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	<title>Salud mental Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>Salud mental Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Cuidar lo que nos cuida: naturaleza y bienestar psicológico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2026 16:33:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad]]></category>
		<category><![CDATA[Biofilia]]></category>
		<category><![CDATA[cuidado emocional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay días en los que apetece salir a dar una vuelta porque llevamos demasiadas horas en casa, delante del ordenador o dándole vueltas a lo mismo. A veces volvemos más despejadas, aunque lo que nos preocupaba siga pendiente. Esa experiencia tan corriente tiene bastante que ver con lo que estudia la psicología cuando investiga la [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Hay días en los que apetece salir a dar una vuelta porque llevamos demasiadas horas en casa, delante del ordenador o dándole vueltas a lo mismo. A veces volvemos más despejadas, aunque lo que nos preocupaba siga pendiente. Esa experiencia tan corriente tiene bastante que ver con lo que estudia la psicología cuando investiga la relación entre naturaleza y salud mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contacto con la naturaleza puede introducir pequeños cambios en nuestra manera de sentir y de prestar atención. De ahí el interés por estudiar su relación con el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo. También hay libros que ayudan a comprender esa experiencia desde otros lugares: la biología, el cuidado de las plantas o nuestra fascinación por las montañas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Biofilia</em>, de Edward O. Wilson; <em>La mente bien ajardinada</em>, de Sue Stuart-Smith, y <em>Las montañas de la mente</em>, de Robert Macfarlane, ofrecen tres formas de acercarnos a una pregunta bastante cotidiana: ¿por qué a veces nos encontramos mejor después de pasar un rato al aire libre?</p>



<h2 class="wp-block-heading">Biofilia y nuestra relación con lo vivo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Biofilia</em>, el biólogo Edward O. Wilson desarrolla la idea de que los seres humanos tenemos una predisposición a interesarnos por otras formas de vida y a vincularnos con ellas. La curiosidad de una niña que observa una hormiga, la atención que despierta un animal o el placer de conocer un paisaje pueden leerse desde esa afinidad. Se trata de una hipótesis sobre nuestra relación con el mundo vivo, no de una explicación cerrada de todo lo que nos ocurre en la naturaleza.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos pasar días enteros entre habitaciones, coches y pantallas, con muy pocas ocasiones para observar lo que vive a nuestro alrededor. Incluso cuando salimos, es fácil seguir pendientes del teléfono o atravesar un parque pensando únicamente en llegar al otro lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuperar ese contacto admite formas modestas. Conocer los árboles de una calle. Seguir el crecimiento de una planta. Volver a un mismo parque y descubrir qué cambia. La familiaridad también cuenta: un lugar empieza a significar algo cuando dejamos de atravesarlo sin mirarlo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Qué dice la investigación sobre naturaleza y salud mental</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una revisión sistemática y metaanálisis de Coventry y colaboradores, publicada en 2021, reunió 50 estudios sobre actividades en la naturaleza. Encontró resultados favorables para el estado de ánimo, la ansiedad y otras medidas de bienestar psicológico en intervenciones como la jardinería, el ejercicio en espacios verdes y determinadas actividades terapéuticas al aire libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los estudios eran diversos y tenían limitaciones metodológicas. Sus resultados respaldan el interés de estas actividades como recurso de cuidado y apoyo, pero no permiten prometer que cualquier paseo produzca el mismo efecto en todas las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se ha investigado la rumiación: ese pensamiento repetitivo que vuelve una y otra vez a lo que nos preocupa sin ayudarnos demasiado a resolverlo. En un estudio experimental de Bratman y colaboradores, participantes sanos que caminaron durante 90 minutos en un entorno natural comunicaron una reducción de la rumiación que no se observó en quienes recorrieron un entorno urbano. Fue un resultado concreto, a corto plazo; no una demostración de que caminar cure la depresión.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación deja abierta una cuestión interesante: cuánto aporta el paisaje, cuánto el movimiento, cuánto la compañía o el hecho de disponer de un tiempo sin obligaciones. En la vida cotidiana, además, esas experiencias suelen aparecer juntas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La mente bien ajardinada y el cuidado de las plantas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La psiquiatra Sue Stuart-Smith entrelaza en <em>La mente bien ajardinada</em> experiencias personales, historias clínicas e investigación para explorar la relación entre jardinería y vida emocional. El jardín aparece como un lugar donde trabajar con las manos, cuidar y participar en procesos que necesitan tiempo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de esa lectura, merece la pena detenerse en una experiencia sencilla: cuidar algo sin poder controlar por completo el resultado. Podemos preparar la tierra, elegir dónde colocar una planta y aprender a regarla. Después habrá que esperar. A veces crecerá; otras, habrá que cambiarla de sitio o aceptar que no ha salido adelante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para quien vive pendiente de hacerlo todo bien, esa relación puede abrir un pequeño espacio de ensayo. Equivocarse con una maceta suele tener arreglo. Se observa, se aprende y se vuelve a intentar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jardinería también permite encontrar tareas acotadas en días que se hacen difíciles. Quitar unas hojas secas, trasplantar o regar son acciones con un principio y un final reconocibles. Un huerto compartido añade, además, encuentros y conversaciones alrededor de algo que se hace en común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta disponer de un jardín propio. Una jardinera o un huerto comunitario pueden ofrecer una oportunidad de explorar esta relación. Y tampoco tiene por qué gustarle a todo el mundo: habrá quien prefiera caminar, observar aves o sentarse bajo un árbol.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una ventana con vistas a los árboles</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La relación entre naturaleza y recuperación también se ha estudiado en los hospitales. En 1984, Roger Ulrich comparó los historiales de 46 pacientes operados de vesícula que habían pasado el posoperatorio en habitaciones similares, pero con una diferencia: algunas ventanas daban a unos árboles y otras a una pared de ladrillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pacientes que veían árboles permanecieron menos tiempo ingresados y necesitaron menos analgésicos potentes. Aunque el estudio era pequeño y retrospectivo, y no permite atribuir toda la diferencia a las vistas, plantea una cuestión que merece atención: qué puede ver desde su cama una persona que está enferma.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros trabajos han estudiado la presencia de plantas dentro de las habitaciones. Park y Mattson encontraron en 2009 menores niveles de dolor, ansiedad y fatiga en pacientes quirúrgicos cuyas habitaciones tenían plantas y flores, en comparación con quienes estaban en habitaciones sin ellas. En <strong>Landana Terapia, nuestro centro de psicología en Tres Cantos</strong>, tuvimos en cuenta estas investigaciones al diseñar los espacios terapéuticos. Por eso hay plantas naturales en todas las salas y en las zonas comunes: queríamos crear un entorno agradable y acogedor, cuidando también lo que nos rodea durante una sesión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona pasa muchas horas en una cama, con pocas posibilidades de decidir sobre su día, lo que tiene alrededor cobra una importancia especial. Una ventana, la luz o algo vivo que observar merecen un lugar en la conversación sobre cómo hacer más habitables los espacios sanitarios.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las montañas de la mente y el ejercicio al aire libre</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Las montañas de la mente</em>, Robert Macfarlane recorre la historia cultural de nuestra fascinación por las montañas. Explora cómo han cambiado los significados que les atribuimos y cómo se mezclan en ellas el miedo, la belleza, la imaginación y la atracción por el riesgo. Es una obra literaria e histórica, no un manual sobre los beneficios psicológicos del deporte.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su lectura invita, sin embargo, a pensar en cómo nos relacionamos con los lugares por los que caminamos. Podemos recorrer un sendero pendientes del ritmo y del desnivel, o dejar que también nos interesen sus formas, su historia y lo que encontramos a nuestro paso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El senderismo, la bicicleta o una caminata por un parque permiten combinar movimiento y contacto con el entorno. La investigación sobre actividades en la naturaleza ofrece motivos para considerarlos recursos de bienestar, aunque resulte difícil separar todos sus componentes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene que la actividad elegida encaje con nuestra salud, experiencia y energía disponible. Para algunas personas será una ruta de montaña; para otras, un recorrido corto y accesible con bancos donde descansar. El cuidado puede empezar por renunciar a una distancia que hoy resulta excesiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También merece la pena revisar qué llevamos al paseo. Si acaba convertido en otra prueba que superar, quizá necesitemos permitirnos parar, dar la vuelta o dejar de registrar cada kilómetro.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Tener naturaleza cerca también depende del barrio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco todo el mundo tiene las mismas posibilidades de disfrutar de la naturaleza. En muchos lugares, los barrios con mayores recursos cuentan con más arbolado y zonas ajardinadas, mientras que otros tienen pocos espacios verdes y peor cuidados. Y salir de la ciudad requiere tiempo, transporte y un dinero del que no siempre se dispone. Recomendar el contacto con la naturaleza implica tener en cuenta estas diferencias: a veces, lo que falta es un lugar cercano y agradable al que poder ir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un parque accesible, con sombra y bancos, permite usos que un descampado sin cuidar o una plaza de cemento no ofrecen. Conservar esos espacios y atender a los barrios que tienen menos debería formar parte de cualquier propuesta que pretenda acercar la naturaleza a la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa atención puede acompañarnos también cuando salimos al campo: respetar los senderos y las restricciones de protección, evitar molestias a la fauna y elegir, cuando sea posible, recorridos cercanos. Son lugares habitados por otros seres vivos, y nuestro paso tiene consecuencias.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo incorporar más naturaleza a la vida cotidiana</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Puede ser útil empezar por algo que quepa de verdad en la semana:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Buscar un lugar cercano al que apetezca volver.</strong> Un parque, un camino o una zona arbolada que no exija organizar una excursión.</li>



