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Deja de pelearte contigo

Dentro de ti no hay una sola voz

Cuando pensamos en la mente, solemos imaginarla como una sola cosa: “yo”. Pero si te escuchas de verdad, es fácil notar que dentro conviven varias voces. Una parte quiere avanzar y otra se frena. Una parte se exige y otra se apaga. Una parte intenta tenerlo todo bajo control y otra solo quiere desconectar.

Esto se ve en situaciones muy cotidianas: una parte de ti quiere tomar una decisión o empezar algo nuevo, mientras otra te pide que no te arriesgues. O quizá una parte sabe que necesitas descansar, pero otra insiste en que todavía no has hecho suficiente.

La mente como un sistema de partes

Según el psicólogo Richard Schwartz, el modelo de Sistemas de la Familia Interna (IFS) entiende la mente como un sistema de partes que se relacionan entre sí de forma parecida a una familia. Estas partes no son fallos ni enemigas: muchas veces son estrategias que se formaron para protegernos y ayudarnos a sobrevivir.

El problema aparece cuando se vuelven rígidas y actúan en automático, como si solo hubiera una manera de funcionar.

Por ejemplo, una persona que aprendió muy pronto que tenía que hacerlo todo bien puede desarrollar una parte muy exigente. Esa parte no aparece para hacer daño, sino para evitar el error, el rechazo o la sensación de no ser suficiente.

Qué es el Yo Esencial

Además de las partes, Schwartz describe el Yo Esencial. No es otra parte más, sino un estado de liderazgo interno que suele sentirse como calma, claridad, curiosidad y compasión.

El objetivo de IFS no es eliminar partes, sino que el Yo Esencial lidere para que las partes puedan relajarse y recuperar flexibilidad. No se trata de dejar de sentir miedo, exigencia o tristeza, sino de que esas partes no tengan que tomar el mando todo el tiempo.

Las partes que más suelen aparecer

Dentro de este sistema suelen aparecer algunos roles frecuentes.

Partes protectoras que controlan: son las que intentan anticiparse, organizar, evitar errores o mantener todo bajo control. Por ejemplo, esa voz que quiere revisar todo una y otra vez o hacerlo perfecto para que nada falle.

Partes que apagan el malestar rápido: aparecen cuando el dolor ya está encendido y buscan bajarlo cuanto antes. Por ejemplo, cuando después de un día difícil solo quieres desconectar mirando el móvil durante horas o apagándote emocionalmente.

Partes vulnerables: son las que sostienen dolor, vergüenza, miedo o tristeza. Muchas veces están más escondidas, precisamente porque otras partes han aprendido a protegerlas.

El cambio empieza cuando dejas de luchar

Desde esta mirada, el cambio empieza cuando dejamos de pelear con lo que sentimos y nos preguntamos qué intenta proteger esa parte. Esto cambia mucho la relación interna. En lugar de pensar: “otra vez estoy siendo débil” o “debería dejar de sentir esto”, la pregunta pasa a ser: “¿qué intenta evitar esta parte?” o “¿qué teme que pase si deja de actuar así?”.

Un ejercicio para escuchar a tus partes

Un ejercicio sencillo que propone Schwartz para practicar esto es la visualización del sendero. Puedes hacerlo en casa o venir a consulta donde una psicóloga que te ayudará a comunicarte con tu familia interna.

Paso 1. Busca un momento tranquilo

Reserva entre cinco y ocho minutos en un lugar en el que puedas estar sin interrupciones.

Paso 2. Empieza por la respiración y el cuerpo

Respira lento y nota el cuerpo, sin intentar vaciar la mente. No se trata de dejar la mente en blanco, sino de estar un poco más presente.

Paso 3. Identifica la parte que está más presente

Observa qué emoción o voz interna está más activa en ese momento y reconócela como una parte. Puede ser una parte crítica, una parte ansiosa, una parte que quiere huir o una parte que se siente triste.

Paso 4. Háblale sin pelearte con ella

En lugar de luchar con esa parte, prueba a decirle internamente: “Te veo, gracias por intentar ayudar; ¿puedes darme un poco de espacio unos minutos mientras respiro y me escucho?”

Paso 5. Imagina el sendero

A continuación, imagina que caminas por un sendero sencillo y tranquilo, intentando mantenerte en esa actitud de Yo Esencial, aunque sea un poco.

Paso 6. Si aparece otra parte, no la expulses

Si aparece otra parte, como una crítica, miedo, prisa o evitación, no la eches. Salúdala, pregúntale qué teme que pase si no hace su trabajo y qué necesitaría para relajarse un poco.

Después, vuelve al camino.

Paso 7. Cierra el ejercicio

Al terminar, agradece lo que haya aparecido y apunta dos cosas: qué partes salieron y en qué momento sentiste más calma o más espacio interno.

Paso 8. Si te desbordas, para

Si durante el ejercicio te desbordas, detente, enfócate en tu respiración y vuelve al presente.

Este ejercicio es orientativo y no sustituye una sesión de psicoterapia. Si hay trauma, disociación o te desbordas con frecuencia, mejor hazlo con acompañamiento profesional en consulta.

La IFS propone algo muy simple, pero muy distinto a lo que solemos hacer: no ganar una guerra interna, sino cambiar la relación con lo que te pasa.

Cuando dejas de tratar tus emociones como un enemigo y empiezas a verlas como partes que intentan protegerte, aparece más espacio para entenderte. Y en ese espacio, el Yo Esencial puede tomar el mando: estar presente con calma, escuchar sin juicio y ayudar a que cada parte baje la intensidad, encuentre su función real y deje de empujarte de un extremo a otro.

Belén Heese

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