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	<title>culpa materna Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>culpa materna Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Psicología perinatal con perspectiva de género</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2026 18:30:08 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[crianza y redes de apoyo]]></category>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Hay experiencias vitales a las que a veces cuesta poner palabras o encontrar comprensión por parte del entorno. El embarazo, el parto, el nacimiento de un hijo o una hija o una pérdida gestacional suelen vivirse rodeados de expectativas, consejos y relatos idealizados. Sin embargo, muchas mujeres atraviesan estos momentos acompañadas de emociones para las que parece no haber espacio: soledad, miedo, ambivalencia, culpa, tristeza o incluso la sensación de estar viviendo algo muy distinto de lo que esperaban o de lo que les habían contado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando esto ocurre, es frecuente pensar que «algo falla». Pero ¿y si el problema no fuera sentir esas emociones, sino el escaso espacio que nuestra sociedad deja para expresarlas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología perinatal sabemos que muchas de estas vivencias no indican necesariamente la presencia de un trastorno psicológico. En numerosas ocasiones son respuestas comprensibles a una experiencia vital intensa, atravesada por cambios físicos, emocionales, relacionales e identitarios, pero también por las exigencias, los mandatos y las desigualdades que siguen configurando la experiencia de la maternidad. Comprender el malestar desde este marco nos permite dejar de interpretarlo únicamente como un problema individual y empezar a preguntarnos también por el contexto en el que aparece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La maternidad, tanto cuando culmina con el nacimiento de un bebé como cuando se ve atravesada por una pérdida gestacional o perinatal, suele ir acompañada de una enorme atención hacia el embarazo, el recién nacido o la propia pérdida. Sin embargo, con frecuencia la mujer desaparece del centro de los cuidados y de las miradas precisamente en el momento en que más apoyo necesita. En ocasiones, esta ausencia de mirada también termina instalándose en la forma en que las propias mujeres se relacionan consigo mismas, relegando sus necesidades y su bienestar a un segundo plano. Ese desplazamiento de la mirada hacia el cuidado ajeno constituye uno de los escenarios donde la culpa encuentra más fácilmente la forma de instalarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gestación, el parto y el posparto suponen una adaptación intensa a nivel físico, hormonal, emocional y relacional. Al mismo tiempo, la identidad continúa reorganizándose. Ya no soy solo hija, pareja, hermana, amiga o trabajadora; ahora también soy madre. Y con ese nuevo lugar aparecen expectativas, responsabilidades y preguntas sobre quién debería ser y cómo debería ejercer ese rol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro <em>Los hijos que fuimos, los padres que somos</em>, <a href="https://www.beatrizcazurro.com/">Beatriz Cazurro</a> explica cómo aprendemos a ser madres y padres después de haber sido previamente hijas e hijos. Es decir, llegamos a este nuevo lugar con un conjunto de aprendizajes, experiencias y modelos de referencia que, de forma más o menos consciente, nos indican cómo creemos que deberíamos maternar o, en ocasiones, cómo no queremos hacerlo para alejarnos de aquello que vivimos en nuestra propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proceso puede hacer que la maternidad se viva desde un cuestionamiento constante. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estoy siendo la madre que mi hijo o hija necesita? ¿Por qué siento esto si se supone que debería estar disfrutándolo? Son preguntas que muchas mujeres comparten y que, sostenidas en el tiempo, pueden convertirse en una importante fuente de agotamiento emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, ser madre hoy no es lo mismo que haberlo sido hace diez o veinte años. La realidad social, económica y política cambia constantemente, y los modelos heredados no siempre encuentran un lugar sencillo en las condiciones de vida actuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>¿Dónde está mi tribu?