Desde el momento en que nacemos, el contacto humano es esencial para el desarrollo emocional. Es una necesidad básica, tan vital como el alimento o el sueño. Este contacto, al que llamamos «caricia», va mucho más allá del simple contacto físico. Una caricia es cualquier acto que transmita reconocimiento a otra persona, desde una mirada cálida hasta una palabra de aliento, pasando por un abrazo reconfortante. Estas caricias son el lenguaje del afecto que nutre nuestra autoestima desde la cuna.