fundamental poder reconocerla y actuar con rapidez, ya que constituye una urgencia psiquiátrica que puede implicar un riesgo tanto para la propia mujer como para su bebé.
A diferencia de otros malestares emocionales que pueden aparecer durante el periodo perinatal, la psicosis posparto puede desarrollarse de manera muy rápida, habitualmente durante las primeras semanas después del parto. Puede incluir síntomas como confusión, desorganización del pensamiento o del comportamiento, alteraciones intensas del estado de ánimo, delirios, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad.
Es importante señalar que la psicosis posparto no es simplemente una forma especialmente grave de depresión posparto. Se trata de un cuadro clínico diferente que requiere una valoración y una intervención especializada y urgente.
Si te preguntas por qué puede aparecer, la evidencia científica apunta a que no existe una única causa. Su aparición parece estar relacionada con la interacción de diferentes factores biológicos, psicológicos y sociales. Entre ellos encontramos determinados antecedentes personales y familiares de trastornos mentales graves, especialmente trastornos del estado de ánimo; alteraciones importantes del sueño; situaciones de elevado estrés; determinadas circunstancias relacionadas con el embarazo y el puerperio; y factores psicosociales como la falta de apoyo o el aislamiento.
También es importante prestar atención a las condiciones en las que se desarrolla la maternidad. La sobrecarga de cuidados, la falta de corresponsabilidad, las dificultades económicas, los acontecimientos vitales estresantes (migración, pérdidas de seres queridos…), la ausencia de una red de apoyo o la exposición a situaciones de violencia pueden incrementar la vulnerabilidad psicológica de una mujer durante esta etapa.
Esto no significa que estas circunstancias provoquen por sí mismas una psicosis posparto. No es tan fácil como decir que existe una relación causal simple entre estrés, maternidad y psicosis. Significa que, para comprender la salud mental perinatal, necesitamos mirar más allá de la persona y tener en cuenta también el contexto en el que se encuentra.
Y aquí aparece una cuestión que considero especialmente relevante.
Durante el embarazo y el posparto, una mujer puede entrar en contacto con numerosos profesionales: matronas, obstetras, enfermeras/os, pediatras, médicos de atención primaria, profesionales de salud mental… Sin embargo, la formación específica en salud mental perinatal no está integrada de la misma manera en todas las profesiones sanitarias ni en todos los niveles de formación. Esto plantea una pregunta importante:
¿Cómo podemos detectar precozmente un problema de salud mental perinatal si no todos los profesionales que acompañan a una mujer durante el embarazo y el posparto han recibido formación específica para reconocerlo?
La detección temprana resulta especialmente importante en la psicosis posparto porque, en ocasiones, el cambio puede ser rápido y las primeras señales pueden confundirse con cansancio extremo, falta de sueño, ansiedad o las dificultades propias de las primeras semanas de maternidad.
Por eso, la atención a la salud mental perinatal no debería depender exclusivamente de que una mujer sea capaz de identificar que algo no va bien y pedir ayuda.
Desde nuestra perspectiva hablar de salud mental perinatal implica también cuestionarnos cómo estamos acompañando socialmente a las mujeres durante la maternidad.
Existe una enorme cantidad de discursos sobre cómo debe estar un bebé: si come, si duerme, si gana peso, si alcanza los hitos del desarrollo. Sin embargo, con demasiada frecuencia la pregunta dirigida a la madre queda reducida a un simple:
“¿Y tú qué tal?”
Y quizá necesitamos mucho más que eso.
Necesitamos espacios donde una mujer pueda decir que no está pudiendo, que tiene miedo, que no duerme, que se siente desbordada, que no reconoce lo que le está pasando o que está experimentando pensamientos que le resultan extraños y aterradores, sin temor a ser juzgada como una mala madre o sin que minimicen estas sensaciones.
Porque la maternidad está profundamente atravesada por expectativas sociales. Se espera que las mujeres sepan cuidar, que estén disponibles, que conecten inmediatamente con su bebé, que disfruten de la experiencia y que, incluso cuando están sufriendo, continúen desempeñando adecuadamente su papel de cuidadoras.
Y esta presión puede dificultar algo tan básico como pedir ayuda o que cuando se pide, sea tenida en cuenta y abordada como algo importante.
La prevención de los trastornos mentales perinatales no puede limitarse a enseñar a las mujeres a reconocer sus propios síntomas.
También necesitamos profesionales formados, servicios accesibles, coordinación entre los diferentes recursos sanitarios y sociales y redes de apoyo capaces de sostener a las mujeres durante esta etapa.
Necesitamos dejar de entender la salud mental materna como una cuestión exclusivamente individual.
Porque una mujer no atraviesa el embarazo y el posparto aislada de su contexto. Lo hace dentro de una familia y/o pareja, unas condiciones económicas, una red de apoyo, un sistema sanitario y una sociedad que tiene determinadas expectativas sobre lo que significa ser madre.
El caso de Lindsay Clancy ha abierto un debate especialmente complejo en torno a la psicosis posparto, la responsabilidad penal y la capacidad de los sistemas sanitario y social para detectar y atender determinados trastornos mentales graves.
Pero quizá también debería servirnos para hacernos otras preguntas.
¿Cuánto sabemos realmente sobre la psicosis posparto?
¿Cuántas mujeres y familias saben reconocer sus señales de alarma?
¿Están todos los profesionales que acompañan a las mujeres durante el embarazo y el puerperio preparados para detectarlas?
Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando una mujer necesita ayuda y no encuentra a su alrededor un sistema capaz de reconocer lo que le está sucediendo?
Hablar de psicosis posparto no significa buscar explicaciones sencillas para situaciones extremadamente complejas. Tampoco significa atribuir la violencia o los actos cometidos por una persona a la maternidad o a una enfermedad mental.
Significa comprender que existen trastornos mentales graves que pueden aparecer durante el posparto, que requieren una respuesta urgente y especializada y que todavía son demasiado desconocidos.
Y significa también recordar algo fundamental: cuidar de un bebé no puede implicar dejar de cuidar a quien lo cuida.
La salud mental de las madres también necesita ser escuchada, atendida y protegida.
En nuestro centro de psicología en Tres Cantos y Madrid Landana Terapia cuidamos la salud mental y atendemos a las mujeres y madres desde una perspectiva integral. Consulta para empezar terapia psicológica presencial u online. Disponemos de programas de terapia solidaria a bajo coste para mujeres sin recursos.
Vanesa Álvarez

