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	<title>Artículos Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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	<description>Centro de Psicología, Sexología y terapia de pareja</description>
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	<title>Artículos Archives &#8211; Landana Terapia</title>
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		<title>Había una vez&#8230; escuchando lo que nos cuentan los celos</title>
		<link>https://landanaterapia.com/habia-una-vez-escuchando-lo-que-nos-cuentan-los-celos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2026 17:56:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Celos de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación asertiva]]></category>
		<category><![CDATA[reconocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[teoría del apego]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Decía Proust que «los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor». Jugaba así a presentarlos como una maldición, como la condena que deben pagar las personas enamoradas por disfrutar de ese estado que otras juzgarán como privilegiado. Sean o no una condena inevitable, lo cierto es que, [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Decía Proust que «los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor». Jugaba así a presentarlos como una maldición, como la condena que deben pagar las personas enamoradas por disfrutar de ese estado que otras juzgarán como privilegiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sean o no una condena inevitable, lo cierto es que, junto con los llamados «problemas de comunicación» (es decir, el genérico «llevarse mal»), son una de las causas más frecuentes de búsqueda de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/">terapia de pareja</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siendo así, deberíamos tener un buen conocimiento sobre sus causas, y un amplio kit de recursos para abordarlas en consulta. La situación, sin embargo, es menos clara.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El florido mundo de los celos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para empezar, quienes ejercemos la profesión nos encontramos con una distinción que parece evidente. Por un lado, nos llegan a consulta celos con causa objetiva, ya sea infidelidad o peligro manifiesto de ella. Sin apenas empezar, ya hemos encontrado al culpable: la persona que ha sido infiel debe pedir perdón y dar garantías de que no volverá a incurrir en su conducta, mientras que la otra persona perdonará o, si es necesario, recibirá las herramientas extraídas de la terapia focalizada en las emociones (EFT), o de aceptación y compromiso (ACT) que le permitan perdonar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los otros casos los celos surgen sin razón aparente. La persona celosa no sabe concretar, no tiene nada a lo que agarrarse, pero siente que, que… Es entonces cuando le atribuimos inseguridad y empezamos a tratarla mediante terapia cognitivo-conductual (TCC) o, en el mejor de los casos, basada en la mentalización (MBT).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas intervenciones son eficaces y están avaladas por evidencia empírica. En demasiadas ocasiones, sin embargo, los celos persisten. ¿Por qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no hemos escuchado a Proust.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A quien hemos escuchado, en cambio, es a la vocecita que los estigmatiza y los señala como un polizón infiltrado en eso que llamamos «relación sana». Esperamos que los celos no estén. Pero ellos dicen que se quedan. Que quieren su sitio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué hacer ahora?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes sentimos pasión por las relaciones humanas acudimos a teorías más generales, y a veces filosóficas, sobre las causas de los celos. En ese atractivo periplo nos topamos con explicaciones a veces sugerentes, como la de que los celos actúan como un sensor del mercado relacional (Buss), a veces inquietantes, como la de que proyectan nuestra propia intención de ser infieles (Freud), y casi siempre un poco incómodas, como la de que la amenaza de una tercera persona es imprescindible para el encuentro amoroso de la pareja (Lacan).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se ve, el recorrido no tiene desperdicio, pero para nuestro propósito de acabar con el malestar no hemos conseguido gran cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿O sí? En primer lugar, nos hemos encontrado con que el deseo de erradicar los celos quizá sea, además de imposible, indeseable. En cualquier otro ámbito de la vida aparece alguna forma de indignación cuando se nos arrebata injustamente algo que consideramos valioso. No nos planteamos extinguir esas otras indignaciones, sino llevarlas por los cauces de la comunicación empática y asertiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro segundo descubrimiento es que, si los celos se parecen, aunque solo sea un poco, a lo que Freud o Lacan dicen de ellos, entonces se ve claro el origen de su estigma: las intenciones que se atribuyen a esta emoción no son, precisamente, como para irlas aireando. Y esa necesidad de barrerlos debajo de la alfombra, esa vergüenza, puede estar siendo gran parte del problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El recurso al apego</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se puede decir que una de estas teorías ha prevalecido sobre las restantes a la hora ser trasladada a la práctica psicosanitaria, esa es, sin duda, la teoría del apego.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mary Ainsworth, siguiendo las ideas de John Bowlby, experimentó con bebés de pocos meses para entender las consecuencias que sobre las criaturas tenía el alejamiento de la madre. Las criaturas perdían por completo la tendencia a explorar el mundo cuando la madre se alejaba, y pasaban a dedicar toda su atención a recuperarla. A medida que la ausencia de la madre se prolongaba, su conducta iba pareciéndose cada vez más a la de una persona celosa. Ya no solo lo abandonaban todo en su ausencia, sino que, cuando la madre volvía, dejaban de recuperar el interés por la exploración y se aferraban a ella, presas del temor de que desapareciera de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa forma de apego, que se denominó ansioso, es hoy considerada el mayor factor predictor de celos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Emplear la teoría del apego para trabajar los celos presenta un buen número de ventajas con respecto a tratamientos genéricos. Por ejemplo, explica la persistencia de los celos más allá de las contingencias relacionales. Las cosas ya no se reducen a quién ha engañado a quién. Los problemas venían de antes, y sabemos hacia dónde mirar para encontrar su rastro. Además, integra en profundidad la experiencia de vida, por decirlo de manera llana, al primer engaño. La persona descubre una lógica a partir de la que reconstruir su propia coherencia. Esta lógica tiene la virtud añadida de que la legitima: la culpa desaparece de los celos, siempre que estos sean gestionados de manera responsable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece un muy buen plan, pero siguen quedando importantes cabos sueltos. En primer lugar, la falta de culpa no implica falta de estigma. La teoría del apego aplicada a los celos puede convertirse en un filtro cruel para localizar personas adecuadas para tener relaciones y personas que cargan con una tara a evitar. No tendrán culpa, pero tampoco pretendientes. En segundo lugar, la mirada intensiva, esa que nos conduce sobre baldosas amarillas hasta el primer afecto, ha olvidado todo lo contextual, es decir, toda la teoría popular sobre los celos: ¿qué pasa con las posibles personas rivales? ¿Es que no existen? ¿No hay un mercado relacional frente al que la gente tiene preocupaciones, a veces muy justificadas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, por último, una vez más, nos hemos olvidado de Proust. Los celos, nos decía él, no son inherentes a una disposición particular del carácter, sino al hecho mismo de que las personas se relacionen.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Narrar el apego. Porque todo tiene forma de historia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien el trabajo de Mary Main no goza de la misma popularidad que el de sus referentes Ainsworth y Bowlby, su prestigio entre especialistas no tiene nada que envidiarle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al estudiar el apego en adolescentes y jóvenes descubrió resultados que permitieron dar un giro transformador a la teoría de sus referentes: el apego en el que estas personas encajaban dependía de las experiencias afectivas de su primera infancia, pero lo hacía más aún de cómo estaban presentado su relato en el momento presente. Las narraciones que atribuían coherencia a la conducta de quienes las criaron resultaban empoderantes y anticipaban un apego más seguro, independientemente de en qué consistieran dichas conductas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El poder de la terapia narrativa (NT), y su encuadre ente los enfoques más humanos, progresistas y empoderantes, no es algo cuyo crédito requiera del trabajo de Main, por brillante que este sea. Lo que de ella asombra es la capacidad de un modelo terapéutico para integrar herramientas teóricas, convirtiéndolas en algo totalmente diferente, sin hacerles perder su personalidad: el apego llega a consulta siendo seguro o ansioso, pero en ella se nos ofrece un foco poderoso sobre el que trabajar directamente: ¿Fue una niña abandonada por una madre cruel, o fue una hija por la que su madre se desvivió, aunque no dispusiera de los recursos necesarios para hacérselo llegar?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo lo vamos a contar? ¿Cómo contamos lo que necesitaste? ¿Cómo contamos lo que recibiste?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la pregunta que le haremos también a los celos: «Me estáis hablando de una carencia, quizá de una pérdida, pero ¿qué carencia exactamente? ¿Qué pérdida? ¿En qué consistiría recuperarla? Y a la persona que los experimenta: ¿es que no estás siendo para tu pareja quien necesitas ser? Y esa relación que tu pareja tuvo, o que imaginas que tendrá: ¿qué busca en ella? ¿Es razonable que lo haga? ¿Puedes ofrecérselo tú?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, ¿podemos contar la historia como algo coherente y manejable, algo sobre lo que podamos actuar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cambio. Construir nuestro propio cuento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Steve de Shazer la llamo «pregunta milagro», y tenía mucho de narrativa: ¿cómo sería tu vida si, de repente, desapareciera el problema? El objetivo era romper el bloqueo de la paciente y permitirle centrarse en deseos, acciones concretas y soluciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia de pareja, la pregunta milagro sería: ¿cómo te vería tu pareja si, de repente, te viera como quieres que te vea?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Como la persona más atractiva e irresistible del mundo», es una de las respuestas más plausibles de la persona celosa, porque si fuera vista así controlaría definitivamente el peligro de perder a su pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una vez expresada, liberada, podría empezar, por sí misma, a moderarse, a bajarse a tierra, a adquirir una forma racional y manejable: «como a la persona más atractiva que ha conocido». «Como a la persona más atractiva que conoce». «Como la persona con la que querrá estar siempre». «Como la persona con la que quiere estar». «Como la persona a la que se quiere devolver la seguridad afectiva». «Como la persona entera que soy, sin tener que esconder mis carencias».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reconocimiento o el camino hacia la historia común.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta vez no se trata de resignificar unos hechos del pasado, que en realidad siempre fue la historia sobre unos hechos del pasado, sino de proponer una narrativa para que otra persona la adopte y haga suya. Eso es reconocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La teoría del reconocimiento nos dice que la paz llega cuando las dos personas se reconocen mutuamente como desean; cuando cada una decide, libremente, ver a la otra como la otra quiere ser vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este resultado es, por supuesto, dinámico, y no se alcanza con una simple pregunta. La indagación en el reconocimiento esperado puede llevar tiempo, porque este puede aparecer tímidamente o de manera hiperbólica, y, mientras no logremos alcanzarlo, el reconocimiento seguirá siendo ineficaz, porque no reconocerá lo que necesita ser reconocido, o imposible, porque la pareja no querrá o no podrá hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella, la pareja, a su vez, debe ofrecer un reconocimiento honesto, verdadero, y también es trabajo para la terapia lograr que lo sea porque, en caso contrario, los celos regresarán, quizá mitigados por la parte de reconocimiento real conquistada, quizá agravados por la desconfianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocurrirá en ocasiones que una parte del reconocimiento no se alcance. Entonces esa carencia quedará localizada, encapsulada, objeto de unos celos manejables, estimulantes para el crecimiento de la relación, para la mejoría personal de cada integrante de ella, sobre el espacio seguro de una mirada que nos ve en todo lo demás como queremos que nos vean.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y los celos no se habrán ido. Seguirán aquí. Amables con quienes los sentimos, precisamente porque habremos sabido, también, reconocer su papel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Landana Terapia ofrecemos atención individual y de pareja en Tres Cantos y online. Puedes conocer nuestra <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica individual</a> y nuestra <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/">terapia de pareja</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Buss, D. M. (2000). <em>The dangerous passion: Why jealousy is necessary in love and sex</em>. Free Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-De Shazer, S. (1988). <em>Clues: Investigating solutions in brief therapy</em>. W. W. Norton &amp; Company.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Doss, B. D., Simpson, L. E., &amp; Christensen, A. (2004). <em>Why do couples seek marital therapy?</em> <em>Professional Psychology: Research and Practice, 35(6), 609–614.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">-Freud, S. (1922). Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad. En <em>Obras completas</em> (Vol. 18). Amorrortu Editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Honneth, A. (1997). <em>La lucha por el reconocimiento: Por una gramática moral de los conflictos sociales</em>. Crítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Lacan, J. (1998). <em>El Seminario de Jacques Lacan: Libro 5. Las formaciones del inconsciente (1957-1958)</em>. Editorial Paidós.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Main, M., Kaplan, N., &amp; Cassidy, J. (1985). Security in infancy, childhood, and adulthood: A move to the level of representation. <em>Monographs of the Society for Research in Child Development</em>, 50(1/2), 66–104.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Proust, M. (1923). <em>A la recherche du temps perdu: La prisonnière</em>. Éditions Gallimard.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-White, M., &amp; Epston, D. (1990). <em>Narrative means to therapeutic ends</em>. W. W. Norton &amp; Company.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escrito por <a href="https://landanaterapia.com/el-equipo/israel-sanchez-2/">Israel Sánchez</a>, estudiante de psicología sanitaria. 20 de octubre de 2026.</p>



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		<title>Cuidar lo que nos cuida: naturaleza y bienestar psicológico</title>
		<link>https://landanaterapia.com/cuidar-lo-que-nos-cuida-naturaleza-y-bienestar-psicologico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2026 16:33:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay días en los que apetece salir a dar una vuelta porque llevamos demasiadas horas en casa, delante del ordenador o dándole vueltas a lo mismo. A veces volvemos más despejadas, aunque lo que nos preocupaba siga pendiente. Esa experiencia tan corriente tiene bastante que ver con lo que estudia la psicología cuando investiga la [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Hay días en los que apetece salir a dar una vuelta porque llevamos demasiadas horas en casa, delante del ordenador o dándole vueltas a lo mismo. A veces volvemos más despejadas, aunque lo que nos preocupaba siga pendiente. Esa experiencia tan corriente tiene bastante que ver con lo que estudia la psicología cuando investiga la relación entre naturaleza y salud mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contacto con la naturaleza puede introducir pequeños cambios en nuestra manera de sentir y de prestar atención. De ahí el interés por estudiar su relación con el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo. También hay libros que ayudan a comprender esa experiencia desde otros lugares: la biología, el cuidado de las plantas o nuestra fascinación por las montañas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Biofilia</em>, de Edward O. Wilson; <em>La mente bien ajardinada</em>, de Sue Stuart-Smith, y <em>Las montañas de la mente</em>, de Robert Macfarlane, ofrecen tres formas de acercarnos a una pregunta bastante cotidiana: ¿por qué a veces nos encontramos mejor después de pasar un rato al aire libre?</p>



<h2 class="wp-block-heading">Biofilia y nuestra relación con lo vivo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Biofilia</em>, el biólogo Edward O. Wilson desarrolla la idea de que los seres humanos tenemos una predisposición a interesarnos por otras formas de vida y a vincularnos con ellas. La curiosidad de una niña que observa una hormiga, la atención que despierta un animal o el placer de conocer un paisaje pueden leerse desde esa afinidad. Se trata de una hipótesis sobre nuestra relación con el mundo vivo, no de una explicación cerrada de todo lo que nos ocurre en la naturaleza.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos pasar días enteros entre habitaciones, coches y pantallas, con muy pocas ocasiones para observar lo que vive a nuestro alrededor. Incluso cuando salimos, es fácil seguir pendientes del teléfono o atravesar un parque pensando únicamente en llegar al otro lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuperar ese contacto admite formas modestas. Conocer los árboles de una calle. Seguir el crecimiento de una planta. Volver a un mismo parque y descubrir qué cambia. La familiaridad también cuenta: un lugar empieza a significar algo cuando dejamos de atravesarlo sin mirarlo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Qué dice la investigación sobre naturaleza y salud mental</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una revisión sistemática y metaanálisis de Coventry y colaboradores, publicada en 2021, reunió 50 estudios sobre actividades en la naturaleza. Encontró resultados favorables para el estado de ánimo, la ansiedad y otras medidas de bienestar psicológico en intervenciones como la jardinería, el ejercicio en espacios verdes y determinadas actividades terapéuticas al aire libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los estudios eran diversos y tenían limitaciones metodológicas. Sus resultados respaldan el interés de estas actividades como recurso de cuidado y apoyo, pero no permiten prometer que cualquier paseo produzca el mismo efecto en todas las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se ha investigado la rumiación: ese pensamiento repetitivo que vuelve una y otra vez a lo que nos preocupa sin ayudarnos demasiado a resolverlo. En un estudio experimental de Bratman y colaboradores, participantes sanos que caminaron durante 90 minutos en un entorno natural comunicaron una reducción de la rumiación que no se observó en quienes recorrieron un entorno urbano. Fue un resultado concreto, a corto plazo; no una demostración de que caminar cure la depresión.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación deja abierta una cuestión interesante: cuánto aporta el paisaje, cuánto el movimiento, cuánto la compañía o el hecho de disponer de un tiempo sin obligaciones. En la vida cotidiana, además, esas experiencias suelen aparecer juntas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La mente bien ajardinada y el cuidado de las plantas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La psiquiatra Sue Stuart-Smith entrelaza en <em>La mente bien ajardinada</em> experiencias personales, historias clínicas e investigación para explorar la relación entre jardinería y vida emocional. El jardín aparece como un lugar donde trabajar con las manos, cuidar y participar en procesos que necesitan tiempo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de esa lectura, merece la pena detenerse en una experiencia sencilla: cuidar algo sin poder controlar por completo el resultado. Podemos preparar la tierra, elegir dónde colocar una planta y aprender a regarla. Después habrá que esperar. A veces crecerá; otras, habrá que cambiarla de sitio o aceptar que no ha salido adelante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para quien vive pendiente de hacerlo todo bien, esa relación puede abrir un pequeño espacio de ensayo. Equivocarse con una maceta suele tener arreglo. Se observa, se aprende y se vuelve a intentar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jardinería también permite encontrar tareas acotadas en días que se hacen difíciles. Quitar unas hojas secas, trasplantar o regar son acciones con un principio y un final reconocibles. Un huerto compartido añade, además, encuentros y conversaciones alrededor de algo que se hace en común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta disponer de un jardín propio. Una jardinera o un huerto comunitario pueden ofrecer una oportunidad de explorar esta relación. Y tampoco tiene por qué gustarle a todo el mundo: habrá quien prefiera caminar, observar aves o sentarse bajo un árbol.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una ventana con vistas a los árboles</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La relación entre naturaleza y recuperación también se ha estudiado en los hospitales. En 1984, Roger Ulrich comparó los historiales de 46 pacientes operados de vesícula que habían pasado el posoperatorio en habitaciones similares, pero con una diferencia: algunas ventanas daban a unos árboles y otras a una pared de ladrillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pacientes que veían árboles permanecieron menos tiempo ingresados y necesitaron menos analgésicos potentes. Aunque el estudio era pequeño y retrospectivo, y no permite atribuir toda la diferencia a las vistas, plantea una cuestión que merece atención: qué puede ver desde su cama una persona que está enferma.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros trabajos han estudiado la presencia de plantas dentro de las habitaciones. Park y Mattson encontraron en 2009 menores niveles de dolor, ansiedad y fatiga en pacientes quirúrgicos cuyas habitaciones tenían plantas y flores, en comparación con quienes estaban en habitaciones sin ellas. En <strong>Landana Terapia, nuestro centro de psicología en Tres Cantos</strong>, tuvimos en cuenta estas investigaciones al diseñar los espacios terapéuticos. Por eso hay plantas naturales en todas las salas y en las zonas comunes: queríamos crear un entorno agradable y acogedor, cuidando también lo que nos rodea durante una sesión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona pasa muchas horas en una cama, con pocas posibilidades de decidir sobre su día, lo que tiene alrededor cobra una importancia especial. Una ventana, la luz o algo vivo que observar merecen un lugar en la conversación sobre cómo hacer más habitables los espacios sanitarios.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las montañas de la mente y el ejercicio al aire libre</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Las montañas de la mente</em>, Robert Macfarlane recorre la historia cultural de nuestra fascinación por las montañas. Explora cómo han cambiado los significados que les atribuimos y cómo se mezclan en ellas el miedo, la belleza, la imaginación y la atracción por el riesgo. Es una obra literaria e histórica, no un manual sobre los beneficios psicológicos del deporte.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su lectura invita, sin embargo, a pensar en cómo nos relacionamos con los lugares por los que caminamos. Podemos recorrer un sendero pendientes del ritmo y del desnivel, o dejar que también nos interesen sus formas, su historia y lo que encontramos a nuestro paso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El senderismo, la bicicleta o una caminata por un parque permiten combinar movimiento y contacto con el entorno. La investigación sobre actividades en la naturaleza ofrece motivos para considerarlos recursos de bienestar, aunque resulte difícil separar todos sus componentes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene que la actividad elegida encaje con nuestra salud, experiencia y energía disponible. Para algunas personas será una ruta de montaña; para otras, un recorrido corto y accesible con bancos donde descansar. El cuidado puede empezar por renunciar a una distancia que hoy resulta excesiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También merece la pena revisar qué llevamos al paseo. Si acaba convertido en otra prueba que superar, quizá necesitemos permitirnos parar, dar la vuelta o dejar de registrar cada kilómetro.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Tener naturaleza cerca también depende del barrio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco todo el mundo tiene las mismas posibilidades de disfrutar de la naturaleza. En muchos lugares, los barrios con mayores recursos cuentan con más arbolado y zonas ajardinadas, mientras que otros tienen pocos espacios verdes y peor cuidados. Y salir de la ciudad requiere tiempo, transporte y un dinero del que no siempre se dispone. Recomendar el contacto con la naturaleza implica tener en cuenta estas diferencias: a veces, lo que falta es un lugar cercano y agradable al que poder ir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un parque accesible, con sombra y bancos, permite usos que un descampado sin cuidar o una plaza de cemento no ofrecen. Conservar esos espacios y atender a los barrios que tienen menos debería formar parte de cualquier propuesta que pretenda acercar la naturaleza a la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa atención puede acompañarnos también cuando salimos al campo: respetar los senderos y las restricciones de protección, evitar molestias a la fauna y elegir, cuando sea posible, recorridos cercanos. Son lugares habitados por otros seres vivos, y nuestro paso tiene consecuencias.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo incorporar más naturaleza a la vida cotidiana</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Puede ser útil empezar por algo que quepa de verdad en la semana:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Buscar un lugar cercano al que apetezca volver.</strong> Un parque, un camino o una zona arbolada que no exija organizar una excursión.</li>



<li><strong>Elegir una actividad agradable.</strong> Caminar, cuidar plantas, observar aves o pasar un rato sentada al aire libre.</li>



<li><strong>Dejar algún tramo sin audio ni pantalla.</strong> Probar qué ocurre cuando la atención puede detenerse en el entorno.</li>



<li><strong>Compartirlo si ayuda a mantener el hábito.</strong> Quedar para pasear puede facilitar tanto la salida como el encuentro.</li>



<li><strong>Ajustar la propuesta a cada momento.</strong> Habrá días para una ruta y días para diez minutos fuera de casa.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas ideas pueden acompañar el cuidado emocional. Si la ansiedad, la tristeza o el agotamiento están interfiriendo de forma persistente en la vida, conviene valorar también qué apoyo psicológico se necesita.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Naturaleza y psicoterapia en Landana Terapia</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental teniendo en cuenta a la persona, sus relaciones y las condiciones en las que vive. Dentro de un proceso de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica online o presencial en Tres Cantos</a>, puede ser útil explorar qué actividades ayudan a descansar, recuperar interés o encontrar compañía, y qué dificultades impiden acceder a ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces será necesario trabajar la culpa que aparece al reservarse un rato propio. Otras, el agotamiento y la <a href="https://landanaterapia.com/carga-mental-en-la-maternidad-como-afecta-al-bienestar-psicologico-y-a-la-pareja/">carga mental asociada a los cuidados</a>. Cada situación requiere escuchar qué está pasando antes de añadir otra recomendación a la lista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un paseo no arregla una jornada imposible ni resuelve una preocupación económica. Puede ofrecer un rato de alivio, de curiosidad o de compañía. Eso ya tiene valor. Y tener un lugar cercano donde poder hacerlo merece un poco más de atención cuando decidimos qué conservar y cómo queremos vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <strong>Landana Terapia, nuestro centro de psicoterapia en Tres Cantos</strong>, también ofrecemos la posibilidad de realizar sesiones al aire libre, en las zonas ajardinadas y junto al estanque del entorno del centro. Cuando encaja con las necesidades de la persona y el trabajo terapéutico, podemos acordar salir de la consulta, cuidando siempre la privacidad y la confidencialidad de la sesión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Tres libros para seguir leyendo</h2>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Edward O. Wilson.</strong> <em>Biofilia</em><strong>.</strong> Una aproximación desde la biología a nuestra afinidad con otras formas de vida. Publicado en español por Errata naturae.</li>



<li><strong>Sue Stuart-Smith.</strong> <em>La mente bien ajardinada</em><strong>.</strong> Una exploración de la jardinería y su relación con la vida emocional. Publicado por Debate.</li>



<li><strong>Robert Macfarlane.</strong> <em>Las montañas de la mente</em><strong>.</strong> Un recorrido literario e histórico por nuestra fascinación por las montañas. Publicado en español por Literatura Random House.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Referencias científicas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Coventry, P. A., et al. (2021). Nature-based outdoor activities for mental and physical health: Systematic review and meta-analysis. <em>SSM – Population Health, 16</em>, 100934. <a href="https://doi.org/10.1016/j.ssmph.2021.100934">https://doi.org/10.1016/j.ssmph.2021.100934</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bratman, G. N., Hamilton, J. P., Hahn, K. S., Daily, G. C., y Gross, J. J. (2015). Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences, 112</em>(28), 8567–8572. <a href="https://doi.org/10.1073/pnas.1510459112">https://doi.org/10.1073/pnas.1510459112</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ulrich, R. S. (1984). View through a window may influence recovery from surgery. <em>Science, 224</em>(4647), 420–421. <a href="https://doi.org/10.1126/science.6143402">https://doi.org/10.1126/science.6143402</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Park, S. H., y Mattson, R. H. (2009). Ornamental indoor plants in hospital rooms enhanced health outcomes of patients recovering from surgery. <em>The Journal of Alternative and Complementary Medicine, 15</em>(9), 975–980.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ana García Mañas, Psicóloga colegiada M-19.400</p>
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		<title>Ansiedad financiera: cómo la precariedad económica afecta a la salud mental</title>
		<link>https://landanaterapia.com/ansiedad-financiera-como-la-precariedad-economica-afecta-a-la-salud-mental/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 09:18:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Ansiedad financiera]]></category>
		<category><![CDATA[bienestar psicológico]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad social]]></category>
		<category><![CDATA[inseguridad habitacional]]></category>
		<category><![CDATA[precariedad económica]]></category>
		<category><![CDATA[psicoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Descubre cómo la precariedad económica y la inseguridad financiera afectan a la salud mental y qué puede aportar la psicoterapia. «¿Te has dado cuenta de que cada vez más personas viven con la sensación de que cualquier imprevisto puede ponerlo todo patas arriba?». La ansiedad financiera se ha convertido en una de las principales fuentes [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph"><strong>Descubre cómo la precariedad económica y la inseguridad financiera afectan a la salud mental y qué puede aportar la psicoterapia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#9cbfa370"><em>«¿Te has dado cuenta de que cada vez más personas viven con la sensación de que cualquier imprevisto puede ponerlo todo patas arriba?»</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad financiera se ha convertido en una de las principales fuentes de malestar psicológico en la actualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unas semanas comentaba esto con mi colega Israel. Hablábamos de algo que escuchamos con frecuencia en consulta y que nosotros vivimos en primera persona: personas con empleo, formación, responsabilidades familiares y una vida aparentemente estable que, sin embargo, viven con una preocupación constante por el dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No es que estén endeudadas hasta las cejas», me decía Israel. «Es que sienten que no tienen margen».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un coche que se avería. Una factura inesperada. Una subida del alquiler. Una derrama de la comunidad. Un gasto médico. Pequeños acontecimientos cotidianos que, cuando no existen ahorros suficientes, pueden convertirse en auténticas amenazas psicológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación derivó rápidamente hacia una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando trabajar ya no garantiza tranquilidad? ¿Qué pasa cuando muchas personas viven al día no por una mala gestión económica, sino porque los salarios no crecen al ritmo de la vivienda, la crianza, la energía o la alimentación?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología clínica sabemos que esta realidad tiene consecuencias. Y cada vez existe más evidencia científica que señala que la inseguridad económica y habitacional no son únicamente problemas materiales: también son factores de riesgo para la salud mental.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es la ansiedad financiera o ansiedad por precariedad?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad por precariedad podría definirse como el estado de preocupación persistente, incertidumbre y sensación de vulnerabilidad que aparece cuando una persona percibe que sus recursos económicos son insuficientes para garantizar estabilidad presente o futura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata simplemente de «estar preocupado por el dinero».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia está en la sensación de amenaza constante. La persona siente que cualquier contratiempo puede alterar gravemente su equilibrio vital. Vive anticipando problemas, calculando gastos, posponiendo decisiones importantes o teniendo dificultades para relajarse incluso en momentos de descanso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación sobre ansiedad financiera muestra que la preocupación económica sostenida se relaciona con mayores niveles de ansiedad, estrés psicológico, síntomas depresivos y deterioro del bienestar general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, numerosos estudios han encontrado que no son únicamente los ingresos objetivos los que influyen en la salud mental, sino también la percepción subjetiva de inseguridad económica. En otras palabras: sentir que no se dispone de colchón financiero puede generar un impacto emocional relevante, incluso cuando las necesidades básicas están cubiertas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ansiedad financiera: cuando los problemas económicos tienen causas estructurales</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/"><u>perspectiva humanista y feminista</u></a>, resulta fundamental evitar un error frecuente: psicologizar en exceso problemas que tienen raíces sociales y estructurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos en una cultura que suele transmitir la idea de que el bienestar económico depende exclusivamente del esfuerzo individual. Sin embargo, muchas personas experimentan ansiedad financiera no porque gestionen mal sus recursos, sino porque afrontan condiciones materiales cada vez más difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La precariedad laboral, la temporalidad, el aumento del coste de la vivienda o la dificultad para conciliar y criar a hijos e hijas son realidades que afectan a amplios sectores de la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona trabaja a jornada completa y aun así siente que no puede ahorrar, el malestar psicológico que aparece no debe interpretarse como una debilidad individual. Con frecuencia es una respuesta comprensible ante circunstancias objetivamente exigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica muestra que la presión financiera actúa como un importante estresor psicosocial, especialmente en personas con menores recursos económicos y escaso margen de seguridad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El impacto de la vivienda en la ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si existe un tema que ilustra bien esta situación en la España actual es el acceso a la vivienda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante los últimos años, el incremento de los precios del alquiler y de compra ha generado una creciente sensación de incertidumbre, especialmente entre jóvenes, familias monoparentales y hogares con ingresos medios y bajos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diversas investigaciones han encontrado una asociación consistente entre la inseguridad residencial, la dificultad para afrontar los costes de vivienda y el deterioro de la salud mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En España, estudios realizados en Barcelona mostraron que las personas afectadas por estrés residencial o riesgo de desplazamiento económico presentaban una mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental. Los autores concluyen que la inseguridad habitacional constituye un problema relevante de salud pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es difícil comprender por qué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vivienda no representa únicamente un techo. También simboliza estabilidad, pertenencia y proyecto de vida. Cuando una persona no sabe si podrá renovar su contrato de alquiler, teme una subida de renta o dedica una proporción excesiva de sus ingresos a la vivienda, el sistema nervioso recibe un mensaje continuo de inseguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el cuerpo responde.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El impacto psicológico de vivir sin red</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los aspectos más dolorosos de la ansiedad por precariedad es la sensación de vivir sin margen para equivocarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas personas describen experiencias como:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Revisar constantemente la cuenta bancaria.</li>