</em>, Carolina del Olmo sitúa precisamente la maternidad en este contexto histórico. Describe una sociedad cada vez más individualizada, donde las redes de apoyo se han ido debilitando y donde muchas familias afrontan la crianza con escasos recursos comunitarios. Al mismo tiempo, reflexiona sobre el legado de generaciones anteriores de mujeres que, en la conquista de derechos fundamentales como el acceso al empleo o la independencia económica, asumieron también una doble o incluso triple jornada de trabajo, combinando el empleo remunerado con el peso mayoritario de los cuidados y las tareas domésticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello configura el escenario en el que hoy muchas mujeres intentan maternar. Un escenario donde las dudas, la soledad, la ambivalencia o la culpa encuentran un terreno fértil y que, en ocasiones, puede favorecer la aparición de ansiedad, depresión posparto, otros problemas de salud mental perinatal o distintas formas de malestar psicológico y físico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La culpa merece una reflexión especial. Solemos vivirla como una emoción íntima, como si hablara exclusivamente de nuestra manera de ser o de nuestra forma de maternar. Sin embargo, diferentes autoras feministas llevan décadas invitándonos a ampliar la mirada. Adrienne Rich ya diferenciaba entre la experiencia de ser madre y la institución de la maternidad, señalando cómo esta última impone ideales y expectativas prácticamente inalcanzables para las mujeres. Más recientemente, autoras como <a href="https://esthervivas.com/">Esther Vivas</a> han mostrado cómo el modelo de maternidad intensiva continúa situando a las madres como principales responsables del bienestar de sus hijos e hijas, incluso en contextos donde las condiciones materiales y las redes de apoyo hacen muy difícil sostener esos ideales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la culpa deja de entenderse únicamente como una emoción individual para convertirse también en un fenómeno social. Cuando una mujer siente que cualquier necesidad propia entra en conflicto con el cuidado de los demás, es mucho más probable que renuncie a ella sin necesidad de que nadie se lo imponga de forma explícita. En este sentido, la culpa actúa como un potente mecanismo de regulación social que contribuye a mantener determinados mandatos de género y un modelo de cuidados que continúa descansando, en gran medida, sobre las mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como plantea también Silvia Federici al analizar la historia de los cuidados, cuanto más se presenta el cuidado como una expresión «natural» del amor femenino, más difícil resulta reconocer el esfuerzo, el desgaste o la ambivalencia que puede acompañarlo sin sentir que se está fallando como madre. Así, experiencias tan humanas como el cansancio, la necesidad de descanso, el deseo de recuperar espacios propios o la frustración terminan interpretándose con demasiada frecuencia como un fracaso personal, cuando en realidad también hablan de las condiciones sociales en las que hoy se ejerce la maternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender la culpa desde esta mirada no significa restar importancia al sufrimiento, sino dejar de atribuirlo exclusivamente a las características individuales de cada mujer. Significa reconocer que muchas veces el malestar no nace solo de lo que una madre siente, sino también de aquello que se espera de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, durante este proceso de reorganización de la identidad resulta importante detenerse a observar cuáles son los mandatos que se han interiorizado, qué modelos de maternidad están funcionando como referencia, cuál es el contexto concreto en el que cada mujer está intentando criar y qué emociones o necesidades no han encontrado todavía un espacio seguro para ser nombradas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Landana Terapia, nuestra consulta de Tres Cantos es frecuente escuchar frases como:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero ser una madre diferente a la mía, pero no sé cómo hacerlo.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero tener espacios de autocuidado, pero me siento mal cada vez que dejo de priorizar las necesidades de los demás.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero trabajar, cuidar de mi hijo/a, mantener la casa, hacer deporte, estar presente y hacerlo todo bien, pero siento que no soy capaz de llegar a todo»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero poner límites y expresar lo que necesito, pero me cuesta hacerlo o me da miedo lo que puedan pensar.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero sentirme comprendida, pero no sé si la que está equivocada soy yo.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar estos procesos desde la terapia psicológica no implica buscar una maternidad perfecta ni eliminar todas las emociones difíciles. Implica ofrecer un espacio donde comprenderlas, reconocer de dónde vienen, cuestionar aquellos mandatos que generan sufrimiento y construir una forma de maternar más conectada con la propia realidad que con los ideales impuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental perinatal desde esta mirada amplia, donde la historia personal, las relaciones y el contexto social forman parte del mismo proceso. Si buscas una psicóloga o un psicólogo especializado en embarazo, posparto o duelo<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"> perinatal</a> en Madrid o Tres Cantos, la terapia psicológica puede convertirse en un espacio desde el que atravesar estos cambios con mayor comprensión, cuidado y acompañamiento. Busca apoyo de profesionales con<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/"> mirada feminista</a>. Porque cuidar la salud mental durante la maternidad también significa reconocer que ninguna mujer debería tener que sostenerla en soledad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vanesa Álvarez</strong></p>