<li><strong>Elegir una actividad agradable.</strong> Caminar, cuidar plantas, observar aves o pasar un rato sentada al aire libre.</li>



<li><strong>Dejar algún tramo sin audio ni pantalla.</strong> Probar qué ocurre cuando la atención puede detenerse en el entorno.</li>



<li><strong>Compartirlo si ayuda a mantener el hábito.</strong> Quedar para pasear puede facilitar tanto la salida como el encuentro.</li>



<li><strong>Ajustar la propuesta a cada momento.</strong> Habrá días para una ruta y días para diez minutos fuera de casa.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas ideas pueden acompañar el cuidado emocional. Si la ansiedad, la tristeza o el agotamiento están interfiriendo de forma persistente en la vida, conviene valorar también qué apoyo psicológico se necesita.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Naturaleza y psicoterapia en Landana Terapia</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental teniendo en cuenta a la persona, sus relaciones y las condiciones en las que vive. Dentro de un proceso de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica online o presencial en Tres Cantos</a>, puede ser útil explorar qué actividades ayudan a descansar, recuperar interés o encontrar compañía, y qué dificultades impiden acceder a ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces será necesario trabajar la culpa que aparece al reservarse un rato propio. Otras, el agotamiento y la <a href="https://landanaterapia.com/carga-mental-en-la-maternidad-como-afecta-al-bienestar-psicologico-y-a-la-pareja/">carga mental asociada a los cuidados</a>. Cada situación requiere escuchar qué está pasando antes de añadir otra recomendación a la lista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un paseo no arregla una jornada imposible ni resuelve una preocupación económica. Puede ofrecer un rato de alivio, de curiosidad o de compañía. Eso ya tiene valor. Y tener un lugar cercano donde poder hacerlo merece un poco más de atención cuando decidimos qué conservar y cómo queremos vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <strong>Landana Terapia, nuestro centro de psicoterapia en Tres Cantos</strong>, también ofrecemos la posibilidad de realizar sesiones al aire libre, en las zonas ajardinadas y junto al estanque del entorno del centro. Cuando encaja con las necesidades de la persona y el trabajo terapéutico, podemos acordar salir de la consulta, cuidando siempre la privacidad y la confidencialidad de la sesión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Tres libros para seguir leyendo</h2>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Edward O. Wilson.</strong> <em>Biofilia</em><strong>.</strong> Una aproximación desde la biología a nuestra afinidad con otras formas de vida. Publicado en español por Errata naturae.</li>



<li><strong>Sue Stuart-Smith.</strong> <em>La mente bien ajardinada</em><strong>.</strong> Una exploración de la jardinería y su relación con la vida emocional. Publicado por Debate.</li>