<li>Dificultad para desconectar de las preocupaciones económicas.</li>



<li>Problemas de sueño.</li>



<li>Irritabilidad y agotamiento emocional.</li>



<li>Culpa por gastar dinero en ocio o autocuidado.</li>



<li>Miedo a planificar proyectos.</li>



<li>Sensación de quedarse atrás respecto a otras personas de su edad.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><br>A largo plazo, esta activación sostenida puede contribuir a la aparición de ansiedad clínica, síntomas depresivos, burnout o <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/"><u>dificultades relacionales</u></a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La incertidumbre económica crónica consume recursos psicológicos. Cuando gran parte de la energía mental se destina a sobrevivir o anticipar amenazas financieras, resulta más difícil disfrutar, crear, descansar o proyectarse hacia el futuro.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Mujeres y ansiedad financiera: el peso de la desigualdad económica</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La perspectiva feminista aporta aquí una lectura imprescindible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las mujeres continúan asumiendo una parte desproporcionada de las tareas de cuidados y presentan mayores tasas de empleo parcial, interrupciones laborales por crianza y vulnerabilidad económica en determinadas etapas vitales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, las consecuencias emocionales de la precariedad suelen estar atravesadas por desigualdades de género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres sostienen simultáneamente la presión económica, el trabajo remunerado y el <a href="https://landanaterapia.com/carga-mental-en-la-maternidad-como-afecta-al-bienestar-psicologico-y-a-la-pareja/"><u>trabajo de cuidados</u></a>. En este contexto, la ansiedad financiera no aparece de forma aislada, sino vinculada a responsabilidades familiares difíciles de delegar y a expectativas sociales contradictorias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender esta dimensión estructural ayuda a reducir la culpabilización individual y favorece intervenciones más justas y realistas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ansiedad y política: una conversación que España no puede evitar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto marcado por el debate sobre la vivienda y la inflación acumulada de los últimos años, resulta importante recordar algo: la salud mental también se construye desde las condiciones materiales de existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una generación siente que trabaja más que sus progenitores, pero tiene mayores dificultades para emanciparse, ahorrar o acceder a una vivienda estable, no estamos únicamente ante un problema económico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos también ante un fenómeno psicológico y social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica muestra que la inseguridad financiera, la dificultad para afrontar gastos imprevistos y la incertidumbre residencial están asociadas a peores indicadores de salud mental.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo puede ayudar la terapia psicológica ante la ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, la psicoterapia puede ayudar a <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/"><u>gestionar la ansiedad</u></a>, fortalecer recursos de afrontamiento y recuperar espacios de bienestar. Pero también es importante reconocer que algunas formas de sufrimiento no nacen exclusivamente en el interior de las personas, sino en el encuentro entre la persona y un contexto que genera incertidumbre persistente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante esta situación, la psicoterapia como práctica cultural se encuentra en una encrucijada que pone en cuestión todo su funcionamiento: las personas a las que debería prestar ayuda carecen, en demasiadas ocasiones, de los recursos necesarios para solicitarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo responder a esta paradoja?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los años 50 del pasado siglo aparecieron las primeras voces que denunciaban el problema. No solo, decían, se desatiende a una gran parte de la población, sino que se emplean con ella modelos terapéuticos inspirados en estilos de vida y disposiciones psíquicas correspondientes a una clase social que no es la suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una práctica terapéutica socialmente responsable necesita ser sensible a estas carencias. Responder a ellas no solo implica, por supuesto, la inclusión de programas económicamente adaptados a los distintos bolsillos, sino una formación específica en las necesidades reales de esta población y en los recursos de los que puede disponer. En caso contrario se corre el peligro de que la terapia se perciba como poco amigable, pero también de que sea menos eficaz de lo que cada paciente necesita y merece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace algunos años, en Landana Terapia pusimos en marcha nuestro <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-solidaria/"><u>programa de terapia solidaria</u></a>, una iniciativa desarrollada en colaboración con la universidad que ofrece sesiones de atención psicológica a un coste reducido. El objetivo es favorecer el acceso a la atención psicológica a aquellas personas que, por motivos económicos, podrían encontrar dificultades para beneficiarse de este servicio esencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través de este programa, reafirmamos nuestro compromiso con una psicología accesible, inclusiva y sensible a las desigualdades sociales que pueden afectar al bienestar emocional. La terapia solidaria constituye una expresión concreta de nuestra responsabilidad social y de nuestra convicción de que el cuidado de la salud mental debe estar al alcance de todas las personas, independientemente de su situación económica.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Últimas reflexiones</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si te identificas con esta experiencia, quizá necesites escuchar algo importante: sentir ansiedad cuando vives con la sensación de que cualquier imprevisto puede desestabilizar tu vida no significa que seas débil, exagerado o incapaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Significa, en muchas ocasiones, que estás intentando adaptarte a circunstancias objetivamente exigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La salud mental no depende únicamente de la actitud individual. También necesita estabilidad, seguridad y unas condiciones de vida que permitan descansar del estado de alerta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no deberíamos acostumbrarnos a vivir con miedo constante al próximo recibo, a la siguiente subida del alquiler o a la avería que pueda vaciar una cuenta corriente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La psicoterapia puede ayudarnos a soportar la incertidumbre, pero no debería servir para acostumbrarnos a vivir en ella.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Preguntas frecuentes sobre ansiedad financiera</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué es exactamente la ansiedad financiera?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La ansiedad financiera es un estado de preocupación persistente relacionado con el dinero, la estabilidad económica o la posibilidad de afrontar gastos presentes y futuros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad financiera?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los síntomas más frecuentes incluyen insomnio, rumiación constante sobre el dinero, dificultades para desconectar, irritabilidad, estrés y preocupación excesiva por posibles imprevistos económicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Puede la falta de dinero afectar a la salud mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. Diversos estudios han mostrado que la inseguridad económica se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No basta con enseñar a relajarse o modificar pensamientos negativos cuando el problema que preocupa existe objetivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La terapia puede ayudar a distinguir entre amenazas reales y escenarios anticipados, reducir la rumiación, trabajar la vergüenza asociada a las dificultades económicas, recuperar espacios de disfrute y fortalecer las redes de apoyo, sin responsabilizar individualmente a la persona de su precariedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Jimena Alonso e Israel Sánchez</em></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Referencias bibliográficas</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Ahamed, A. J., &amp; Limbu, Y. B. (2024). <em>Financial anxiety: A systematic review</em>. International Journal of Bank Marketing, 42(7), 1666-1694. <a href="https://doi.org/10.1108/IJBM-08-2023-0462">https://doi.org/10.1108/IJBM-08-2023-0462</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Guan, N., Guariglia, A., Moore, P., Xu, F., &amp; Al-Janabi, H. (2022). <em>Financial stress and depression in adults: A systematic review</em>. PLOS ONE, 17(2), e0264041. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0264041">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0264041</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hollingshead, A. B., &amp; Redlich, F. C. (1958). <em>Social class and mental illness: A community study</em>. John Wiley &amp; Sons. <a href="https://www.google.com/search?q=https://doi.org/10.1037/10629-000" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.1037/10629-000</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ludlow, T., Fooken, J., Rose, C., &amp; Tang, K. K. (2025). <em>Housing insecurity, financial hardship and mental health</em>. Economics &amp; Human Biology, 57, 101475. <a href="https://doi.org/10.1016/j.ehb.2025.101475">https://doi.org/10.1016/j.ehb.2025.101475</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ryan, J. (2017). <em>Class and psychoanalysis: Landscapes of inequality</em>. Routledge. <a href="https://www.google.com/search?q=https://doi.org/10.4324/9781315715407" target="_blank" rel="noopener">https://doi.org/10.4324/9781315715407</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ryu, S., &amp; Fan, L. (2023). <em>The relationship between financial worries and psychological distress among U.S. adults</em>. Journal of Family and Economic Issues, 44(1), 16-33. <a href="https://doi.org/10.1007/s10834-022-09820-9">https://doi.org/10.1007/s10834-022-09820-9</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Talmatzky, M., Nohr, L., Knaevelsrud, C., &amp; Niemeyer, H. (2026). <em>Exploring the association between housing insecurity and mental health among renters: A systematic review of quantitative primary and secondary studies</em>. PLOS ONE. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0294222">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0294222</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Vásquez-Vera, H., León-Gómez, B. B., Palència, L., Pérez, K., &amp; Borrell, C. (2021). <em>Health effects of housing insecurity and unaffordability in the general population in Barcelona, Spain</em>. Journal of Urban Health, 98(4), 496-504. <a href="https://doi.org/10.1007/s11524-021-00546-x">https://doi.org/10.1007/s11524-021-00546-x</a></p>
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		<title>El machismo no es una enfermedad mental. Trabajar con agresores, pensar en la reinserción</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-machismo-no-es-una-enfermedad-mental-trabajar-con-agresores-pensar-en-la-reinsercion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2026 10:28:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[asociaciones civiles]]></category>
		<category><![CDATA[atención personalizada]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[masculinidad]]></category>
		<category><![CDATA[psicología feminista]]></category>
		<category><![CDATA[reinserción penal]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo con agresores]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrevista a Ana García Mañas Ana García Mañas es directora de Landana Terapia, un centro de psicoterapia feminista en Tres Cantos, y directora del curso de especialista en terapia sexual y de pareja de sexología de la Universidad Autónoma de Madrid. En esta conversación reflexiona sobre su aproximación al trabajo con hombres penados por violencia [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">Entrevista a Ana García Mañas<br></h2>



<p class="has-drop-cap has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#9cbfa345"><strong>Ana García Mañas</strong> es directora de <strong>Landana Terapia</strong>, un centro de psicoterapia feminista en Tres Cantos, y directora del curso de especialista en terapia sexual y de pareja de sexología de la <strong>Universidad Autónoma de Madrid</strong>. En esta conversación reflexiona sobre su aproximación al trabajo con hombres penados por violencia de género, los límites y posibilidades de los programas de intervención y el papel que desempeñan asociaciones como CUPIF en el ámbito penitenciario.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Para empezar, ¿Nos cuentas cuál es tu relación con CUPIF?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Mi relación con CUPIF ha sido breve, pero muy significativa. Estaba buscando una organización que nos permitiera ver qué ocurre en los grupos de tratamiento de hombres penados por violencia de género. Contacté con varias asociaciones porque nos interesaba mucho, desde la universidad, poder observar cómo se aplican estos tratamientos y transmitir después esa experiencia a las alumnas del curso. Yo trabajé en los programa PRIA (Programa de Intervención para Agresores de Violencia de Género) y PRIA-MA hace años y quería conocer cómo habían evolucionado estas intervenciones.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué conclusiones sacaste de ese acercamiento?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">He aprendido muchísimo. Tuve la opción de participar en el programa de medidas alternativas Regener@ con Susana Díaz y con alumnas suyas, y mi sensación es que hay muchísimo trabajo por hacer. También vi que hay programas bien organizados y una estructura que se sostiene en buena medida gracias a personas en prácticas y voluntarias, con muchísima energía y muchísimas ganas. Y, por supuesto, con una directora que está moviendo un mundo entero ahí dentro.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo fue el taller al que asististe? ¿Qué viste allí?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las cosas que más me llamó la atención fue el nivel de atención personalizada. A cada alumna o voluntaria le correspondían dos hombres. Eso permite, en una sola sesión larga, empezar a captar muchísima información: dificultades de expresión, posibles problemas de lectoescritura, reacciones emocionales muy concretas. Esa mirada tan minuciosa no la he visto en otros espacios parecidos. Para mí, eso sí puede considerarse una marca de CUPIF: hay muchos ojos mirando y muchas mentes pensando.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo se afronta desde la psicología feminista el trabajo con hombres que han ejercido violencia de género?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Es un tema muy importante y también muy incómodo. Trabajar con víctimas parece más reconfortante, más coherente de entrada con una práctica feminista. Trabajar con agresores no le apetece a nadie. Sales revuelta, con malestar, con contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el trabajo está lleno de tensiones. Por un lado, tienes que hacer un encuadre claro: explicarles dónde están, que han cometido un delito, que eso no puede repetirse. Pero, por otro, necesitas generar vínculo terapéutico, porque sin ese vínculo no hay posibilidad de intervención. Ahí aparecen muchas fricciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, si queremos una sociedad más feminista, no podemos dejar de trabajar también con ellos, al menos con quienes sea posible y hasta donde sea posible. Otra cosa es que eso esté lleno de contradicciones. Por ejemplo: sabemos que para que un tratamiento psicológico funcione bien debería haber cierta voluntariedad, y aquí casi nunca la hay. La mayoría llegan diciendo que no tendrían que estar allí, que “solo” hicieron tal o cual cosa, sin conciencia real del daño causado ni del carácter delictivo de sus actos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que los programas actuales son suficientes?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">No, creo que se quedan cortos. Y no tanto por mala intención, sino porque son programas muy estandarizados y con pocos recursos detrás. En muchos casos, cuando los lees, parecen diseñados casi para adolescentes en secundaria, no para personas adultas con trayectorias complejas y delitos graves a sus espaldas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dependen muchísimo de quién los implemente. Ver a una profesional con mucha experiencia, como Susana, es un lujo. Pero imagino esos mismos materiales en manos de alguien con menos recorrido y veo muchísimas dificultades.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué te refieres cuando hablas de falta de recursos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">A que en prisiones no hay psicólogos suficientes y los que hay están saturados. Se hace mucho trabajo grupal porque no se puede hacer un seguimiento individualizado en condiciones. Hay sesiones individuales, sí, pero son pocas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego hay otra cuestión: se confía mucho en la psicoeducación, en la idea de que explicarle a alguien qué son las emociones o cómo controlar los impulsos puede generar cambios profundos en poco tiempo. Yo trabajo en clínica privada, y sé que cambiar una conducta sostenida en el tiempo lleva meses o años. Comprender los disparadores, encontrar alternativas, sostener frustraciones, revisar la propia historia, ensayar nuevas formas de actuar… todo eso requiere tiempo y recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En prisión, además, tengo la sensación de que seguimos trabajando con estructuras muy antiguas. Hace trece años vi cosas muy parecidas a las que he visto ahora. El mundo se ha digitalizado, pero allí apenas ha cambiado nada.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿hasta qué punto sirven realmente estas terapias?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Depende mucho de cómo llega cada persona. Hay quienes entran pensando: “Esto es un rollo, pero vengo para quitarme el castigo de encima”. Y hay quienes, aun llegando obligados, encuentran alguna idea que les toca y le dan una oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, el problema de fondo es serio: estamos tratando con herramientas psicológicas algo que no es una enfermedad mental, sino una estructura ideológica y cultural como es el machismo. Y eso complica muchísimo el planteamiento. No sabemos hasta qué punto el tratamiento psicológico puede modificar algo así.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, la reinserción exige intervenir. No puedes devolver a alguien a la sociedad sin trabajar con él sobre cómo funciona esa sociedad y qué no puede volver a suceder. Así que el tratamiento está ahí, en medio de esa contradicción.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué se trabaja concretamente en estos programas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre todo control emocional, control de impulsos, trabajo con la ira, con la rabia y con determinadas creencias machistas. También hay un intento de fomentar empatía hacia la víctima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que muchas veces se explica más de lo que realmente se trabaja. No siempre hay tiempo ni condiciones para bajar eso a la vida concreta de cada uno. Y ahí es donde a veces la intervención se queda en la superficie.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que hacen falta otros formatos o herramientas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, creo que habría que probar más cosas. Tengo la sensación de que estamos haciendo siempre más o menos lo mismo. No digo que no sirva, pero sí que hay que darle más vueltas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, nosotras trabajamos mucho lo emocional también desde el cuerpo, desde la expresión corporal, y eso a veces permite acceder a lugares a los que no se llega solo con el lenguaje. Creo que cualquier propuesta que ayude a relacionarse con el mundo de otra manera, que no pase por la violencia, puede formar parte de la reinserción: teatro, improvisación, creatividad, trabajo corporal… Merece la pena probar.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿La terapia grupal tiene valor en este contexto?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, yo no la eliminaría. De hecho, creo que puede ser importante. Un grupo de hombres hablando de lo que les preocupa, del dolor que sienten, de sus necesidades emocionales, puede ser en sí mismo algo transformador. Si los hombres pudieran hacer eso más a menudo y tuviesen más permiso social para ello, probablemente el mundo sería un lugar algo distinto.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Has hablado de pequeños resquicios de cambio. ¿Has visto alguno?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. El día que entré en Regenera, Susana hizo una ronda de presentación muy sencilla. Todos estaban nerviosos. Y cuando les preguntaba por sus hijos, algunos se quebraban y se ponían a llorar. Ver a hombres agresores, machistas, llorando al hablar delante de veinte personas es impactante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y no solo por la emoción individual, sino porque hay otros hombres mirando eso. Hombres con historias parecidas, de distintas edades, culturas y trayectorias. Ahí pensé que, al menos en ese instante, estaba pasando algo importante. Algo que sí era intervención pura.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo atraviesa el machismo a los hombres que han cometido estos delitos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">De muchísimas maneras. Y no solo a ellos: es muy difícil encontrar a alguien completamente libre de machismo. Vivimos dentro de una cultura determinada, y eso atraviesa a todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos programas se intenta ofrecer modelos de masculinidad algo más habitables, aunque también hay una paradoja: la psicología, el trabajo social y la educación social están muy feminizados. En la sesión que vi, por ejemplo, todas las profesionales éramos mujeres.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué pasa con quienes sienten miedo de convertirse en agresores o de hacer daño, sin haber llegado a cometer un delito?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría que, si alguien tiene dudas, merece la pena consultar. No hace falta esperar a que ocurra algo grave. El hecho mismo de preguntárselo ya puede ser significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces ese miedo tiene que ver con fantasías obsesivas, con pensamientos intrusivos o con angustias que no van a traducirse en actos. Otras veces sí puede haber señales de malestar o descontrol que conviene atender. Pero, en cualquier caso, acercarse a pedir ayuda me parece algo sensato.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué imagen representa para ti CUPIF?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí CUPIF no es solo “con un pie fuera”; también es “con un pie dentro”. Hace una doble labor. Por un lado, ayuda a los internos a acercarse a la libertad, a poner un pie fuera. Por otro, mete dentro a profesionales, estudiantes y personas de la sociedad civil. Nos permite mirar lo que ocurre allí. En ese sentido, CUPIF es un canal de comunicación entre la prisión y la sociedad.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Crees que la sociedad evita mirar hacia la prisión?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, completamente. Queremos castigo, pero no queremos saber qué pasa después. Se piensa: “¿Ha cometido un delito? ¡Pues a la cárcel!”. Pero luego no se mira qué ocurre dentro, si eso mejora algo o lo empeora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la cárcel puede empeorar mucho las cosas. La prisión tiene un efecto conocido como “prisionalización”: para sobrevivir dentro, desarrollas habilidades que luego te perjudican fuera. La reinserción tiene que luchar contra eso. Por eso habría que mirar muchísimo más lo que ocurre en las prisiones, quién trabaja allí, con qué medios, con qué formación y con qué resultados.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo se previenen los delitos machistas?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Repartiendo el poder. No veo otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se habla mucho de convencer a los hombres de que la igualdad es buena para ellos, pero me parece una idea bastante ingenua. Si alguien tiene privilegios y va a perderlos, no es tan fácil que lo viva como algo beneficioso. Por eso hacen falta mecanismos sociales, institucionales y simbólicos que dejen claro que determinadas conductas no son tolerables. No estoy hablando necesariamente de más castigo penal, sino de que exista un coste real, una sanción social clara, una estructura que no mire hacia otro lado.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Influyen también la clase social y la desigualdad en quién termina en prisión?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, por supuesto. Eso es una evidencia. La mayor parte de las personas que están en prisión proceden de los estratos más bajos de la sociedad. Tener recursos para pagar una buena defensa importa. Y mucho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo que, en uno de los grupos, un hombre me pidió que escribiera por él porque era analfabeto. Y pensaba: estamos exigiendo determinadas comprensiones y capacidades a personas que vienen de trayectorias de exclusión severas, mientras vemos cómo otras personas con poder, visibilidad pública y recursos no sufren las mismas consecuencias por actos muy similares. La desigualdad también atraviesa el sistema penal. También es cierto que en violencia de género encontramos hombres de todos los estratos sociales.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿La familia puede jugar un papel en estos procesos?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En prisión, casi cualquier vínculo sostenido puede ser valioso. La soledad y el aislamiento complican mucho la salida. Todo lo que ayude a sostener un lazo con el mundo exterior puede tener importancia.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Te parece que queda mucho trabajo por hacer?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Muchísimo. Me temo que no estamos ante algo que vaya a resolverse en dos o tres generaciones. Tiene que cambiar muchísimo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, además, hay otra cuestión: muchas asociaciones dependen de personas concretas que están sosteniendo una labor enorme. Cuando una persona así se jubile o se queme, ¿qué pasa? ¿Habrá relevo? ¿Habrá estructura? ¿Habrá financiación? Son preguntas muy serias.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">Entrevistadora:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está en riesgo este tipo de trabajo?</p>



<h3 class="wp-block-heading">Ana García Mañas:</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, lo creo. Tengo la sensación de que muchas asociaciones estáis haciendo un trabajo que debería estar mucho más respaldado por el Estado. Un trabajo enorme, necesario, muy complejo y sostenido con muchísimo menos dinero del que haría falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se tira mucho de la motivación de gente joven, de personas en formación, de voluntariado, de ganas de cambiar el mundo. Y eso es valiosísimo, pero no basta. Hace falta estructura, estabilidad y recursos. Porque, si no, la gasolina se acaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí, una de las tareas más importantes ahora es precisamente concienciar a la sociedad del valor de este trabajo.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>Gathas y mindfulness: pequeñas meditaciones para llevar la atención plena a la vida cotidiana</title>
		<link>https://landanaterapia.com/gathas-mindfulness-meditacion-terapia-psicologica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2026 16:08:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[gathas]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[mindfulness]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[terapia ACT]]></category>
		<category><![CDATA[Thich Nhat Hanh]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Es posible meditar mientras nos lavamos los dientes, abrimos el ordenador, esperamos el autobús, conducimos o preparamos una taza de café? Para el maestro zen Thich Nhat Hanh, la meditación no tenía por qué quedar reservada al cojín, a una postura determinada o a un momento especial del día. Una de las prácticas que difundió [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">¿Es posible meditar mientras nos lavamos los dientes, abrimos el ordenador, esperamos el autobús, conducimos o preparamos una taza de café?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el maestro zen <a href="https://tnhspain.com/"><strong>Thich Nhat Hanh</strong></a>, la meditación no tenía por qué quedar reservada al cojín, a una postura determinada o a un momento especial del día. Una de las prácticas que difundió para trasladar la atención plena a la vida cotidiana fueron los <strong>gathas</strong>: pequeños versos que acompañan acciones sencillas y nos ayudan a regresar al momento presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro Momento presente, momento maravilloso, Thich Nhat Hanh reúne gathas pensados para actividades cotidianas como lavar los platos, conducir o hacer cola. La propuesta es sencilla: convertir acciones ordinarias en oportunidades para detener el automatismo y recuperar, durante unos instantes, la conciencia de lo que estamos haciendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de esa sencillez aparece una idea que también ocupa un lugar importante en la psicología contemporánea: <strong>aprender a observar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones sin reaccionar automáticamente ante cada uno de ellos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica</a> pueden utilizarse herramientas de atención plena, aceptación o conciencia corporal cuando encajan con las necesidades de la persona y con los objetivos del tratamiento.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es un gatha?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Un gatha es un pequeño poema, verso o frase que asociamos a una actividad concreta de nuestra vida cotidiana. Puede acompañarnos al caminar, conducir, esperar, tomar café, abrir el ordenador o llegar a casa. Su función es actuar como un recordatorio: durante unos segundos, dejamos de hacer las cosas de manera completamente automática y volvemos a prestar atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta que sea solemne ni especialmente poético. Podemos crear nuestros propios gathas con palabras sencillas y ajustadas a nuestra experiencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Al encender el ordenador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Empiezo despacio.<br>Una cosa cada vez.<br>Estoy aquí.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Al llegar a casa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Dejo fuera el ruido.<br>Respiro.<br>Regreso a mi espacio.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mientras esperamos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>No tengo que llegar todavía.<br>Este momento también forma parte del camino.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo no consiste en convencernos de que todo está bien ni en sustituir pensamientos negativos por pensamientos positivos. Consiste en darnos cuenta de dónde estamos, qué estamos haciendo y qué está ocurriendo dentro de nosotros.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Vivimos buena parte del día en piloto automático</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conducimos mientras repasamos una conversación. Comemos mirando el móvil. Nos duchamos pensando en la reunión de dentro de dos horas. Contestamos un correo mientras nuestra cabeza ya está anticipando el siguiente problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La capacidad de la mente para desplazarse entre el pasado y el futuro es normal. El problema aparece cuando apenas podemos salir de ese funcionamiento automático. Las prácticas de mindfulness introducen algo aparentemente pequeño entre lo que ocurre y nuestra respuesta: conciencia.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Notar que estoy acelerada. </li>



