Decía Proust que «los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor». Jugaba así a presentarlos como una maldición, como la condena que deben pagar las personas enamoradas por disfrutar de ese estado que otras juzgarán como privilegiado. Sean o no una condena inevitable, lo cierto es que, junto con los llamados «problemas de comunicación» (es decir, el genérico «llevarse mal»), son una de las causas más frecuentes de búsqueda de terapia de