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		<title>Depresión posparto: una mirada sensible y sin culpa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/depresion-posparto-una-mirada-sensible-y-sin-culpa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 07:13:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[apoyo a madres]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea dolorosa de fondo: “debería estar bien y no lo estoy”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La depresión posparto no es una falta de amor, ni un fallo personal, ni una señal de incapacidad. Es una forma de sufrimiento psicológico que puede aparecer en esta etapa y que merece comprensión, apoyo y tratamiento cuando hace falta. Hablar de ello con claridad es importante porque el malestar en el posparto sigue estando rodeado de expectativas poco realistas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El posparto no es solo una etapa física</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El posparto no implica solo recuperarse físicamente del embarazo y del parto. También supone una reorganización profunda de la vida cotidiana, de la identidad y de los vínculos. Cambian los ritmos, el descanso, la relación con el propio cuerpo, la disponibilidad emocional, la dinámica de pareja y la percepción de una misma. En muchas mujeres, además, esta etapa reactiva recuerdos o miedos antiguos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, reducir todo lo que ocurre a hormonas, cansancio o “adaptación normal” a veces se queda corto. Hay madres que sienten que algo se ha desplazado por dentro y que no logran reconocerse. Otras describen una desconexión extraña, culpa constante o una sensación persistente de estar haciendo las cosas mal. No siempre se presenta como una tristeza evidente. A veces se expresa como apatía, ansiedad, bloqueo, irritabilidad o una dificultad mantenida para disfrutar y descansar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuando la realidad no se parece a lo imaginado</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene distinguir entre el malestar emocional frecuente de los primeros días y un sufrimiento que empieza a ganar peso y duración. Se estima que alrededor del 80% de las mujeres puede experimentar, en mayor o menor medida, una tristeza leve o una mayor fragilidad emocional en los días posteriores al parto. En el inicio del posparto puede haber mayor labilidad emocional, llanto fácil y sensación de vulnerabilidad. Pero cuando el malestar se prolonga, empeora o interfiere claramente en la vida diaria, conviene dejar de quitarle importancia y empezar a mirarlo con más atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las partes más difíciles de la depresión posparto es la culpa. Muchas madres no solo sufren por lo que sienten, sino por no encajar en lo que creían que debían sentir. La idealización de la maternidad sigue haciendo mucho daño cuando la experiencia real está atravesada por agotamiento, ambivalencia o tristeza. Y esa distancia entre lo esperado y lo vivido puede generar vergüenza, silencio y aislamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces también hay un duelo pequeño, pero importante, entre el bebé imaginado y el bebé real, entre la madre que una pensó que sería y la madre que está pudiendo ser en ese momento. Poder reconocer ese desajuste sin juzgarse suele ser más sano que intentar encajar a la fuerza en una imagen ideal de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo puede manifestarse la depresión posparto</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí resulta importante recordar algo básico: querer a un bebé no protege automáticamente frente al sufrimiento psicológico. Del mismo modo, pasar por una depresión posparto no invalida el vínculo, aunque en algunos momentos pueda dificultar sentir cercanía, calma o disfrute. A veces la madre no necesita que alguien le explique lo que debería sentir, sino que alguien pueda escuchar lo que le está pasando sin juzgarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas señales que conviene tomar en serio son la tristeza persistente, el llanto frecuente, la irritabilidad intensa, la sensación de vacío, la culpa constante, la dificultad para dormir incluso cuando hay posibilidad de hacerlo, el cansancio que no se alivia, la pérdida de interés por casi todo, la sensación de no poder con el día a día o una desconexión emocional mantenida con una misma, con el entorno o con el bebé. No hace falta que aparezcan todas ni que el malestar sea extremo para pedir ayuda. A veces basta con notar que la vida cotidiana se ha vuelto demasiado pesada y que el sufrimiento empieza a ocuparlo todo.