<li>Notar que estoy anticipando. </li>



<li>Notar que estoy enfadada. </li>



<li>Notar que llevo diez minutos preocupándome por algo que todavía no ha ocurrido.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El gatha puede funcionar entonces como una pequeña señal de regreso. No pretende dejar la mente en blanco sino ayudarnos a reconocer qué está haciendo nuestra mente en ese momento.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es el mindfulness?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mindfulness suele traducirse como atención plena o conciencia plena. En el ámbito clínico se utiliza para describir una forma de prestar atención de manera deliberada a la experiencia presente —pensamientos, emociones, sensaciones corporales y estímulos externos— intentando observarla con apertura y sin reaccionar de forma inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://jonkabat-zinn.com/">Jon Kabat-Zinn</a> fue una figura central en la incorporación de estas prácticas al ámbito sanitario occidental. A finales de los años setenta desarrolló el programa Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR), inicialmente dirigido a personas con estrés, dolor y problemas de salud crónicos. Su trabajo contribuyó decisivamente a que el mindfulness comenzara a investigarse como intervención clínica (Kabat-Zinn, 2003).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las ideas centrales de estas prácticas es que podemos aprender a distinguir entre un pensamiento y un hecho. Si aparece el pensamiento «No voy a poder con esto», podemos vivirlo como una descripción literal de la realidad o aprender a reconocer: «Estoy teniendo el pensamiento de que no voy a poder con esto». El contenido sigue ahí, pero nuestra relación con él cambia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el modelo terapéutico, esta capacidad puede denominarse descentramiento, conciencia metacognitiva, aceptación o defusión cognitiva.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Tiene evidencia científica el mindfulness?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No existe una única intervención llamada mindfulness: hay programas estructurados de meditación, técnicas breves incorporadas a psicoterapia y tratamientos completos basados en procesos de atención plena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los tratamientos mejor estudiados es la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT). En personas con depresión recurrente, un metaanálisis con datos individuales de pacientes halló que la MBCT reducía el riesgo de recaída durante el seguimiento en comparación con distintos controles (Kuyken et al., 2016).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una revisión sistemática y metaanálisis de 47 ensayos clínicos encontró que los programas de meditación mindfulness producían reducciones pequeñas o moderadas en síntomas de ansiedad, depresión y dolor frente a controles activos. El mindfulness cuenta con respaldo empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un <a href="https://landanaterapia.com/">centro de psicología como Landana Terapia</a>, estas prácticas se entienden como herramientas que pueden integrarse en un proceso terapéutico más amplio cuando resultan pertinentes para la persona, el problema y el momento del tratamiento.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué terapias psicológicas utilizan mindfulness?</h2>



<h3 class="wp-block-heading">Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT)</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Mindfulness-Based Cognitive Therapy combina prácticas sistemáticas de mindfulness con elementos procedentes de la terapia cognitiva. Uno de sus objetivos es que la persona aprenda a reconocer pensamientos y estados emocionales sin quedar automáticamente atrapada en procesos como la rumiación. Su evidencia es especialmente relevante en la prevención de recaídas de la depresión recurrente (Kuyken et al., 2016).</p>



<h3 class="wp-block-heading">Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es una terapia conductual contextual, habitualmente situada dentro de las llamadas terapias cognitivo-conductuales de tercera generación. No es una terapia de meditación, aunque incluye procesos estrechamente relacionados con mindfulness: contacto con el momento presente, aceptación, defusión cognitiva y una perspectiva flexible sobre la experiencia interna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su objetivo central es aumentar la flexibilidad psicológica: la capacidad de permanecer en contacto con lo que pensamos y sentimos, incluso cuando es incómodo, y orientar nuestra conducta hacia aquello que consideramos valioso (Hayes, Strosahl y Wilson, 2012).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestro <a href="https://landanaterapia.com/el-equipo/">equipo de psicólogas y psicólogos</a> contamos con profesionales formados en terapia cognitivo-conductual, enfoques contextuales y Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).</p>



<h3 class="wp-block-heading">Terapia Dialéctico-Conductual (DBT)</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La Terapia Dialéctico-Conductual (Dialectical Behavior Therapy, DBT), desarrollada por Marsha Linehan, integra estrategias conductuales con una posición dialéctica que busca equilibrar aceptación y cambio. El mindfulness constituye uno de sus grandes grupos de habilidades, junto con la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la eficacia interpersonal (Linehan, 1993).</p>



<p class="wp-block-paragraph">DBT se desarrolló originalmente para personas con trastorno límite de la personalidad y conductas suicidas o autolesivas. La investigación acumulada indica beneficios en síntomas asociados al trastorno límite, incluyendo conducta autolesiva.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Psicoterapia budista y terapia zen</h3>



<p class="wp-block-paragraph">También existen aproximaciones conocidas como psicoterapia budista o terapia zen que intentan integrar principios procedentes de la psicología budista —como la atención plena, la compasión, la impermanencia o el trabajo con el apego— con el proceso psicoterapéutico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el ámbito académico, Brazier (2021) describe la Zen Therapy como una aplicación psicoterapéutica de principios budistas en la que la relación terapéutica y la meditación pueden formar parte del proceso de cambio.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Terapia cognitivo-conductual y enfoques contextuales</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos profesionales que trabajan desde la terapia cognitivo-conductual incorporan técnicas de atención, aceptación, respiración consciente o distanciamiento de los pensamientos. Las terapias contextuales, como ACT, han ampliado este trabajo poniendo el foco no solo en el contenido de los pensamientos, sino también en la relación que establecemos con ellos y en la función que cumplen en nuestra conducta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes conocer los diferentes enfoques que utilizamos en nuestra página de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/">terapias psicológicas</a>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un gatha no pretende eliminar una emoción</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es quizá una de las conexiones más interesantes entre los gathas y algunos enfoques de la psicología contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imaginemos que antes de entrar en una reunión sentimos ansiedad. Podríamos intentar repetirnos: «Estoy tranquila. Todo va a salir bien». Pero quizá no estamos tranquilas y tampoco sabemos cómo saldrá la reunión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos construir otro gatha:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Hay nervios.<br>Respiro y los noto.<br>Puedo estar con ellos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí no intentamos reemplazar una emoción desagradable por una agradable. Practicamos algo más cercano a los principios de ACT y de las intervenciones basadas en mindfulness: reconocer la experiencia, hacerle espacio y decidir cómo queremos actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta perspectiva puede ser especialmente útil cuando vivimos situaciones de <a href="https://landanaterapia.com/el-estres-laboral-por-que-sientes-que-una-parte-de-ti-no-puede-parar/">estrés laboral y dificultad para desconectar</a>, en las que la mente permanece activada incluso cuando la situación que exigía nuestra atención ya ha terminado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo crear tu propio gatha</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Crear un gatha no requiere experiencia en meditación ni una especial habilidad para escribir. Puedes empezar con cuatro pasos sencillos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Elige una actividad cotidiana.</strong> Puede ser conducir, preparar café, ducharte, abrir el ordenador, esperar el autobús o acostarte.</li>



<li><strong>Pregúntate qué quieres recordar en ese momento.</strong> Presencia, paciencia, curiosidad, cuidado, aceptación, gratitud o descanso.</li>



<li><strong>Escribe una frase breve, sencilla y en presente.</strong> Cuanto más fácil sea de recordar, más probable será que aparezca justo cuando la necesites.</li>



<li><strong>Asóciala a esa actividad.</strong> Cada vez que vuelva a producirse esa situación, deja que el gatha sea una señal para prestar atención durante unos segundos al cuerpo, a la respiración y a lo que está ocurriendo.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, un gatha para conducir podría ser:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Manos sobre el volante.<br>Estoy aquí.<br>No necesito llegar antes de llegar.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y uno para momentos de sobrecarga:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Una cosa cada vez.<br>Respiro.<br>Ahora solo esto.</em></p>



<h2 class="wp-block-heading">Mindfulness no significa estar siempre en calma</h2>



<p class="wp-block-paragraph">A veces el mindfulness se presenta como una forma de alcanzar serenidad permanente. Desde una perspectiva psicológica, ese objetivo es poco realista. Prestar atención al presente significa que en ocasiones encontraremos calma, pero otras veces encontraremos miedo, rabia, tristeza, cansancio, recuerdos difíciles o sensaciones físicas desagradables. Por eso mindfulness no equivale a relajación.</p>



<h2 class="wp-block-heading">A veces cinco segundos son suficientes para empezar</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No necesitamos meditar cuarenta minutos para empezar a prestar atención. La práctica puede comenzar cuando damos las gracias por el agua que sale del grifo que acabamos de abrir, respiramos antes de encender una luz, cuando dejamos el teléfono mientras alguien nos habla, cuando sentimos los pies contra el suelo antes de responder o cuando advertimos que nuestra cabeza está intentando resolver un problema que todavía no ha ocurrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un gatha puede convertirse así en algo muy sencillo: una pequeña interrupción del piloto automático.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una de las aportaciones más sugerentes de las enseñanzas de Thich Nhat Hanh: llevar la práctica meditativa a lo aparentemente ordinario. Preparar un café. Caminar. Abrir una puerta. Respirar. La vida cotidiana deja de ser aquello que ocurre entre nuestros momentos importantes y se convierte en el lugar donde la vida está sucediendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si quieres conocer más recursos sobre bienestar psicológico y psicoterapia, puedes visitar el <a href="https://landanaterapia.com/blog/">blog de Landana Terapia</a> o consultar nuestro servicio de <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica presencial y online</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Ana García Mañas, psicóloga sanitaria, colegiada M-19.400</em></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Referencias bibliográficas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Brazier, D. (2021). Zen Therapy. In The Oxford Handbook of Meditation. Oxford University Press. <a href="https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780198808640.013.36">https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780198808640.013.36</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hayes, S. C., Strosahl, K. D., &amp; Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). Guilford Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kabat-Zinn, J. (2003). Mindfulness-based interventions in context: Past, present, and future. Clinical Psychology: Science and Practice, 10(2), 144–156. <a href="https://doi.org/10.1093/clipsy.bpg016">https://doi.org/10.1093/clipsy.bpg016</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Kabat-Zinn, J. (2016). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Kairós.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kliem, S., Kröger, C., &amp; Kosfelder, J. (2010). Dialectical behavior therapy for borderline personality disorder: A meta-analysis using mixed-effects modeling. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 78(6), 936–951. <a href="https://doi.org/10.1037/a0021015">https://doi.org/10.1037/a0021015</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Kuyken, W., Warren, F. C., Taylor, R. S., et al. (2016). Efficacy of mindfulness-based cognitive therapy in prevention of depressive relapse: An individual patient data meta-analysis from randomized trials. JAMA Psychiatry, 73(6), 565–574. <a href="https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0076">https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0076</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Linehan, M. M. (1993). Cognitive-Behavioral Treatment of Borderline Personality Disorder. Guilford Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nhat Hanh, T. (2011). Momento presente, momento maravilloso. Ediciones Dharma. 4.ª ed.</p>
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		<title>Carga mental en la maternidad: cómo afecta al bienestar psicológico y a la pareja</title>
		<link>https://landanaterapia.com/carga-mental-en-la-maternidad-como-afecta-al-bienestar-psicologico-y-a-la-pareja/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 16:48:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[bienestar psicológico]]></category>
		<category><![CDATA[Carga mental]]></category>
		<category><![CDATA[corresponsabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Crianza]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La carga mental es el trabajo invisible de recordar, planificar, anticipar y coordinar todo lo necesario para que funcione la vida familiar. Durante la maternidad, esta responsabilidad puede recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres y contribuir al agotamiento, la ansiedad, la irritabilidad y los conflictos de pareja. Sabemos que la carga mental existe. Sabemos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">La carga mental es el trabajo invisible de recordar, planificar, anticipar y coordinar todo lo necesario para que funcione la vida familiar. Durante la maternidad, esta responsabilidad puede recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres y contribuir al agotamiento, la ansiedad, la irritabilidad y los conflictos de pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que la carga mental existe. Sabemos que afecta al bienestar psicológico y que, en muchas familias, las mujeres continúan asumiendo una parte desproporcionada de las responsabilidades invisibles que sostienen la vida cotidiana. Pero, una vez reconocido el problema, aparece una pregunta todavía más importante: ¿qué aspectos seguimos sin comprender bien y hacia dónde deberían avanzar la investigación y la intervención psicológica?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia disponible apunta a dos ámbitos especialmente relevantes y todavía insuficientemente estudiados: la parentalidad y las parejas formadas por mujeres. Precisamente estos contextos pueden ayudarnos a comprender mejor cómo se construye, se mantiene y se transforma la carga mental dentro de las relaciones de pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Qué es la carga mental y por qué aumenta con la maternidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La presencia de hijos e hijas suele intensificar de forma notable la carga mental. El reto psicológico no parece residir únicamente en la cantidad de tareas que genera la crianza, sino en la complejidad de los procesos mentales que implica: recordar citas, anticipar necesidades, coordinar horarios, tomar decisiones, prever problemas, organizar cuidados y mantener una visión global de lo que necesita la familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La maternidad puede suponer gestionar simultáneamente necesidades sanitarias, educativas, emocionales, sociales y logísticas, muchas de ellas cambiantes y difíciles de prever. La mente permanece escaneando el entorno familiar, anticipando posibles dificultades y generando soluciones antes incluso de que aparezcan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la carga mental no equivale simplemente a “hacer muchas cosas”. Incluye también ser la persona que tiene que recordar que esas cosas existen, decidir cuándo hay que hacerlas, comprobar que se han hecho y asumir las consecuencias cuando algo falla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por qué estar pendiente de todo también produce agotamiento</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los estudios revisados en torno a este fenómeno señalan que una parte importante de ese trabajo invisible continúa siendo asumida por las madres, incluso en familias en las que las tareas prácticas parecen repartirse de manera relativamente equilibrada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto plantea una cuestión clínica importante: ¿estamos evaluando adecuadamente el impacto psicológico que tiene la responsabilidad constante de estar pendiente de todo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una pareja puede compartir acciones visibles —llevar a los niños al colegio, preparar una cena o hacer la compra— y, sin embargo, no compartir de la misma manera la responsabilidad de prever qué hace falta, organizarlo, recordarlo y supervisarlo. Esa diferencia ayuda a explicar por qué algunas mujeres se sienten exhaustas incluso cuando, sobre el papel, el reparto de tareas parece razonable.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo cambia la carga mental a lo largo de la crianza</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía necesitamos conocer mejor cómo evoluciona la carga mental en las distintas etapas de la crianza. No es lo mismo cuidar de un bebé que acompañar a un niño en edad escolar o a un adolescente. Cambian las tareas, pero también la clase de vigilancia, anticipación y toma de decisiones que se exige a las figuras cuidadoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación futura debería analizar con más precisión qué momentos del ciclo familiar aumentan la vulnerabilidad psicológica y qué factores funcionan como protección frente al agotamiento. La corresponsabilidad real, el apoyo social, la flexibilidad laboral, la calidad de la relación de pareja y la existencia de redes familiares podrían desempeñar un papel importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cómo afecta la carga mental a la relación de pareja</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no afecta únicamente al bienestar individual. También puede influir en la satisfacción de pareja, la comunicación, la intimidad y la percepción de justicia dentro de la relación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona siente que debe sostener mentalmente el funcionamiento de la familia, puede aparecer irritabilidad, resentimiento o sensación de soledad. Y cuando la otra persona percibe únicamente las tareas visibles, puede resultar difícil comprender de dónde procede ese malestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, una cuestión especialmente relevante no es solo cuántas tareas realiza cada miembro de la pareja, sino cómo se distribuyen la planificación, la anticipación y la responsabilidad final.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parejas de mujeres: qué pueden enseñarnos sobre la corresponsabilidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Disponemos todavía de poca evidencia para comprender con detalle cómo se distribuye la carga mental en las parejas formadas por dos mujeres. Durante décadas, gran parte de la investigación se ha centrado en parejas heterosexuales, donde las diferencias de género han permitido explicar una parte importante de las desigualdades observadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando desaparece la estructura tradicional hombre-mujer aparecen nuevas preguntas: ¿cómo se distribuyen las responsabilidades cognitivas cuando ambas personas han sido socializadas bajo expectativas similares de cuidado? ¿Qué mecanismos utilizan para negociar responsabilidades? ¿Se construyen patrones más igualitarios o emergen otras formas de desigualdad? ¿Influye la maternidad de la misma manera que en las parejas heterosexuales?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación disponible sugiere que las parejas del mismo sexo pueden construir acuerdos más explícitos respecto a las tareas domésticas y familiares y apoyarse menos en roles previamente definidos. Estudiar estas relaciones no es solo una cuestión de diversidad familiar: puede ayudarnos a identificar qué estrategias favorecen una distribución más saludable de la carga mental y una corresponsabilidad más auténtica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carga mental, ansiedad y bienestar psicológico: lo que todavía no estamos midiendo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra limitación importante de la investigación es que todavía conocemos poco sobre algunos de los mecanismos psicológicos que conectan la carga mental con el sufrimiento emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La percepción de justicia dentro de la relación, por ejemplo, aparece con frecuencia como un elemento relevante. También sabemos que una distribución desigual de responsabilidades puede asociarse con una menor satisfacción relacional, pero todavía necesitamos comprender mejor qué variables explican esa relación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre los factores que podrían desempeñar un papel importante se encuentran:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>el reconocimiento recibido</li>



<li>la comunicación de pareja</li>



<li>la validación emocional</li>



<li>la sensación de apoyo</li>



<li>la capacidad para negociar necesidades</li>



<li>y la percepción de equidad dentro de la relación</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender cómo interactúan estas variables permitirá desarrollar intervenciones psicológicas más ajustadas a la experiencia real de las personas y las familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Qué debería explorar una psicóloga en consulta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica, este conocimiento invita a ampliar la forma en la que entendemos determinados síntomas y malestares. Cuando una mujer consulta por ansiedad, agotamiento, irritabilidad o síntomas depresivos, la exploración suele centrarse en variables individuales. Sin embargo, también es importante observar las dinámicas relacionales y familiares en las que vive.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental debería formar parte de la evaluación clínica, especialmente cuando existen responsabilidades familiares significativas y, de manera particular, durante la maternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas preguntas pueden ayudar a hacer visible lo que hasta ese momento quizá se estaba viviendo como un problema exclusivamente individual:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Quién planifica la vida familiar?</li>



<li>¿Quién recuerda las necesidades de los hijos e hijas?</li>



<li>¿Quién coordina la logística cotidiana?</li>



<li>¿Quién anticipa los problemas y piensa las soluciones?</li>



<li>¿Quién tiene que recordar a la otra persona lo que hay que hacer?</li>



<li>¿Existe una percepción de equidad dentro de la pareja?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con frecuencia, el agotamiento no depende únicamente de la cantidad de tareas realizadas, sino de la responsabilidad psicológica acumulada que implica sostener mentalmente el funcionamiento de toda una familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuándo puede ayudar la terapia psicológica</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No toda sobrecarga necesita convertirse en un problema clínico. Pero cuando la sensación de estar pendiente de todo se mantiene en el tiempo y empieza a afectar al estado de ánimo, al descanso, a la ansiedad, a la irritabilidad, a la relación de pareja o a la capacidad de disfrutar, puede ser útil explorarla en terapia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo no debería ser enseñar a una persona a organizar todavía mejor una carga que ya resulta excesiva, sino comprender qué está sosteniendo, cómo se distribuyen las responsabilidades y qué cambios individuales, relacionales o familiares pueden reducir ese desgaste.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hacia una psicología que también mire el contexto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no es únicamente una cuestión organizativa ni un problema individual de gestión del tiempo. Es un fenómeno complejo en el que se entrecruzan salud mental, género, parentalidad, relaciones de pareja y organización familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las próximas investigaciones deberán ayudarnos a comprender mejor cómo se desarrolla este fenómeno en las distintas formas de familia y qué factores favorecen relaciones más equitativas y protectoras para la salud psicológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, la práctica clínica tiene el reto de seguir visibilizando aquello que durante demasiado tiempo ha permanecido oculto: que detrás de muchos cuadros de estrés, ansiedad o agotamiento puede existir una carga invisible que no se ve, pero que se piensa, se anticipa y se sostiene cada día.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Preguntas frecuentes sobre carga mental y maternidad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué es exactamente la carga mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el trabajo cognitivo y emocional que implica recordar, anticipar, planificar, coordinar y supervisar las necesidades de la vida cotidiana. Muchas de estas tareas son invisibles porque no consisten en hacer algo concreto, sino en mantenerlo presente mentalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué la maternidad puede aumentar la carga mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la crianza multiplica las decisiones, las necesidades que hay que anticipar y las áreas que deben coordinarse: salud, colegio, alimentación, horarios, emociones, actividades, relaciones sociales y logística familiar, entre otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿La carga mental puede relacionarse con ansiedad o agotamiento?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede contribuir al malestar psicológico cuando es intensa, persistente y se vive sin apoyo suficiente. En consulta conviene valorar su peso junto con otros factores personales, familiares y relacionales, sin asumir que explica por sí sola todos los síntomas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Repartir las tareas es suficiente?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No siempre. Una distribución aparentemente equilibrada de las tareas visibles puede seguir dejando en una sola persona la responsabilidad de recordar, planificar y supervisar. La corresponsabilidad implica compartir también esa parte invisible.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la sobrecarga se mantiene en el tiempo y está afectando al estado de ánimo, al descanso, a la ansiedad, a la irritabilidad, a la relación de pareja o a la sensación de bienestar. La terapia puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y a trabajar tanto los recursos personales como las dinámicas relacionales que mantienen el problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Psicología online y en Tres Cantos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En Landana Terapia trabajamos con mujeres y parejas que atraviesan situaciones de agotamiento, ansiedad, dificultades asociadas a la maternidad o conflictos relacionados con la organización de los cuidados y la vida familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes realizar <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-psicologica/">terapia psicológica</a> en nuestro centro de Tres Cantos (Madrid) o mediante <a href="https://landanaterapia.com/">psicología online</a>. La intervención se adapta a cada situación y puede incluir terapia individual, <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapias-de-pareja/">terapia de pareja</a>, acompañamiento psicológico vinculado a la <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/">maternidad y la etapa perinatal</a> o un abordaje desde la <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/">psicoterapia feminista</a> cuando resulte pertinente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://landanaterapia.com/el-equipo/">Jimena Alonso</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias científicas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Adams, J. S. (1965). Inequity in social exchange. <em>Advances in Experimental Social Psychology, 2</em>, 267–299.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">Ciciolla, L., &amp; Luthar, S. S. (2019). Invisible household labor and ramifications for adjustment: Mothers as captains of households. <em>Sex Roles, 81</em>(7–8), 467–486. <a href="https://doi.org/10.1007/s11199-018-1001-x">https://doi.org/10.1007/s11199-018-1001-x</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Daminger, A. (2019). The cognitive dimension of household labor. <em>American Sociological Review, 84</em>(4), 609–633. <a href="https://doi.org/10.1177/0003122419859007">https://doi.org/10.1177/0003122419859007</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dean, L., Churchill, B., &amp; Ruppanner, L. (2022). The mental load: Building a deeper theoretical understanding of how cognitive and emotional labor overload women and mothers. <em>Community, Work &amp; Family, 25</em>(1), 13–29. <a href="https://doi.org/10.1080/13668803.2021.2002813">https://doi.org/10.1080/13668803.2021.2002813</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Eagly, A. H. (1987). <em>Sex differences in social behavior: A social-role interpretation</em>. Lawrence Erlbaum Associates.</p>



<p class="wp-block-paragraph">González, M., Díez, M., Morgado, B., Angulo, A., &amp; López-Gaviño, F. (2023). Lesbian and heterosexual Spanish and Swedish couples: Division of labor and life satisfaction. <em>Journal of Marriage and Family, 85</em>(5), 1047–1066. <a href="https://doi.org/10.1111/jomf.12918">https://doi.org/10.1111/jomf.12918</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Haupt, A., &amp; Gelbgiser, D. (2024). The gendered division of cognitive household labor, mental load, and family-work conflict in European countries. <em>European Societies, 26</em>(3), 828–854. <a href="https://doi.org/10.1080/14616696.2023.2271963">https://doi.org/10.1080/14616696.2023.2271963</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Krstić, A., Shen, W., Varty, C. T., Lam, J. Y., &amp; Hideg, I. (2025). Taking on the invisible third shift: The unequal division of cognitive labor and women’s work outcomes. <em>Psychology of Women Quarterly, 49</em>(2), 205–219. <a href="https://doi.org/10.1177/03616843251330284">https://doi.org/10.1177/03616843251330284</a></p>



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<p class="wp-block-paragraph">McLean, C., Musolino, C., Rose, A., &amp; Ward, P. R. (2023). The management of cognitive labour in same-gender couples. <em>PLOS ONE, 18</em>(7), e0287585. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0287585">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0287585</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Page, M. J., McKenzie, J. E., Bossuyt, P. M., Boutron, I., Hoffmann, T. C., Mulrow, C. D., Shamseer, L., Tetzlaff, J. M., Akl, E. A., Brennan, S. E., Chou, R., Glanville, J., Grimshaw, J. M., Hróbjartsson, A., Lalu, M. M., Li, T., Loder, E. W., Mayo-Wilson, E., McDonald, S., … Moher, D. (2021). The PRISMA 2020 statement: An updated guideline for reporting systematic reviews. <em>PLOS Medicine, 18</em>(3), e1003583. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1003583">https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1003583</a></p>