<li><strong>Robert Macfarlane.</strong> <em>Las montañas de la mente</em><strong>.</strong> Un recorrido literario e histórico por nuestra fascinación por las montañas. Publicado en español por Literatura Random House.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Referencias científicas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Coventry, P. A., et al. (2021). Nature-based outdoor activities for mental and physical health: Systematic review and meta-analysis. <em>SSM – Population Health, 16</em>, 100934. <a href="https://doi.org/10.1016/j.ssmph.2021.100934">https://doi.org/10.1016/j.ssmph.2021.100934</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bratman, G. N., Hamilton, J. P., Hahn, K. S., Daily, G. C., y Gross, J. J. (2015). Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences, 112</em>(28), 8567–8572. <a href="https://doi.org/10.1073/pnas.1510459112">https://doi.org/10.1073/pnas.1510459112</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ulrich, R. S. (1984). View through a window may influence recovery from surgery. <em>Science, 224</em>(4647), 420–421. <a href="https://doi.org/10.1126/science.6143402">https://doi.org/10.1126/science.6143402</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Park, S. H., y Mattson, R. H. (2009). Ornamental indoor plants in hospital rooms enhanced health outcomes of patients recovering from surgery. <em>The Journal of Alternative and Complementary Medicine, 15</em>(9), 975–980.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ana García Mañas, Psicóloga colegiada M-19.400</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Ansiedad financiera: cómo la precariedad económica afecta a la salud mental</title>
		<link>https://landanaterapia.com/ansiedad-financiera-como-la-precariedad-economica-afecta-a-la-salud-mental/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 09:18:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad financiera]]></category>
		<category><![CDATA[bienestar psicológico]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad social]]></category>
		<category><![CDATA[inseguridad habitacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Descubre cómo la precariedad económica y la inseguridad financiera afectan a la salud mental y qué puede aportar la psicoterapia. «¿Te has dado cuenta de que cada vez más personas viven con la sensación de que cualquier imprevisto puede ponerlo todo patas arriba?». La ansiedad financiera se ha convertido en una de las principales fuentes [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph"><strong>Descubre cómo la precariedad económica y la inseguridad financiera afectan a la salud mental y qué puede aportar la psicoterapia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#9cbfa370"><em>«¿Te has dado cuenta de que cada vez más personas viven con la sensación de que cualquier imprevisto puede ponerlo todo patas arriba?»</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad financiera se ha convertido en una de las principales fuentes de malestar psicológico en la actualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unas semanas comentaba esto con mi colega Israel. Hablábamos de algo que escuchamos con frecuencia en consulta y que nosotros vivimos en primera persona: personas con empleo, formación, responsabilidades familiares y una vida aparentemente estable que, sin embargo, viven con una preocupación constante por el dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No es que estén endeudadas hasta las cejas», me decía Israel. «Es que sienten que no tienen margen».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un coche que se avería. Una factura inesperada. Una subida del alquiler. Una derrama de la comunidad. Un gasto médico. Pequeños acontecimientos cotidianos que, cuando no existen ahorros suficientes, pueden convertirse en auténticas amenazas psicológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación derivó rápidamente hacia una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando trabajar ya no garantiza tranquilidad? ¿Qué pasa cuando muchas personas viven al día no por una mala gestión económica, sino porque los salarios no crecen al ritmo de la vivienda, la crianza, la energía o la alimentación?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología clínica sabemos que esta realidad tiene consecuencias. Y cada vez existe más evidencia científica que señala que la inseguridad económica y habitacional no son únicamente problemas materiales: también son factores de riesgo para la salud mental.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es la ansiedad financiera o ansiedad por precariedad?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad por precariedad podría definirse como el estado de preocupación persistente, incertidumbre y sensación de vulnerabilidad que aparece cuando una persona percibe que sus recursos económicos son insuficientes para garantizar estabilidad presente o futura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata simplemente de «estar preocupado por el dinero».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia está en la sensación de amenaza constante. La persona siente que cualquier contratiempo puede alterar gravemente su equilibrio vital. Vive anticipando problemas, calculando gastos, posponiendo decisiones importantes o teniendo dificultades para relajarse incluso en momentos de descanso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación sobre ansiedad financiera muestra que la preocupación económica sostenida se relaciona con mayores niveles de ansiedad, estrés psicológico, síntomas depresivos y deterioro del bienestar general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, numerosos estudios han encontrado que no son únicamente los ingresos objetivos los que influyen en la salud mental, sino también la percepción subjetiva de inseguridad económica. En otras palabras: sentir que no se dispone de colchón financiero puede generar un impacto emocional relevante, incluso cuando las necesidades básicas están cubiertas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ansiedad financiera: cuando los problemas económicos tienen causas estructurales</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/"><u>perspectiva humanista y feminista</u></a>, resulta fundamental evitar un error frecuente: psicologizar en exceso problemas que tienen raíces sociales y estructurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos en una cultura que suele transmitir la idea de que el bienestar económico depende exclusivamente del esfuerzo individual. Sin embargo, muchas personas experimentan ansiedad financiera no porque gestionen mal sus recursos, sino porque afrontan condiciones materiales cada vez más difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La precariedad laboral, la temporalidad, el aumento del coste de la vivienda o la dificultad para conciliar y criar a hijos e hijas son realidades que afectan a amplios sectores de la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona trabaja a jornada completa y aun así siente que no puede ahorrar, el malestar psicológico que aparece no debe interpretarse como una debilidad individual. Con frecuencia es una respuesta comprensible ante circunstancias objetivamente exigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica muestra que la presión financiera actúa como un importante estresor psicosocial, especialmente en personas con menores recursos económicos y escaso margen de seguridad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El impacto de la vivienda en la ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si existe un tema que ilustra bien esta situación en la España actual es el acceso a la vivienda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante los últimos años, el incremento de los precios del alquiler y de compra ha generado una creciente sensación de incertidumbre, especialmente entre jóvenes, familias monoparentales y hogares con ingresos medios y bajos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diversas investigaciones han encontrado una asociación consistente entre la inseguridad residencial, la dificultad para afrontar los costes de vivienda y el deterioro de la salud mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En España, estudios realizados en Barcelona mostraron que las personas afectadas por estrés residencial o riesgo de desplazamiento económico presentaban una mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental. Los autores concluyen que la inseguridad habitacional constituye un problema relevante de salud pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es difícil comprender por qué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vivienda no representa únicamente un techo. También simboliza estabilidad, pertenencia y proyecto de vida. Cuando una persona no sabe si podrá renovar su contrato de alquiler, teme una subida de renta o dedica una proporción excesiva de sus ingresos a la vivienda, el sistema nervioso recibe un mensaje continuo de inseguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el cuerpo responde.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El impacto psicológico de vivir sin red</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los aspectos más dolorosos de la ansiedad por precariedad es la sensación de vivir sin margen para equivocarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas personas describen experiencias como:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Revisar constantemente la cuenta bancaria.</li>



