Cuando alguien a quien queremos lo está pasando mal, lo primero que solemos hacer es intentar buscar una solución a su problema, debido a ello, es muy fácil caer en la esa idea de“tengo que hacer algo, tengo que arreglarlo”. Pensamos en mil posibilidades y cuando de repente nos encontramos con que esta persona sigue igual, aparece la culpa, pensamos “podría estar ayudando más” y terminamos sintiendo que no hemos encontrado la solución “perfecta” o que no lo estamos intentando