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una breve guía de autocuidado realista</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En esta etapa, el autocuidado no debería entenderse como una exigencia adicional, sino como una forma básica de sostén. A veces adopta formas muy simples: aceptar que no se puede llegar a todo, pedir ayuda antes de estar desbordada, dormir o descansar en pequeños momentos, delegar tareas domésticas, comer con cierta regularidad, salir un rato de casa, hablar con otras madres o recuperar alguna parcela mínima de intimidad y tiempo propio. No son soluciones mágicas, pero sí condiciones que pueden proteger un poco más cuando todo resulta intenso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También ayuda revisar ciertas expectativas. No hace falta vivir el posparto con plenitud constante, ni saber hacerlo todo, ni responder siempre con paciencia, ni ser la misma persona de antes. Esta etapa implica renuncias, ajustes y una adaptación compleja. Darse tiempo para conocer al bebé real, a la madre real y a la nueva vida real es más interesante que intentar estar a la altura de una versión idealizada de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo cuidar a una madre reciente</strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading">La pareja, la familia y las amistades pueden tener un papel importante, no solo ayudando con el bebé, sino cuidando a la madre. Acompañar bien implica escuchar, ofrecer ayuda concreta, favorecer el descanso, hacerse cargo de tareas sin esperar a que ella lo pida todo y evitar frases que aumenten la culpa.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuidar a una madre reciente no consiste solo en preguntar cómo está el bebé. También implica mirar si ella está comiendo, descansando algo, pudiendo ducharse tranquila, teniendo un rato de silencio o sintiéndose acompañada de verdad. En un momento de tanta exigencia, ese sostén cotidiano puede marcar una diferencia importante.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuándo conviene buscar ayuda profesional</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene buscar apoyo profesional cuando el malestar persiste, se intensifica o interfiere de forma clara en el descanso, el autocuidado, la relación con el bebé o la capacidad de sostener el día a día. Y si aparecen pensamientos de hacerse daño, de dañar al bebé, una confusión intensa o una sensación de pérdida de contacto con la realidad, es importante pedir ayuda urgente. No por alarmar, sino porque en esos casos el sufrimiento necesita atención inmediata y especializada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tienes dudas, preguntas o necesitas apoyo, cuenta con nosotras. En Landana Terapia contamos con un equipo de psicólogas especializadas en<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"> terapia perinata</a>l en Madrid y en Tres Cantos. Llámanos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si quieres saber más…</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>¿Dónde está mi tribu?</strong></em> Carolina del Olmo ilumina con lucidez una de las grietas más dolorosas del posparto: la soledad de criar en una sociedad que ha privatizado la maternidad y ha desmantelado las redes comunitarias que antes sostenían a las mujeres. El libro permite leer la depresión posparto no solo como un fenómeno clínico individual, sino también como síntoma de un contexto social que exige a las madres disponibilidad absoluta mientras las deja, demasiadas veces, radicalmente solas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El blog de <a href="https://clubdemalasmadres.com/"><em><strong>https://clubdemalasmadres.com/</strong></em></a> ha sido clave para desmontar la maternidad idealizada, poniendo palabras —con humor, rabia y mucha lucidez— a la culpa, el cansancio y la soledad que tantas mujeres viven en silencio tras convertirse en madres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>La mujer y la madre</strong></em>, Elisabeth Badinter cuestiona con contundencia el mandato contemporáneo de la “buena madre”, esa figura abnegada, siempre disponible y casi fusionada con el bebé, que termina convirtiendo la maternidad en una prueba moral imposible de superar. El libro ayuda a entender cómo la culpa, la exigencia de entrega total y la pérdida de identidad propia pueden intensificar el sufrimiento de muchas mujeres tras el nacimiento de una criatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong>Preguntas frecuentes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a> <strong>¿Cómo saber si es malestar esperable del posparto o algo más profundo?<br></strong>Si el malestar se mantiene, aumenta o afecta claramente al descanso, al funcionamiento diario o al vínculo, conviene pedir ayuda y valorarlo con una persona profesional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué puede hacer la pareja o la familia para ayudar?<br></strong>Escuchar sin juzgar, ofrecer ayuda concreta, proteger momentos de descanso y acompañar en la búsqueda de apoyo profesional si hace falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Pedir ayuda significa que no estoy pudiendo con la maternidad?<br></strong>No. Pedir ayuda forma parte del cuidado y puede ser una decisión muy importante para sostener mejor esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph" style="color:#838383"><em><strong>Por Ana García Mañas, Belen Hesse y Lucía de Francisco</strong></em></p>



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