<li>Dificultad para desconectar de las preocupaciones económicas.</li>



<li>Problemas de sueño.</li>



<li>Irritabilidad y agotamiento emocional.</li>



<li>Culpa por gastar dinero en ocio o autocuidado.</li>



<li>Miedo a planificar proyectos.</li>



<li>Sensación de quedarse atrás respecto a otras personas de su edad.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><br>A largo plazo, esta activación sostenida puede contribuir a la aparición de ansiedad clínica, síntomas depresivos, burnout o <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/"><u>dificultades relacionales</u></a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La incertidumbre económica crónica consume recursos psicológicos. Cuando gran parte de la energía mental se destina a sobrevivir o anticipar amenazas financieras, resulta más difícil disfrutar, crear, descansar o proyectarse hacia el futuro.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Mujeres y ansiedad financiera: el peso de la desigualdad económica</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La perspectiva feminista aporta aquí una lectura imprescindible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las mujeres continúan asumiendo una parte desproporcionada de las tareas de cuidados y presentan mayores tasas de empleo parcial, interrupciones laborales por crianza y vulnerabilidad económica en determinadas etapas vitales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, las consecuencias emocionales de la precariedad suelen estar atravesadas por desigualdades de género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres sostienen simultáneamente la presión económica, el trabajo remunerado y el <a href="https://landanaterapia.com/carga-mental-en-la-maternidad-como-afecta-al-bienestar-psicologico-y-a-la-pareja/"><u>trabajo de cuidados</u></a>. En este contexto, la ansiedad financiera no aparece de forma aislada, sino vinculada a responsabilidades familiares difíciles de delegar y a expectativas sociales contradictorias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender esta dimensión estructural ayuda a reducir la culpabilización individual y favorece intervenciones más justas y realistas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ansiedad y política: una conversación que España no puede evitar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto marcado por el debate sobre la vivienda y la inflación acumulada de los últimos años, resulta importante recordar algo: la salud mental también se construye desde las condiciones materiales de existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una generación siente que trabaja más que sus progenitores, pero tiene mayores dificultades para emanciparse, ahorrar o acceder a una vivienda estable, no estamos únicamente ante un problema económico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos también ante un fenómeno psicológico y social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica muestra que la inseguridad financiera, la dificultad para afrontar gastos imprevistos y la incertidumbre residencial están asociadas a peores indicadores de salud mental.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo puede ayudar la terapia psicológica ante la ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, la psicoterapia puede ayudar a <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/"><u>gestionar la ansiedad</u></a>, fortalecer recursos de afrontamiento y recuperar espacios de bienestar. Pero también es importante reconocer que algunas formas de sufrimiento no nacen exclusivamente en el interior de las personas, sino en el encuentro entre la persona y un contexto que genera incertidumbre persistente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante esta situación, la psicoterapia como práctica cultural se encuentra en una encrucijada que pone en cuestión todo su funcionamiento: las personas a las que debería prestar ayuda carecen, en demasiadas ocasiones, de los recursos necesarios para solicitarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo responder a esta paradoja?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los años 50 del pasado siglo aparecieron las primeras voces que denunciaban el problema. No solo, decían, se desatiende a una gran parte de la población, sino que se emplean con ella modelos terapéuticos inspirados en estilos de vida y disposiciones psíquicas correspondientes a una clase social que no es la suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una práctica terapéutica socialmente responsable necesita ser sensible a estas carencias. Responder a ellas no solo implica, por supuesto, la inclusión de programas económicamente adaptados a los distintos bolsillos, sino una formación específica en las necesidades reales de esta población y en los recursos de los que puede disponer. En caso contrario se corre el peligro de que la terapia se perciba como poco amigable, pero también de que sea menos eficaz de lo que cada paciente necesita y merece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace algunos años, en Landana Terapia pusimos en marcha nuestro <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-solidaria/"><u>programa de terapia solidaria</u></a>, una iniciativa desarrollada en colaboración con la universidad que ofrece sesiones de atención psicológica a un coste reducido. El objetivo es favorecer el acceso a la atención psicológica a aquellas personas que, por motivos económicos, podrían encontrar dificultades para beneficiarse de este servicio esencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través de este programa, reafirmamos nuestro compromiso con una psicología accesible, inclusiva y sensible a las desigualdades sociales que pueden afectar al bienestar emocional. La terapia solidaria constituye una expresión concreta de nuestra responsabilidad social y de nuestra convicción de que el cuidado de la salud mental debe estar al alcance de todas las personas, independientemente de su situación económica.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Últimas reflexiones</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si te identificas con esta experiencia, quizá necesites escuchar algo importante: sentir ansiedad cuando vives con la sensación de que cualquier imprevisto puede desestabilizar tu vida no significa que seas débil, exagerado o incapaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Significa, en muchas ocasiones, que estás intentando adaptarte a circunstancias objetivamente exigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La salud mental no depende únicamente de la actitud individual. También necesita estabilidad, seguridad y unas condiciones de vida que permitan descansar del estado de alerta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no deberíamos acostumbrarnos a vivir con miedo constante al próximo recibo, a la siguiente subida del alquiler o a la avería que pueda vaciar una cuenta corriente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La psicoterapia puede ayudarnos a soportar la incertidumbre, pero no debería servir para acostumbrarnos a vivir en ella.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Preguntas frecuentes sobre ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué es exactamente la ansiedad financiera?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad financiera es un estado de preocupación persistente relacionado con el dinero, la estabilidad económica o la posibilidad de afrontar gastos presentes y futuros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad financiera?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los síntomas más frecuentes incluyen insomnio, rumiación constante sobre el dinero, dificultades para desconectar, irritabilidad, estrés y preocupación excesiva por posibles imprevistos económicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Puede la falta de dinero afectar a la salud mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. Diversos estudios han mostrado que la inseguridad económica se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No basta con enseñar a relajarse o modificar pensamientos negativos cuando el problema que preocupa existe objetivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La terapia puede ayudar a distinguir entre amenazas reales y escenarios anticipados, reducir la rumiación, trabajar la vergüenza asociada a las dificultades económicas, recuperar espacios de disfrute y fortalecer las redes de apoyo, sin responsabilizar individualmente a la persona de su precariedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Jimena Alonso e Israel Sánchez</em></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Referencias bibliográficas</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Ahamed, A. J., &amp; Limbu, Y. B. (2024). <em>Financial anxiety: A systematic review</em>. International Journal of Bank Marketing, 42(7), 1666-1694. <a href="https://doi.org/10.1108/IJBM-08-2023-0462">https://doi.org/10.1108/IJBM-08-2023-0462</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Guan, N., Guariglia, A., Moore, P., Xu, F., &amp; Al-Janabi, H. (2022). <em>Financial stress and depression in adults: A systematic review</em>. PLOS ONE, 17(2), e0264041. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0264041">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0264041</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hollingshead, A. B., &amp; Redlich, F. C. (1958). <em>Social class and mental illness: A community study</em>. John Wiley &amp; Sons. <a href="https://www.google.com/search?q=https://doi.org/10.1037/10629-000" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1037/10629-000</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ludlow, T., Fooken, J., Rose, C., &amp; Tang, K. K. (2025). <em>Housing insecurity, financial hardship and mental health</em>. Economics &amp; Human Biology, 57, 101475. <a href="https://doi.org/10.1016/j.ehb.2025.101475">https://doi.org/10.1016/j.ehb.2025.101475</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ryan, J. (2017). <em>Class and psychoanalysis: Landscapes of inequality</em>. Routledge. <a href="https://www.google.com/search?q=https://doi.org/10.4324/9781315715407" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.4324/9781315715407</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ryu, S., &amp; Fan, L. (2023). <em>The relationship between financial worries and psychological distress among U.S. adults</em>. Journal of Family and Economic Issues, 44(1), 16-33. <a href="https://doi.org/10.1007/s10834-022-09820-9">https://doi.org/10.1007/s10834-022-09820-9</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Talmatzky, M., Nohr, L., Knaevelsrud, C., &amp; Niemeyer, H. (2026). <em>Exploring the association between housing insecurity and mental health among renters: A systematic review of quantitative primary and secondary studies</em>. PLOS ONE. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0294222">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0294222</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Vásquez-Vera, H., León-Gómez, B. B., Palència, L., Pérez, K., &amp; Borrell, C. (2021). <em>Health effects of housing insecurity and unaffordability in the general population in Barcelona, Spain</em>. Journal of Urban Health, 98(4), 496-504. <a href="https://doi.org/10.1007/s11524-021-00546-x">https://doi.org/10.1007/s11524-021-00546-x</a></p>