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		<title>Psicosis posparto: la salud mental materna también necesita ser escuchada</title>
		<link>https://landanaterapia.com/psicosis-posparto-la-salud-mental-materna-tambien-necesita-ser-escuchada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 06:27:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[depresión posparto]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología perinatal]]></category>
		<category><![CDATA[Psicosis posparto]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental materna]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental perinatal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estos días, mientras hacía scroll en Instagram, me di cuenta de que no podía evitar detenerme ante cada uno de los vídeos en los que influencers, profesionales de diferentes ámbitos y otras muchas personas hablaban sobre el ya conocido caso de Lindsay Clancy. En resumidas cuentas, se trata de un caso que, a día de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Estos días, mientras hacía <em>scroll</em> en Instagram, me di cuenta de que no podía evitar detenerme ante cada uno de los vídeos en los que <em>influencers</em>, profesionales de diferentes ámbitos y otras muchas personas hablaban sobre el ya conocido caso de Lindsay Clancy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En resumidas cuentas, se trata de un caso que, a día de hoy, continúa inmerso en un proceso penal en Estados Unidos. Lindsay, una enfermera de Massachusetts, está acusada de haber causado la muerte de sus tres hijos, de 5 años, 3 años y 8 meses. Una de las cuestiones centrales del proceso ha sido determinar cuál era su estado mental en el momento de los hechos y, en particular, hasta qué punto existía conciencia, intención y capacidad para comprender la naturaleza de sus actos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo del proceso han ido apareciendo diferentes conceptos relacionados con la salud mental que, hasta hace relativamente poco, resultaban poco conocidos fuera del ámbito profesional. Entre ellos, uno especialmente relevante: la psicosis posparto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Ahora bien, ¿qué es la psicosis posparto?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un trastorno mental grave y poco frecuente que puede aparecer después del nacimiento de un bebé. Se estima que afecta aproximadamente a entre 1 y 2 mujeres por cada 1.000 partos (entorno al 0’2% de las madres gestantes que dan a luz). Una tasa relativamente baja si la comparamos con la presencia de otro tipo de problemas de salud mental asociados a la maternidad: depresión postparto (10-20%), trastorno de ansiedad perinatal (aproximadamente un 15%), Trastorno de Estrés Postraumático -TEPT- asociado al parto (entorno al 4-5% aunque estudios recientes apuntan a una cifra aún mayor)&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su baja frecuencia contribuye, en parte, a que siga siendo una realidad poco conocida. Sin embargo, su gravedad hace que sea fundamental poder reconocerla y actuar con rapidez, ya que constituye una urgencia psiquiátrica que puede implicar un riesgo tanto para la propia mujer como para su bebé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de otros malestares emocionales que pueden aparecer durante el periodo perinatal, la psicosis posparto puede desarrollarse de manera muy rápida, habitualmente durante las primeras semanas después del parto. Puede incluir síntomas como confusión, desorganización del pensamiento o del comportamiento, alteraciones intensas del estado de ánimo, delirios, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es importante señalar que la psicosis posparto no es simplemente una forma especialmente grave de depresión posparto. Se trata de un cuadro clínico diferente que requiere una valoración y una intervención especializada y urgente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si te preguntas por qué puede aparecer, la evidencia científica apunta a que no existe una única causa. Su aparición parece estar relacionada con la interacción de diferentes factores biológicos, psicológicos y sociales. Entre ellos encontramos determinados antecedentes personales y familiares de trastornos mentales graves, especialmente trastornos del estado de ánimo; alteraciones importantes del sueño; situaciones de elevado estrés; determinadas circunstancias relacionadas con el embarazo y el puerperio; y factores psicosociales como la falta de apoyo o el aislamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante prestar atención a las condiciones en las que se desarrolla la maternidad. La sobrecarga de cuidados, la falta de corresponsabilidad, las dificultades económicas, los acontecimientos vitales estresantes (migración, pérdidas de seres queridos…), la ausencia de una red de apoyo o la exposición a situaciones de violencia pueden incrementar la vulnerabilidad psicológica de una mujer durante esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significa que estas circunstancias provoquen por sí mismas una psicosis posparto. No es tan fácil como decir que existe una relación causal simple entre estrés, maternidad y psicosis. Significa que, para comprender la salud mental perinatal, necesitamos mirar más allá de la persona y tener en cuenta también el contexto en el que se encuentra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una cuestión que considero especialmente relevante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el embarazo y el posparto, una mujer puede entrar en contacto con numerosos profesionales: matronas, obstetras, enfermeras/os, pediatras, médicos de atención primaria, profesionales de salud mental&#8230; Sin embargo, la formación específica en salud mental perinatal no está integrada de la misma manera en todas las profesiones sanitarias ni en todos los niveles de formación. Esto plantea una pregunta importante:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo podemos detectar precozmente un problema de salud mental perinatal si no todos los profesionales que acompañan a una mujer durante el embarazo y el posparto han recibido formación específica para reconocerlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La detección temprana resulta especialmente importante en la psicosis posparto porque, en ocasiones, el cambio puede ser rápido y las primeras señales pueden confundirse con cansancio extremo, falta de sueño, ansiedad o las dificultades propias de las primeras semanas de maternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la atención a la salud mental perinatal no debería depender exclusivamente de que una mujer sea capaz de identificar que algo no va bien y pedir ayuda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestra perspectiva hablar de salud mental perinatal implica también cuestionarnos cómo estamos acompañando socialmente a las mujeres durante la maternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una enorme cantidad de discursos sobre cómo debe estar un bebé: si come, si duerme, si gana peso, si alcanza los hitos del desarrollo. Sin embargo, con demasiada frecuencia la pregunta dirigida a la madre queda reducida a un simple:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“¿Y tú qué tal?”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá necesitamos mucho más que eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos espacios donde una mujer pueda decir que no está pudiendo, que tiene miedo, que no duerme, que se siente desbordada, que no reconoce lo que le está pasando o que está experimentando pensamientos que le resultan extraños y aterradores, sin temor a ser juzgada como una mala madre o sin que minimicen estas sensaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la maternidad está profundamente atravesada por expectativas sociales. Se espera que las mujeres sepan cuidar, que estén disponibles, que conecten inmediatamente con su bebé, que disfruten de la experiencia y que, incluso cuando están sufriendo, continúen desempeñando adecuadamente su papel de cuidadoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esta presión puede dificultar algo tan básico como pedir ayuda o que cuando se pide, sea tenida en cuenta y abordada como algo importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La prevención de los trastornos mentales perinatales no puede limitarse a enseñar a las mujeres a reconocer sus propios síntomas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También necesitamos profesionales formados, servicios accesibles, coordinación entre los diferentes recursos sanitarios y sociales y redes de apoyo capaces de sostener a las mujeres durante esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos dejar de entender la salud mental materna como una cuestión exclusivamente individual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una mujer no atraviesa el embarazo y el posparto aislada de su contexto. Lo hace dentro de una familia y/o pareja, unas condiciones económicas, una red de apoyo, un sistema sanitario y una sociedad que tiene determinadas expectativas sobre lo que significa ser madre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso de Lindsay Clancy ha abierto un debate especialmente complejo en torno a la psicosis posparto, la responsabilidad penal y la capacidad de los sistemas sanitario y social para detectar y atender determinados trastornos mentales graves.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quizá también debería servirnos para hacernos otras preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuánto sabemos realmente sobre la psicosis posparto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuántas mujeres y familias saben reconocer sus señales de alarma?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Están todos los profesionales que acompañan a las mujeres durante el embarazo y el puerperio preparados para detectarlas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando una mujer necesita ayuda y no encuentra a su alrededor un sistema capaz de reconocer lo que le está sucediendo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de psicosis posparto no significa buscar explicaciones sencillas para situaciones extremadamente complejas. Tampoco significa atribuir la violencia o los actos cometidos por una persona a la maternidad o a una enfermedad mental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Significa comprender que existen trastornos mentales graves que pueden aparecer durante el posparto, que requieren una respuesta urgente y especializada y que todavía son demasiado desconocidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y significa también recordar algo fundamental: cuidar de un bebé no puede implicar dejar de cuidar a quien lo cuida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La salud mental de las madres también necesita ser escuchada, atendida y protegida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestro centro de psicología en Tres Cantos y Madrid Landana Terapia cuidamos la salud mental y atendemos a las mujeres y madres desde una perspectiva integral. Consulta para empezar terapia psicológica presencial u online. Disponemos de programas de terapia solidaria a bajo coste para mujeres sin recursos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Vanesa Álvarez</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La carga mental: el trabajo invisible que puede estar afectando tu bienestar psicológico</title>
		<link>https://landanaterapia.com/la-carga-mental-el-trabajo-invisible-que-puede-estar-afectando-tu-bienestar-psicologico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jul 2026 21:42:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[agotamiento emocional]]></category>
		<category><![CDATA[autocuidado]]></category>
		<category><![CDATA[Carga mental]]></category>
		<category><![CDATA[corresponsabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad de género]]></category>
		<category><![CDATA[psicología feminista]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones de pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«No puedo desconectar». «Siempre tengo la sensación de que se me olvida algo». «Aunque mi pareja colabora, soy yo quien tiene que estar pendiente de todo». Estas son algunas de las frases que escuchamos con frecuencia en Landana terapia, nuestra consulta en Tres Cantos. Muchas mujeres llegan sintiéndose agotadas, irritables, sobrepasadas o emocionalmente exhaustas sin [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#f1f1f1"><em>«No puedo desconectar». «Siempre tengo la sensación de que se me olvida algo». «Aunque mi pareja colabora, soy yo quien tiene que estar pendiente de todo».</em></p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Estas son algunas de las frases que escuchamos con frecuencia en Landana terapia, nuestra consulta en Tres Cantos. Muchas mujeres llegan sintiéndose agotadas, irritables, sobrepasadas o emocionalmente exhaustas sin encontrar una explicación clara para ese malestar. Sin embargo, detrás de estas experiencias suele existir una realidad tan cotidiana como invisible: la <strong>carga mental doméstico-familiar</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los últimos años, la psicología, la sociología y los estudios de género han comenzado a prestar una atención creciente a este fenómeno, reconociendo que la salud mental no depende únicamente de factores individuales, sino también de las dinámicas relacionales y de los contextos sociales en los que vivimos. La carga mental constituye un ejemplo especialmente relevante de cómo determinadas desigualdades normalizadas pueden tener un impacto directo sobre el bienestar psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestro enfoque humanista y feminista, consideramos fundamental visibilizar esta realidad, comprender sus efectos emocionales y ofrecer herramientas que permitan construir formas de vida más saludables, más justas y respetuosas con las necesidades de todas las personas implicadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué es exactamente la carga mental?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de carga mental, no nos referimos únicamente a las tareas domésticas que realizamos cada día. La carga mental hace referencia al conjunto de procesos cognitivos y emocionales necesarios para organizar, coordinar y sostener la vida cotidiana. Implica planificar, anticipar, recordar, decidir, supervisar y responsabilizarse de que las necesidades familiares sean atendidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un trabajo continuo que suele desarrollarse en segundo plano y que rara vez recibe reconocimiento explícito. Mientras las tareas visibles pueden observarse fácilmente, gran parte de la carga mental ocurre en el pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es solamente hacer la compra, sino también recordar que quedan pocos productos antes de que se agoten.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es únicamente llevar a un hijo o hija al pediatra. Es acordarse también de pedir la cita, comprobar horarios, reorganizar la agenda laboral y asegurarse de que nadie olvida acudir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es simplemente organizar unas vacaciones. Es comparar opciones, ajustar presupuestos, prever necesidades y coordinar las preferencias de todos los miembros de la familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, la carga mental consiste en ser la persona que mantiene permanentemente activado el sistema de organización de la vida familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El trabajo invisible que sostiene el funcionamiento del hogar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigadora <a href="https://www.allisondaminger.com/">Allison Daminger</a> describe la carga mental como un proceso compuesto por cuatro grandes funciones cognitivas interrelacionadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. Anticipar necesidades</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Implica prever situaciones antes de que se conviertan en problemas: detectar que una niña necesitará materiales escolares el próximo mes, prever una cita médica pendiente o recordar que se acerca una celebración familiar son ejemplos cotidianos de esta función.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. Identificar opciones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez detectada una necesidad, surge la tarea de evaluar posibles alternativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comparar precios, buscar actividades, valorar horarios o elegir la opción más adecuada requiere tiempo y recursos cognitivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Tomar decisiones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Decidir implica asumir responsabilidad. Incluso las pequeñas decisiones repetidas diariamente generan un esfuerzo acumulativo: qué comprar, cómo organizar las tareas domésticas, quién recoge a los niños o cómo gestionar determinados gastos familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Supervisar y controlar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no termina cuando se toma una decisión. También incluye comprobar que las tareas se realicen, recordar compromisos pendientes y corregir posibles problemas. Esta supervisión constante convierte la carga mental en una actividad prácticamente ininterrumpida. Por ese motivo, muchas mujeres explican que, incluso cuando descansan físicamente, sienten que su mente continúa trabajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La responsabilidad no se reparte de forma equitativa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación actual muestra que la carga mental no se distribuye de manera homogénea dentro de las parejas. En las relaciones heterosexuales, son las mujeres quienes suelen asumir una proporción significativamente mayor de las tareas de planificación, organización y supervisión doméstica, independientemente de su nivel educativo, situación laboral o ingresos económicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este fenómeno no puede comprenderse únicamente como el resultado de elecciones individuales. La perspectiva feminista nos ayuda a entender que estas dinámicas están profundamente influenciadas por normas culturales y sociales que han atribuido históricamente a las mujeres la responsabilidad principal del cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde edades tempranas, muchas mujeres reciben mensajes explícitos e implícitos que las sitúan como responsables del bienestar emocional, la organización familiar y la atención a las necesidades de los demás. Como consecuencia, acaban interiorizando la idea de que son ellas quienes deben darse cuenta de lo que falta, prever problemas y garantizar que todo funcione correctamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más complejo es que estas responsabilidades suelen percibirse como naturales, haciendo que la desigualdad permanezca oculta tanto para quien la ejerce como para quien la soporta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La doble jornada que nadie ve</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, el feminismo ha señalado una realidad ampliamente documentada: la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral no ha venido acompañada de un reparto equivalente de las responsabilidades domésticas y de cuidado. Muchas mujeres sostienen simultáneamente una jornada laboral remunerada y una segunda jornada relacionada con la gestión del hogar, los cuidados y la organización familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la situación es aún más compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además del trabajo visible, existe una tercera dimensión menos reconocida: la responsabilidad constante de pensar en todo. La suma de empleo, tareas domésticas y trabajo cognitivo invisible genera una acumulación de demandas que puede afectar significativamente a la salud mental y emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo afecta la carga mental a la salud psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia científica señala que una distribución desigual de la carga mental se asocia con mayores niveles de estrés percibido, ansiedad, agotamiento emocional y disminución del bienestar psicológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La razón es sencilla: nuestro cerebro dispone de recursos limitados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona mantiene durante meses o años la responsabilidad permanente de anticipar problemas, resolver necesidades y gestionar múltiples tareas simultáneamente, aparece un desgaste progresivo de los recursos cognitivos y emocionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las consecuencias más frecuentes encontramos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Sensación constante de saturación mental</li>



<li>Dificultad para desconectar o relajarse</li>



<li>Estrés persistente</li>



<li>Ansiedad</li>



<li>Problemas de concentración</li>



<li>Fatiga emocional</li>



<li>Irritabilidad</li>



<li>Sentimiento de soledad frente a las responsabilidades</li>



<li>Disminución de la satisfacción vital</li>



<li>Mayor vulnerabilidad al agotamiento psicológico.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En consulta, este malestar suele expresarse mediante frases como:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Estoy agotada y no sé por qué».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Nunca termino de descansar».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Siento que todo depende de mí».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«No quiero que me ayuden; quiero dejar de ser la responsable de todo».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas experiencias no reflejan fragilidad personal. Son respuestas comprensibles ante situaciones de sobrecarga sostenida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El impacto en las relaciones de pareja</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental no afecta únicamente a quien la soporta. También tiene consecuencias importantes sobre las relaciones de pareja. Cuando una persona percibe que asume la mayor parte de la responsabilidad organizativa, pueden surgir sentimientos de injusticia, resentimiento, incomprensión o falta de reconocimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos casos, los conflictos no aparecen por las tareas en sí mismas, sino por la desigual distribución de la responsabilidad asociada a ellas. La diferencia entre «hacer una tarea porque alguien la ha pedido» y «ser quien recuerda que esa tarea existe» puede parecer pequeña, pero psicológicamente es enorme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diversos estudios han encontrado que cuanto más desigual es la distribución de la carga mental, menor suele ser la satisfacción relacional y mayor la presencia de conflictos dentro de la pareja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, la corresponsabilidad no consiste solo en repartir actividades. También implica compartir la planificación, la iniciativa, la toma de decisiones y la supervisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La carga mental también afecta a la relación con una misma</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología humanista entendemos que el bienestar psicológico está profundamente vinculado con la posibilidad de vivir de forma auténtica, conectada con las propias necesidades y coherente con los propios valores. Cuando una persona dedica gran parte de su energía a sostener las necesidades ajenas, puede perder progresivamente el contacto con sus propios deseos, límites y necesidades emocionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres describen que ya no recuerdan cuándo fue la última vez que hicieron algo simplemente porque les apetecía. La sobrecarga mantenida puede generar una sensación de desconexión personal en la que el cuidado hacia una misma queda permanentemente relegado a un segundo plano. Recuperar espacios de descanso, placer, creatividad y autocuidado no constituye un acto egoísta. Es una necesidad psicológica básica y una condición fundamental para el bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La importancia de mirar el problema desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/">perspectiva feminista</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mirada feminista no busca culpables individuales ni generar enfrentamientos entre hombres y mujeres. Su principal aportación consiste en hacer visibles las estructuras y dinámicas sociales que condicionan nuestras experiencias cotidianas. Comprender la carga mental desde esta perspectiva permite dejar de interpretar el malestar como un fracaso personal y empezar a entenderlo dentro de un contexto más amplio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas mujeres no están agotadas porque gestionen mal su tiempo. Están agotadas porque sostienen responsabilidades excesivas durante largos periodos de tiempo. Reconocer esta realidad constituye un paso esencial para promover relaciones más equitativas y saludables.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo puede ayudar la terapia psicológica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La terapia puede ofrecer un espacio seguro para comprender lo que está ocurriendo, validar el malestar y encontrar nuevas formas de relacionarse con una misma y con las personas del entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo terapéutico puede ayudar a:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Identificar fuentes invisibilizadas de sobrecarga</li>