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		<title>La carga mental: el trabajo invisible que puede estar afectando tu bienestar psicológico</title>
		<link>https://landanaterapia.com/la-carga-mental-el-trabajo-invisible-que-puede-estar-afectando-tu-bienestar-psicologico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2026 21:42:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[agotamiento emocional]]></category>
		<category><![CDATA[autocuidado]]></category>
		<category><![CDATA[Carga mental]]></category>
		<category><![CDATA[corresponsabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad de género]]></category>
		<category><![CDATA[psicología feminista]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«No puedo desconectar». «Siempre tengo la sensación de que se me olvida algo». «Aunque mi pareja colabora, soy yo quien tiene que estar pendiente de todo». Estas son algunas de las frases que escuchamos con frecuencia en Landana terapia, nuestra consulta en Tres Cantos. Muchas mujeres llegan sintiéndose agotadas, irritables, sobrepasadas o emocionalmente exhaustas sin [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#f1f1f1"><em>«No puedo desconectar». «Siempre tengo la sensación de que se me olvida algo». «Aunque mi pareja colabora, soy yo quien tiene que estar pendiente de todo».</em></p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Estas son algunas de las frases que escuchamos con frecuencia en Landana terapia, nuestra consulta en Tres Cantos. Muchas mujeres llegan sintiéndose agotadas, irritables, sobrepasadas o emocionalmente exhaustas sin encontrar una explicación clara para ese malestar. Sin embargo, detrás de estas experiencias suele existir una realidad tan cotidiana como invisible: la <strong>carga mental doméstico-familiar</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los últimos años, la psicología, la sociología y los estudios de género han comenzado a prestar una atención creciente a este fenómeno, reconociendo que la salud mental no depende únicamente de factores individuales, sino también de las dinámicas relacionales y de los contextos sociales en los que vivimos. La carga mental constituye un ejemplo especialmente relevante de cómo determinadas desigualdades normalizadas pueden tener un impacto directo sobre el bienestar psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestro enfoque humanista y feminista, consideramos fundamental visibilizar esta realidad, comprender sus efectos emocionales y ofrecer herramientas que permitan construir formas de vida más saludables, más justas y respetuosas con las necesidades de todas las personas implicadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué es exactamente la carga mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de carga mental, no nos referimos únicamente a las tareas domésticas que realizamos cada día. La carga mental hace referencia al conjunto de procesos cognitivos y emocionales necesarios para organizar, coordinar y sostener la vida cotidiana. Implica planificar, anticipar, recordar, decidir, supervisar y responsabilizarse de que las necesidades familiares sean atendidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un trabajo continuo que suele desarrollarse en segundo plano y que rara vez recibe reconocimiento explícito. Mientras las tareas visibles pueden observarse fácilmente, gran parte de la carga mental ocurre en el pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es solamente hacer la compra, sino también recordar que quedan pocos productos antes de que se agoten.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es únicamente llevar a un hijo o hija al pediatra. Es acordarse también de pedir la cita, comprobar horarios, reorganizar la agenda laboral y asegurarse de que nadie olvida acudir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es simplemente organizar unas vacaciones. Es comparar opciones, ajustar presupuestos, prever necesidades y coordinar las preferencias de todos los miembros de la familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, la carga mental consiste en ser la persona que mantiene permanentemente activado el sistema de organización de la vida familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El trabajo invisible que sostiene el funcionamiento del hogar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigadora <a href="https://www.allisondaminger.com/">Allison Daminger</a> describe la carga mental como un proceso compuesto por cuatro grandes funciones cognitivas interrelacionadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. Anticipar necesidades</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Implica prever situaciones antes de que se conviertan en problemas: detectar que una niña necesitará materiales escolares el próximo mes, prever una cita médica pendiente o recordar que se acerca una celebración familiar son ejemplos cotidianos de esta función.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. Identificar opciones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez detectada una necesidad, surge la tarea de evaluar posibles alternativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comparar precios, buscar actividades, valorar horarios o elegir la opción más adecuada requiere tiempo y recursos cognitivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Tomar decisiones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Decidir implica asumir responsabilidad. Incluso las pequeñas decisiones repetidas diariamente generan un esfuerzo acumulativo: qué comprar, cómo organizar las tareas domésticas, quién recoge a los niños o cómo gestionar determinados gastos familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Supervisar y controlar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no termina cuando se toma una decisión. También incluye comprobar que las tareas se realicen, recordar compromisos pendientes y corregir posibles problemas. Esta supervisión constante convierte la carga mental en una actividad prácticamente ininterrumpida. Por ese motivo, muchas mujeres explican que, incluso cuando descansan físicamente, sienten que su mente continúa trabajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La responsabilidad no se reparte de forma equitativa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación actual muestra que la carga mental no se distribuye de manera homogénea dentro de las parejas. En las relaciones heterosexuales, son las mujeres quienes suelen asumir una proporción significativamente mayor de las tareas de planificación, organización y supervisión doméstica, independientemente de su nivel educativo, situación laboral o ingresos económicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este fenómeno no puede comprenderse únicamente como el resultado de elecciones individuales. La perspectiva feminista nos ayuda a entender que estas dinámicas están profundamente influenciadas por normas culturales y sociales que han atribuido históricamente a las mujeres la responsabilidad principal del cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde edades tempranas, muchas mujeres reciben mensajes explícitos e implícitos que las sitúan como responsables del bienestar emocional, la organización familiar y la atención a las necesidades de los demás. Como consecuencia, acaban interiorizando la idea de que son ellas quienes deben darse cuenta de lo que falta, prever problemas y garantizar que todo funcione correctamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más complejo es que estas responsabilidades suelen percibirse como naturales, haciendo que la desigualdad permanezca oculta tanto para quien la ejerce como para quien la soporta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La doble jornada que nadie ve</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, el feminismo ha señalado una realidad ampliamente documentada: la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral no ha venido acompañada de un reparto equivalente de las responsabilidades domésticas y de cuidado. Muchas mujeres sostienen simultáneamente una jornada laboral remunerada y una segunda jornada relacionada con la gestión del hogar, los cuidados y la organización familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la situación es aún más compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además del trabajo visible, existe una tercera dimensión menos reconocida: la responsabilidad constante de pensar en todo. La suma de empleo, tareas domésticas y trabajo cognitivo invisible genera una acumulación de demandas que puede afectar significativamente a la salud mental y emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo afecta la carga mental a la salud psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica señala que una distribución desigual de la carga mental se asocia con mayores niveles de estrés percibido, ansiedad, agotamiento emocional y disminución del bienestar psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La razón es sencilla: nuestro cerebro dispone de recursos limitados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona mantiene durante meses o años la responsabilidad permanente de anticipar problemas, resolver necesidades y gestionar múltiples tareas simultáneamente, aparece un desgaste progresivo de los recursos cognitivos y emocionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las consecuencias más frecuentes encontramos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Sensación constante de saturación mental</li>



<li>Dificultad para desconectar o relajarse</li>



<li>Estrés persistente</li>



<li>Ansiedad</li>



<li>Problemas de concentración</li>



<li>Fatiga emocional</li>



<li>Irritabilidad</li>



<li>Sentimiento de soledad frente a las responsabilidades</li>



<li>Disminución de la satisfacción vital</li>



<li>Mayor vulnerabilidad al agotamiento psicológico.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En consulta, este malestar suele expresarse mediante frases como:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Estoy agotada y no sé por qué».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Nunca termino de descansar».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Siento que todo depende de mí».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«No quiero que me ayuden; quiero dejar de ser la responsable de todo».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas experiencias no reflejan fragilidad personal. Son respuestas comprensibles ante situaciones de sobrecarga sostenida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El impacto en las relaciones de pareja</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no afecta únicamente a quien la soporta. También tiene consecuencias importantes sobre las relaciones de pareja. Cuando una persona percibe que asume la mayor parte de la responsabilidad organizativa, pueden surgir sentimientos de injusticia, resentimiento, incomprensión o falta de reconocimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos casos, los conflictos no aparecen por las tareas en sí mismas, sino por la desigual distribución de la responsabilidad asociada a ellas. La diferencia entre «hacer una tarea porque alguien la ha pedido» y «ser quien recuerda que esa tarea existe» puede parecer pequeña, pero psicológicamente es enorme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diversos estudios han encontrado que cuanto más desigual es la distribución de la carga mental, menor suele ser la satisfacción relacional y mayor la presencia de conflictos dentro de la pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, la corresponsabilidad no consiste solo en repartir actividades. También implica compartir la planificación, la iniciativa, la toma de decisiones y la supervisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La carga mental también afecta a la relación con una misma</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología humanista entendemos que el bienestar psicológico está profundamente vinculado con la posibilidad de vivir de forma auténtica, conectada con las propias necesidades y coherente con los propios valores. Cuando una persona dedica gran parte de su energía a sostener las necesidades ajenas, puede perder progresivamente el contacto con sus propios deseos, límites y necesidades emocionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres describen que ya no recuerdan cuándo fue la última vez que hicieron algo simplemente porque les apetecía. La sobrecarga mantenida puede generar una sensación de desconexión personal en la que el cuidado hacia una misma queda permanentemente relegado a un segundo plano. Recuperar espacios de descanso, placer, creatividad y autocuidado no constituye un acto egoísta. Es una necesidad psicológica básica y una condición fundamental para el bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La importancia de mirar el problema desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/">perspectiva feminista</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mirada feminista no busca culpables individuales ni generar enfrentamientos entre hombres y mujeres. Su principal aportación consiste en hacer visibles las estructuras y dinámicas sociales que condicionan nuestras experiencias cotidianas. Comprender la carga mental desde esta perspectiva permite dejar de interpretar el malestar como un fracaso personal y empezar a entenderlo dentro de un contexto más amplio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres no están agotadas porque gestionen mal su tiempo. Están agotadas porque sostienen responsabilidades excesivas durante largos periodos de tiempo. Reconocer esta realidad constituye un paso esencial para promover relaciones más equitativas y saludables.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La terapia puede ofrecer un espacio seguro para comprender lo que está ocurriendo, validar el malestar y encontrar nuevas formas de relacionarse con una misma y con las personas del entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo terapéutico puede ayudar a:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Identificar fuentes invisibilizadas de sobrecarga</li>



<li>Reconocer y legitimar las propias necesidades</li>



<li>Revisar creencias aprendidas sobre el cuidado y la responsabilidad</li>



<li>Cuestionar mandatos de género internalizados</li>



<li>Desarrollar límites más saludables</li>



<li>Mejorar la comunicación dentro de la pareja</li>



<li>Fomentar dinámicas de corresponsabilidad</li>



<li>Reducir sentimientos de culpa asociados al autocuidado</li>



<li>Recuperar espacios de bienestar personal.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una perspectiva humanista, entendemos que cada persona merece ser escuchada y acompañada en su experiencia particular. Desde una perspectiva feminista, reconocemos que el sufrimiento psicológico no puede separarse completamente de las condiciones sociales y relacionales en las que se produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso&#8230;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental es una forma de trabajo invisible que sostiene gran parte del funcionamiento cotidiano de familias y hogares. Aunque frecuentemente pasa desapercibida, sus efectos sobre la salud mental, el bienestar emocional y las relaciones de pareja son profundos y significativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poner nombre a esta realidad no es una cuestión teórica. Es un acto de cuidado. Porque aquello que puede nombrarse también puede comprenderse, compartirse y transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si últimamente sientes que vives pendiente de todo, que no consigues descansar o que la responsabilidad de sostener la vida cotidiana recae excesivamente sobre tus hombros, recuerda que no estás sola. Comprender lo que te sucede puede ser el primer paso para construir una relación más justa contigo misma, con tu entorno y con las personas que te acompañan en el camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental como algo profundamente interrelacionado con el contexto social. Si buscas una psicóloga o un psicólogo para trabajar esta carga mental puedes hacerlo online, en Madrid o Tres Cantos. La terapia psicológica puede convertirse en un espacio en el que apoyar tus cambios. Busca un reparto justo para ti, busca apoyo de profesionales con <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/">mirada feminista</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Jimena Alonso Serra</strong></em></p>
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		<title>Conversaciones sobre el dolor. Ana García Mañas y Andrea Romera Rabasa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/conversaciones-sobre-el-dolor-ana-garcia-manas-y-andrea-romera-rabasa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 11:57:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea Romera]]></category>
		<category><![CDATA[dolor crónico]]></category>
		<category><![CDATA[manejo del dolor]]></category>
		<category><![CDATA[modelo biopsicosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[sexualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia psicológica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace apenas unos días regresamos de Grecia, donde asistimos a un curso sobre la <em>Odisea</em> de Homero. Quizá sea un buen punto de partida para hablar del dolor: ese viaje largo, incierto, que tantas personas recorren sin tener un mapa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1496" src="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg" alt="" class="wp-image-1940" srcset="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg 2048w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-300x219.jpeg 300w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1024x748.jpeg 1024w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-768x561.jpeg 768w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1536x1122.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Andrea es médica anestesióloga y experta en dolor. Vive en Gijón y atiende en el Hospital de Covadonga, acompañando a pacientes para quienes el dolor ha dejado de ser un síntoma pasajero y se ha convertido en una presencia cotidiana. Yo soy psicóloga y sexóloga, dirijo la clínica Landana Terapia en Tres Cantos y la formación en sexología en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde lugares profesionales distintos, las dos trabajamos con algo parecido: cuerpos que duelen y personas que necesitan ser escuchadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación quise preguntarle no solo por los tratamientos médicos del dolor, sino también por lo que el dolor crónico hace con la vida, con la identidad, con el deseo y con la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Andrea, ¿Qué es el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Voy a darte la definición oficial, implantada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor. Como es difícil de entender en una primera lectura, después voy a explicarte por qué supuso un cambio de paradigma en nuestra comprensión de esta enfermedad:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, un daño tisular real o potencial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta definición es relevante clínicamente porque:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Separa dolor de </strong><em><strong>nocicepción</strong></em>: cuando se dice que algo es una “experiencia sensitiva y emocional” se está especificando que no puede inferirse únicamente a partir de la actividad en las neuronas sensoriales, sino que requiere de consciencia. No es solo la activación de un receptor sensible a un estímulo doloroso. Por ejemplo, alguien sometido a anestesia general puede sufrir aumentos de tensión arterial o de frecuencia cardiaca ante el corte del bisturí – es decir, puede tener nocicepción -, pero no puede tener dolor.</li>