<li>Reconocer y legitimar las propias necesidades</li>



<li>Revisar creencias aprendidas sobre el cuidado y la responsabilidad</li>



<li>Cuestionar mandatos de género internalizados</li>



<li>Desarrollar límites más saludables</li>



<li>Mejorar la comunicación dentro de la pareja</li>



<li>Fomentar dinámicas de corresponsabilidad</li>



<li>Reducir sentimientos de culpa asociados al autocuidado</li>



<li>Recuperar espacios de bienestar personal.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una perspectiva humanista, entendemos que cada persona merece ser escuchada y acompañada en su experiencia particular. Desde una perspectiva feminista, reconocemos que el sufrimiento psicológico no puede separarse completamente de las condiciones sociales y relacionales en las que se produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso&#8230;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga mental es una forma de trabajo invisible que sostiene gran parte del funcionamiento cotidiano de familias y hogares. Aunque frecuentemente pasa desapercibida, sus efectos sobre la salud mental, el bienestar emocional y las relaciones de pareja son profundos y significativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poner nombre a esta realidad no es una cuestión teórica. Es un acto de cuidado. Porque aquello que puede nombrarse también puede comprenderse, compartirse y transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si últimamente sientes que vives pendiente de todo, que no consigues descansar o que la responsabilidad de sostener la vida cotidiana recae excesivamente sobre tus hombros, recuerda que no estás sola. Comprender lo que te sucede puede ser el primer paso para construir una relación más justa contigo misma, con tu entorno y con las personas que te acompañan en el camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental como algo profundamente interrelacionado con el contexto social. Si buscas una psicóloga o un psicólogo para trabajar esta carga mental puedes hacerlo online, en Madrid o Tres Cantos. La terapia psicológica puede convertirse en un espacio en el que apoyar tus cambios. Busca un reparto justo para ti, busca apoyo de profesionales con <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/">mirada feminista</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Jimena Alonso Serra</strong></em></p>
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		<title>Psicología perinatal con perspectiva de género</title>
		<link>https://landanaterapia.com/psicologia-perinatal-con-perspectiva-de-genero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2026 18:30:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[crianza y redes de apoyo]]></category>
		<category><![CDATA[culpa materna]]></category>
		<category><![CDATA[depresión posparto]]></category>
		<category><![CDATA[duelo gestacional y perinatal]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay experiencias vitales a las que a veces cuesta poner palabras o encontrar comprensión por parte del entorno. El embarazo, el parto, el nacimiento de un hijo o una hija o una pérdida gestacional suelen vivirse rodeados de expectativas, consejos y relatos idealizados. Sin embargo, muchas mujeres atraviesan estos momentos acompañadas de emociones para las [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Hay experiencias vitales a las que a veces cuesta poner palabras o encontrar comprensión por parte del entorno. El embarazo, el parto, el nacimiento de un hijo o una hija o una pérdida gestacional suelen vivirse rodeados de expectativas, consejos y relatos idealizados. Sin embargo, muchas mujeres atraviesan estos momentos acompañadas de emociones para las que parece no haber espacio: soledad, miedo, ambivalencia, culpa, tristeza o incluso la sensación de estar viviendo algo muy distinto de lo que esperaban o de lo que les habían contado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando esto ocurre, es frecuente pensar que «algo falla». Pero ¿y si el problema no fuera sentir esas emociones, sino el escaso espacio que nuestra sociedad deja para expresarlas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la psicología perinatal sabemos que muchas de estas vivencias no indican necesariamente la presencia de un trastorno psicológico. En numerosas ocasiones son respuestas comprensibles a una experiencia vital intensa, atravesada por cambios físicos, emocionales, relacionales e identitarios, pero también por las exigencias, los mandatos y las desigualdades que siguen configurando la experiencia de la maternidad. Comprender el malestar desde este marco nos permite dejar de interpretarlo únicamente como un problema individual y empezar a preguntarnos también por el contexto en el que aparece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La maternidad, tanto cuando culmina con el nacimiento de un bebé como cuando se ve atravesada por una pérdida gestacional o perinatal, suele ir acompañada de una enorme atención hacia el embarazo, el recién nacido o la propia pérdida. Sin embargo, con frecuencia la mujer desaparece del centro de los cuidados y de las miradas precisamente en el momento en que más apoyo necesita. En ocasiones, esta ausencia de mirada también termina instalándose en la forma en que las propias mujeres se relacionan consigo mismas, relegando sus necesidades y su bienestar a un segundo plano. Ese desplazamiento de la mirada hacia el cuidado ajeno constituye uno de los escenarios donde la culpa encuentra más fácilmente la forma de instalarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gestación, el parto y el posparto suponen una adaptación intensa a nivel físico, hormonal, emocional y relacional. Al mismo tiempo, la identidad continúa reorganizándose. Ya no soy solo hija, pareja, hermana, amiga o trabajadora; ahora también soy madre. Y con ese nuevo lugar aparecen expectativas, responsabilidades y preguntas sobre quién debería ser y cómo debería ejercer ese rol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro <em>Los hijos que fuimos, los padres que somos</em>, <a href="https://www.beatrizcazurro.com/">Beatriz Cazurro</a> explica cómo aprendemos a ser madres y padres después de haber sido previamente hijas e hijos. Es decir, llegamos a este nuevo lugar con un conjunto de aprendizajes, experiencias y modelos de referencia que, de forma más o menos consciente, nos indican cómo creemos que deberíamos maternar o, en ocasiones, cómo no queremos hacerlo para alejarnos de aquello que vivimos en nuestra propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proceso puede hacer que la maternidad se viva desde un cuestionamiento constante. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estoy siendo la madre que mi hijo o hija necesita? ¿Por qué siento esto si se supone que debería estar disfrutándolo? Son preguntas que muchas mujeres comparten y que, sostenidas en el tiempo, pueden convertirse en una importante fuente de agotamiento emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, ser madre hoy no es lo mismo que haberlo sido hace diez o veinte años. La realidad social, económica y política cambia constantemente, y los modelos heredados no siempre encuentran un lugar sencillo en las condiciones de vida actuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>¿Dónde está mi tribu?</em>, Carolina del Olmo sitúa precisamente la maternidad en este contexto histórico. Describe una sociedad cada vez más individualizada, donde las redes de apoyo se han ido debilitando y donde muchas familias afrontan la crianza con escasos recursos comunitarios. Al mismo tiempo, reflexiona sobre el legado de generaciones anteriores de mujeres que, en la conquista de derechos fundamentales como el acceso al empleo o la independencia económica, asumieron también una doble o incluso triple jornada de trabajo, combinando el empleo remunerado con el peso mayoritario de los cuidados y las tareas domésticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello configura el escenario en el que hoy muchas mujeres intentan maternar. Un escenario donde las dudas, la soledad, la ambivalencia o la culpa encuentran un terreno fértil y que, en ocasiones, puede favorecer la aparición de ansiedad, depresión posparto, otros problemas de salud mental perinatal o distintas formas de malestar psicológico y físico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La culpa merece una reflexión especial. Solemos vivirla como una emoción íntima, como si hablara exclusivamente de nuestra manera de ser o de nuestra forma de maternar. Sin embargo, diferentes autoras feministas llevan décadas invitándonos a ampliar la mirada. Adrienne Rich ya diferenciaba entre la experiencia de ser madre y la institución de la maternidad, señalando cómo esta última impone ideales y expectativas prácticamente inalcanzables para las mujeres. Más recientemente, autoras como <a href="https://esthervivas.com/">Esther Vivas</a> han mostrado cómo el modelo de maternidad intensiva continúa situando a las madres como principales responsables del bienestar de sus hijos e hijas, incluso en contextos donde las condiciones materiales y las redes de apoyo hacen muy difícil sostener esos ideales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la culpa deja de entenderse únicamente como una emoción individual para convertirse también en un fenómeno social. Cuando una mujer siente que cualquier necesidad propia entra en conflicto con el cuidado de los demás, es mucho más probable que renuncie a ella sin necesidad de que nadie se lo imponga de forma explícita. En este sentido, la culpa actúa como un potente mecanismo de regulación social que contribuye a mantener determinados mandatos de género y un modelo de cuidados que continúa descansando, en gran medida, sobre las mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como plantea también Silvia Federici al analizar la historia de los cuidados, cuanto más se presenta el cuidado como una expresión «natural» del amor femenino, más difícil resulta reconocer el esfuerzo, el desgaste o la ambivalencia que puede acompañarlo sin sentir que se está fallando como madre. Así, experiencias tan humanas como el cansancio, la necesidad de descanso, el deseo de recuperar espacios propios o la frustración terminan interpretándose con demasiada frecuencia como un fracaso personal, cuando en realidad también hablan de las condiciones sociales en las que hoy se ejerce la maternidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender la culpa desde esta mirada no significa restar importancia al sufrimiento, sino dejar de atribuirlo exclusivamente a las características individuales de cada mujer. Significa reconocer que muchas veces el malestar no nace solo de lo que una madre siente, sino también de aquello que se espera de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, durante este proceso de reorganización de la identidad resulta importante detenerse a observar cuáles son los mandatos que se han interiorizado, qué modelos de maternidad están funcionando como referencia, cuál es el contexto concreto en el que cada mujer está intentando criar y qué emociones o necesidades no han encontrado todavía un espacio seguro para ser nombradas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Landana Terapia, nuestra consulta de Tres Cantos es frecuente escuchar frases como:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero ser una madre diferente a la mía, pero no sé cómo hacerlo.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero tener espacios de autocuidado, pero me siento mal cada vez que dejo de priorizar las necesidades de los demás.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero trabajar, cuidar de mi hijo/a, mantener la casa, hacer deporte, estar presente y hacerlo todo bien, pero siento que no soy capaz de llegar a todo»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero poner límites y expresar lo que necesito, pero me cuesta hacerlo o me da miedo lo que puedan pensar.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Quiero sentirme comprendida, pero no sé si la que está equivocada soy yo.»</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar estos procesos desde la terapia psicológica no implica buscar una maternidad perfecta ni eliminar todas las emociones difíciles. Implica ofrecer un espacio donde comprenderlas, reconocer de dónde vienen, cuestionar aquellos mandatos que generan sufrimiento y construir una forma de maternar más conectada con la propia realidad que con los ideales impuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <a href="https://landanaterapia.com/">Landana Terapia</a> entendemos la salud mental perinatal desde esta mirada amplia, donde la historia personal, las relaciones y el contexto social forman parte del mismo proceso. Si buscas una psicóloga o un psicólogo especializado en embarazo, posparto o duelo<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"> perinatal</a> en Madrid o Tres Cantos, la terapia psicológica puede convertirse en un espacio desde el que atravesar estos cambios con mayor comprensión, cuidado y acompañamiento. Busca apoyo de profesionales con<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-de-psicoterapia-feminista/"> mirada feminista</a>. Porque cuidar la salud mental durante la maternidad también significa reconocer que ninguna mujer debería tener que sostenerla en soledad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vanesa Álvarez</strong></p>
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		<title>Sobre la belleza</title>
		<link>https://landanaterapia.com/sobre-la-belleza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 07:38:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Belleza]]></category>
		<category><![CDATA[cánones de belleza]]></category>
		<category><![CDATA[construcción social de la belleza.]]></category>
		<category><![CDATA[deseo y atracción]]></category>
		<category><![CDATA[efecto halo]]></category>
		<category><![CDATA[estética y ética]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Israel Sánchez es psicólogo y licenciado en Bellas Artes. Ha dedicado su vida a reflexionar sobre las relaciones interpersonales y a proponer alternativas capaces de trascender algunos de sus conflictos más difíciles. Nos conocimos hace un par de años, entre copas de vino y conversaciones sobre feminismo, y desde entonces hemos cruzado ideas, lecturas y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#f0f0f0"><br>Israel Sánchez es psicólogo y licenciado en Bellas Artes. Ha dedicado su vida a reflexionar sobre las relaciones interpersonales y a proponer alternativas capaces de trascender algunos de sus conflictos más difíciles. Nos conocimos hace un par de años, entre copas de vino y conversaciones sobre feminismo, y desde entonces hemos cruzado ideas, lecturas y obsesiones: los celos, la literatura y la escritura, la psicoterapia feminista, las mariposas y, por supuesto, las relaciones humanas. Ahora trabajamos juntas en Landana terapia, la clínica de psicología que yo dirijo en Tres Cantos y hoy volvemos a conversar. Esta vez, sobre la belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Cuando hablamos de belleza, parece que hablamos de algo evidente, casi inmediato. Sin embargo, en cuanto intentamos definirla, todo se complica. Voy a empezar por preguntarte lo que te preguntaría Sócrates si estuviera aquí ahora mismo hablando con nosotras: ¿qué es la belleza? ¿La belleza es una muchacha bella?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Eso es lo que contesta Hipias como punto de partida, y luego Sócrates lo irá corrigiendo. A mí me gusta porque expresa muy bien dos ideas. La primera es que lo primero a lo que referimos el concepto de belleza tiene que ver con la atracción sexual, con señalar cuerpos; no paisajes ni estéticas de interés secundario. La estética originaria es la de las personas. La segunda idea que expresa brillantemente es que se trata de una definición circular porque estamos ante un concepto intersubjetivo: la belleza es una muchacha bella; la belleza es la belleza. ¿Qué es la belleza? Aquello que yo digo que es la belleza, aquello que se está diciendo que es la belleza. Entonces, lo que tengo que saber no es qué es bello con respecto a unos parámetros que se pueden traducir visualmente, sino a quién se está llamando bello para poder lanzarme a su conquista. Esa es la verdadera relación con la belleza. Después Sócrates irá introduciendo el deber ser. Sí, es bello lo que decidimos que es bello. Pero las razones por las que lo decidimos, ¿son buenas? ¿Funcionan? ¿O tenemos el gusto desorientado?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> A mí me interesa, precisamente, cómo la construimos y si podemos elegir, de alguna forma, lo que nos parece bello. Te he escuchado hablar sobre esto y me interesa aquello que favorece que aparezca, o se mantenga, el deseo erótico por otras personas. Una de esas cosas que favorecen el surgimiento del deseo es, precisamente, considerar a la otra persona bella, guapa, atractiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> En mi opinión, efectivamente, el gusto es modificable, y lo que entendemos como bello puede transformarse mediante intervenciones adecuadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que hay pruebas por todas partes de que nuestros gustos cambian. Pueden adaptarse, y lo hacen, a aquello que poseemos y, sobre todo, a aquello a lo que podemos aspirar. Al mismo tiempo, recibimos un mensaje erróneo y radicalmente desempoderante: que lo que consideramos bello reposa sobre un sustrato inamovible. La causa de esta contradicción con la que nos hacemos daño es que no tenemos una estrategia organizada para transformar nuestro gusto. Nos encontramos con variaciones del gusto, resultado de coyunturas individuales, que se transforman constantemente, generando un caos ingente, un gris neutro general. Por eso nuestro sentido del gusto es muy heredero y muy parecido al sentido del gusto que hemos tenido siempre. Dentro de esa continuidad, sin embargo, podemos detectar modificaciones puntuales eficaces, modificaciones que funcionan de manera sistemática pero que nunca, como decía, hemos organizado con el objetivo de conseguir un gusto más funcional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De modo que la respuesta, como a cualquier otra pregunta, es: sí, podemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Cuando dices que ha habido modificaciones puntuales, ¿te refieres a que en determinados momentos se ha considerado bonito cierto tipo de cosas, de personas, de objetos, de colores o de paisajes, y a que todo eso cambia? Porque, efectivamente, se defienden algunos ideales de belleza como si fueran naturales, objetivos o universales. Sin embargo, esos ideales cambian según la época, la cultura, la clase social&#8230; Cambian en el ciclo largo y sabemos que también cambian en el ciclo corto. Si nos fijamos en la moda, por ejemplo, las estrategias comerciales consiguen modificar nuestro gusto por las prendas de vestir, sus colores, sus formas&#8230; y esto nos pasa cada temporada, es decir, varias veces al año. ¿Qué claves nos da esa variabilidad sobre la fragilidad de nuestros criterios estéticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> El ejemplo cliché es el de las mujeres de Rubens. En determinado momento histórico parece que había un índice de masa corporal considerado bello diferente al que consideramos bello hoy. Yo creo que un movimiento tan significativo puede ser una excepción porque, como digo, la evolución antes y después es caótica y tiende a retornar a determinados centros gravitatorios. Pero es una excepción célebre que nos demuestra que el cambio es posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que pasa es que ninguna sociedad se ha planteado nunca como objetivo que el canon de belleza se derive del índice de masa corporal saludable. Ninguna sociedad lo ha intentado. Pueden llegar a planteárselo personas, grupos profesionales, microgrupos sociales amistosos, familiares o de afinidad, pero no podemos decir que hayamos fracasado en el intento de controlar culturalmente lo que nos parece bello, porque nunca lo hemos intentado. Eso sí sucede en otros espacios de la estética. Ahí sí ha habido cambios drásticos, y los gustos han cambiado también drásticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> ¿A qué otros espacios te refieres y por qué ha habido grandes variaciones ahí? ¿Crees que en esos otros espacios de la estética sí ha habido estrategias?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> No ha habido estrategias, pero sí cambios generales que transformaban casi por completo el objeto de culto. Un ejemplo muy claro es el del cultivo del gusto por lo tecnológico, los constructivismos, las estéticas geométricas y de lo manufacturado, que tenían que ver con la industrialización de nuestros paisajes. O, a la inversa, al gusto por lo sublime: la naturaleza titánica, salvaje e irreductible como respuesta a la supuesta vanidad humana que se deleitaba en esa producción propia. Esos dos extremos habían quedado fuera del gusto general hasta la Revolución Industrial y, sin embargo, desde entonces se incorporan a nuestro gusto canónico. Después vuelven a modificarse, pero para entonces ya han producido cambios perfectamente radicales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el mundo de las artes plásticas, la literatura y, en general, en toda la estética que no se refiere al cuerpo humano o a la estética de las personas, los cambios son extremos. ¿Por qué? Porque no había un plan aplicado sobre la estética, pero la estética estaba hablando de un mundo que había cambiado de manera muy profunda. Las personas, sin embargo, seguían siendo más o menos las mismas; por eso su estética también lo era.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Cuando intentamos explicar por qué algo es bello, nuestras explicaciones —salud, juventud, proporción, fertilidad&#8230;— siempre acaban haciendo aguas, porque encontramos excepciones, contradicciones e intereses ideológicos. ¿Por qué resultan tan inconsistentes las tentativas de fundamentar nuestros cánones estéticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Porque del mismo modo que no tenemos plan de politización, tampoco tenemos plan de conceptualización. No nos lo preguntamos de verdad. No desde el pensamiento crítico. No repreguntamos. Hacerlo sería reconocer la arbitrariedad del juicio estético y, por tanto, lo trivial de su valor. Y ese valor, como todo el mundo sabe, cotiza. Si tengo algo bello, quiero poder decir que lo es por razones incontestables, no porque está asociado a determinadas cosas beneficiosas de las que podría desasociarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo: si tengo unas manzanas grandes y brillantes que puedo vender caras porque lo grande y brillante está asociado a la superioridad entre iguales y por tanto es experimentado como bello, no me conviene que se descubra que no tienen sabor y que el brillo es artificial. Cuando eso se sepa, esos rasgos asociados a lo bello se desasociarán, y leeremos la grandeza y el brillo como rasgos de fealdad. El mercado del arte es un buen reflejo de esto. La manera de que una obra de arte conserve su valor como inversión es que se siga diciendo de ella que contiene belleza. Hay otros factores, pero este es el que los sintetiza todos. Si preguntas a un coleccionista qué diferencia un Warhol caro de uno barato te dirá cosas perfectamente triviales como que debe incluir el color azul, es decir, empleará mecanismos de identificación a partir de los cuáles recreará la sensación de belleza. Y se la creerá, es decir, la sentirá.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana</strong>: Antes has hablado de moral. ¿Qué tiene que ver la belleza con la moral?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel</strong>: Todo. Continuemos con el ejemplo de las manzanas. Si la belleza de las manzanas es moral porque influye sobre el destino de las manzanas y, por tanto, aunque sea levemente, sobre la vida de las personas, imagina la influencia que tiene la belleza de las propias personas. Ahora que sabemos que tenemos libertad sobre ella, que podemos elegirla y, a partir de nuestra elección, construirla, emerge como una cuestión moral inmediata y de primera magnitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente problema moral ineludible es cuánto podemos aumentar nuestro poder sobre la belleza. Desde los razonamientos que estamos manejando concluimos que tenemos algún poder, pero podemos adivinar fácilmente que no es tan grande como quisiéramos. Toda la libertad que no consigamos conquistarle a la belleza será un bien que no podremos llevar a cabo. De modo que no solo tenemos que intervenir donde podemos hacerlo, sino que debemos esforzarnos por ampliar el marco de intervención y mejorar nuestras herramientas para ajustar nuestro gusto a lo que creemos que debe gustarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Entonces, para que quede bien atada la idea: ¿la belleza se vuelve una cuestión moral precisamente porque es mudable? Si no pudiéramos tocarla, solo podríamos padecerla; pero, si cambia y podemos intervenir en ella, ¿tenemos alguna responsabilidad sobre lo que decidimos seguir llamando bello?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Exactamente. Cada vez que descubrimos que podemos influir sobre algún aspecto de nuestro gusto, descubrimos a la vez que tenemos la obligación de hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Antes me ha dado la sensación de que planteabas más confianza en poder intervenir si se hace desde lo social, desde grandes grupos, alcanzando un consenso sobre qué se puede considerar bello. Pero yo no sé, en el plano individual, si esto te lo has preguntado; incluso a lo mejor tienes, sabes o has probado técnicas, maneras de influir sobre el gusto propio. ¿Cuánto margen individual crees que tenemos para intervenir?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> El margen individual lo conocemos más. Hasta cierto punto, hemos experimentado con nuestra agencia en él. Hablo de margen plenamente individual: personas aisladas en los objetivos y en las intervenciones. Personas convenciéndose a sí mismas de que, por razones morales o no, les gusta algo que antes no les gustaba, o a la inversa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de la intervención individual no es solo que carece de la herramienta fundamental que connotaba Hipias, la opinión de la otra persona, sino que esa otra opinión acude expresamente a deshacer su trabajo. No se trata solo de que no dispongo de nadie más para decirme que es bella la muchacha que yo creo que debe ser considerada bella, sino de que el mundo me está presentando constantemente a otras como más bellas que la que yo designo. Por cierto, sin querer acabo de resumir en dos frases el problema del <em>gamos, </em>es decir, de las relaciones de pareja en todas sus formas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a la pregunta por lo colectivo: todos los discursos que enuncian lo bello influyen en su determinación. Los que tienen más voz influyen más y los que tienen menos voz influyen menos. La pregunta sobre si necesitamos una coordinación macrosocial o podemos abordar el problema individualmente obvia que nuestra agencia no está en ninguna de esas dos formas extremas de organización. Nuestra agencia, nuestra libertad, está en la coordinación entre sujetos: primero en grupos pequeños y después en grupos mayores, que deben buscar crecer para maximizar su poder y generar espacios con suficiente fuerza inmersiva como para que el gusto se independice de la influencia macro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no lo hemos trabajado. Por supuesto, lo hemos hecho con una persona que decide que quiere que su pareja, o ella misma, le resulte atractiva; a veces procurando transformar su gusto de manera muy estructurada, en terapia, por ejemplo. Pero nunca tiene una amistad para eso, nunca tiene una compañera que la apoye en ese sentido de una manera comprometida y consistente, porque no hay una propuesta a la que recurrir. El beneficio que una persona busca al modificar el valor estético de su pareja va en detrimento del valor estético de la pareja de la amiga que debería colaborar en esa modificación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay una estética común porque no hay una ética común sobre la estética. Por tanto, la fuerza de cada sujeto es muy pequeña y está contrarrestada por quienes lo rodean. Más allá de lo que influye la publicidad, estoy siempre rodeado de otras personas que luchan porque su propio valor crezca y se benefician de que el mío disminuya.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> A veces sí hay otra persona. Estoy pensando en mujeres que deciden valorar el cuerpo de la mujer tal cual es y no luchar contra la celulitis, contra las formas femeninas o contra la distribución de la grasa corporal en el cuerpo femenino. O en todas esas mujeres que ahora deciden dejar de teñirse el pelo y aceptar que la belleza puede estar también en tener canas y llevar el pelo gris. Ahí sí hay cierto acompañamiento. A lo mejor no de personas muy conocidas para todo el mundo, y no es algo muy estructurado, pero sí se convierte en una tendencia. Puede ser minoritaria, pero está ahí. ¿Eso podría ser una forma?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Sí, y creo que funciona. Pero lo que describes es poca cosa en el sentido de que está muy lejos de estructurar una estética. Es solo la lucha contra una conducta determinada que resulta alienante o dañina, como tener que teñirse el pelo sistemáticamente. Cuando eso se intenta, creo que lo normal es que se triunfe, que se tenga éxito, si hay un mínimo de colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que no hay confianza suficiente, o no hay estructuración intelectual suficiente, sobre la relación entre estética y ética, como para decir: vamos a convertir esto en un modelo de condición humana, en un modelo de cuerpo y en un modelo de afecto y reconocimiento hacia ese cuerpo. Ese proyecto no lo encontramos en ningún sitio. Si se llevara a cabo, el cambio sería asombroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Ya, pero ahí hace falta el consenso de una parte de la población que jamás va a…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Hace falta que las amistades, las personas afines, dejen de luchar entre sí. Hace falta que todo el mundo diga: bueno, ¿cuál es el peso que vamos a elegir? ¿El de esta persona que hoy se considera obesa, el de esta persona que se considera demasiado delgada, o el de esta persona que está obteniendo beneficio del reconocimiento público porque coincide con criterios normativos? Es muy probable que esta última no vaya a suscribir el proyecto, sino que considere a sus supuestas afines como enemigas. Reivindicará el gusto normativo y será una traidora dentro de la lucha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso es necesario que el compromiso sea plenamente ético. Es decir, que nos entendamos como colectivo y reflexionemos sobre qué es lo bueno para ese colectivo. Yo tengo que hacer un sacrificio. Vamos a ir hacia un peso concreto, un IMC concreto que entendamos que es más saludable, que se adapta a cada constitución o a lo que sea, pero que tiene que ver con la vida buena. Independientemente de que yo esté reduciendo mi valor individual, necesito entender la ganancia como aumento del valor del colectivo al que pertenezco. Y necesito entenderla también como pérdida de independencia: a partir de ahora, para mantener todo este poder de reconocimiento hacia mi cuerpo que proyecta el colectivo, tengo que seguir perteneciendo al grupo. Ahora formo parte de algo más grande, que me da más poder, pero en lo que me tengo que quedar, respetando las reglas, si no quiero perder ese poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Me pierdo un poco en esto del colectivo. No sé cómo verlo, cómo imaginarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Pensemos en un grupo de trabajo sobre este tema. Ese grupo establece una estética: llega a la conclusión de que unas determinadas conductas son empoderantes para el grupo y decide incentivarlas despertando su belleza. Esa es la primera parte de la estrategia. Podemos llamarla de descubrimiento o de establecimiento de la belleza. Es lo mismo. Es establecimiento porque se trata de una belleza que antes no existía como tal, pero también es descubrimiento, despertar, porque la belleza está latente en la bondad, o en la funcionalidad, si queremos expresarlo de un modo más práctico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una belleza que podemos entender, pero que aún no sentimos. Para sentirla se implementa la segunda parte de la estrategia, la más potente, que podemos llamar de objetivación interpersonal. Yo entiendo que algo es bello y que puede ser sentido como bello, pero lo que acrecienta definitivamente mi capacidad de sentirlo es descubrir que otras personas también lo consideran bello, que se comportan ante ello como ante una cosa bella. Entonces sabré que, si logro asociarme a esa cosa bella, no solo tendré mi propia satisfacción como poeta solitario, sino que experimentaré la sublimidad por antonomasia: la del empoderamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una definición abracadabrante de belleza y, seguramente, una de las más precisas que podemos proporcionar: la belleza es la intuición de empoderamiento a través de los sentidos. Vemos enseguida que es coherente con usos más excepcionales del concepto, sobre entes no sensibles, por ejemplo, como las ideas. Cuando una idea nos parece bella es que estamos intuyendo en ella la capacidad de empoderarnos. Y, si es una belleza plena —es decir, no solo un atractivo, sino una belleza que nos resulta pura, noble, hermosa—, entonces ese empoderamiento parece llegarnos a través del bien o de la verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Me cuesta mucho verlo con la conducta. Sigo necesitando un ejemplo total y absolutamente concreto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> No me extraña. Vamos a ayudarnos con el concepto de virtud. Pensemos en una virtud que nos parezca necesaria para nuestro colectivo como, por ejemplo, el compromiso con la verdad, eso que en la Grecia clásica se llamaba parresía, y que se diferencia de la sinceridad en que no es una indefensión ante el interrogatorio, sino una disposición activa a establecer ideas verdaderas dentro del grupo. La persona sincera actúa a corto plazo, movida por su deseo de no ser considerada mentirosa. Quien se compromete con la verdad incluye el cálculo de consecuencias y busca que, a la larga, la aproximación colectiva a lo verdadero sea la máxima posible, incluso arriesgando el crédito de su palabra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo podría esta virtud expresarse de forma sensible, de modo que podamos percibirla como belleza? Tendríamos que hablar de acciones bellas, claro. Y tendríamos que hablar de indicios sensibles que suelan acompañar a esas acciones bellas, como, tal vez, la sencillez. En última instancia, tendríamos que echar mano del efecto halo y atribuir belleza a las manifestaciones sensibles coyunturales del sujeto que está comprometido con la verdad. Es decir, acabaríamos viendo belleza en sus formas, fueran las que fuesen, porque intuiríamos que son el resultado de su compromiso con la verdad. De ese mismo modo el gusto normativo ve belleza en la musculatura porque intuye fuerza en ella, aunque no tenga la certeza de que esa fuerza esté presente, o de que sea funcional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así actúa, en la práctica, un grupo de amistades, un grupo de activistas o cualquier grupo con cierta estabilidad e interés común. El colectivo al que pertenecemos se convierte en algo importante en nuestra vida porque en él se nos reconoce más de lo que se nos reconoce fuera. Una de las razones es que ese colectivo ha sido educado, inconscientemente, en nuestra belleza específica, en la belleza de nuestra conducta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Sí. Estaba pensando también en el ejemplo anterior, en la dificultad para entender la belleza como lo bueno. Ahora escuchamos: “esa tía está muy buena”, “ese tío está muy bueno”. Hay un consenso claro en el que todo el mundo sabe que esa persona tiene esto o lo otro: más tetas, apariencia joven, pelo largo, delgadez&#8230; Hay un consenso grande. Sin embargo, asociar lo bueno con la belleza plantea ese problema de traducción a lo visual. ¿Cómo puede percibirse la belleza del compromiso con la verdad, y en qué medida puede consensuarse? La salud no produce tipos concretos de cuerpos necesariamente reconocibles. ¿Estaríamos hablando de procesamientos más profundos del juicio estético? ¿No llevaría esto a la pérdida del consenso?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Lo has dicho muy bien: hay consenso, y solo consenso, porque no hay teoría tras el consenso. No, no creo que el consenso se pierda, sino que, como sucede en el juicio sobre las obras de arte cuando este se produce fuera del mercado, el consenso es complejo, matizado, resultado de la formación del gusto y de un análisis profundo. Ya no es la primera impresión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre quienes no tienen interés por la pintura hay un consenso espontáneo relacionado con que son más bellos los colores brillantes, los colores pastel, el realismo fotográfico o la representación de objetos valiosos. Nadie que esté verdaderamente interesado en la pintura, que se responsabilice de su gusto, va a participar de ese consenso. Al contrario: va a entender que es perfectamente despreciable —y superable—, y avanzará hacia otro más rico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, con la estética de los cuerpos, con la estética de las personas, nos pasa lo contrario: aceptamos el gusto más simple, incluso vulgar, como si respondiera a una objetividad evidente, y no elaboramos ninguna comprensión sobre el objeto. Podríamos alegar algo falso pero verosímil: que el gusto es más simple porque el objeto es más simple y su recepción también lo es. Pero es que ni siquiera con algo tan simple como la comida adoptamos ese criterio. Al contrario, alentamos la sofisticación y la sutileza mediante el desarrollo de una comprensión profunda del objeto estético, aunque sea una croqueta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me viene a la cabeza la bochornosa ocasión en que Fernán Gómez se preguntaba por qué le iban a atraer a él las mujeres cultas, y decía que a esas podía quererlas, en todo caso, para que le dieran clase una hora a la semana. Fue ejemplar, porque cualquiera que no sea un miserable, es decir, que no tenga un gusto orientado hacia antivalores, puede sentir ante esa frase que su autor pierde belleza solo por pronunciarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, sobre esto no tenemos ningún tipo de propuesta. No tenemos nada que pueda compararse, ni remotamente, con los millones de páginas que se han escrito sobre por qué es bello <em>Las Meninas</em>. Sobre esta obra, cuyo juicio estético es complejo, sutil y altamente conceptual, hay un amplio grado de consenso y un buen número de juicios parciales coincidentes relacionados con cosas que no son ni ligeramente evidentes. Nunca te pones delante de <em>Las Meninas</em> y dices: “qué bien pintado está”. Y es que ese juicio inmediato y espontáneo, aparentemente verdadero y universal, sería en realidad muy fácilmente refutable. Si te pones delante de <em>Las Meninas</em> y dices “qué bien pintado está”, cualquiera te puede decir: mira el siguiente cuadro, que también está muy bien pintado; pasa a la siguiente sala, y así a lo largo de cientos de pinturas solo en ese museo. Desde un juicio superficial, la belleza de <em>Las Meninas</em>, de la <em>Odisea</em> o de la <em>Novena Sinfonía</em> de Beethoven es totalmente relativizable. Recuerdo a un compañero de instituto, gran fan de <em>El Señor de los Anillos</em>, que experimentaba ante esa obra un sentimiento sublime de belleza. Al leer la <em>Ilíada</em> dijo, sin pudor, que lo había decepcionado. Me pareció divertido, y es paradigmático, que pensara que la <em>Ilíada</em> tenía que adaptarse a su gusto forjado en la obra de Tolkien, y no que su gusto debía adaptarse a la estética de la <em>Ilíada</em>. La consecuencia de este gusto mal formado es el peor de los desempoderamientos: la ignorancia. En este caso, nada menos que de Homero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como he mencionado antes al referirme a los colectivos de pertenencia, con frecuencia llevamos a cabo esta sustitución del juicio simplista por otro más elaborado cuando juzgamos a las personas cercanas, especialmente a las que queremos. Pero tenemos mucho miedo a que deje de parecernos bien el gusto normativo. Tenemos mucho miedo a perseguir valores que el mercado no vaya a reconocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> ¿Y qué respondes a los discursos que fundamentan nuestras normas estéticas en factores objetivos?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Que son, en su inmensa mayoría, sociobiologicistas, es decir, explican la conducta humana actual a través de especulaciones indemostrables sobre qué conductas fueron adaptativas para las primeras sociedades, razón por la que habrían quedado grabadas en nuestros genes y constituirían ahora una tendencia natural irresistible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cualquiera de esos argumentos se refuta con facilidad si lo explicamos por razones mucho más sencillas y abiertas a la libertad. Por ejemplo, la idea de que en nuestros genes está inscrita la búsqueda de cuerpos simétricos porque connotan salud, y de que la satisfacción de ese instinto genera placer estético, es más costosa, compleja, peor que la idea de que buscamos cuerpos valiosos, sea cual sea su forma, porque los cuerpos a los que nos asociamos son indicadores de nuestro propio valor, es decir, de nuestro empoderamiento real, que en sí mismo es la máxima y más trascendente expresión y experiencia de placer. El sociobiologicismo dice que nuestro gusto está determinado por un impulso inconsciente hacia la conservación de la especie. Aquí estamos diciendo que lo está por la tendencia a aumentar nuestro poder individual, que es, seguramente, la más consciente de las fuerzas que nos mueven.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Te he escuchado hablar también del efecto halo y de cómo tendemos a atribuir a las personas que consideramos más guapas cualidades positivas, tanto morales como intelectuales. Y te he escuchado hablar de este efecto halo al revés. Quiero que me cuentes esto, que me lo cuentes bien. ¿Cómo podría funcionar esto a la inversa?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Lo que llamamos efecto halo es la asociación disfuncional entre la belleza y el bien: la atribución de cualidades buenas a lo que consideramos bello, lo que nos convierte en marionetas de la belleza. Pero yo pienso que este efecto es minoritario con respecto a su contrario, es decir, a la atribución de belleza a lo que nos parece bueno. Creo que ese es el verdadero funcionamiento del gusto, del que hablamos aquí. Y ese funcionamiento nos demuestra no solo que podemos actuar sobre el gusto y conformarlo de forma elegida, sino que así es como actúa el gusto espontáneamente: siempre a la búsqueda de lo que es bueno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Entonces, ¿podríamos formular una definición de belleza como intuición de lo bueno? Es decir: ¿lo bello sería aquello en lo que percibimos, de manera más o menos inmediata, una promesa de bien?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Eso es. Esa sería, por cierto, la definición definitiva de Platón. Consideramos bello aquello en lo que intuimos bondad sin verla. Platón consideraba que tenemos esa cualidad de manera innata porque nuestras almas están conectadas con el bien. Era su manera casi prefilosófica de decir que, si no nos molestan, si no nos engañan, aprendemos a diferenciar intuitivamente lo bueno de lo malo, y que esta intuición se experimenta como gusto estético, como percepción de belleza. Antes lo he llevado un poco más lejos y he hablado de intuición de empoderamiento. Es una diferencia de matiz. Lo bueno lo es porque nos empodera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Antes me decías que hay algo completamente arbitrario en considerar algo como “bello”. Arbitrario y también muy relacionado con la competición.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Arbitrario y necesario a la vez. Tenemos la belleza que resulta necesariamente del hecho de que todas las personas, efectivamente, compitamos contra todas. A la vez, esa belleza está sujeta a las contingencias de esa competición: a la constitución de los sujetos en pugna, al terreno sobre el que compiten, a la aparición de factores inesperados&#8230; Lo bello, tal y como lo entendemos, puede ser cualquier cosa y su contraria. Pero toda conducta se da en el marco de la competición, es decir, de la lucha, porque siempre hay, en mayor o menor medida, falta de consenso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A nivel general, la belleza es el factor de más peso en la atracción interpersonal. Esto es así no solo porque es lo primero que vemos, sino sobre todo porque es lo primero que ven otras personas, lo primero que se va a ver de nuestra relación. La belleza que logremos conquistar determina nuestro puesto en el grupo formado por el alcance de la visión. Por supuesto yo no actúo así, ni tú, ni nuestrxs lectorxs, ni nuestrxs pacientes… Sin embargo alguien debe de estarlo haciendo, porque la investigación no ofrece dudas. Y luego está eso tan curioso de que quienes forman las parejas suelen tener un atractivo similar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> A mí me llama mucho la atención la relación de la belleza con la edad. La belleza está muy asociada a cuerpos y personas jóvenes. Muy jóvenes. Sin embargo, las personas con más poder social son las personas mayores, y no parecen capaces de revertir esos cánones tan establecidos ni de utilizarlos en su beneficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> No lo parecen. Sin embargo, cuando estos cánones caen bajo el influjo directo de esas personas, se modifican profundamente. Descubrimos que el entorno de Berlusconi estuvo diciendo hasta el final que era un hombre atractivo, un hombre irresistible. Nosotras no estamos en su entorno. Para mí es muy fácil decir que Berlusconi era un señor que no obedecía a los cánones estéticos porque yo solo recibo mensajes a favor de su atractivo durante cinco segundos al mes, mientras que el resto del tiempo recibo mensajes a favor del gusto normativo. No es que no esté bajo su influencia, pero lo estoy bajo otras que la compensan. El propio Berlusconi metía en mi casa, a través del televisor, un discurso violentamente normativo sobre lo bello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caemos en formas de vanidad muy propias de la subalternidad que nos ha correspondido. Pensamos, por ejemplo, que a pesar de esa subalternidad, tenemos una visión no distorsionada de la vida y, en este caso, del gusto; una visión vinculada, además, a valores nobles y realistas. Es humillante aceptar que, si estuviéramos en los espacios de poder, nuestra mirada sería totalmente distinta y descubriríamos allí qué es lo que verdaderamente está moviendo el mundo. No quiero decir que fuéramos a encontrarnos con el imperio de la belleza de la tercera edad, pero sí, muy probablemente, con que la efebocracia es un problema que ellxs disfrutan y nosotrxs sufrimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo demás, creo que cualquier edad es inmediata y absolutamente estetizable siempre que se disponga de un pequeño grupo de pertenencia en el que esa orientación del gusto se implemente. Hay que tener en cuenta, a la hora de valorar las posibilidades estéticas de los grupos no normativos, que gran parte de su fracaso en ese ámbito es resultado del abandono de la competición, que se acaba expresando en múltiples formas de autoboicot, como la falta de higiene. Sabemos que las personas que juzgamos como más bellas casualmente suelen ir más arregladas, casualmente huelen mejor, casualmente han desarrollado las habilidades que potencian aún más su belleza y que las diferencian aún más. La belleza suele ser redundante: se exagera a sí misma para parecer objetiva, porque no lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> ¿Tienes alguna idea de por qué dejan de competir? ¿Por qué hay gente que permite ese deterioro y se abandona un poco al no prestar tanta atención a su higiene, a su aspecto ante las demás personas, a cómo aparece?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Porque evalúan que no son eficaces en ese mercado, y ponen su esfuerzo en otros. No les merece la pena tener la piel muy suave, ponerse una pulsera, o una camisa que quede muy bien, porque esa no es una inversión compensada por los beneficios que van a obtener de ella. Algunas personas lo intentan, porque el mercado lo soporta todo, pero son las menos, y su decisión suele ser fácilmente explicable. Algunas personas incluso apuestan por lo contrario como expresión identitaria y propuesta estética, normalmente con el previsible resultado de fracaso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay otra posibilidad, más curiosa, y es que hayan asentado su atractivo como un hábito, que hayan sido atractivas desde muy pronto y lo tengan tan incorporado al autoconcepto que puedan expresarlo en formas aún más imperceptibles relacionadas, por ejemplo, con la expectativa. Hay sujetos que nos están diciendo con su actitud lo normativos que son, aunque en realidad no lo sean. Aprendieron esa actitud durante el periodo en el que fueron normativos, y ahora funcionan como una estafa que, dado que la belleza es cuestión de valor de mercado, logra persuadirnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la muchacha la que dice de sí misma que es bella, pero lo hace como si simplemente reprodujera lo que han dicho otras personas. Decimos: “esta persona tiene un halo, tiene un carisma, es que es&#8230;”. Lo que le pasa es que ha ido desarrollando unas conductas que no somos capaces de analizar, pero que están señalando sobre sí misma un atractivo que todo el mundo acaba reconociendo. Son personas que parecen tener todo lo propio de la belleza, menos la belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Vale. Y, en otro orden de cosas, ¿qué pasa con las personas normales que día a día erotizan y alaban como bellos rasgos que ellas no tienen ni van a tener? ¿Cómo se vive esa contradicción?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Fatal. De manera disociada y desclasada, que es como vivimos en general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay dos razones principales para esa erotización, muy vinculadas entre sí. Una es que nunca terminamos de renunciar a la estética normativa porque nunca terminamos de integrar la valoración que hacemos de otras personas con la valoración que hacemos de nosotras mismas. Es decir, nos seguimos entendiendo como un ojo que solo ve, pero que no es visto. La otra es que nos entendemos además como sujetos íntimamente individuales, polizones de lo común, socialistas de la estética que conservan la secreta esperanza de dar un pelotazo. Estas razones deben ser sacadas a la luz y superadas en el espacio común.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> ¿A qué te refieres con “polizones”?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> A que queremos un reparto de trabajo en el que podamos permitirnos no hacer nuestra parte. Queremos que nuestro cuerpo sea aceptado y, a la vez, admitir como una cosa perfectamente coherente no aceptar cuerpos como el nuestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Pensado así, tal como tú lo planteas, es tremendo&#8230; ¿Por qué la gente haría algo así? ¿Por qué aceptaría un modelo de belleza que no conviene a casi nadie, al que solo podríamos pertenecer con muchísima suerte durante una franja muy breve de la vida, y que es además una cosa muy efímera, complicada, difícil, poco saludable, etcétera? ¿Por qué las personas haríamos algo así?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Es la ley del embudo, que es la representación gráfica de la inmadurez. Aceptamos esa contradicción porque no la confrontamos, porque nuestra moral estética es infantil. Seguimos siendo las criaturas más guapas de mamá, y preservamos el derecho a ser elegidas por la princesa más guapa del reino. Lo normal, cuando confrontamos esta contradicción entre nuestro valor y el valor del mundo, es que renunciemos a nuestro valor porque, si renunciamos al valor del mundo, no habrá lugar en el que objetivar el nuestro. Es decir, perderemos de todos modos, pero ya no habrá lugar en el que volver a jugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La polizonía es, además, la resignación al vínculo esquizofrénico de la condición ciudadana desde que la modernidad instauró la igualdad entre todos los seres humanos. Nuestra cultura política no dice que tengamos que luchar por conquistar la igualdad, sino que ya la hemos conquistado y que las instituciones son garantes de ello. En la práctica, sin embargo, nos somete a desigualdades insultantemente evidentes pero indenunciables. Aprendemos a encontrar nuestro lugar en esa lógica en la que tenemos que decir que queremos lo mismo para todas las personas mientras buscamos lo mejor para nosotras. Esta naturalización de la traición la trasladamos a nuestras relaciones personales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Creo que existe otra razón: que no hay un proceso de reflexión sobre esa norma. Hay una idea de inevitabilidad de la belleza. Tú estás viendo a las anoréxicas de los noventa y sabes que eso ya no se considera bonito, y a la vez estás pensando que no puedes dejar de considerar preciosa a la modelo de turno de ahora. Son dos cosas contradictorias que coexisten en nuestra conciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si quiero cambiar esto, ¿cómo podría hacerlo? Tengo que buscar a otras personas que sean como yo y, además, tengo que estar muy atenta porque estos mecanismos están presentes todo el rato. Es cada cosa, cada persona, cada gesto: esto, ¿dónde lo voy a catalogar? Y al final es una pregunta por la moral, que yo creo que es una pregunta que la gente ahora no se está haciendo. No está en Instagram. La moral. ¿Qué es lo bueno? ¿Qué está bien? ¿Qué es lo justo? ¿Qué es bueno para todas? ¿Qué queremos?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> No solo no está en Instagram, sino que, cuando en Instagram hay valoraciones morales, la primera precaución que se toma para que sobrevivan es recordar que no son valoraciones morales. Ese es el <em>passing</em>: “cuidado, que lo que estoy diciendo es relativo”; “cuidado, que lo que estoy diciendo es subjetivo”; “cuidado, que lo que estoy diciendo no pretende imponerse”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Escuchamos, pero no juzgamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> ¡Escuchamos, pero no juzgamos! ¡Sí! Y eso es consistente con la problematización de la moral en el sujeto consumista, que se tiene que mover mediante impulsos y cree que en esos impulsos, en esos deseos, en esas intuiciones de satisfacción, en esos objetos satisfactorios que va encontrando, está su esencia. Cree que eso es lo que tiene que rescatar y defender frente a toda invasión racional, moralista, etcétera. Cree que lo que lo define es eso que está sintiendo. Sobre todo, y a ser posible, si está reprimido, si no tiene conciencia de ello, si emerge de un lugar previamente vacío que es, en realidad, la construcción consumista del deseo. Si solo consigue sentirlo un poco, entonces eso es verdaderamente lo que tiene que buscar. Es el extravío dentro. Es estar condenado a perderse en uno mismo, en un laberinto que para el mercado es muy barato y muy funcional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese sujeto está buscando siempre qué comprar y qué nueva satisfacción obtener, para lo cual es necesario que horade en busca de un nuevo deseo. Es mucho más fácil convencerlo de que consuma si le hacemos pensar que ese deseo nuevo e incipiente recién descubierto es tan sutil, no porque acabemos de ponerlo ahí mediante una estrategia publicitaria de eficacia muy modesta, sino porque estaba reprimido en el fondo de su ser, y que su liberación va a liberar a la vez todas sus potencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Después de todo este recorrido, me gustaría terminar con una pregunta práctica y también íntima: ¿por dónde se empieza? ¿Qué gestos, qué cambios de mirada o de atención pueden ayudarnos a llevar algo de todo esto a nuestra vida diaria?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Israel:</strong> Propongo un ejercicio: reúne a tu colectivo, que puede ser una sola persona. Siéntate en un bar en el que puedas observar con tiempo a otras personas. Elegid a dos o tres y haced una valoración espontánea de su belleza. Después intentad inferir de su aspecto rasgos de su personalidad, de su conducta, de su estilo de vida, y observad cómo esa profundización va modificando tanto la valoración sobre la belleza de cada persona como la sensación de belleza que os produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si queréis llevar el ejercicio más lejos, intentad elegir qué grado de belleza queréis que esas personas tengan para vosotras, y atribuidles las conductas que necesitéis para lograrlo. Por último, si lo pasáis bien y se os queda corto, pensad en cómo las juzgan otras personas presentes, en cómo la mirada de esas otras personas es una fuerza poderosa que tira de vosotras de nuevo hacia la norma, hacia la muchacha bella de Hipias.</p>
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		<title>Conversaciones sobre el dolor. Ana García Mañas y Andrea Romera Rabasa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/conversaciones-sobre-el-dolor-ana-garcia-manas-y-andrea-romera-rabasa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 11:57:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea Romera]]></category>
		<category><![CDATA[dolor crónico]]></category>
		<category><![CDATA[manejo del dolor]]></category>
		<category><![CDATA[modelo biopsicosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[sexualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace [&#8230;]</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Conozco a Andrea Romera desde hace veinte años. Nos encontramos, curiosamente, no en un hospital ni en una consulta, sino en un curso de escritura. Desde entonces, además de una amistad sostenida en el tiempo, compartimos una manera de mirar el mundo atravesada por la literatura, los viajes y la curiosidad por lo humano. Hace apenas unos días regresamos de Grecia, donde asistimos a un curso sobre la <em>Odisea</em> de Homero. Quizá sea un buen punto de partida para hablar del dolor: ese viaje largo, incierto, que tantas personas recorren sin tener un mapa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1496" src="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg" alt="" class="wp-image-1940" srcset="https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor.jpeg 2048w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-300x219.jpeg 300w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1024x748.jpeg 1024w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-768x561.jpeg 768w, https://landanaterapia.com/wp-content/uploads/2026/06/Andrea-Romera-entrevista-Dolor-1536x1122.jpeg 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Andrea es médica anestesióloga y experta en dolor. Vive en Gijón y atiende en el Hospital de Covadonga, acompañando a pacientes para quienes el dolor ha dejado de ser un síntoma pasajero y se ha convertido en una presencia cotidiana. Yo soy psicóloga y sexóloga, dirijo la clínica Landana Terapia en Tres Cantos y la formación en sexología en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde lugares profesionales distintos, las dos trabajamos con algo parecido: cuerpos que duelen y personas que necesitan ser escuchadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación quise preguntarle no solo por los tratamientos médicos del dolor, sino también por lo que el dolor crónico hace con la vida, con la identidad, con el deseo y con la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Andrea, ¿Qué es el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Voy a darte la definición oficial, implantada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor. Como es difícil de entender en una primera lectura, después voy a explicarte por qué supuso un cambio de paradigma en nuestra comprensión de esta enfermedad:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, un daño tisular real o potencial.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta definición es relevante clínicamente porque:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Separa dolor de </strong><em><strong>nocicepción</strong></em>: cuando se dice que algo es una “experiencia sensitiva y emocional” se está especificando que no puede inferirse únicamente a partir de la actividad en las neuronas sensoriales, sino que requiere de consciencia. No es solo la activación de un receptor sensible a un estímulo doloroso. Por ejemplo, alguien sometido a anestesia general puede sufrir aumentos de tensión arterial o de frecuencia cardiaca ante el corte del bisturí – es decir, puede tener nocicepción -, pero no puede tener dolor.</li>



<li><strong>Valida un tipo de dolor distinto, denominado </strong><em><strong>nociplástico</strong></em><strong>: </strong>cuando se afirma que el dolor crónico es una experiencia asociada a una lesión, «o similar a la asociada a una lesión» se están legitimando condiciones donde no existe un daño físico demostrable (por ejemplo, la fibromialgia o el síndrome de intestino irritable). Se reconoce que el sistema nervioso puede generar, él mismo, una experiencia de dolor idéntica a la de una lesión pero sin tenerla. Esto se llama «sensibilización central».</li>



<li><strong>Consagra el Modelo Biopsicosocial: </strong>se establece que el dolor es siempre una experiencia personal que está influenciada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Esto entierra definitivamente los modelos antiguos, dualistas, que dividían el dolor en «físico» o «psicológico». Todo dolor es real y todo dolor es multifactorial.</li>



<li><strong>Legitima al paciente (respeta «el auto-reporte»): </strong>se da credibilidad al reporte de una persona sobre su experiencia de dolor. El dolor es inherentemente subjetivo; no existe un biomarcador de laboratorio o prueba de imagen que pueda medirlo. Si el paciente dice que le duele, le duele, independientemente de lo que muestren las pruebas diagnósticas.</li>



<li><strong>Incluye a las poblaciones vulnerables: </strong>se subraya que la descripción verbal es solo uno de los múltiples comportamientos para expresar el dolor. La incapacidad para comunicarse &#8211; por ejemplo, en los neonatos o en los pacientes con demencia &#8211; no imposibilita que experimenten dolor ni exime a los profesionales de la obligación de tratarlo.</li>



<li><strong>Reconoce el dolor como enfermedad en sí misma:</strong> el dolor crónico tiene efectos adversos directos sobre el movimiento, la forma de dormir, las actividades sociales y el bienestar psicológico. Esto respalda la clasificación del dolor crónicoprimario como una enfermedad en sí misma, y no como un mero síntoma de otra patología.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Decir que es una enfermedad y además con consecuencias tan negativas, ¿no va en contra con esa idea que todos hemos oído de que el dolor es un mecanismo protector?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Eso es el dolor agudo, el que te hace retirar la mano de una estufa ardiendo, o levantar un pie cuando una chincheta se nos clava en la planta. Es decir, te alerta &#8211; «hay peligro»- y te protege -«huye, retira, evita». Es beneficioso y constituye un mecanismo de defensa muy eficaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dolor crónico es el que dura más de tres meses o más tiempo del esperable para la lesión que lo causó, y es una entidad totalmente distinta: el organismo se desregula y mantiene el estado de alarma continuo sin que haya peligro del que protegerse. El dolor se convierte en el problema principal, en la enfermedad misma. Sale del lugar concreto del cuerpo que duele e invade la esfera emocional, familiar y laboral del individuo. Es decir, el dolor crónico es también insomnio, es aislamiento, es depresión, es niebla mental, es dejar de hacer actividades recreativas, etcétera. Es un modo distinto de estar en el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Tú has trabajado en uno de los mejores Servicios de Dolor de Europa, en The Walton Centre, en Liverpool. ¿Qué fue lo que más te gustó de su forma de cuidar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Quedé muy impresionada por tres cosas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>El <strong>equipo</strong> de profesionales de la salud que se ocupaban, juntos, del dolor: no sólo médicos especializados -anestesiólogos, traumatólogos, neurocirujanos, urólogos, ginecólogos y cirujanos maxilofaciales -, sino también enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales. Por ejemplo, en la consulta de Dolor Facial se encontraban presentes, de forma simultánea, un anestesiólogo, un neurocirujano y un maxilofacial. En la de Dolor Musculoesquelético, un anestesiólogo y un fisioterapeuta. En el Programa Integral de Manejo del Dolor había sesiones grupales e individuales con un psicólogo.<br></li>



<li>El <strong>enfoque biopsicosocial</strong>: el modelo puramente intervencionista o centrado en la medicación ha quedado obsoleto. La concepción moderna, no sólo británica sino europea en general, entiende el dolor como una experiencia compleja, por lo que atiende no sólo a su dimensión puramente física (por ejemplo, el paciente con dolor en la rodilla presenta artrosis de rodilla en la radiografía), sino también a la psicológica (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla padece kinesiofobia, por lo que solo hace vida cama-sillón) y a la social (por ejemplo, el paciente con dolor de rodilla tiene una baja laboral prolongada).<br></li>



<li>El <strong>trabajo coordinado hacia un objetivo común</strong>: No se trataba de una simple suma de consultas en cadena. El equipo interdisciplinar buscaba la interacción entre profesionales y el acuerdo entre los objetivos y las intervenciones terapéuticas. Por ejemplo, se creaba un circuito específico para que todos los pacientes con ciática recibiesen una epidural (intervencionismo menor) antes que una discectomía (cirugía mayor).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>En consulta nos encontramos que el dolor coexiste muchas veces con ansiedad y depresión, y mi sensación es que se retroalimentan. También suele ocurrir que las personas que viven con dolor tienen historias de trauma en la infancia. ¿Qué papel tienen el miedo, el estrés, el trauma, la depresión o la ansiedad en el dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Un rol central. Existe un vínculo bidireccional entre el dolor y los sentimientos, un círculo vicioso. Las emociones negativas como el miedo o la ansiedad pueden amplificar la percepción del dolor. A su vez, sentir dolor genera esas emociones y crea un circuito de retroalimentación patológico. En la consulta lo veo todos los días. Por ejemplo, el miedo a moverse tiene nombre &#8211; <em>kinesiofobia </em>&#8211; y que es un factor predictor de mala evolución. También lo es el <em>catastrofismo</em>, caracterizado por la rumiación (incapacidad para pensar en nada que no sea el dolor), la magnificación (exageración de las consecuencias del dolor y anticipación del peor escenario posible) e indefensión (sensación de pérdida de control sobre la intensidad y duración del dolor). Para acabar con estos patrones se requiere un abordaje psicológico de educación en dolor y de terapias cognitivo-conductuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Y la sexualidad, ¿cómo se aborda en la consulta del dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>Preguntar por la vida sexual del paciente es mandatorio en la consulta de dolor, pero por desgracia no siempre se hace. En mi hospital británico existían consultas específicas de Dolor Pélvico Femenino y Masculino. Te gustará saber que se debatió sobre si debían ser dos consultas distintas o si se debían englobar bajo un título común &#8211; Dolor Pélvico, simplemente &#8211; y se decidió distinguirlas por género. Ahí lo dejo. En cualquier caso, quiero puntualizar que:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>todos los dolores crónicos, sean pélvicos o no, impactan directamente en la intimidad, el deseo y la actividad sexual.</li>



<li>este impacto no depende solo de factores físicos &#8211; específicos, como endometriosis, neuralgia del pudendo o prostatitis crónica, o generales, como limitación de movimiento -, sino también farmacológicos, sociales y psicológicos (ansiedad de ejecución, alteración de la autoestima, aislamiento en la pareja, etcétera).</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana:</strong> Eso que dices es muy interesante, porque las consecuencias del dolor llegan a muchos lugares. Aparte del dolor durante los encuentros eróticos o la actividad sexual, lo que yo he visto en consulta es que se produce un condicionamiento entre la excitación y el miedo al dolor que afecta al deseo, y eso aparte de las medicaciones, las alteraciones del sueño, que son de por sí enemigos del deseo erótico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que vemos en la consulta de psicología y en terapia con parejas es que se acaba evitando el contacto físico que sí se desea (besos, caricias&#8230;) por miedo a que ese contacto acabe en una expectativa o exigencia de mantener otro tipo de relaciones, que duelen o no se desean. Y las parejas van perdiendo posibilidades de disfrutar del contacto con el otro, ya sea de forma excitativa o sencillamente cariñosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se mantienen relaciones tratando de evitar el dolor, se pierde espontaneidad y la sensación de libertad y de juego que aporta mucho al disfrute erótico. Y estamos hablando de personas y parejas que no solo tienen afectado el deseo, sino que además puede existir miedo al daño (a recibirlo o a hacerlo) y eso suele reducir el repertorio erótico. Muchas personas también refieren que determinados fármacos hacen más complicada la excitación y el orgasmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de éxito en dolor crónico, ¿qué estamos midiendo: menos dolor, más sueño, menos miedo, más movimiento, menos medicación?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea: </strong>La idea de éxito terapéutico está muy bien definida en la literatura actual de dolor, y así debe ser transmitido al paciente en la consulta: menos dolor y más funcionalidad. ¡Las dos cosas! Por ejemplo, un fármaco no está funcionando sólo porque el paciente reporte menos dolor: tiene que ir acompañado de un incremento en su actividad. Si antes del fármaco hacía vida cama-sillón, con la medicación eso tiene que cambiar. Esta funcionalidad no es algo vago ni ambiguo, sino que debe explicitarse abiertamente en la consulta en forma de objetivos medibles, realistas y alcanzables. Además de menos dolor y más función, el tercer pilar del éxito es la autogestión: el paciente debe aprender de su propio dolor, acompañado de un profesional que le dé estrategias de Ritmo y Aguante, que le explique conceptos como el del Auge y Caída, o que le enseñe estrategias de afrontamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ana: </strong>Esas estrategias son precisamente las que trabajamos en terapia con las personas que viven con dolor, aparte de <em>mindfulness</em>, educación en neurociencia del dolor y técnicas de terapias cognitivo conductuales de última generación como las de aceptación y compromiso. En Landana Terapia acabamos de abrir un programa de tratamiento psicológico grupal porque consideramos que puede ser muy beneficioso compartir con otras personas parte del proceso terapéutico. Muchos de nuestros pacientes viven vidas muy limitadas y solitarias, y reducir eso es uno de los objetivos terapéuticos de la psicoterapia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para despedirte, ¿qué les dirías a nuestros pacientes con dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea:</strong> Les diría que su dolor es absolutamente real, pero que no tiene por qué ser una condena a la pasividad. No se resignen. Busquen un equipo de profesionales que no se limite a mirar sus resonancias magnéticas, sino que se preocupe por quién era usted y por su función. Nuestro verdadero objetivo clínico no es que se queden sentados protegiéndose del dolor y buscando diagnósticos alternativos, sino darles las herramientas para que vuelvan a moverse, a retomar sus aficiones, a disfrutar de su vida en pareja y a recuperar su antiguo yo.</p>
<p>The post <a href="https://landanaterapia.com/conversaciones-sobre-el-dolor-ana-garcia-manas-y-andrea-romera-rabasa/">Conversaciones sobre el dolor. Ana García Mañas y Andrea Romera Rabasa</a> appeared first on <a href="https://landanaterapia.com">Landana Terapia</a>.</p>
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		<title>El estrés laboral: por qué sientes que “una parte de ti” no puede parar</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-estres-laboral-por-que-sientes-que-una-parte-de-ti-no-puede-parar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2026 06:54:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad laboral]]></category>
		<category><![CDATA[autocompasión en el trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[estrés laboral]]></category>
		<category><![CDATA[IFS terapia]]></category>
		<category><![CDATA[partes internas]]></category>
		<category><![CDATA[Sistemas de la Familia Interna]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Alguna vez te has preguntado por qué, cuando sentimos ansiedad, frustración o miedo en el trabajo e intentamos luchar contra esas emociones, muchas veces se vuelven todavía más intensas? En nuestra consulta de psicología en Tres Cantos, cada vez vemos con más frecuencia a personas que acuden por estrés laboral, agotamiento mental, dificultad para concentrarse, [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Alguna vez te has preguntado por qué, cuando sentimos ansiedad, frustración o miedo en el trabajo e intentamos luchar contra esas emociones, muchas veces se vuelven todavía más intensas?</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En nuestra <strong>consulta de psicología en Tres Cantos</strong>, cada vez vemos con más frecuencia a personas que acuden por estrés laboral, agotamiento mental, dificultad para concentrarse, irritabilidad o sensación de no poder desconectar. A veces no se trata solo de tener mucho trabajo, sino de cómo lo vivimos internamente: qué exigencias nos imponemos, qué miedo aparece cuando sentimos que no llegamos y qué partes de nosotros intentan protegernos, aunque lo hagan de una manera agotadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la <strong>terapia psicológica</strong>, y en concreto desde el modelo de los Sistemas de Familia Interna —IFS, por sus siglas en inglés— desarrollado por Richard Schwartz, podemos entender mejor por qué ocurre esto y cómo empezar a manejarlo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es el modelo IFS?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El modelo IFS propone que dentro de cada persona existen diferentes “partes internas” que pueden sentir, pensar o reaccionar de maneras distintas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significa que estemos divididos ni que haya algo raro en nuestra mente. Significa que somos más complejos de lo que parece. Una parte de ti puede querer descansar, otra puede exigirte hacerlo todo perfecto y otra puede tener miedo a fallar. Todas intentan ayudarte, aunque a veces lo hagan de formas que aumentan el malestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de estas partes internas, el modelo habla del <strong>Self</strong>, una dimensión más calmada, curiosa y compasiva desde la que podemos observar lo que nos ocurre sin juzgarnos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las partes internas y el estrés laboral</h2>



<p class="wp-block-paragraph">No hay un número concreto de partes internas, pero en IFS suelen agruparse en tres grandes tipos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Partes protectoras:</strong> intentan evitar errores, críticas o situaciones dolorosas. A veces se vuelven exigentes, perfeccionistas o controladoras.</li>



<li><strong>Partes heridas o exiliadas:</strong> contienen miedo, inseguridad, vergüenza o experiencias pasadas de fracaso, rechazo o desvalorización.</li>



<li><strong>Self:</strong> permite observar lo que sentimos con más calma, escuchar nuestras emociones y responder de manera más equilibrada.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El estrés laboral no se entiende solo como una reacción a la carga de trabajo, los plazos o la presión externa. También tiene que ver con lo que se activa dentro de nosotras y nosotros cuando esas situaciones aparecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, es importante no perder de vista algo fundamental: no todo el malestar que aparece en el trabajo es un “problema interno” que deba resolverse hacia dentro. En muchas ocasiones, el estrés laboral tiene que ver con condiciones externas desmedidas: sobrecarga de tareas, falta de reconocimiento, precariedad, ritmos imposibles o entornos laborales poco cuidados. Darse cuenta de esto es clave, porque no todo se soluciona con herramientas psicológicas. Hay malestares que señalan algo que necesita cambiar fuera: en la organización del trabajo, en las condiciones laborales o en el contexto social. Poder distinguir entre lo que depende de una misma persona y lo que forma parte de una exigencia externa excesiva es un paso importante para no cargar con una responsabilidad que no corresponde.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un ejemplo cotidiano</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Imagina que tienes que entregar un informe importante, preparar una reunión o responder a varios correos urgentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que aparezca una parte exigente que diga:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Tienes que hacerlo perfecto”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Otra parte puede sentirse sobrepasada:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“No puedo con todo”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá también aparezca una parte insegura:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Y si me equivoco? ¿Y si piensan que no valgo?”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Cada una de esas partes intenta protegerte a su manera. La exigente quiere evitar errores. La abrumada intenta avisarte de que estás llegando al límite. La insegura teme una consecuencia dolorosa. El problema es que, cuando todas hablan a la vez y ninguna se siente escuchada, la tensión interna aumenta.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por qué luchar contra tus emociones empeora el estrés</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando intentamos suprimir la ansiedad, la frustración o el miedo, muchas veces esas emociones se intensifican.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, si te dices: “No debería ponerme nerviosa con este proyecto” o “No puedo sentirme así”, tu cuerpo puede entrar todavía más en alerta. La emoción no desaparece; simplemente se queda intentando llamar tu atención con más fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una <strong>terapia psicológica</strong> basada en una mirada compasiva, no se trata de eliminar esas partes internas, sino de escucharlas, entender qué intentan hacer por ti y ayudarlas a ocupar un lugar menos extremo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Estrategias prácticas para manejar el estrés desde IFS</h2>



<h3 class="wp-block-heading">1. Conecta con tu Self compasivo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Haz una pausa de unos minutos. Respira. Observa cómo está tu cuerpo: tensión en los hombros, presión en el pecho, nudo en el estómago, cansancio, aceleración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No intentes cambiarlo de inmediato. Solo observa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes preguntarte:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Qué parte de mí está activada ahora mismo?”<br>“¿Qué emoción está intentando llamar mi atención?”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Este gesto sencillo ayuda a salir del piloto automático y a responder desde un lugar más calmado.</p>