<li><strong>Valida un tipo de dolor distinto, denominado </strong><em><strong>nociplástico</strong></em><strong>: </strong>cuando se afirma que el dolor crónico es una experiencia asociada a una lesión, «o similar a la asociada a una lesión» se están legitimando condiciones donde no existe un daño físico demostrable (por ejemplo, la fibromialgia o el síndrome de intestino irritable). Se reconoce que el sistema nervioso puede generar, él mismo, una experiencia de dolor idéntica a la de una lesión pero sin tenerla. Esto se llama «sensibilización central».</li>



<li><strong>Consagra el Modelo Biopsicosocial: </strong>se establece que el dolor es siempre una experiencia personal que está influenciada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Esto entierra definitivamente los modelos antiguos, dualistas, que dividían el dolor en «físico» o «psicológico». Todo dolor es real y todo dolor es multifactorial.</li>



<li><strong>Legitima al paciente (respeta «el auto-reporte»): </strong>se da credibilidad al reporte de una persona sobre su experiencia de dolor. El dolor es inherentemente subjetivo; no existe un biomarcador de laboratorio o prueba de imagen que pueda medirlo. Si el paciente dice que le duele, le duele, independientemente de lo que muestren las pruebas diagnósticas.</li>



<li><strong>Incluye a las poblaciones vulnerables: </strong>se subraya que la descripción verbal es solo uno de los múltiples comportamientos para expresar el dolor. La incapacidad para comunicarse &#8211; por ejemplo, en los neonatos o en los pacientes con demencia &#8211; no imposibilita que experimenten dolor ni exime a los profesionales de la obligación de tratarlo.</li>



<li><strong>Reconoce el dolor como enfermedad en sí misma:</strong> el dolor crónico tiene efectos adversos directos sobre el movimiento, la forma de dormir, las actividades sociales y el bienestar psicológico. Esto respalda la clasificación del dolor crónicoprimario como una enfermedad en sí misma, y no como un mero síntoma de otra patología.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Decir que es una enfermedad y además con consecuencias tan negativas, ¿no va en contra con esa idea que todos hemos oído de que el dolor es un mecanismo protector?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Eso es el dolor agudo, el que te hace retirar la mano de una estufa ardiendo, o levantar un pie cuando una chincheta se nos clava en la planta. Es decir, te alerta &#8211; «hay peligro»- y te protege -«huye, retira, evita». Es beneficioso y constituye un mecanismo de defensa muy eficaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dolor crónico es el que dura más de tres meses o más tiempo del esperable para la lesión que lo causó, y es una entidad totalmente distinta: el organismo se desregula y mantiene el estado de alarma continuo sin que haya peligro del que protegerse. El dolor se convierte en el problema principal, en la enfermedad misma. Sale del lugar concreto del cuerpo que duele e invade la esfera emocional, familiar y laboral del individuo. Es decir, el dolor crónico es también insomnio, es aislamiento, es depresión, es niebla mental, es dejar de hacer actividades recreativas, etcétera. Es un modo distinto de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Tú has trabajado en uno de los mejores Servicios de Dolor de Europa, en The Walton Centre, en Liverpool. ¿Qué fue lo que más te gustó de su forma de cuidar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Quedé muy impresionada por tres cosas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>El <strong>equipo</strong> de profesionales de la salud que se ocupaban, juntos, del dolor: no sólo médicos especializados -anestesiólogos, traumatólogos, neurocirujanos, urólogos, ginecólogos y cirujanos maxilofaciales -, sino también enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales. Por ejemplo, en la consulta de Dolor Facial se encontraban presentes, de forma simultánea, un anestesiólogo, un neurocirujano y un maxilofacial. En la de Dolor Musculoesquelético, un anestesiólogo y un fisioterapeuta. En el Programa Integral de Manejo del Dolor había sesiones grupales e individuales con un psicólogo.<br></li>



<li>El <strong>enfoque biopsicosocial</strong>: el modelo puramente intervencionista o centrado en la medicación ha quedado obsoleto. La concepción moderna, no sólo británica sino europea en general, entiende el dolor como una experiencia compleja, por lo que atiende no sólo a su dimensión puramente física (por ejemplo, el paciente con dolor en la rodilla presenta artrosis de rodilla en la radiografía), sino también a la psicológica (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla padece kinesiofobia, por lo que solo hace vida cama-sillón) y a la social (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla tiene una baja laboral prolongada).<br></li>



<li>El <strong>trabajo coordinado hacia un objetivo común</strong>: No se trataba de una simple suma de consultas en cadena. El equipo interdisciplinar buscaba la interacción entre profesionales y el acuerdo entre los objetivos y las intervenciones terapéuticas. Por ejemplo, se creaba un circuito específico para que todos los pacientes con ciática recibiesen una epidural (intervencionismo menor) antes que una discectomía (cirugía mayor).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>En consulta nos encontramos que el dolor coexiste muchas veces con ansiedad y depresión, y mi sensación es que se retroalimentan. También suele ocurrir que las personas que viven con dolor tienen historias de trauma en la infancia. ¿Qué papel tienen el miedo, el estrés, el trauma, la depresión o la ansiedad en el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Un rol central. Existe un vínculo bidireccional entre el dolor y los sentimientos, un círculo vicioso. Las emociones negativas como el miedo o la ansiedad pueden amplificar la percepción del dolor. A su vez, sentir dolor genera esas emociones y crea un circuito de retroalimentación patológico. En la consulta lo veo todos los días. Por ejemplo, el miedo a moverse tiene nombre &#8211; <em>kinesiofobia </em>&#8211; y que es un factor predictor de mala evolución. También lo es el <em>catastrofismo</em>, caracterizado por la rumiación (incapacidad para pensar en nada que no sea el dolor), la magnificación (exageración de las consecuencias del dolor y anticipación del peor escenario posible) e indefensión (sensación de pérdida de control sobre la intensidad y duración del dolor). Para acabar con estos patrones se requiere un abordaje psicológico de educación en dolor y de terapias cognitivo-conductuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Y la sexualidad, ¿cómo se aborda en la consulta del dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Preguntar por la vida sexual del paciente es mandatorio en la consulta de dolor, pero por desgracia no siempre se hace. En mi hospital británico existían consultas específicas de Dolor Pélvico Femenino y Masculino. Te gustará saber que se debatió sobre si debían ser dos consultas distintas o si se debían englobar bajo un título común &#8211; Dolor Pélvico, simplemente &#8211; y se decidió distinguirlas por género. Ahí lo dejo. En cualquier caso, quiero puntualizar que:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>todos los dolores crónicos, sean pélvicos o no, impactan directamente en la intimidad, el deseo y la actividad sexual.</li>