<h3 class="wp-block-heading">2. Escucha tus emociones sin juzgarlas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Después de esa pausa, prueba a preguntarle a esa emoción:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“¿Qué quieres decirme?”<br>“¿Qué necesitas ahora?”<br>“¿De qué intentas protegerme?”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez descubras que la ansiedad quiere ayudarte a anticipar riesgos, que la exigencia intenta evitar una crítica o que el agotamiento está pidiendo límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar una emoción no significa obedecerla sin más. Significa reconocer que tiene una función.</p>



<h3 class="wp-block-heading">3. Integra tus partes internas</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes imaginar tus emociones y pensamientos como un equipo de trabajo interno. Cada parte tiene una función, aunque a veces se pase de intensidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La parte exigente puede ayudarte a hacer bien las cosas, pero no debería dirigirlo todo. La parte cansada puede recordarte que necesitas parar. La parte insegura puede señalar algo que necesita cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo no es expulsar ninguna parte, sino que puedan dialogar mejor entre ellas. Hay que saber que la parte más exigente suele recibir mucho refuerzo de superiores, responsables, compañeras y la misma empresa, pero psicológicamente necesitamos escuchar a las otras partes también para que no se produzca un desequilibrio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo aplicarlo en la vida laboral cotidiana</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si tienes un proyecto importante, puede aparecer una parte protectora que diga:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Trabaja más rápido, no pares, no puedes fallar”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, otra parte puede sentirse agotada o sobrepasada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Self, puedes intentar algo distinto:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Reconocer la presión sin juzgarla.</li>



<li>Aceptar que la parte abrumada tiene razones para sentirse así.</li>



<li>Organizar la tarea de manera más realista.</li>



<li>Poner límites cuando sea necesario.</li>



<li>Pedir ayuda si el malestar se mantiene o empieza a afectar a tu vida.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">El estrés laboral no siempre desaparece por completo, pero aprender a escucharte puede reducir su intensidad. Con práctica y acompañamiento profesional, es posible trabajar con más calma, claridad y autocompasión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuándo pedir ayuda profesional</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene pedir ayuda si el estrés laboral se mantiene durante semanas, si afecta al sueño, al estado de ánimo, a la concentración o a las relaciones, o si aparece una sensación constante de bloqueo, miedo o agotamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestra <strong>consulta de psicología</strong>, podemos explorar qué factores laborales, personales y emocionales están sosteniendo ese malestar. La <strong>terapia psicológica</strong> puede ayudar a comprender tus patrones internos, revisar la autoexigencia, trabajar la ansiedad laboral y aprender formas más saludables de relacionarte con el trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Pero cuidado! La terapia psicológica no solo ayuda a entender y regular el malestar interno. También puede ser un espacio para pensar qué está pasando en el entorno laboral y qué necesitas en este momento. A veces implica preparar conversaciones difíciles con responsables o equipos de trabajo, poner límites, revisar derechos laborales o pedir cambios concretos. En otras ocasiones, puede profundizar en la pregunta sobre si ese contexto laboral es sostenible o si sería necesario plantearse un cambio de trabajo. Este tipo de decisiones no son sencillas, y contar con acompañamiento psicológico puede ayudar a transitarlas con más claridad, realismo y cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si buscas <strong>psicóloga en Tres Cantos</strong> o apoyo psicológico en Madrid, en <strong>Landanaterapia.com</strong> puedes encontrar un espacio clínico desde el que abordar el estrés laboral, la ansiedad, el perfeccionismo y el desgaste emocional con una mirada cuidadosa y no culpabilizadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em></p>
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		<title>Depresión posparto: una mirada sensible y sin culpa</title>
		<link>https://landanaterapia.com/depresion-posparto-una-mirada-sensible-y-sin-culpa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 07:13:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo a madres]]></category>
		<category><![CDATA[culpa materna]]></category>
		<category><![CDATA[depresión posparto]]></category>
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		<category><![CDATA[posparto emocional]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental perinatal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Después del nacimiento de un bebé, no todo se parece a la imagen amable que muchas personas habían imaginado. Junto a la alegría, el alivio o la emoción, también pueden surgir cansancio extremo, miedo, irritabilidad, desconcierto, soledad o una tristeza difícil de explicar. Cuando esto ocurre, muchas madres lo viven en silencio, con una idea dolorosa de fondo: “debería estar bien y no lo estoy”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La depresión posparto no es una falta de amor, ni un fallo personal, ni una señal de incapacidad. Es una forma de sufrimiento psicológico que puede aparecer en esta etapa y que merece comprensión, apoyo y tratamiento cuando hace falta. Hablar de ello con claridad es importante porque el malestar en el posparto sigue estando rodeado de expectativas poco realistas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El posparto no es solo una etapa física</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El posparto no implica solo recuperarse físicamente del embarazo y del parto. También supone una reorganización profunda de la vida cotidiana, de la identidad y de los vínculos. Cambian los ritmos, el descanso, la relación con el propio cuerpo, la disponibilidad emocional, la dinámica de pareja y la percepción de una misma. En muchas mujeres, además, esta etapa reactiva recuerdos o miedos antiguos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, reducir todo lo que ocurre a hormonas, cansancio o “adaptación normal” a veces se queda corto. Hay madres que sienten que algo se ha desplazado por dentro y que no logran reconocerse. Otras describen una desconexión extraña, culpa constante o una sensación persistente de estar haciendo las cosas mal. No siempre se presenta como una tristeza evidente. A veces se expresa como apatía, ansiedad, bloqueo, irritabilidad o una dificultad mantenida para disfrutar y descansar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuando la realidad no se parece a lo imaginado</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene distinguir entre el malestar emocional frecuente de los primeros días y un sufrimiento que empieza a ganar peso y duración. Se estima que alrededor del 80% de las mujeres puede experimentar, en mayor o menor medida, una tristeza leve o una mayor fragilidad emocional en los días posteriores al parto. En el inicio del posparto puede haber mayor labilidad emocional, llanto fácil y sensación de vulnerabilidad. Pero cuando el malestar se prolonga, empeora o interfiere claramente en la vida diaria, conviene dejar de quitarle importancia y empezar a mirarlo con más atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las partes más difíciles de la depresión posparto es la culpa. Muchas madres no solo sufren por lo que sienten, sino por no encajar en lo que creían que debían sentir. La idealización de la maternidad sigue haciendo mucho daño cuando la experiencia real está atravesada por agotamiento, ambivalencia o tristeza. Y esa distancia entre lo esperado y lo vivido puede generar vergüenza, silencio y aislamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces también hay un duelo pequeño, pero importante, entre el bebé imaginado y el bebé real, entre la madre que una pensó que sería y la madre que está pudiendo ser en ese momento. Poder reconocer ese desajuste sin juzgarse suele ser más sano que intentar encajar a la fuerza en una imagen ideal de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo puede manifestarse la depresión posparto</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí resulta importante recordar algo básico: querer a un bebé no protege automáticamente frente al sufrimiento psicológico. Del mismo modo, pasar por una depresión posparto no invalida el vínculo, aunque en algunos momentos pueda dificultar sentir cercanía, calma o disfrute. A veces la madre no necesita que alguien le explique lo que debería sentir, sino que alguien pueda escuchar lo que le está pasando sin juzgarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas señales que conviene tomar en serio son la tristeza persistente, el llanto frecuente, la irritabilidad intensa, la sensación de vacío, la culpa constante, la dificultad para dormir incluso cuando hay posibilidad de hacerlo, el cansancio que no se alivia, la pérdida de interés por casi todo, la sensación de no poder con el día a día o una desconexión emocional mantenida con una misma, con el entorno o con el bebé. No hace falta que aparezcan todas ni que el malestar sea extremo para pedir ayuda. A veces basta con notar que la vida cotidiana se ha vuelto demasiado pesada y que el sufrimiento empieza a ocuparlo todo.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una breve guía de autocuidado realista</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En esta etapa, el autocuidado no debería entenderse como una exigencia adicional, sino como una forma básica de sostén. A veces adopta formas muy simples: aceptar que no se puede llegar a todo, pedir ayuda antes de estar desbordada, dormir o descansar en pequeños momentos, delegar tareas domésticas, comer con cierta regularidad, salir un rato de casa, hablar con otras madres o recuperar alguna parcela mínima de intimidad y tiempo propio. No son soluciones mágicas, pero sí condiciones que pueden proteger un poco más cuando todo resulta intenso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También ayuda revisar ciertas expectativas. No hace falta vivir el posparto con plenitud constante, ni saber hacerlo todo, ni responder siempre con paciencia, ni ser la misma persona de antes. Esta etapa implica renuncias, ajustes y una adaptación compleja. Darse tiempo para conocer al bebé real, a la madre real y a la nueva vida real es más interesante que intentar estar a la altura de una versión idealizada de la maternidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cómo cuidar a una madre reciente</strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading">La pareja, la familia y las amistades pueden tener un papel importante, no solo ayudando con el bebé, sino cuidando a la madre. Acompañar bien implica escuchar, ofrecer ayuda concreta, favorecer el descanso, hacerse cargo de tareas sin esperar a que ella lo pida todo y evitar frases que aumenten la culpa.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuidar a una madre reciente no consiste solo en preguntar cómo está el bebé. También implica mirar si ella está comiendo, descansando algo, pudiendo ducharse tranquila, teniendo un rato de silencio o sintiéndose acompañada de verdad. En un momento de tanta exigencia, ese sostén cotidiano puede marcar una diferencia importante.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuándo conviene buscar ayuda profesional</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene buscar apoyo profesional cuando el malestar persiste, se intensifica o interfiere de forma clara en el descanso, el autocuidado, la relación con el bebé o la capacidad de sostener el día a día. Y si aparecen pensamientos de hacerse daño, de dañar al bebé, una confusión intensa o una sensación de pérdida de contacto con la realidad, es importante pedir ayuda urgente. No por alarmar, sino porque en esos casos el sufrimiento necesita atención inmediata y especializada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tienes dudas, preguntas o necesitas apoyo, cuenta con nosotras. En Landana Terapia contamos con un equipo de psicólogas especializadas en<a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"> terapia perinata</a>l en Madrid y en Tres Cantos. Llámanos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si quieres saber más…</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>¿Dónde está mi tribu?</strong></em> Carolina del Olmo ilumina con lucidez una de las grietas más dolorosas del posparto: la soledad de criar en una sociedad que ha privatizado la maternidad y ha desmantelado las redes comunitarias que antes sostenían a las mujeres. El libro permite leer la depresión posparto no solo como un fenómeno clínico individual, sino también como síntoma de un contexto social que exige a las madres disponibilidad absoluta mientras las deja, demasiadas veces, radicalmente solas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El blog de <a href="https://clubdemalasmadres.com/"><em><strong>https://clubdemalasmadres.com/</strong></em></a> ha sido clave para desmontar la maternidad idealizada, poniendo palabras —con humor, rabia y mucha lucidez— a la culpa, el cansancio y la soledad que tantas mujeres viven en silencio tras convertirse en madres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em><strong>La mujer y la madre</strong></em>, Elisabeth Badinter cuestiona con contundencia el mandato contemporáneo de la “buena madre”, esa figura abnegada, siempre disponible y casi fusionada con el bebé, que termina convirtiendo la maternidad en una prueba moral imposible de superar. El libro ayuda a entender cómo la culpa, la exigencia de entrega total y la pérdida de identidad propia pueden intensificar el sufrimiento de muchas mujeres tras el nacimiento de una criatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong>Preguntas frecuentes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a></a> <strong>¿Cómo saber si es malestar esperable del posparto o algo más profundo?<br></strong>Si el malestar se mantiene, aumenta o afecta claramente al descanso, al funcionamiento diario o al vínculo, conviene pedir ayuda y valorarlo con una persona profesional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué puede hacer la pareja o la familia para ayudar?<br></strong>Escuchar sin juzgar, ofrecer ayuda concreta, proteger momentos de descanso y acompañar en la búsqueda de apoyo profesional si hace falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Pedir ayuda significa que no estoy pudiendo con la maternidad?<br></strong>No. Pedir ayuda forma parte del cuidado y puede ser una decisión muy importante para sostener mejor esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph" style="color:#838383"><em><strong>Por Ana García Mañas, Belen Hesse y Lucía de Francisco</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El silencio del primer trimestre del embarazo</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-silencio-del-primer-trimestre-del-embarazo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 16:50:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[ansiedad en el embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo psicológico embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[duelo gestacional]]></category>
		<category><![CDATA[primer trimestre embarazo]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental perinatal]]></category>
		<category><![CDATA[terapia psicológica embarazo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un tiempo importante que muchas veces se vive en silencio El primer trimestre del embarazo suele quedar fuera de la conversación. Se habla del embarazo cuando ya se nota, cuando ya se ha contado, cuando ya parece más “real”. Pero para muchas personas, los tres primeros meses son precisamente una de las etapas más intensas: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading">Un tiempo importante que muchas veces se vive en silencio</h2>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">El primer trimestre del embarazo suele quedar fuera de la conversación. Se habla del embarazo cuando ya se nota, cuando ya se ha contado, cuando ya parece más “real”. Pero para muchas personas, los tres primeros meses son precisamente una de las etapas más intensas: hay cambios físicos, incertidumbre, esperanza, miedo y una sensación difícil de explicar de estar viviendo algo muy importante sin poder nombrarlo del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde nuestra práctica clínica en Landana Terapia vemos que este periodo aparece con frecuencia como un momento de alta carga emocional. Aunque no siempre se exprese hacia fuera, muchas mujeres atraviesan este inicio con dudas, ambivalencia o ansiedad, cuestiones que pueden abordarse en una consulta de psicología o a través de un proceso de terapia psicológica especializada en salud mental perinatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A menudo se da por hecho que este silencio es normal. Y a veces lo es. Puede ser una forma de proteger la intimidad, de ganar tiempo, de ir asimilando lo que pasa. Pero también puede convertirse en una experiencia de soledad emocional, especialmente cuando el cuerpo ya está cambiando y tenemos que sostener muchas cosas a la vez.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lo físico y lo emocional ocurren a la vez</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En el primer trimestre del embarazo pueden aparecer náuseas, cansancio intenso, molestias físicas, cambios en el sueño y una mayor sensibilidad emocional. No siempre se viven como síntomas “menores”. En ocasiones afectan al día a día, al trabajo, a la energía y a la forma de estar con las demás personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las guías clínicas sobre salud mental perinatal señalan que el embarazo puede ser un periodo de especial vulnerabilidad psicológica. Por eso, en un proceso de terapia psicológica, es habitual trabajar con experiencias de ansiedad, miedo o desregulación emocional que aparecen en esta etapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es raro que surja ambivalencia. Se puede estar ilusionada y asustada a la vez. Desear el embarazo y, al mismo tiempo, temer vincularse demasiado pronto por si algo cambia. Esta ambivalencia no indica rechazo, sino implicación emocional en un contexto de incertidumbre.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El miedo a contar algo que todavía se siente frágil</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas personas sienten miedo a contar el embarazo en el primer trimestre. No necesariamente por superstición, sino por la percepción de fragilidad. Aparecen pensamientos como “mejor esperar” o “mejor no hacerlo del todo real todavía”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando este posicionamiento se convierte en una norma rígida puede favorecer el aislamiento. Esto es especialmente relevante cuando hay ansiedad, síntomas físicos intensos o una vivencia emocional que no encaja con el ideal social de felicidad inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos casos, contar con un espacio de terapia psicológica permite elaborar lo que está ocurriendo sin necesidad de hacerlo público.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El silencio protege, pero también aísla</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">No todo silencio es problemático. Algunos silencios permiten integrar la experiencia sin exposición externa. Sin embargo, otros generan aislamiento, especialmente cuando no se puede expresar el malestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica se observa que poder nombrar la experiencia —aunque sea en un espacio terapéutico— reduce la carga emocional y facilita el ajuste psicológico.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La regla social de esperar</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de no comunicar el embarazo antes de las 12 semanas se ha consolidado como una norma cultural. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, no existe una única forma adecuada de transitar este periodo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas personas necesitan intimidad; otras, apoyo. La clave no está en la norma, sino en identificar qué facilita el sostén emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí resulta útil la teoría de la pérdida ambigua de Pauline Boss, que describe el impacto de vivir situaciones cargadas de significado en contextos de incertidumbre y falta de control. El primer trimestre encaja bien en esta descripción: hay vínculo, expectativa y significado, pero también incertidumbre.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si hay complicaciones o pérdida temprana</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando aparecen complicaciones o una pérdida gestacional temprana, el impacto emocional puede ser significativo. En estos casos, el silencio inicial puede intensificar la sensación de soledad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kenneth Doka describió este tipo de experiencias como duelo no reconocido: pérdidas que no siempre son validadas socialmente. Esto ayuda a entender por qué una pérdida en el primer trimestre puede vivirse con intensidad y, al mismo tiempo, con invisibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos procesos, el acompañamiento desde una <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/">terapia psicológica especializada en duelo gestacional</a> <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/"></a>puede facilitar la elaboración emocional.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Qué puede ayudar en esta etapa</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">No hay una fórmula única, pero sí algunas orientaciones útiles.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Elegir con quién compartirlo</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">No es necesario hacerlo público para no vivirlo en soledad. A veces basta con una o dos personas de confianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poder expresar “esto me está removiendo” o “necesito apoyo” puede marcar una diferencia significativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante revisar la expectativa de felicidad constante. En esta etapa pueden coexistir emociones diversas sin que ello indique un problema.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuándo conviene pedir apoyo profesional</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Es recomendable consultar con el equipo sanitario ante síntomas físicos preocupantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el punto de vista psicológico, puede ser útil acudir a una consulta de psicología cuando la ansiedad, la tristeza o el miedo interfieren en el descanso, el funcionamiento cotidiano o el bienestar general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buscar acompañamiento o terapia psicológica durante el embarazo no implica que haya un problema grave, sino reconocer la complejidad emocional del proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, puedes acudir a nuestra consulta de psicología en Madrid o en Tres Cantos, y allí te facilitaremos un espacio de apoyo especializado en <a href="https://landanaterapia.com/terapias/terapia-perinatal/">salud mental perinatal</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Preguntas frecuentes</strong></h2>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Es normal sentirse removida emocionalmente en el primer trimestre del embarazo?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. Es una etapa de alta intensidad emocional en la que pueden convivir ilusión, miedo, cansancio y dudas.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué cuesta contar el embarazo antes de las 12 semanas?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Porque muchas personas perciben esta fase como frágil y prefieren protegerse emocionalmente.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Una pérdida temprana puede doler aunque no se haya contado?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. El dolor depende del significado de la experiencia, no de su visibilidad social.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Cuándo conviene buscar apoyo psicológico?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el malestar emocional es persistente o interfiere en el día a día.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Por Belen Hesse y Lucía de Francisco</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Deja de pelearte contigo</title>
		<link>https://landanaterapia.com/deja-de-pelearte-contigo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 11:02:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[autocompasión]]></category>
		<category><![CDATA[IFS]]></category>
		<category><![CDATA[partes protectoras]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Schwartz]]></category>
		<category><![CDATA[Sistemas de la Familia Interna]]></category>
		<category><![CDATA[Yo Esencial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dentro de ti no hay una sola voz Cuando pensamos en la mente, solemos imaginarla como una sola cosa: “yo”. Pero si te escuchas de verdad, es fácil notar que dentro conviven varias voces. Una parte quiere avanzar y otra se frena. Una parte se exige y otra se apaga. Una parte intenta tenerlo todo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph"><strong>Dentro de ti no hay una sola voz</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando pensamos en la mente, solemos imaginarla como una sola cosa: “yo”. Pero si te escuchas de verdad, es fácil notar que dentro conviven varias voces. Una parte quiere avanzar y otra se frena. Una parte se exige y otra se apaga. Una parte intenta tenerlo todo bajo control y otra solo quiere desconectar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto se ve en situaciones muy cotidianas: una parte de ti quiere tomar una decisión o empezar algo nuevo, mientras otra te pide que no te arriesgues. O quizá una parte sabe que necesitas descansar, pero otra insiste en que todavía no has hecho suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La mente como un sistema de partes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el psicólogo Richard Schwartz, el modelo de Sistemas de la Familia Interna (IFS) entiende la mente como un sistema de partes que se relacionan entre sí de forma parecida a una familia. Estas partes no son fallos ni enemigas: muchas veces son estrategias que se formaron para protegernos y ayudarnos a sobrevivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema aparece cuando se vuelven rígidas y actúan en automático, como si solo hubiera una manera de funcionar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, una persona que aprendió muy pronto que tenía que hacerlo todo bien puede desarrollar una parte muy exigente. Esa parte no aparece para hacer daño, sino para evitar el error, el rechazo o la sensación de no ser suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Qué es el Yo Esencial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las partes, Schwartz describe el Yo Esencial. No es otra parte más, sino un estado de liderazgo interno que suele sentirse como calma, claridad, curiosidad y compasión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo de IFS no es eliminar partes, sino que el Yo Esencial lidere para que las partes puedan relajarse y recuperar flexibilidad. No se trata de dejar de sentir miedo, exigencia o tristeza, sino de que esas partes no tengan que tomar el mando todo el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las partes que más suelen aparecer</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de este sistema suelen aparecer algunos roles frecuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes protectoras que controlan: son las que intentan anticiparse, organizar, evitar errores o mantener todo bajo control. Por ejemplo, esa voz que quiere revisar todo una y otra vez o hacerlo perfecto para que nada falle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes que apagan el malestar rápido: aparecen cuando el dolor ya está encendido y buscan bajarlo cuanto antes. Por ejemplo, cuando después de un día difícil solo quieres desconectar mirando el móvil durante horas o apagándote emocionalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Partes vulnerables: son las que sostienen dolor, vergüenza, miedo o tristeza. Muchas veces están más escondidas, precisamente porque otras partes han aprendido a protegerlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cambio empieza cuando dejas de luchar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta mirada, el cambio empieza cuando dejamos de pelear con lo que sentimos y nos preguntamos qué intenta proteger esa parte. Esto cambia mucho la relación interna. En lugar de pensar: “otra vez estoy siendo débil” o “debería dejar de sentir esto”, la pregunta pasa a ser: “¿qué intenta evitar esta parte?” o “¿qué teme que pase si deja de actuar así?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un ejercicio para escuchar a tus partes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejercicio sencillo que propone Schwartz para practicar esto es la visualización del sendero. Puedes hacerlo en casa o venir a consulta donde una psicóloga que te ayudará a comunicarte con tu familia interna.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 1. Busca un momento tranquilo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Reserva entre cinco y ocho minutos en un lugar en el que puedas estar sin interrupciones.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 2. Empieza por la respiración y el cuerpo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Respira lento y nota el cuerpo, sin intentar vaciar la mente. No se trata de dejar la mente en blanco, sino de estar un poco más presente.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 3. Identifica la parte que está más presente</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Observa qué emoción o voz interna está más activa en ese momento y reconócela como una parte. Puede ser una parte crítica, una parte ansiosa, una parte que quiere huir o una parte que se siente triste.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 4. Háblale sin pelearte con ella</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En lugar de luchar con esa parte, prueba a decirle internamente: <strong>“Te veo, gracias por intentar ayudar; ¿puedes darme un poco de espacio unos minutos mientras respiro y me escucho?”</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 5. Imagina el sendero</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A continuación, imagina que caminas por un sendero sencillo y tranquilo, intentando mantenerte en esa actitud de Yo Esencial, aunque sea un poco.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 6. Si aparece otra parte, no la expulses</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si aparece otra parte, como una crítica, miedo, prisa o evitación, no la eches. Salúdala, pregúntale qué teme que pase si no hace su trabajo y qué necesitaría para relajarse un poco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, vuelve al camino.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 7. Cierra el ejercicio</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al terminar, agradece lo que haya aparecido y apunta dos cosas: qué partes salieron y en qué momento sentiste más calma o más espacio interno.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Paso 8. Si te desbordas, para</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si durante el ejercicio te desbordas, detente, enfócate en tu respiración y vuelve al presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ejercicio es orientativo y no sustituye una sesión de psicoterapia. Si hay trauma, disociación o te desbordas con frecuencia, mejor hazlo con acompañamiento profesional en consulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La IFS propone algo muy simple, pero muy distinto a lo que solemos hacer: no ganar una guerra interna, sino cambiar la relación con lo que te pasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando dejas de tratar tus emociones como un enemigo y empiezas a verlas como partes que intentan protegerte, aparece más espacio para entenderte. Y en ese espacio, el Yo Esencial puede tomar el mando: estar presente con calma, escuchar sin juicio y ayudar a que cada parte baje la intensidad, encuentre su función real y deje de empujarte de un extremo a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Rabia en el duelo: eso que sentimos, pero no siempre nos permitimos</title>
		<link>https://landanaterapia.com/rabia-en-el-duelo-eso-que-sentimos-pero-no-siempre-nos-permitimos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2026 18:31:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[canalizar la ira]]></category>
		<category><![CDATA[duelo]]></category>
		<category><![CDATA[duelo no resuelto]]></category>
		<category><![CDATA[gestión emocional]]></category>
		<category><![CDATA[psicoterapia para duelo]]></category>
		<category><![CDATA[rabia en el duelo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando pensamos en duelo, casi siempre lo asociamos a la muerte de alguien querido. Es lo más evidente, lo más nombrado. Pero el duelo aparece cada vez que perdemos algo importante: una relación, un animal, un proyecto, una etapa vital o incluso una parte de quien creíamos ser. En un proceso de duelo no solo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Cuando pensamos en duelo, casi siempre lo asociamos a la muerte de alguien querido. Es lo más evidente, lo más nombrado. Pero el duelo aparece cada vez que perdemos algo importante: una relación, un animal, un proyecto, una etapa vital o incluso una parte de quien creíamos ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un proceso de duelo no solo hay tristeza. También pueden aparecer miedo, rabia, culpa, alivio, aceptación o gratitud. Y no suelen seguir un orden fijo: a veces se mezclan, a veces van y vienen, y otras reaparecen cuando parecía que ya estaban “resueltas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que <strong>no todas las emociones tienen el mismo permiso social</strong>. Llorar suele aceptarse. Enfadarse, no tanto. La rabia incomoda, desconcierta y, muchas veces, se intenta apagar rápido con frases como:<br>“no te enfades”, “tienes que ser fuerte”, “no sirve de nada estar así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la rabia en el duelo <strong>no es un error</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por qué aparece la rabia en el duelo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La rabia es una respuesta humana ante lo que se perdió, lo que no fue, lo que se rompió o lo que se vivió como injusto. Puede dirigirse hacia:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>la persona que ya no está,</li>



<li>una situación concreta,</li>



<li>otras personas,</li>



<li>o incluso hacia la vida.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos duelos, la rabia aparece cuando hay sensación de <strong>impotencia</strong>, de <strong>injusticia</strong>, de <strong>falta de control</strong> o de <strong>asuntos pendientes</strong>. No significa que la persona sea “mala” o “ingrata”: significa que algo duele y no encaja.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Qué pasa cuando la rabia se reprime</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se reprime, la rabia no desaparece: suele quedarse atrapada y puede bloquear el proceso de elaboración del duelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces, cuando la rabia no encuentra una salida segura, el duelo puede quedarse “congelado”: la persona se queda anclada a esa emoción, dificultando la integración de la pérdida y la posibilidad de volver a vincularse, crear nuevos proyectos o avanzar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Darle espacio a la rabia <strong>de forma segura y contenida</strong> suele facilitar que, con el tiempo, se transforme y deje paso a otros estados emocionales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cómo canalizar la rabia de forma saludable</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Expresar rabia <strong>no significa perder el control ni hacer daño</strong>. Significa permitir que exista y encontrar formas cuidadas de darle salida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas maneras útiles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ponerle palabras (aunque sea en privado).</strong><br>Imaginar que se verbaliza el enfado hacia la persona, la relación o la pérdida: “me enfada que…”, “me duele que…”, “odio que esto haya pasado…”.</li>