<li>este impacto no depende solo de factores físicos &#8211; específicos, como endometriosis, neuralgia del pudendo o prostatitis crónica, o generales, como limitación de movimiento -, sino también farmacológicos, sociales y psicológicos (ansiedad de ejecución, alteración de la autoestima, aislamiento en la pareja, etcétera).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Eso que dices es muy interesante, porque las consecuencias del dolor llegan a muchos lugares. Aparte del dolor durante los encuentros eróticos o la actividad sexual, lo que yo he visto en consulta es que se produce un condicionamiento entre la excitación y el miedo al dolor que afecta al deseo, y eso aparte de las medicaciones, las alteraciones del sueño, que son de por sí enemigos del deseo erótico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que vemos en la consulta de psicología y en terapia con parejas es que se acaba evitando el contacto físico que sí se desea (besos, caricias&#8230;) por miedo a que ese contacto acabe en una expectativa o exigencia de mantener otro tipo de relaciones, que duelen o no se desean. Y las parejas van perdiendo posibilidades de disfrutar del contacto con el otro, ya sea de forma excitativa o sencillamente cariñosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se mantienen relaciones tratando de evitar el dolor, se pierde espontaneidad y la sensación de libertad y de juego que aporta mucho al disfrute erótico. Y estamos hablando de personas y parejas que no solo tienen afectado el deseo, sino que además puede existir miedo al daño (a recibirlo o a hacerlo) y eso suele reducir el repertorio erótico. Muchas personas también refieren que determinados fármacos hacen más complicada la excitación y el orgasmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de éxito en dolor crónico, ¿qué estamos midiendo: menos dolor, más sueño, menos miedo, más movimiento, menos medicación?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>La idea de éxito terapéutico está muy bien definida en la literatura actual de dolor, y así debe ser transmitido al paciente en la consulta: menos dolor y más funcionalidad. ¡Las dos cosas! Por ejemplo, un fármaco no está funcionando sólo porque el paciente reporte menos dolor: tiene que ir acompañado de un incremento en su actividad. Si antes del fármaco hacía vida cama-sillón, con la medicación eso tiene que cambiar. Esta funcionalidad no es algo vago ni ambiguo, sino que debe explicitarse abiertamente en la consulta en forma de objetivos medibles, realistas y alcanzables. Además de menos dolor y más función, el tercer pilar del éxito es la autogestión: el paciente debe aprender de su propio dolor, acompañado de un profesional que le dé estrategias de Ritmo y Aguante, que le explique conceptos como el del Auge y Caída, o que le enseñe estrategias de afrontamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Esas estrategias son precisamente las que trabajamos en terapia con las personas que viven con dolor, aparte de <em>mindfulness</em>, educación en neurociencia del dolor y técnicas de terapias cognitivo conductuales de última generación como las de aceptación y compromiso. En Landana Terapia acabamos de abrir un programa de tratamiento psicológico grupal porque consideramos que puede ser muy beneficioso compartir con otras personas parte del proceso terapéutico. Muchos de nuestros pacientes viven vidas muy limitadas y solitarias, y reducir eso es uno de los objetivos terapéuticos de la psicoterapia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para despedirte, ¿qué les dirías a nuestros pacientes con dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Les diría que su dolor es absolutamente real, pero que no tiene por qué ser una condena a la pasividad. No se resignen. Busquen un equipo de profesionales que no se limite a mirar sus resonancias magnéticas, sino que se preocupe por quién era usted y por su función. Nuestro verdadero objetivo clínico no es que se queden sentados protegiéndose del dolor y buscando diagnósticos alternativos, sino darles las herramientas para que vuelvan a moverse, a retomar sus aficiones, a disfrutar de su vida en pareja y a recuperar su antiguo yo.</p>
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		<title>¿Qué tipo de mensajes envías a tus hijos e hijas?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 18:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños [&#8230;]</p>
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<p class="has-background has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="border-style:none;border-width:0px;background:linear-gradient(135deg,rgba(157,191,164,0.26) 0%,rgba(157,191,164,0.65) 100%)">¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños y niñas a lo largo de su vida. En terapia psicológica vemos a menudo cómo estos mensajes influyen más de lo que imaginamos.</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Eric Berne y Claude Steiner explican que cada persona desarrolla un <strong>guion de vida</strong>: un mapa interno formado por creencias, permisos y prohibiciones que aprendimos en la infancia. No es algo consciente. Surge de lo que vivimos en casa: miradas, tonos de voz, expectativas, coherencias o incoherencias. Esos mensajes, pueden quedar grabados y afectar a cómo nos vemos, cómo nos relacionamos o qué decisiones tomamos ya en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En psicología vemos que estos guiones pueden actualizarse, cuestionarse y transformarse. El primer paso es <strong>identificar qué mensajes recibimos y cuáles estamos transmitiendo ahora</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del mensaje <strong>“no seas niño/a”,</strong> nos referimos a esas situaciones en las que se espera que la criatura madure demasiado rápido. Aparece en frases como “no llores”, “sé fuerte” o “no des problemas”. Lo que termina aprendiendo es que no puede necesitar, pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad, como si esas emociones fueran algo que ocultar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido sucede con el <strong>“no crezcas”</strong>, que es típico de una sobreprotección constante. Se expresa en comentarios como “mejor lo hago yo”o “ten mucho cuidado”. Con el tiempo, este tipo de mensajes hace que la persona sienta que no puede valerse por sí misma y desarrolle miedo a equivocarse o a tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje <strong>“no pertenezcas”</strong> aparece cuando, de manera explícita o sutil, se transmite que el niño o la niña “no encaja” o que es mejor no unirse a otros. Esto puede llevarle a crecer con la sensación de aislamiento o inseguridad en los grupos, como si no hubiera un lugar donde sentirse parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el mensaje <strong>“no pienses”</strong>, que surge cuando se invalidan o ridiculizan sus ideas. Frases como “tú no entiendes”, “no digas tonterías” o “deja de preguntar” van calando y enseñan a desconfiar de su criterio. La consecuencia suele ser el temor constante a equivocarse o a expresar lo que realmente piensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros casos aparece un <strong>“no estés cerca”</strong>, típico de entornos donde el afecto se vive con incomodidad y las emociones se evitan. Aunque no se diga nada de forma directa, las personas menores aprenden que la cercanía emocional es algo incómodo o inapropiado. Más adelante, ya en la vida adulta, esto puede generar ese contraste doloroso entre desear intimidad y, al mismo tiempo, temerla o sentir incomodidad con el cariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, el mensaje <strong>“no seas importante”</strong> se instala cuando se minimizan o se comparan sus logros: “no es para tanto”, “tu hermano lo hace mejor”. Esto deja huella en la idea de que destacar está mal o que no merece éxito ni reconocimiento, como si tener valor fuese algo que conviene esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entonces, ¿Qué podemos hacer?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no podamos evitar mandar mensajes, sí podemos aprender a reconocerlos y cambiarlos. No se trata de culparse. Todos, absolutamente todos, enviamos mensajes sin querer, simplemente porque somos humanos. Lo importante es <strong>tomar conciencia</strong>. En terapia psicológica, estas son algunas ideas sobre las que podemos reflexionar: ¿Le dejo intentar y equivocarse sin intervenir de inmediato?, ¿Le transmito confianza para crecer y tomar decisiones?, ¿Celebro sus logros sin compararle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las niñas y los niños no necesitan “madres y padres perfectos”, sino que necesitan progenitores presentes, que los miren, escuchen y validen sus emociones. Pequeños cambios en nuestra forma de hablar, acompañar y poner límites pueden marcar una diferencia enorme en la seguridad con la que crecerán y en la historia que construirán sobre sí mismas/os.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>
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