<li><strong>Hablarlo con alguien de confianza.</strong><br>En un espacio donde no haya juicio ni prisa por “arreglarlo”. A veces ayuda empezar por: “No necesito soluciones, necesito que me escuches”.</li>



<li><strong>Escritura y descarga emocional.</strong><br>Escribir sin filtro durante 10–15 minutos. También puede servir dibujar, garabatear o romper papel (con intención de descarga, no de autocastigo).</li>



<li><strong>Acciones simbólicas.</strong><br>Un ritual simple: una carta que no se envía, una caja de recuerdos, una despedida simbólica, una foto con una frase, un gesto de cierre.</li>



<li><strong>Movimiento y cuerpo.</strong><br>Caminar rápido, correr suave, boxear con un cojín, bailar, estirar con intensidad: el cuerpo a menudo “sabe” sacar lo que la mente intenta controlar.</li>



<li><strong>Acudir a psicoterapia.</strong><br>Nos ayuda a expresar lo pendiente, ordenar emociones y trabajar límites o despedidas.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Cuándo pedir ayuda en un centro de psicología</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pedir ayuda no es “no poder”: es cuidar el proceso. En nuestras <strong>clínicas de psicología en Madrid</strong> y en Tres Cantos atendemos con frecuencia duelos donde la rabia aparece con fuerza, se reprime o se convierte en culpa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te recomendamos consultar con profesionales si:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>la rabia te desborda o se convierte en estallidos frecuentes,</li>



<li>hay conductas de daño hacia una misma persona o hacia otras personas,</li>



<li>aparece consumo para anestesiar (alcohol, fármacos sin control, etc.),</li>



<li>hay insomnio severo mantenido,</li>



<li>notas bloqueo funcional (trabajo, autocuidado, relaciones) durante semanas,</li>



<li>sientes que “no avanzas” y estás cada vez más en aislamiento.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Dar espacio a la rabia no aleja del duelo: <strong>acerca a su elaboración</strong>. Con frecuencia, solo cuando una emoción puede ser reconocida y escuchada, empieza a transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si necesitas apoyo, la psicoterapia puede ayudarte a entender lo que está pasando, reducir el desborde y acompañarte a elaborar la pérdida sin quedarte atrapada/o en la rabia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Puedes pedir cita en nuestra clínica de psicología en Madrid o Tres Cantos</strong> para valorar tu caso y ver qué tipo de acompañamiento te encaja.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Preguntas frecuentes:</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Es normal sentir rabia durante el duelo?</strong><br>Sí. Es una emoción frecuente, especialmente si hay injusticia, impotencia o asuntos pendientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿La rabia significa que no quería a la persona o que no me importaba?</strong><br>No. Significa que hay dolor y choque con la pérdida; el afecto y la rabia pueden convivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué hago si me siento culpable por mi enfado?</strong><br>Trabajar la culpa suele empezar por validar la emoción y entender qué protege o qué expresa la rabia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuándo debería ir a terapia por duelo?</strong><br>Siempre se puede acompañar un duelo en psicoterapia, es especialmente importante acudir cuando hay bloqueo, desborde, deterioro del funcionamiento, aislamiento o sufrimiento sostenido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿La psicoterapia ayuda con la rabia reprimida?</strong><br>Sí, el acompañamiento ayuda a colocar mejor las emociones y a crear una narrativa coherente de aquello que perdimos. La terapia ayuda especialmente si se somatiza, se aparece irritabilidad constante o mantiene el duelo estancado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<item>
		<title>Cuando sientes que no estás ayudando: la importancia de acompañar de verdad</title>
		<link>https://landanaterapia.com/cuando-sientes-que-no-estas-ayudando-la-importancia-de-acompanar-de-verdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Jan 2026 09:55:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[acompañamiento emocional]]></category>
		<category><![CDATA[apoyo sin soluciones]]></category>
		<category><![CDATA[escucha activa]]></category>
		<category><![CDATA[presencia en el duelo]]></category>
		<category><![CDATA[validación emocional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando alguien a quien queremos lo está pasando mal, lo primero que solemos hacer es intentar buscar una solución a su problema, debido a ello, es muy fácil caer en la esa idea de“tengo que hacer algo, tengo que arreglarlo”. Pensamos en mil posibilidades y cuando de repente nos encontramos con que esta persona sigue [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Cuando alguien a quien queremos lo está pasando mal, lo primero que solemos hacer es intentar buscar una solución a su problema, debido a ello, es muy fácil caer en la esa idea de<em>“</em><em>t</em><em>engo que hacer </em><em>algo, t</em><em>engo que arreglarlo”</em>. Pensamos en mil posibilidades y cuando de repente nos encontramos con que esta persona sigue igual, aparece la culpa, pensamos <em>“podría estar ayudando más” y</em> terminamos sintiendo que no hemos encontrado la solución “<em>perfecta</em>” o que no lo estamos intentando lo suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces lo mejor que le podemos ofrecer a alguien que sufre es “<em>simplemente</em>” nuestro acompañamiento. Acompañar no es arreglar. Acompañar significa <strong>estar al lado</strong> de una persona mientras atraviesa algo difícil, sin invadir su proceso y sin correr para que el dolor desaparezca.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué significa realmente acompañar?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar es <strong>caminar al lado</strong>, sostener sin empujar, dar espacio. Es ayudar a que la persona pueda mirar lo que duele <strong>sin sentirse desbordada</strong>, con alguien cerca que no juzga y no minimiza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces acompañar es, literalmente, <strong>estar</strong>. Y eso puede verse muy fácil y lo podemos sentir como que realmente no estamos haciendo algo de valor, pero puede llegar a ser mucho más difícil de lo que parece,</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar <strong>no</strong> es:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Tomar decisiones por la otra persona</strong> (<em>“Cortaesto ya”, “lo que tienes que hacer es…”</em>).</li>



<li><strong>Adelantarte a los hechos</strong> (interpretar, concluir, diagnosticar, <em>“¡Ya sé lo que te ocurre!”).</em></li>



<li><strong>Intentar aliviar rápido lo que duele</strong> (tapar, distraer a toda costa).</li>



<li><strong>Hacer el camino por la otra persona</strong> (resolverle todo para que no sufra).<br><br></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Si estas frases y comportamientos te suenan o los has hecho alguna vez, dejame decirte que es totalmente normal, el hecho de querer ayudar al otro es una reacción humana: deseamos que la persona a la que queremos sufra menos. Pero el problema es que, sin querer, eso que hacemos intentando ayudar, puede transmitir a la otra persona lo contrario: <em>“No deberías sentir lo que sientes”</em>, “<em>Yo no veo que sea así, deberías de ponerte bien ya</em>” o<em>“Tu dolor me supera, cámbialo”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y con esto seguramente te preguntes, “<em>pero entonces… ¿Cómo puedo acompañar?</em>”</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los 4 pilares de un buen acompañamiento</h2>



<h3 class="wp-block-heading">1) Presencia</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Estar presente no solo significa “cerca” físicamente: es <strong>estar disponible de verdad</strong>.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo alguien siente que estamos presentes:</strong> móvil fuera, mirada atenta y a veces incluso poder estar en silencio. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Estoy aquí contigo.” / “No hace falta que lo expliques perfecto.” / “No tienes que poder con todo esto tú sola o solo”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">2) Escucha</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar no es esperar tu turno para aconsejar o para contar tus propias experiencias o ideas que se te han ido ocurriendo. Es <strong>acoger</strong> lo que la persona expresa (lo que dice y lo que no dice).</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo se muestra que escuchamos:</strong> haz preguntas sencillas, refleja lo que has entendido y no corrijas. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Tiene sentido que te duela.” / “Entiendo que estés agotada.” / “¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos opciones?”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">3) Respeto al ritmo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que entender que cada persona es diferente, y lo que a unos les resulta más llevadero, para otros es más complejo, por lo que es coherente nombrar que cada persona, y con ello cada proceso, tiene su tiempo. Y sí: a veces es desesperante.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo se hace:</strong> no presionar para “pasar página”, no exigir decisiones inmediatas. <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“No hay prisa.” / “Es un proceso y durará lo que necesites”/ “Vamos paso a paso.”</em></li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">4) Vínculo de confianza</h3>



<p class="wp-block-paragraph">No eres terapeuta (ni falta que hace), pero este vínculo lo encontramos en las relaciones cercanas también, el vínculo en lo cotidiano se sostiene con <strong>coherencia</strong> entre lo que dices, lo que haces y lo que respetas.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Cómo es un vínculo de confianza:</strong> cumple lo prometido, no usa confidencias en discusiones, no chantajea <strong>&#8211; Frases que ayudan:</strong> <em>“Cuenta conmigo de la forma que te sirva.” / “Estoy aquí para lo que necesites” / “Si hoy no quieres hablar, también está bien.”</em></li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Acompañar también es estar en el dolor</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar implica aceptar algo incómodo, frustrante e incluso doloroso para nosotros: <strong>no puedes quitarle el dolor a la otra persona</strong>. Lo que sí puedes es contribuir a que ese dolor tenga un lugar donde existir sin que todo se rompa y muchas veces, lo más valioso que podemos hacer es esto:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Validar sin juicio.</li>



<li>Dar espacio sin huir.</li>



<li>Sostener sin invadir.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">¿Por qué cuesta tanto?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Porque ver sufrir a alguien que quieres activa cosas muy potentes: miedo, impotencia, rabia, urgencia, frustración. A veces aparece una fantasía muy humana: <em>“Si me lo cargo yo, lo gestiono mejor.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el fondo, la prisa por arreglar suele ser también una forma de calmar <strong>tu propia angustia</strong>. Y ahí es donde conviene recordar algo clave: si haces el camino por la otra persona, le robas la oportunidad de <strong>aprender a transitar</strong> eso que duele (con apoyo, sí; pero a su manera).</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué hacer cuando te invade el “podría hacer más”?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Un mini-protocolo para esos momentos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Frena tu urgencia (10 segundos).</strong><br>Respira. Nota si estás a punto de dar soluciones para calmarte tú.</li>



<li><strong>Valida antes de proponer.</strong><br>“Tiene sentido que te sientas así.” (La validación no significa estar de acuerdo con todo: significa reconocer la emoción, y sí, aunque sea obvio que la emoción está ahí, es importante nombrarla y darle ese espacio.)</li>



<li><strong>Pregunta qué necesita ahora (en concreto).</strong><br>“Qué crees que necesitas ahora mismo o qué puedo hacer por ti?” / “¿Te ayuda que te escuche, que me quede contigo, que salgamos a caminar, que busquemos información, que te acerque a algún sitio?”</li>



<li><strong>Ofrece presencia real y medible.</strong><br>“Te escribo esta noche.” / “Mañana te acompaño a esa cita.”</li>
</ol>



<h3 class="wp-block-heading">En resumen&#8230;</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Acompañar no es tener la frase exacta que te diría una psicóloga ni la solución rápida que remedia todo dolor, es <strong>estar presentes</strong>, escuchar sin corregir, sostener sin dar soluciones o meter prisa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando sientas que “no estás haciendo nada”, recuerda: acompañar es hacer mucho más de lo que crees; para quien sufre, muchas veces lo que más regula, calma y salva es esto: <strong>que alguien se quede cerca</strong> sin convertir su dolor en un problema que hay que eliminar cuanto antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Lucía de Francisco</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph">Foto de <a href="https://unsplash.com/es/@photos_muka?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Samuell Morgenstern</a> en <a href="https://unsplash.com/es/fotos/dos-personas-se-sientan-en-una-pared-con-vista-a-una-ciudad-njoppc4ua2Y?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Unsplash</a></p>
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		<title>Puedes elegir</title>
		<link>https://landanaterapia.com/puedes-elegir/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 09:34:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[expectativas parentales]]></category>
		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
		<category><![CDATA[mandatos familiares]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia psicológica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia. Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">En terapia, uno de los procesos de transformación más complejos y potentes ocurre cuando las personas empiezan a darse cuenta de que muchos de sus miedos, formas de actuar, creencias, angustias o decisiones no proceden tanto de su libertad individual como de un guión antiguo, aprendido en la infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Análisis Transaccional, Eric Berne describe cómo estos guiones de vida se construyen muy pronto, a partir de mensajes explícitos e implícitos que el entorno familiar transmite. Estos mensajes se convierten en estándares internos sobre quienes deberíamos ser y cómo deberíamos vivir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Expectativas y guión de vida: cuando lo aprendido parece elección</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Berne señala que uno de los elementos que da comienzo a estos guiones, y que puede llegar a ser profundamente influyente, son las <strong>expectativas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos entender las expectativas como <strong>anticipaciones internas</strong> sobre:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>qué es aceptable y qué no,</li>



<li>cómo debemos comportarnos,</li>



<li>qué está permitido desear,</li>



<li>qué es esperable de los demás y de nosotros mismos.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas suelen pasar desapercibidas porque se viven como decisiones personales o como simples aprendizajes que hemos ido haciendo “con el tiempo”. Sin embargo, en terapia vemos que con frecuencia son <strong>herencias emocionales</strong>, ligadas a mandatos familiares, mensajes tempranos y experiencias significativas.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El origen temprano de los mandatos: antes incluso de nacer</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción de estas expectativas puede empezar incluso antes del nacimiento. En cuanto se conoce la llegada de un bebé, aparecen múltiples escenarios posibles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Quizá ese hijo o hija viene a darle sentido a la vida de los padres.</li>



<li>Tal vez llega para salvar el matrimonio o reforzar un proyecto vital.</li>



<li>Puede ser el bebé muy esperado que viene a cumplir un deseo de continuidad, o el que no estaba previsto.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquiera de estos casos, ese bebé —que aún no ha nacido— ya tiene <strong>un rol asignado</strong> en la familia. Además, los padres pueden fantasear con cómo les gustaría que fuese: que tenga éxito como la abuela, que sea médico como el padre, que no sufra lo que sufrió la madre, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas ideas preconcebidas marcan el comienzo del <strong>guión de vida</strong> que cada individuo va a tener. El niño o la niña va a ser recibido por un sistema de expectativas que le envía mensajes claros —aunque muchas veces implícitos— sobre cómo debería ser, qué está bien y qué se espera de él o de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos mensajes se reconocen en la manera en que el bebé y, más adelante, el niño o la niña, es tratado o tratada por sus figuras de referencia: en el lenguaje verbal, en los gestos, en lo que se valora, en lo que se castiga y en lo que no se nombra.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Profecía autocumplida</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, estas expectativas se integran en la persona y funcionan como una <strong>profecía autocumplida</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>influyen en las decisiones que toma,</li>



<li>moldean su manera de percibir el mundo,</li>



<li>refuerzan una y otra vez el mismo patrón de pensamiento y de conducta.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas expectativas pueden entenderse como una combinación de <strong>creencias nucleares</strong> (“no valgo si no logro algo extraordinario”, “debo cuidar siempre de los demás para que me quieran”), <strong>esquemas de pensamiento</strong> y <strong>distorsiones cognitivas</strong> (como el pensamiento dicotómico, la sobregeneralización o la lectura del pensamiento).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la práctica clínica, esto se observa en:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>pensamientos automáticos</strong> del tipo “no puedo fallar”, “tengo que ser fuerte”, “si digo que no, me rechazarán”</li>



<li><strong>conductas evitativas</strong>, como no expresar necesidades propias para no decepcionar, o renunciar a proyectos personales por miedo a romper el mandato familiar</li>



<li>sentimientos de culpa, angustia o vergüenza cuando la persona se plantea hacer algo diferente a lo esperado.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Estas dinámicas no sólo generan sufrimiento, sino que <strong>limitan la capacidad de vivir desde la autenticidad</strong>. La persona siente que no termina de ser libre para elegir.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El trabajo terapéutico: hacer visible lo invisible</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En terapia, el abordaje del guión de vida y de las expectativas asociadas pasa por varias fases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br>El primer paso es <strong>hacer consciente lo invisible</strong>. Cuando la persona logra identificar qué mandatos han guiado su vida (“sé perfecta”, “no molestes”, “salva a otros”, “no sientas”, “no confíes”), puede empezar a comprender cómo estos han moldeado su historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este momento suele vivirse como un “abrir los ojos”:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>aparece alivio al entender que no todo es “culpa suya”</li>



<li>se reconoce que muchas decisiones han estado condicionadas por esos guiones</li>



<li>surge la posibilidad real de cambio, al dejar de repetir automáticamente lo que antes se hacía de forma inconsciente.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este trabajo se aborda combinando el análisis del guión con herramientas como el <strong>registro de pensamientos automáticos</strong>, la identificación de <strong>creencias irracionales</strong> y el inicio de la <strong>reestructuración cognitiva</strong> (cuestionar y reformular esas ideas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una segunda fase, el trabajo terapéutico se centra en <strong>revisar el origen del mandato</strong> y cuestionar si sigue siendo útil en el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este proceso es clave preguntarse:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Quién decía esto, explícita o implícitamente?</li>



<li>¿De qué creía que me protegía este mandato?</li>



<li>¿Qué consecuencias ha tenido en mi vida, mis relaciones, mi salud mental y mi bienestar?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que pudo ser una estrategia adaptativa en la infancia —por ejemplo, ser “el fuerte” para no preocupar a unos padres desbordados— puede que hoy genere <strong>más dolor que protección</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Elegir qué mantener y qué soltar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras este recorrido, la persona puede empezar a <strong>elegir</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>no tanto desde las expectativas que le han impuesto,</li>



<li>sino desde la libertad de decidir <strong>qué mandatos quiere mantener</strong> y <strong>cuáles necesita soltar</strong>.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Este paso le permite pasar:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>de la obligación a la elección,</li>



<li>del miedo a la autonomía,</li>



<li>del “tengo que” al “elijo”.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">Reescribir, no borrar: una historia propia y consciente</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La finalidad de este proceso no es borrar la historia de vida de nadie, sino <strong>reescribirla desde un lugar más consciente y propio</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las expectativas dejan de ser rígidas y se transforman en referencias flexibles, resurge la posibilidad de:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>relacionarse con uno mismo desde el respeto y la aceptación,</li>



<li>vincularse con los demás de forma más libre y coherente,</li>



<li>vivir de acuerdo con los valores actuales y no sólo con los mandatos heredados.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el trabajo en <strong>terapia</strong> ayuda a pasar <strong>del mandato a la elección</strong>, permitiendo que cada persona ocupe el lugar de autora y protagonista de su propia vida, con mayor autonomía, responsabilidad y bienestar emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Lucía de Francisco</strong></em><br><br><br><br><br><br><br><a href="https://www.freepik.com/free-photo/hand-writing-notebook-close-up_14411988.htm#fromView=search&amp;page=1&amp;position=2&amp;uuid=573a2da9-285a-414a-b23e-7aafc9d34d02&amp;query=guion+de+vida">Image by freepik</a></p>
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		<title>¿Qué tipo de mensajes envías a tus hijos e hijas?</title>
		<link>https://landanaterapia.com/que-tipo-de-mensajes-envias-a-tus-hijos-e-hijas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Nov 2025 18:02:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis Transaccional]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[Creencias limitantes]]></category>
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		<category><![CDATA[guión de vida]]></category>
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		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-background has-medium-font-size wp-block-paragraph" style="border-style:none;border-width:0px;background:linear-gradient(135deg,rgba(157,191,164,0.26) 0%,rgba(157,191,164,0.65) 100%)">¿Te has parado a pensar qué frases, gestos o actitudes tuyas pueden quedarse dentro de tus tus hijas e hijos sin que te des cuenta? Desde la psicología sabemos que las personas cuidadoras transmiten mensajes constantemente, y aunque muchos se olvidan al momento, otros se convierten en pequeñas “reglas internas” que acompañan a los niños y niñas a lo largo de su vida. En terapia psicológica vemos a menudo cómo estos mensajes influyen más de lo que imaginamos.</p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Eric Berne y Claude Steiner explican que cada persona desarrolla un <strong>guion de vida</strong>: un mapa interno formado por creencias, permisos y prohibiciones que aprendimos en la infancia. No es algo consciente. Surge de lo que vivimos en casa: miradas, tonos de voz, expectativas, coherencias o incoherencias. Esos mensajes, pueden quedar grabados y afectar a cómo nos vemos, cómo nos relacionamos o qué decisiones tomamos ya en la vida adulta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En psicología vemos que estos guiones pueden actualizarse, cuestionarse y transformarse. El primer paso es <strong>identificar qué mensajes recibimos y cuáles estamos transmitiendo ahora</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del mensaje <strong>“no seas niño/a”,</strong> nos referimos a esas situaciones en las que se espera que la criatura madure demasiado rápido. Aparece en frases como “no llores”, “sé fuerte” o “no des problemas”. Lo que termina aprendiendo es que no puede necesitar, pedir ayuda o mostrar vulnerabilidad, como si esas emociones fueran algo que ocultar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido sucede con el <strong>“no crezcas”</strong>, que es típico de una sobreprotección constante. Se expresa en comentarios como “mejor lo hago yo”o “ten mucho cuidado”. Con el tiempo, este tipo de mensajes hace que la persona sienta que no puede valerse por sí misma y desarrolle miedo a equivocarse o a tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje <strong>“no pertenezcas”</strong> aparece cuando, de manera explícita o sutil, se transmite que el niño o la niña “no encaja” o que es mejor no unirse a otros. Esto puede llevarle a crecer con la sensación de aislamiento o inseguridad en los grupos, como si no hubiera un lugar donde sentirse parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el mensaje <strong>“no pienses”</strong>, que surge cuando se invalidan o ridiculizan sus ideas. Frases como “tú no entiendes”, “no digas tonterías” o “deja de preguntar” van calando y enseñan a desconfiar de su criterio. La consecuencia suele ser el temor constante a equivocarse o a expresar lo que realmente piensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros casos aparece un <strong>“no estés cerca”</strong>, típico de entornos donde el afecto se vive con incomodidad y las emociones se evitan. Aunque no se diga nada de forma directa, las personas menores aprenden que la cercanía emocional es algo incómodo o inapropiado. Más adelante, ya en la vida adulta, esto puede generar ese contraste doloroso entre desear intimidad y, al mismo tiempo, temerla o sentir incomodidad con el cariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, el mensaje <strong>“no seas importante”</strong> se instala cuando se minimizan o se comparan sus logros: “no es para tanto”, “tu hermano lo hace mejor”. Esto deja huella en la idea de que destacar está mal o que no merece éxito ni reconocimiento, como si tener valor fuese algo que conviene esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entonces, ¿Qué podemos hacer?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no podamos evitar mandar mensajes, sí podemos aprender a reconocerlos y cambiarlos. No se trata de culparse. Todos, absolutamente todos, enviamos mensajes sin querer, simplemente porque somos humanos. Lo importante es <strong>tomar conciencia</strong>. En terapia psicológica, estas son algunas ideas sobre las que podemos reflexionar: ¿Le dejo intentar y equivocarse sin intervenir de inmediato?, ¿Le transmito confianza para crecer y tomar decisiones?, ¿Celebro sus logros sin compararle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las niñas y los niños no necesitan “madres y padres perfectos”, sino que necesitan progenitores presentes, que los miren, escuchen y validen sus emociones. Pequeños cambios en nuestra forma de hablar, acompañar y poner límites pueden marcar una diferencia enorme en la seguridad con la que crecerán y en la historia que construirán sobre sí mismas/os.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Belén Heese</strong></em></p>
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		<item>
		<title>El impacto de los cuentos favoritos de la infancia en el guión de vida</title>
		<link>https://landanaterapia.com/el-impacto-de-los-cuentos-favoritos-de-la-infancia-en-el-guion-de-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LT_Admin_7301]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Feb 2025 10:17:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[favorito]]></category>
		<category><![CDATA[guion de vida]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Alguna vez te has parado a pensar en tu cuento favorito de cuando eras pequeño/a? Más allá de ser historias para entretener, los cuentos que nos marcaron durante nuestra niñez tienen un impacto profundo en la configuración de nuestro guión de vida, moldeando deseos, valores y la manera en que construimos nuestra identidad. Nuestras historias [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Alguna vez te has parado a pensar en tu cuento favorito de cuando eras pequeño/a?</em></p>



<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Más allá de ser historias para entretener, los cuentos que nos marcaron durante nuestra niñez tienen un impacto profundo en la configuración de nuestro guión de vida, moldeando deseos, valores y la manera en que construimos nuestra identidad. Nuestras historias favoritas tienden a resonar especialmente en momentos de conflicto existencial, es decir, cuando enfrentamos cuestiones clave para nuestra formación del self. A través de sus narrativas, los cuentos nos ofrecen modelos para gestionar situaciones, abordar preocupaciones y proyectar deseos, orientándonos sobre cómo ser, actuar y qué esperar de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el análisis transaccional, el guión de vida es un plan trazado en los primeros años como respuesta a las influencias parentales y ambientales. Por ejemplo, algunos padres transmiten el mandato «no crezcas», porque temen perder su rol cuando sus hijos se independizan. A veces, un padre se distancia cuando su hija comienza a desarrollarse como mujer, generando en ella el miedo a crecer o a asumir su identidad adulta. Estos mandatos, junto con permisos y atribuciones, determinan nuestra percepción de nosotros mismos, de los demás y del mundo. En este contexto, los cuentos actúan como herramientas esenciales que permiten a los niños interpretar su realidad, afrontar conflictos y tomar decisiones sobre su identidad y su futuro, De tal manera que la fantasía pasa a ser un espejo que refleja lo proyectado por uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando un niño atraviesa etapas decisivas, encuentra en algunas historias y personajes una fuente de consuelo y guía donde se identifican con algunos personajes como una oportunidad de comprensión a través de la proyección. Estas historias proporcionan un marco para interpretar su mundo y tomar decisiones acorde a sus valores. Sin embargo, la manera en que los niños perciben e internalizan los cuentos es subjetiva e individual. Dos niños con la misma historia favorita pueden interpretar elementos diferentes según sus experiencias y necesidades, lo que aporta una riqueza única al impacto de estas narrativas en su guión de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, el cuento de El Patito Feo suele ser significativo para personas que no encajan en su entorno. Algunos pueden frustrarse al percibir que no alcanzan su yo ideal, mientras que otros encuentran en el cuento una inspiración para aceptar y redefinir su identidad. Estas diferencias subrayan la importancia de analizar las interpretaciones personales más allá de la narrativa clásica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera similar, el personaje de Pulgarcito, frecuentemente asociado con quienes asumen roles de «salvadores», requiere una exploración más profunda para comprender su impacto. En el caso de personajes más complejos como Frodo, de El Señor de los Anillos, las interpretaciones también varían ampliamente. Para algunos, Frodo simboliza «el triunfo del bien sobre el mal»; para otros, su éxito depende del apoyo de aliados más fuertes. Estas percepciones reflejan los propios conflictos, deseos y expectativas de quienes los admiran. A menudo, la identificación no se limita al protagonista. En las historias del Capitán Trueno, por ejemplo, mientras algunos encuentran inspiración en el héroe principal, otros se sienten más representados por Crispín, su leal compañero, proyectando valores como la amistad, la discreción y la lealtad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, los cuentos favoritos suelen aparecer en momentos de conflictos existenciales significativos, especialmente durante la infancia temprana. Cuando un niño se conecta con estas historias a una edad temprana, puede ser indicativo de que enfrentó cuestiones importantes con recursos limitados, dejando huellas profundas en su guión de vida. Sin embargo, no todas las personas recuerdan un cuento o personaje favorito. Algunas encuentran significados en fragmentos de diversas historias, mientras que otras hallan sus modelos en referentes fuera de la ficción. Esta ausencia no resta valor al análisis, sino que amplía las posibilidades de exploración para comprender las influencias clave en su desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, los cuentos favoritos de la infancia no son simples relatos, sino herramientas poderosas que ayudan a dar sentido al mundo, influyendo de manera significativa en nuestro desarrollo emocional y psicológico. Comprender esta conexión permite explorar en profundidad las motivaciones, miedos y patrones de comportamiento de una persona, aportando valiosas herramientas tanto para la terapia como para el crecimiento personal. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y tú, ¿cuál era tu cuento favorito?</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-text-color has-cyan-bluish-gray-color has-alpha-channel-opacity has-cyan-bluish-gray-background-color has-background is-style-dots"/>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Sofía Garbayo</em></p>
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